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Monoma sabía exactamente porque Shinso había hecho eso, si bien era molesto, ruidoso, excéntrico y exigente, no se consideraba una mala persona, entonces Monoma podría entender que no era lo que Shinso estaba buscando.
¿Pero Neito? Neito estaba destrozado, con lagrimas secas en los ojos; puños apretados en las manos tan fuerte que dejaba sus nudillos blancos y clavaba sus uñas en su palma. Neito no entendía porque Hitoshi había hecho eso, se abrió sinceramente hacía a él ¿y esto era lo que recibía?
…
Comenzó con ligeras sospechas, miradas furtivas hacía otro lado, pensaba en cómo sería aburrirse ya de él. En los recesos mientras estaban almorzando juntos, Shinso apenas hablaba, fingiendo que nada estaba pasando. Eso cabreaba a Monoma más que nada, porque habían construido una relación basada en confianza mutua, había logrado que Hitoshi le hablara de su día, de sus sueños, de cosas banales, si la memoria del rubio no fallaba, le preguntó si se encontraba bien y no recibió respuesta.
Neito lo entendía, a veces los días no eran buenos, lo dejo pasar una o dos veces, hasta que sintió que sobraba en la mesa, incomodo y frustrado, decidió no decirle nada a Hitoshi.
Monoma podía fingir, era un niño de teatro fracasado y superficial que le encantaba actuar, entonces podía fingir que todo estaba bien en su relación. Mientras que Neito sobre pensaba en todas las interacciones del día en la noche sin dejar escapar algo.
Algo cambio cuando Hitoshi comenzó a invitar a otros chicos a su mesa, era jueves y Neito no había tenido un buen día, fallando en el entrenamiento práctico de manera extraordinaria y olvidando su tarea de matemáticas, así que cuando vió a Hitoshi sentado en su mesa de siempre, a lado de Denki Kaminari e Izuku Midoriya, sintió los dientes rechinar. Su quijada iba a explotar de lo apretada que estaba, se acercó obviamente con su propia bandeja y saludó a los tres amablemente, lo último que quería es que Hitoshi se molestara con él. Apenas probó un bocado de arroz y jugo con el resto de la comida.
¡Pero es que Hitoshi se veía tan tranquilo después de días de estar aburrido!
Su rivalidad con la clase A se fue aminorando mientras convivía con ellos, después de la guerra se había convertido en un buen amigo de Bakugo. Y como SU novio, Shinso, formo parte de la clase A, no tuvo más remedio que calmarse lentamente acerca de ellos, obviamente también fueron factores externos, no los odiaba y hasta podría decir que los apreciaba, pero…
Al principio fueron celos.
Monoma era celoso, por supuesto, no era tóxico, pero cada vez que veía algo que lo irritaba, lo odiaba. Ese sentimiento de asfixia y tristeza que le rodeaba el pecho y le apretaba él estómago, podía soportar ver a Shinso comer junto con sus amigos pero no podía soportar que lo dejaran plantado a razón de uno de ellos. Habían quedado en verse para entrenar en uno de los gimnasios para un ligero combate sin dones; Monoma espero por algún tiempo, una hora, después dos… sentado contra la pared del gym mirando su celular, mandándole mensajes furiosos a Hitoshi: “Estoy aquí” “¿Dónde estás?” “¿Ya vas a llegar?” Entre otras cosas y emojis enojados, 20 minutos más fueron suficientes para que Neito decidiera que la espera había sido suficiente, tomó sus cosas y se dirigió a la salida, en eso, le llegó una notificación.
Timbrando particularmente como lo había configurado, era Shinso, con la obvia excusa de porque lo había dejado plantado.
“Lo siento mucho, ángel. Bakugo-kun necesitaba ayuda en algo.”
El rubio leyó aquello por encima de la barra de notificaciones y aún con la mirada gacha, contestó rápidamente, tecleando de manera torpe un “Esta bien, no pasa nada. No te molestes en llegar, ya me fui.”
