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Un lugar soleado para serpientes con lunares

Summary:

En un pueblo del noreste americano vivía un mago. Un mago reservado, apreciado y muy puntiagudo.
Entonces, es inevitable que otro mago llegue para causar alboroto.

Notes:

Este pequeño borrador estaba en mis notas hace mucho tiempo, y necesitaba sacarlo a la luz para celebrar el espíritu de los cuentos cortos y en especial, durante el spooky mes ;)

Chapter 1: El Mago

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

***

En un agujero en el suelo-

En una gran mansión, en la colina más lejana del pueblo, vivía un mago. Pero no era una mansión oscura, vieja o sucia. No. Era la mansión de un mago, lo que significa comodidad y plantas verdes. Sin embargo con este mago en particular, la mansión era muy... especial.

Y solitaria.

Sin embargo, las luces siempre estaban encendidas en el pórtico y el jardín lleno de rosas rojas, pequeñas flores silvestres y un par de plantas extrañas que trepaban sobre la parte delantera de la estructura. Hojas violetas, casi negras, que tenían pequeñas espinas.

Aun así, el lugar era precioso y de muy buen gusto.

O eso comentaban los vecinos lejanos que veían a la gran mansión con ojos curiosos, a veces temerosos. Pero siempre respetuosos con la actividad del único ocupante de la mansión.

El mago no era muy social, y se limitaba a ir por comida, papel o cartas dos veces a la semana, los miércoles por la mañana y los viernes por la noche. Nadie le oyó decir más que dos saludos, un casual "¡Qué horrible clima!" O bien "¡Qué excelente clima!" Una vez, el agricultor que traía excelentes fresas y mejores calabazas, consiguió escuchar un "Espero que la cosecha sea próspera."

Por supuesto, que en un pueblo de squibs, los magos preferían pasar por invisibles, con ese miedo natural a hacer incómodas las conversaciones. Pero era muy, muy raro que alguno se quedara una temporada, comprara la mansión de la colina y ahora se dejará ver dos veces a la semana y no causará ningún lío digno de mención.

El mago era solitario y educado.

Y dejaba cada sábado con puntualidad en la recepción del hospital comunitario, dosis de pociones especiales y notas para el personal, así como flores para las enfermeras, que nunca había disimulado su interés en el jardín, y su informe oficial.

Así, la cotidiana existencia del mago, la mansión y el pueblo siguió por un año completo.

Hasta que una tarde, cuando las hojas crujían bajo botas, se escuchó el sonido más horrible, insoportable y feo del mundo.

Una monstruosa motocicleta había aterrizado en la (única) avenida central y causó tal alboroto, que incluso el mago, siempre ocupado en su jardín a esa hora, bajó de la colina asustado por los chillidos de las señoras que salían de la cafetería, y el rugido de ese motor espantoso.

—¡Malfoy!

Contra todo pronóstico de alargar el suspenso sobre descubrir al fin quien era el causante de tal escándalo, nadie esperó ver detrás del casco oscuro, a Harry James Potter sobre la motocicleta gritándole al mago que justo entraba a la creciente multitud.

—¡Necesito tu ayuda, Malfoy! ¡Es en serio, en serio, urgente! ¡Tienes que ir conmigo a Londres!

Ante el silencio de los testigos, y las miradas de intriga de todos, el mago, siempre elegante aún con su equipo de jardinería violeta y tierra en sus rodillas, miró con cara serena a Harry Potter.

Luego con la misma voz que correspondía los saludos de todos, dijo sin despeinarse:

—Nunca te había visto en mi vida, no sé quién eres y no me interesa. Buenas tardes y hasta nunca.

Y giró para admiración de todo el club de lectura de la tarde, que miraba desde la terraza de la librería, con tal presteza y finura, que se escuchó un suspiro encantado.

