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Ágape to Eros

Summary:

Título alternativo: La increíblemente curiosa dualidad del ChangLix: ¿Quién es quién?

Changbin y Félix encuentran divertidísimos los prejuicios de las personas con respecto a su relación. Escuchar cómo especulan y adivinan qué papel le corresponde a cada uno mientras miran de reojo sus apariencias es una tontería que los hace reír muchísimo, la mayoría de las veces. Otras, simplemente los ignoran.

Después de todo, nadie jamás sabrá la verdad acerca de ellos.

Mucho menos entenderá los dos lados de su increíble relación; cuyos momentos son dulces y encantadores, como calientes y sensuales.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: He is my baby

Chapter Text

Félix amaba muchísimo a su novio Changbin, sin embargo, una de sus características favoritas era su dualidad.  

 

Ciertamente, Félix encontraba entretenido cómo las personas hacían suposiciones ridículas basadas en el estilo y apariencia de su novio una vez que lo conocían. Un juego engañoso y embustero teniendo en cuenta que la complexión voluminosa y sensualmente atractiva de Changbin aludía a dominancia en toda su magnífica gloria, aunque la realidad se encontraba muy lejos de esa pinta. Su Binnie era un pastelito esponjoso y mimado que amaba los dulces y noches de películas románticas, su colección de peluches Sanrio y Pokémon, componer música y a Félix. Sobre todo a Félix. No un imbécil que lanzaba puñetazos a diestra y siniestra a lo estúpido. (Bueno, podía serlo si lo molestaban lo suficiente para quebrantar esa paciencia encantadora que poseía, pero no por diversión propia). 

 

Félix no se quejaba en absoluto. Nunca lo haría. De hecho, le encantaba la dualidad del chico. Era una de sus cosas favoritas en la vida, y aún más, desde que podía presumir de ello con quién estuviera dispuesto a escucharle parlotear durante horas y horas de lo asombrosamente enamorado que está de su lindo novio. 

 

Era como tener dos novios en uno. Un fantástico dúo que disfrutar a su antojo.

 

Porque, sinceramente, Félix les sacaba mucho provecho a ambas facetas de Changbin, haciendo de su relación todo menos monótona. Un día podrían estar tejiendo en la sala de la abuela Seo mientras beben té endulzado con miel y pétalos de rosas... Y al otro estarían follando bestialmente en los cubículos de un club de dudosa procedencia, fumigados en alcohol y cachondeo. 

 

El chico perfecto. 

 

Aquella tarde, dicha parejita tendría una cita en la feria local a eso del anochecer. Félix se encontraba feliz de por fin disfrutar de la velada que tanto le costó planear para su novio y que los insufribles deberes de la universidad les habían estado impidiendo gozar. Qué pesadilla. Incluso llegó a pensar que nunca podrían ir hasta el dia anterior, cuando Changbin le recordó que los exámenes finales terminaron y eran libres de malgastar su tiempo como les diera la jodida gana. 

 

Sin otra palabra de por medio, Félix insistió en culminar con los planes que armaron las vacaciones pasadas. Changbin aceptó gustoso, haciéndole prometer que le compraría un oso de algodón de azúcar gigantesco. Siendo el típico chico ridículamente enamorado que evidentemente es, Félix accedio a cumplirle su capricho y, llegando a casa, rompió su alcancía para poder satisfacer los deseos de su lindo hyung. 

 

Total. Sólo él tenia el derecho a decidir en qué gastarse su maldito dinero. Mas sabiendo que Changbin no escatimaba en absoluto cuando de trataba de complacerlo a él. ¡Le regaló un pony en su cumpleaños! Un jodido pony. ¿Quién rayos no se enamoraría de ese chaparrito hermoso? 

 

Bah. Qué engañosos eran esos poderosos metro sesenta y siete centímetros de su novio. Un minion inofensivo a simple vista. Pero la encarnacion del sexo y la lujuria hecho hombre cuando nadie mas que Lix lo estaba viendo. 

 

Una punzada peligrosae advirtió que no siguiera el hilo de pensamiento lascivos si queria ahorrarse la humillación frente a sus hermanas (quienes ya reían a carcajadas debido al sonrojo traicionero en su cara) y mejor se apresurara a terminar de arreglarse antes de que Bin llegase a recogerlo. 

 

Cuchicheandose detrás de sus manos, Olivia y Rachel le lanzaron miraditas burlonas y alzaron la voz, jactándose del pequeño Lixie:

 

—¡Aww~ nuestro bonito LixLix está tan flechado por su príncipe que se pone rojito sólo de imaginarselo! 

