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★Quizá Demasiado. ★

Chapter 3: ★ Una Peligrosa Existencia. ★

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Esta historia sucedió hace mucho tiempo, seis años atrás. Hinata y Kageyama prometieron que la primera persona en conocer sus resultados del examen de castas sería el otro, volviendo todo una competencia como era usual.

Sin embargo, Kageyama no contaba con que su rut se presentaría en medio de la noche.

Había estado sintiéndose mareado y con un profundo dolor en la cabeza temprano por la mañana, así que no tenía permitido entrar al gimnasio de la escuela. Ya en casa intentó entrenar por su cuenta, pero no conseguía mantenerse de pie. Decidió ir a dormir temprano para dejar pasar el mal día, tomó un par de pastillas para el dolor y se envolvió en mantas de la cabeza a los pies. Entonces en dolor comenzó a bajar por su pecho hasta su vientre, y un potente aroma recorrió cada esquina de su habitación.

Los omegas tienen el celo, donde liberan feromonas para atraer a una pareja en busca de relaciones sexuales; y los alfas tienen el rut, que los lleva a su estado más primitivo donde sólo piensan en tener sexo y pelear. Kageyama sabía que era más del segundo tipo.

Pasó la noche intentando controlarse, evitar a toda costa salir de su habitación para no buscar pelea con su hermana o sus padres, ni siquiera de la cama estaba permitido bajar; y en las oleadas de calor le es vergonzoso admitir que incluso sus manos no fueron suficientes para satisfacerse. Se sentía como estar en un partido en el que sólo podía fallar sin importar cuánto tratara, lo que consiguió llevarlo a un limbo de frustración que no parecía tener fin.

Del otro lado de la puerta, Miwa colocó un candado y bloqueó las salidas de aire, tal como hicieron con ella en su momento. En una casa llena de alfas, era la única solución para evitar un enfrentamiento.

Esta situación duró cuatro días, mismos en los que Kageyama no durmió ni comió. Al salir de su habitación estaba tan cansado que cayó inconsistente sim probar bocado y sólo despertó hasta la mañana siguente.

Dada la cantidad de tiempo y la intensidad de sus feromonas, su familia concluyó que era un alfa dominante igual que el resto de ellos, y el resultado que llegó a su casa a consecuencia de su inasistencia a la escuela lo confirmó. Cómo si eso no fuera suficiente, en letras pequeñas al final del documento se pedía que se hicieran más estudios, pues encontraron genes mutantes que no supieron reconocer. Sus padres estaban sorprendidos por ello, y ese mismo día lo llevaron a un hospital especializado para hacer los análisis, perdiendo otro día de clases.

Kageyama no sabía lo que pasaba, él solo quería jugar voleibol, en su lugar, llevaba un bozal con doble refuerzo, dos parches de bloqueo de feromonas en el cuello, y guantes de lana. Se sentía como un delincuente.

Luego el doctor dijo algo que lo cambió todo.

Señores Kageyama, nos sentimos profundamente honrados en notificarles que su hijo es un enigma.

Un enigma está en la cúspide de las castas. Los alfas ni los deltas no tienen siquiera el derecho de mirarlos a los ojos; su aroma es tan fuerte que incluso los betas pueden detectarlo; su rut es más larga que cualquier otra; su voz de mando puede crear guerras si así lo decide; tienen una vida más longeva y una constitución física como ninguna otra. No por nada son llamados superhumanos. El único problema es que son tan escasos que no se tiene un registro real de ellos, puede contarse con los dedos de ambas manos la cantidad de enigmas que se han presentado desde que Japón se formó como una nación.

Y el chico que tuvo la bendición de ser uno está más enfocado en que puede jugar voleibol por más tiempo que una persona normal.

Escucha, Tobio, esto es importante, no dejes que nadie sepa sobre esto hasta que tengamos más información, ¿De acuerdo? Di que eres un alfa dominante o algo, es lo que la escuela también cree.— su madre hablaba con un tono serio, intentando usar su voz para aplacarlo.

Pero Kageyama no sintió nada al escucharla, sólo una pequeña burla, como un adulto que se ríe de un niño que trata de regañarlo. Sabía que esos sentimientos se debían a la naturaleza de su casta y no tanto a él, así que pudo entender la complejidad del asunto. Si la voz de una mujer delta dominante que viene de generaciones de alfas, y además es su madre, no le hizo más que cosquillas, ¿Qué podría esperar del resto?

Sólo se limitó a asentir con la cabeza antes de salir de casa, dirigiendo sus pasos a la parada del autobús.

Después de faltar a la escuela por una semana, la primera persona con quién se encontró fue con Hinata, y por desgracia, en una circunstancia problemática. Un par de adultos acosando a un adolescente de por sí está mal, y si sumamos que ese adolescentes huele claramente como un gamma, el resultado es aún peor. Hinata estaba tan asustado que liberaba feromonas a diestra y siniestra para buscar ayuda, sin entender lo peligroso que podría ser. Kageyama necesitó una gran fuerza de voluntad para no correr directo hacia él. Los tipos resultaron ser un beta y un alfa respectivamente, pudo saberlo porque sólo uno reaccionó al aroma, a quién poco le importaban las leyes japonesas dado que no usaba bozal, y continuaron arrinconándolo en el callejón donde se encontraban. A juzgar por el auto estacionado a media calle, debieron seguirlo un rato antes hasta que pensó que esconderse ahí sería buena idea.