Mordió su labio inferior, escondiendo sus lagrimas al mismo tiempo de que guardaba el teléfono en su bolsillo para caminar directamente a su habitación, sin saludar a nadie en el dormitorio.
…
Su amistad con Katsuki creció después de la guerra, se preocupó por él, lo buscó. Ahora que estaban en tercer año, consideraba al rubio cenizo como un amigo bastante íntimo. Cuando este comenzó a evitarlo como si tuviera la peste, se sintió terrible, Hitoshi le había dicho que no se preocupara, que eran problemas personales, y seguramente lo eran, pero Neito confiaba en Katsuki, esperaba que Katsuki también confiara en él.
La U.A cada vez se sentía más grande. Katsuki se acercó a Neito antes de clases, no se dijeron nada, con una mirada de disculpa, el rubio cenizo se acercó al de ojos azules y le dió un abrazo débil en donde lo acercó a su pecho latiente, recargando su barbilla en el hombro ajeno.
Antes de que Monoma pudiera decirle algo, Bakugo admitió.
— Lo siento mucho.
Sin explicaciones, le dejo a Neito un mal sabor de boca, acariciando la robusta espalda del otro rubio, lentamente, en círculos, espirales calmantes que carcomían su mente.
Después de eso, su relación con Hitoshi solo empeoró. ¿Por qué todos lo miraban con lastima? No estaba ocurriendo nada malo, era sábado, y como de costumbre, Neito se encontraba en su habitación, su dormitorio siempre se había sentido suyo, propio. Escuchaba el minucioso murmullo de sus compañeros que se encontraban en la sala común, así que decidió ponerse sus audífonos inalámbricos y escuchar algo de jazz suave, estaba recostado sobre su suave cama, enredado en las finas sabanas cuando su puerta se abrió sin toques previos. Era Hitoshi, y aunque Neito debió haberse molestado porque el de cabello morado entrara sin tocar, una sonrisa genuina se pintó en sus labios al verlo, Shinso se sentó en la cama, en una esquina, con las manos metidas dentro de su sudadera. Neito se acercó inmediatamente a él y lo envolvió en un abrazo cariñoso, el ojeroso se veía cansado, sus ojos se tornaban rojos, como si estuviera aguantando las lagrimas.
— ¡Toshi! — Saludó el rubio, con un toque de preocupación en su voz, abrazándolo aún de espaldas, Hitoshi no se movió.
— Guarda silencio, por favor. — Una petición extraña, pero viniendo de Hitoshi… Neito asintió, tratando de no ofenderse, después de todo era su novio, y estaría ahí para él en las buenas y en las malas. Debía ayudarlo a sentirse mejor, aún en silencio, abrazándolo.
Esa tarde tuvieron sexo.
…
Neito debió de haberlo sabido, el lunes vió a Hitoshi de una forma extraña, se había arreglado particularmente bien aquel día, con la mata de cabello morado peinada en una pequeña colita puntiaguda, cara limpia y humectada. Al principio pensó que Shinso había decidido tener un poco más de higiene personal ese día, después pensó que se había arreglado para él, ya que lo dejó tomar su mano mientras caminaban por los pasillos.
Pero cuando vió como Hitoshi miraba a Bakugo, que pasó justo en frente de ellos para dirigirse a su salón… su corazón se salió de su pecho.
Aquella mirada de anhelo, la ansia, la intensidad. Monoma debía ser un idiota para no notarlo.
Apretó la mano del pelimorado y aquella acción lo hizo recordar que al parecer tenía novio.
Y al parecer su novio era el rubio equivocado.
…
El martes, Neito los vió, intercambiando una conversación mientras esperaba a Hitoshi en el marco de la puerta, la clase A nunca se había sentido tan tediosa, varios estudiantes lo ignoraban, como de costumbre, hasta que sintió una mirada particularmente molesta, se trataba de Kirishima, que no le dirigió la palabra pero lo barrió completamente con la mirada.
El ego de Monoma cayó.