 

—¿Pero no es al revés? —pregunto Rachel, confundida—. Changbin-hyung es la princesa del bebé Lix. 

 

Lee Olivia negó fervorosamente.

 

—No, no lo es. Changbin-hyung es el alfa de la relación, no nuestro hermano. 

 

Félix abrió la boca para defenderse (aunque fuese verdad) de la poca fe que su hermana depositaba en él cuando Olivia gritó su siguiente argumento.

 

—¡Estás equivocada, Rachel! Changbin-hyung es tan adorable que es imposible sea el top aquí. Es un omega en todo el sentido de la palabra. 

 

—¡Por supuesto que no! ¡Changbin-hyung es un alfa de alfas! 

 

—¡Falso! ¡Hyung es el omega más omega que he conocido en la vida! 

 

Sus hermanas comenzaron a discutir, ignorandolo por completo. Félix se dedicó a escuchar la diatriba, sin conseguir entender absolutamente nada del parloteo. Y, durante cinco minutos, trató de unir los puntos hasta encontrarles logica, lo que no consiguió en lo más mínimo, prefiriendo preguntar a las expertas. 

 

—¿Qué demonios es un omega? ¿Cachorros? ¿Por qué Binnie me anudaría? ¿De que están hablando? ¿Qué es un nido? 

 

Olivia se encogió de hombros con expresión pretensiosa.

 

—Omegaverse. Un tema cultural muy importante que no entenderías porque no estás en sintonía con la chaviza. 

 

—Si, claro —Felix puso los ojos en blanco dramáticamente.

 

—Te queremos mucho, Lix, pero eres un rarito fanático de league of leagends, por lo que definitivamente no estas en sintonía con nadie. ¡Tantos años, y todavía no subes de nivel! 

 

—¡Hey! ¡Mamá dijo que no habláramos de esto! 

 

—¿Y dónde está mamá? —Olivia sonrió. 

 

—En casa de los Bang, jugando con las señoras del club de cocina —respondio Rachel, presumida—. Asi que hablaremos todo lo que queramos. 

 

—Tontas traidoras...

 

En eso, el timbre de la casa sonó, apenas elevandose encima de las sonoras carcajadas de las chicas presentes. 

 

Félix les enseñó la lengua por última vez y abrió la puerta, esbozando una sonrisa soleada a su lindo novio. Dicho gesto engrandeció al notar el ramo de girasoles que sostenía entre sus manos.

 

—¡Hyung! 

 

—Hola, bebé —saludó, alzándose de puntillas para darle un tierno beso en los labios. Detrás de ellos, unos chillidos exagerados bañaron el silencio (¿Cuál silencio?). Al notarlas, Changbin quitó las manos de la fina cintura de su novio y les dio un tímido gesto a sus cuñadas—. ¡Hola, chicas! 

 

—¡Buenas noches, Changbin-hyung! —gritaron al unisono con corazones en sus ojos. Félix bufo, hastiado, y entrelazó su brazo alrededor del músculos cuerpo del recién llegado en un gesto posesivo que hizo reír aun mas a sus hermanas. 

 

—¡Changbinnie-hyung~! ¿Cuándo iremos a la pista de patinaje? Prometiste llevarme —Olivia apretó los labios en un puchero. 

 

—¡Y nuestra reserva en el spa es dentro de tres días, Binnie-hyung! —agregó Rachel—. Además, mamá mandó a decirte que ni se te ocurra cancelarle ma salida del martes, porque no sabe que hará sin ti y tu excelente gusto en estambres. 

 

—Aww~ ¿Todavía tejes, hyung? Espera... ¡¿Aún hornea esas deliciosas galletas que trajiste en navidad el año pasado?! —Olivia prácticamente saltó en el sillón, eufórica. Sonrojado por tanta atención recibida, Changbin asintió, mordisqueando su labio inferior. 

 

—... Sí. De hecho, asisto a la misma clase que mamá Lee. 

 

—¡Que lindo! Es usted el mejor cuñado que podriamos tener, hyung —la hermana menor sonrió. Félix estuvo de acuerdo con aquella afirmación, reforzándola con un amistoso pulgar arriba. 