El panadero, en la puerta del local, susurró '¡Qué gran respuesta!' Mientras que el chico que entregaba el correo y salía del arcade, de quince años con orejas grandes y una boca más grande para pelear con desconocidos que eran groseros con el mago, dijo con toda la bravuconería:

—¡Oye! ¡Si, tú! ¡TÚ, el de la moto! ¡Será mejor que no te acerques al mago, es nuestro!

Harry Potter, no lucía para nada como los cuentos y comentarios elocuentes que hacia la comunidad mágica de Londres. Para nada. Tenía los ojos de un color verde que parecía mohoso, el cabello era peor que cualquier gallinero jamás visto y su boca permanecía colgando, en una expresión tan tonta, que la maestra local esperaba el segundo en que alguna mosca se le colará dentro.

El comisario, un tipo con una barba canosa y grueso como un roble, se acercó. Con las manos en la cadera se cruzó en su línea de visión, señaló con su barbilla la fea motocicleta y dijo con el tono que lograba cuadrar a los delincuentes juveniles:

—Licencia, registro y apagué ese motor. O procederé a retener el vehículo. Y mejor muévase, que está obstaculizando la circulación.

Para la impresión total de Potter, un timbrazo casi logró que saltará de su propia piel.

—¡Oye, Danny Zuko! Algunos tenemos que ir a la tienda.

Una dama mayor, le miró como una réplica morena de Minerva McGonagall, en su pequeño vehículo motorizado. Por detrás, dos niños de no más de diez años le sacaron la lengua, subidos en bicicletas metálicas. El resto de los curiosos le miró mal otros segundos y luego, procedieron a seguir su camino.

Ante su silencio atónito se tomaron medidas.

—Vamos, me acompañará a la estación.

—¡Pero-!

—¿Agrego un cargo de resistencia a la autoridad? Porque este viajecito improvisado irrumpiendo así, ya tiene varias hojas en el expediente que estoy por crear.

—N-no. No, señor, yo solo-

—Excelente, por aquí.

◇◇◇◇

Buscar a Malfoy había sido un último recurso, pero ni en sus sueños más salvajes Harry se imaginó siendo detenido por infringir las normas del estatuto. Mucho menos se le cruzó por la cabeza, que ni una sola persona le reconocería.

Ni siquiera cuando les dijo su nombre.

—¿Puedes deletrear Potter?

Inaudito.

Pero lo peor de todo era que Draco Malfoy le había negado delante de la gente. Gente que parecía más que hostil ante otro mago.

Sentado en una incómoda silla, respondiendo lo mejor posible a un interrogatorio digno de los mejores aurores, Harry Potter se replanteó su búsqueda.

Quizás a esta altura Hermione haya encontrado la cura para el mal de las hadas.

Quizás ya no sea necesario un pocionista que sepa de las viejas costumbres.

Quizás podría volver a Inglaterra sin sufrir más miradas desaprobadoras.

Quizás no tendría que rogarle a su antiguo némesis por ayuda.

—Bueno, señor Potter me parece que necesita autorización de nivel cinco y por lo que veo no tiene ni visa, ni traslador legal, ni permiso para llegar en esa cosa voladora. Además tiene suerte de que la mayoría de las familias con parientes no-mágicos, sepan como funciona todo, o estaría llamando a la agencia internacional.

Quizás Harry, siendo Harry, nunca había pensado con lógica cuando el nombre de Draco estaba involucrado, menos cuando los años sin noticias le habían dejado un sentimiento de hambre que jamás se permitió significar... ni escuchar. Porque de otra manera, Theodore Nott podría haber ido en su lugar.

Pero si de algo Potter tenía certezas absolutas, era que él era el único que debía manejar a Malfoy.

Era una ley no escrita.

Una que por lo visto este comisario, y el pueblo entero, estaba a punto de conocer.

❤️‍🩹❤️‍🩹❤️‍🩹

Notes:

Amo el Hobbit así que si alguien puede ver la referencia recibe una estrella de mi parte 🤩✨️ Es muy divertido ver la dinámica de los pueblos pequeños ☺️❤️