Neito podría no ser tan inteligente, pero aquel sonrojo en las mejillas cicatrizadas de Bakugo eran… absolutamente algo.
— Ejem. — Los interrumpió.
Bakugo y Shinso eran los únicos que quedaban en el salón, hasta el profesor Aizawa se había marchado. La mirada que Hitoshi le dirigió no tenía nombre, el rubio apretó los labios en una fina línea recta.
— Te estoy esperando desde hace rato, Hitoshi.
— Ya voy.
Shinso siempre era conciso, cortante, pero esta vez se notaba desesperado, le dedicó a Katsuki una reverencia y pasó de largo a Neito, quien lo siguió sin decir nada más.
Fue hasta el jueves que volvió a ver a su novio interactuar con su amigo, tomados de largo mano, casualmente, cómo si él no estuviera a unos pasos frente ellos.
…
Una semana había pasado y el viernes tomó el valor para hablar de lo que sentía. Le tocaba esta vez visitar a Hitoshi a los dormitorios de la clase A, y ahí estaba él, sentado en el sillón verde olivo de la sala común, con Bakugo Katsuki a su lado y en frente al tonto de Kaminari y a Midoriya. Los saludo a los cuatro antes de dirigirse a Hitoshi directamente.
— Toshi, ¿podemos ir a tu habitación?
— ¿Qué? ¿Por qué?
— ¿No podemos hablar…?
— Claro que si podemos, ángel. ¿Pero no podemos hacerlo en frente de mis amigos?
Hasta ese punto, Katsuki le dedicó una mirada lamentable, que Neito ignoro.
— No… me gustaría platicar a solas contigo de algo.
Hitoshi lo miró como si estuviera loco, o como si una segunda cabeza le hubiera crecido justo a lado. Se paro irritado y tomó el brazo de Monoma para dirigirse a su habitación.
El cuarto de Shinso en la clase A era bastante normal, por supuesto.
— ¿Qué pasa? — El peli morado comenzó.
— Es que… — No, ¡no se iba a acobardar!
Neito se consideraba a si mismo valiente, tragando saliva, continuo, poniéndose cómodo, sentándose en la silla del escritorio de su novio.
— Recientemente… te has portado algo mal conmigo. ¿Hice algo mal? ¿Te sientes bien?
— ¿Qué?
— Dime, Hitoshi, ¿tiene algo que ver con Bakugo?
Shinso se congeló, abriendo y cerrando la boca como pez fuera del agua, Monoma no se sentía en su elemento.
— Tienes que decirme porqu…
— Monoma ya no me gustas.
La interrupción fue grosera. Neito se tragó un sollozo.
— Creo que deberíamos terminar. — Escupió Monoma, enmascarado nuevamente en su obra de falsa madurez.
— ¡Oh! ¡Bien! Iba justamente a pedirte lo mismo. — Continuo hablando, dejando a Neito sin palabras. — Las cosas realmente no estaban funcionando entre nosotros y — Mientras esperaba a que lo nuestro se arreglara solo, comenzó a interesarme alguien más.
— ¿Ah?
Monoma no podía creerlo, sintió sus dedos temblar del dolor, así que se agarró del reposabrazos de la silla.
— Sí, me alegro que comprendas.
¿Entonces no significó nada? Neito no lloró, ni siquiera podía hablar correctamente, desvío la mirada para no ver a Hitoshi mover los labios.
— Me alegra que pueda contarte todo, como un amigo.
Fue suficiente, Neito se levanto fácilmente de la silla, ignorando el temblor en sus piernas mientras se acercaba a la puerta.
— ¿Entonces… todo bien entre nosotros? — Hitoshi siempre había sido extraño, tenso, nervioso.
— Sí, todo bien.
— Me alegra tenerte como amigo.
…
No pasaron ni tres días cuando vio a su ex novio y a su proclamado amigo tomarse de las manos confiadamente, caminando por los pasillos de la preparatoria, tal como lo había hecho con Hitoshi hace apenas unos días, desviando la mirada solo cuando compartieron un beso sencillo y agradable en los labios.