 

Conversaron unos minutos más antes de que Félix, impaciente por la interrupción, diera varios apretones en la cadera de su novio para apresurar la marcha. Changbin le envió una mirada reprobatoria, pero aún asi obedeció y se despidió de las dos entusiasmadas jovencitas, programando las salidas que tenían pendientes para el trascurso de la semana. Félix negaría hasta el fin del mundo los celos que embargaron su corazón al escuchar dichos planes. Era estúpido que sintiera aversión a la cercanía de sus hermanas y pareja, pero bueno, la racionalidad no es precisamente el punto fuerte del amor. Mucho menos la lógica. O el sentido común. 

 

Iban a cerrar la puerta principal cuando el grito de Rachel los asustó de sobremanera. Changbin se sostuvo de la parte trasera de la chaqueta de Félix, mientras éste se cubría el rostro con ambas manos, esperando lo peor que nunca sucedió.

 

—¡Binnie-hyung, tenemos un regalo para ti! 

 

Ante esto, Lix salió de su escondite y empezó a reprochar:

 

—¡Cómo puedes espantarnos así por una tontería! 

 

—¡No es una tontería! ¡Es para mi cuñado favorito! 

 

—¡Es tu único cuñado! 

 

Entonces, Olivia saco detras suyo un bonito peluche de munchlax. Al verlo, los brillantes ojitos de Binnie resplanderon aún más, asemejandose a las estrellas del cielo nocturno. Completamente enamorado del juguete de su Pokémon favorito. 

 

Y, aunque Félix era un monstruo posesivo y celoso, no le impidió que escapara de su agarre para ir a reclamar su regalo mientras abrazaba a las dos mujeres que tantas pesadillas le causaban. 

 

—Es muy lindo, muchas gracias, chicas. ¡Gracias, graciss, gracias! 

 

La reacción provocó una ola de enternecidos «¡Awww~!» de parte de Rachel y Olivia. Lee Félix tuvo suficiente. 

 

—Oh, Dios mío. Ustedes no deben mimar a mi novio, solo yo. Shu, shu, moscas del infierno. 

 

Ambas se apartaron. La primega bufando exageradamente y la segunda lazándole un guiño travieso al mayor. 

 

—No seas celoso, bebé —le regañó Changbin, besandole la comisura de la boca—. Anda, vámonos a nuestra cita. 

 

Félix soltó un chillido más estremededor y emocionado que el de sus hermanas. 

 

≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

 

Félix odiaba los juegos mecánicos de gran altura o bruscas piruetas. Por lo mismo, sus cortas visitas a las ferias locales se limitaban a los pequeños puestos ambulantes que ofrecían regalos a cambio de destreza en sus tableros. Agradecía infinitamente que Binn tampoco tuviera un gusto particularmente fuerte hacia las atracciones peligrosas, porque no importaba cuando miedo le diesen, se subiría para hacerlo feliz. 

 

Qué curioso es el amor, pensó. Un sentimiento poderoso, que te hace querer hasta lo imposible para Alguien más. Alguien que atesoras mas que a ti mismo. Lo que es bueno... En algunas ocasiones. Cuando es recíproco, es hermoso. Un maravilloso cuento de hadas, ideal al que fantaseamos desde niños. ¿La razón? Porque somos amados de la misma forma en que amamos. De eso se tratan las relaciones. De eso se trata el verdadero amor. Cariño. Respeto. Equilibrio. Compromiso.

 

Los estúpidos que juegan con algo tan precioso como el amor, merecen sufrir un millón de veces más el caos que ocasionan cuando fracturan un corazón. Tremendo crimen debería ser enjuiciado, y asi, el mundo se ahorraría muchas expectativas y falsas ilusiones. Sería un lugar mejor. 

 

Regresando a su cita, Félix vislumbró la espléndida expresión de Changbin, todavía sonriendo. Frecuentemente, sus amigos bromeaban diciendo que, cada que viesen al chico esbozar aquel gesto para su novio, guardardaban un billete en una alcancía destinada a pagar su boda. Era una pulla típica de mejores amigos, e incluso, Jisung mencionó la vez pasada que ya habían roto el cochinito para comprar otro nuevo y ese dinero lo metieron al banco. Una fortuna asegurada que serviría para su vida en matrimonio.

 

Lejos de enojarse por ser la comidilla colectiva, Félix participaba con sus propios comentarios que le valían varías miradas desagradables de su pareja, mismo que no dudaba en golpearle tiernamente para que cerrara la boca.

 

Golpecitos que él recibía con una enorme sonrisa. 

 

Asi de ridículamente enamorado estaba de su lindo Binnie.

 

—¿Vamos a ese? —el mayor señaló un puesto de dardos donde la gente aglomerada no dejaba de gritar. Colgados en el exterior, cientos de peluches de distintos diseños eran exhibidos. Entre ellos, un gigantesco munchlax. 

 

Uno más grande y bonito que aquel que le regalaron sus hermanas. 

 

Lixie tuvo una idea. 

 

—Si, bebé.

 

Se acercaron lentamente a la multitud ensordecedora, cada uno con una tarea en mente. Changbin quería ganar un lindo llavero del personaje favorito de su novio, Bbokkari. Mientras tanto, Félix máquinaba cómo mierdas ganaría ese munlax de su mismo tamaño. Lucía como un reto, y debia ser un reto.

 

Pero usaria la vieja confiable; el poder del amor.

 

Qué absurdo. 

 

—Mira alla arriba, Binnie hyung.

 

Sosteniendo la puntiaguda barbilla del mas bajo entre los dedos, lo obligó a apartar la vista del llavero (que Félix deseó al instante) de Bbokari y la guió hacia el Pokémon al costado del puesto ambulante. La boca de Changbin cayó abierta del asombro, lo que arrancó un arrullo enternecido de la dependienta. 

 

—¿Lo quieres? 

 

Changbin asintió sin apartar la mirada del peluche. Inmediatamente, el Lee pagó la partida a la chica uniformada y tomó los dardos. Su novio parpadeó hacia él, confundido cuando las largas plumas de los misiles le hicieron cosquillas debajo de la nariz. 

 

—Lixie, no es necesario que lo hagas —dijo Bin. El mencionado nego, dandole un besito en la mejilla.

 

—De eso nada. Tú lo quieres, hyung, y yo te lo daré. ¿Verdad que soy el mejor novio del mundo? 

 

Changbin rió, un sonido fuerte y revoltoso que causó estruendo entre los presentes. 

 

—El mejor de la galaxia entera, bebé. Anda, apúrate a ganar mi premio. 

 

Confiado, Félix se encogió de hombros y tanteó los misiles en sus manos. Bah, no entendía el drama de todo aquello. ¿Qué tan dificil podia ser reventar tres globos? 

 

Eso era pan comido para un supernovio como él. 

 

≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

 

—¡Esta porquería es una estafa! —grito Félix indignado, mientras veia caer el décimo noveno dardo al piso.

 

La dependienta negó con la cabeza y siguió deslizando a través de tiktok en su telefono, sin tomarle importancia a la rabieta del muchacho. Sentado junto a ella en un banco de madera, Changbin suspiro cuando su novio pagó otra ronda de tiros. 

 

Alla vamos otra vez, a desperdiciar dinero en otro tres que, seguramente, fallaría. 

 

Como los otros siete intentos. 

 

Desastrosamente, no transcurrió mucho tiempo cuando su terrible predicción se cumplió y Félix dio a todos lados menos a los globos en el tablero. Changbin dio una mirada iracunda a una de las parejas que observaban a lo lejos, cuando éstos arrojaron un detestable "¡Cállate ya!" Y "¡Qué perdedor!" A su novio. 

 

Dispuesto a conseguir una nueva oportunidad, Félix sacó su billetera del bolsillo. Maldita mierda. ¿Cómo era posible que un juego de mierda pudiese más que él? ¡Inaceptable! 

 

—Otro, por favor...

 

La dependienta asintió y entregó los dardos emplumados. Sin embargo, antes siquiera de poder agarrarlos, Changbin se los arrebató y caminó directamente al centro del puesto. 

 

—¿Bebé? 

 

—Sientate un momento, Lixie. Ganaré ese... Espera, ¿Qué premio es?

 

—El munlax gigante que quieres. Pensé que lo obtendría para ti, pero... Soy un perdedor —rió sin humor. Binnie negó y le dio un besito reconfortante en la boca. 

 

—Tonterias. Eres el mejor y te amo por eso. Ahora, dejame ganar mi regalo. 

 

Félix sonrió, sentandose donde su novio lo esperó durante los tiros anteriores. En medio de la multitud, Changbin parecía tan pequeño y adorable, con sus esponjosas mejillas relucientes a las luces amarillentas. Pero las apariencias engañan, puesto que, en menos de un minuto, los tres picos fueron lanzados con una fuerza sorprente, cayendo en perfecta sincronía y en la misma fila. 

 

Efectivamente, pan comido. 

 

Changbin aplaudió y señaló con un dedo el peluche elegido. Félix no tardó en pararse a su costado, recibiendo el dichoso juguete de manos de la alegre trabajadora. Luego, emocionado, lo puso en los brazos de su Binnie, haciendo un comentario acerca de cuánto lo amaba que hizo sonrojar al mayor. 

 

Las siguientes horas la pasaron recorriendo la feria, probando deliciosa comida chatarra y dulces de ingeniosos colores. No volvieron a pararse en ningun puesto que pudiese arruinarles el buen rato, siendo el carrousel el único juego mecánico al que hicieron fila. 

 

El encargado los dejó pasar por el enrejado con una mueca disconforme, murmurando en voz lo suficientemente baja al percibir sus manos unidas. A Félix no podía importarle menos. Changbin tampoco pedía el sueño por su rechazo, chasqueando la lengua al pasar frente a él. 

 

Subieron a la plataforma iluminada y echaron un vistazo a los distintos corceles a disposición. Changbin quería un bonito espécimen blanco y rosa, mientras que Félix insistió en el trineo. Al final lo dejaron a la suerte, lanzando una moneda al aire donde el mayor perdió.

 

Los dos chicos se acomodaron en el trineo dorado mientras la atracción daba inicio. Changbin no dudó en acurrucarse en el hombro del más alto, suspirando en paz. Félix besó el sedoso cabello oscuro del voluminoso hombre, disfrutando el momento. El juguete yacía desparramado afuera de la taquilla. 

 

—Tengo algo que decirte —murmuró Bin. 

 

—Mientras no estés terminando conmigo —bromeó Lix—, soy todo oídos, bebé. 

 

Changbin rió, alzando la mirada para encontrarse con la suya propia. 

 

Brillaba como la luna en lo alto del cielo nocturno. 

 

—Buen intento, Yongbok, pero no te desharas de mi tan fácilmente. Prometiste amarme el restro de nuestras vidas, ¿O lo olvidaste? 

 

—Jamas podría —reconoció Lee, acariciando el anillo en su dedo. Una promesa de eternidad—. ¿Y bien? Sigue, bebé. 

 

Seo tarareo en reconocimiento, pero no musitó nada. Félix no presiono en absoluto, paciente ante su silencio. 

 

La música del carousel era ideal para una cita entre enamorados, decidio Félix. Una mezcla de melódicos acordes y tintineos felices que le llevó a pensar en ositos de goma y un mundo de golosinas. Vaya cosas. 

 

—¿Sabías, que el primer amor es muy bonito, pero no siempre duradero? —habló Changbin de repente, sacándolo de su ensoñación.

 

—¿Vas a romper conmigo? 

 

—Callate y escuchame. 

 

—Okay, si. Lo sé. Es la charlateria de "porque somos jovenes y bla, bla, bla". ¿Y qué? 

 

—Es una mentira. Una muy estúpida. 

 

Dando media vuelta, sostuvo el rostro de Félix en la cuna de sus manos, mimando los pómulos afilados con los pulgares. Luego, besó pausadamente cada centímetro de la piel pecosa, con una lentitud que transmitía el más claro y hermoso de los afectos. Félix se derritió en un charco de mantequilla, aguantando una ola de sollozos que pugnaba por abandonarle. Se sentía tan amado, tan querido. Lo único que mantenía la galaxia a flote eran ellos dos, juntos. 

 

Changbin continuó, su agresiva voz tomando un tono suave y aterciopelado. 

 

—Han pasado muchos años desde que nos conocimos, y otros más desde que nos enamoramos. Una hermosa historia de romance cliché que comenzó con dos adolescentes en secundaria y, que aún hoy, persiste. Tal vez no con la misma intensidad, porque ambos hemos crecido; hemos madurado al igual que los sentimientos que tenemos el uno por el otro. Pero si de algo estoy seguro, Lixie, es de que quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. 

 

«Eres mi sol. La luz que ilumina mi camino con su resplandor incandescente. El mundo podría irse al infierno en este instante y todo estaría bien para mi, porque tu mano esta entrelazada con la mía y estamos juntos. Tu sonrisa, oh, esa encantadora y pícara sonrisa, hace que las mariposas en mi estómago revoloteen insistentes, en nuestra de devoción. Las estrellas en tus ojos son deslumbrantes, haciéndome desear la eternidad, para así amarte el tiempo que te mereces. Para darte lo que mereces. Cada mañana que despierto a tu lado, sosteniendote contra mi pecho, una lluvia de emociones me embarga, porque es absolutamente increíble que una persona tan preciosa como tú, me haya elegido para ser su compañero; para limpiar sus lágrimas y celebrar sus triunfos, para compartir cada pequeño momento y hacerlo especial. Solo... Quiero decirte cuanto de amo, Félix. 

 

Sabes que soy despistado —risas—, y olvido cosas importantes. Una de ellas es recordarte mi afecto, día a día, para que nunca dudes de él o de mí. Te amo, Lixie. Te amo con cada latido de mi corazón; es un sentimiento desbordante y completamente maravilloso, cálido y reconfortante. Como tú. Incluso ese cariño se parece a ti. Bonito y cautivante como esas pequitas polveadas en tus mejillas, lírico como tu risa escandalosa. Estoy enamorado de cada parte de ti, y eso no cambiará hoy, o mañana, en veinte años o un siglo. Seguiré enamorándome de tu belleza una y otra vez, un círculo infinito que no tiene o tendrá un fin. Hasta que mi cuerpo no de más, y sea mi alma la que tenga que buscarte, para seguir amándote y así volver a vivir juntos este hermoso sueño, del que no quiero despertar jamás...»

 

Félix tragó el nudo de felicidad en su garganta cuando, inesperadamente, una cajita de terciopelo rojo le fue puesta en la palma de la mano, mostrando un precioso anillo de oro blanco y diminutas piedras. 

 

Por el amor del cielo...

 

Los dedos de Changbin rozaron gentilmente sus pómulos, apartando los mechones de cabello rubios para poder contemplar a detalle cada pedacito de su rostro, el rostro que tanto ama y anhela. 

 

—¿Qué haces, Binnie? —hipó Félix, curioso. Esperando la afamada pregunta que les cambiaría la vida. 

 

El mencionado se encogió de hombros, sin apartar la mirada. Los halos artificiales del carousel atrapados en sus pupilas centelleantes. 

 

—Estoy admirandote, cariño. 

 

—¿Admirandome? ¿Por qué? —rió ahogado.

 

Changbin unió sus frentes, 

 

—Porque cuando brillas de esa manera tan hermosa, mi amor, las mismas estrellas quedan eclipsadas ante tú resplandor —murmuró, besándole con cada gramo de amor que pudo reunir en sus labios. Félix tembló cuando sintió el anillo deslizarse en su dedo, arqueando una ceja con interés. 

 

—Todavia no has hecho la pregunta, hyung.  

 

Seo soltó una risita socarrona. 

 

—Pense que no tendría que hacerla. 

 

Lixie negó fervientemente, puchereando.

 

—Oh, tienes qué, Seo Changbin. 

 

—¿Qué pasa si no aceptas?

 

—¡Ya tengo el anillo en el dedo, es obvio que dire que sí! Vamos, dímela. Quiero escucharte, Binnie. 

 

El movimiento de la atracción comenzó a disminuir al igual que la música. Sin embargo, antes de que se detuviera por completo, Changbin murmuró contra los labios de su prometido. 

 

—Lee Félix, ¿Me harías el honor de casarte conmigo?

 

—¡Dios, sí! ¡Sí! ¡Mil veces sí! —saltó, abrazándolo. 

 

Changbin sonrió y le devolvió el gesto, conmovido por la reacción del más joven. Hubieran permanecido así durante horas, entre los brazos del otro, pero, lastimosamente, un carraspeo incómodo los hizo separarse, dandole una mirada al encargado responsable.

 

—Su turno terminó. Chicos, bajen del carrousel, por favor. 

 

—Por supuesto. 

 

Tropezando como un par de adolescentes en medio de una travesura, atravesaron el enrejado tomados de las manos y con una sonrisa crispando sus labios. 

 

Emocionado, Félix se inclinó para recoger el enorme Pokémon de su prometido, cuando la voz ronca y sensual de este le sopló sedosamente en la concha del oído. 

 

—Tengo otra sorpresa para ti, bebé.

 

Félix se estremeció de anticipación.

Notes:

¡Hola, estrellitas! Pues este fanfic tiene tiempo que lo empecé... y lo dejé arrumbado JAJAJA Pero como siempre, mi motivación para terminarlo es publicarlo, se los traigo para que le echen un vistazo. ¡La segunda parte será el momento candente de nuestros tórtolos favoritos!

Sin más, me despido de ustedes hasta la siguiente actualización.

¡Los amo!