Vamos, ¿Qué estás haciendo? Así no podrás decir que no querías que te cogieramos, liberando aromas tan deliciosos en un lugar como este.

Kageyama estaba furioso, tanto que no controló sus feromonas, que podían detectarse a pesar de contar con dos parches, y Hinata se desmayó tan pronto como llegó a sus fosas nasales. Los acosadores jamás habían detectado un olor como ese, y la presencia a su espalda les decía que morirían si hacían algo fuera de lo permitido. El alfa se orinó en los pantalones.

Cuando Kageyama vio a Hinata caer al suelo, su molestia se transformó en preocupación, corrió directo hacia él no sin antes lanzarles un par de golpes a sus acosadores, quienes derribó con su nueva fuerza adquirida, y comprobó que Hinata continuara vivo.

Desde ese momento entendió lo peligrosa que es su existencia en un país como el suyo. No debería relacionarse con ningún omega, no si no quiere perjudicarlos. Lo mejor sería mudarse a otro país donde la taza de natalidad de alfas sea mayor y jamás volver. Pero al mirar el rostro de Hinata, algo le impidió continuar con ese pensamiento. No podía hacerle eso a su único amigo, no cuando ahora sabía a qué casta pertenece. Un fuerte instinto de protegerlo floreció en su pecho, y jamás se marchitó.

Antes de que Hinata despertara, se quitó el bozal y lo escondió en su mochila, mirando en el reflejo de una ventana qué tan afilados lucían sus colmillos, considerando evitar hacer muecas que lo delaten. Para fortuna suya estaban a inicios de primavera, con el final de los días fríos, nadie pensaría que su bufanda escondía tres parches inhibidores. Todo parecía estar bien.

—Ugh, mi cabeza, ¿Qué me pasó...? ¿Kageyama?— Hinata despertó, llevando ambas manos a la zona donde impactó contra el suelo. Todavía lucía mareado, lo mejor es llevarlo con un doctor.

—Te estaban siguiendo unos idiotas y los detuve, pero te desmayaste por la ansiedad.

—Me salvaste, ¿eh? Eres un héroe. Te pagaré con un bollo de curry.

—Está bien, no pasa nada.

Le ha estado escondiendo su casta a Hinata desde entonces. El precio que ha tenido que pagar son demasiados estudios para disminuir sus feromonas, consumir inhibidores cada dos horas, usar un total de diez parches distribuidos en todo el cuerpo y una semana completa de rut, donde su casa siempre termina en desastre. Sin embargo, no le importa demasiado, puede soportar eso y mucho más.

Recientemente descubrieron que un enigma pierde cierto porcentaje de intensidad cuando marca a una pareja, a quien, por cierto, podría matar si no es apta para recibirlo, pues es bien sabido que una mordida es la unión en cuerpo y alma de dos individuos, y nada en el mundo puede corregirlo. Si alguno de ellos no es apto, entonces mueren los dos, en caso de los enigmas, sólo muere la otra parte. De cualquier manera, Kageyama se negó completamente a usar a alguien para sus fines egoístas, más cuando fue consciente de sus fuertes sentimientos románticos por Hinata. No podría marcar ni dejarse morder por alguien más que no fuera él. Pero eso es imposible, porque para Hinata es sólo su mejor amigo y rival, jamás lo ha visto bajo otro concepto. Además, Hinata tiene una vida libre de lazos sentimentales y ataduras, no podría estar en una relación formal por el próximo tiempo, y aunque sabe que puede obligarlo sin esfuerzo alguno, no podría. Kageyama quiere hacer las cosas bien cuando se trata de Hinata, sus instintos lo dictan así. Si debe esperar diez, veinte o cien años más para que Hinata al menos por un segundo lo tome en consideración como un pretendiente y no como un amigo, entonces esperará paciente.

Eso, por supuesto, le pasa factura con cada día que se involucra en la vida de Hinata. Su doctor le ha recomendado varias veces poner cierta distancia entre ambos, pero le es casi imposible hacerlo por su cuenta, siempre necesita de un agente externo para conseguirlo.

Lo que nos lleva al día de hoy, martes veintiocho de octubre, con Miwa apareciendo en el umbral de su puerta para decirle que acaba de unirse a su pareja y ahora son prometidos.

Ella será su apoyo ésta semana.

Al mirar a Hinata alejarse mientras continúa corriendo, suelta un suspiro y abre la cajuela del auto para meter todas las bolsas. 

—Oh, dioses, estás tan loquito por él.— Miwa aparece a su lado, sacándole un gran susto, —Tengo la nariz anestesiada, pero incluso así pude notar los celos enormes que tuviste cuando le di la mano. ¿No deberías ir con un psicólogo para tratarte?

—Estás exagerando, no me dieron celos—  da un paso lateral, alejándose de su hermana. No puede evitar sentirse incómodo con su nuevo aroma. Tal vez se acostumbre cuando el lazo sea estable.

—Por supuesto que sí.

—Que no.

—Que sí.

—Que no.

Ambos entran al auto, Kageyama al volante y Miwa de copiloto. Debe volver a casa para dejarla ahí y luego ir al gimnasio, sólo pidió permiso para llegar dos horas tarde, y si no se da prisa, no estará listo a tiempo.

Llegando a su departamento toma un baño y se coloca tres parches supresores, dos en el cuello y otro en el vientre, donde más ha tenido éxito de todos los lugares que ha probado. Guarda un par de píldoras inhibidoras en un frasco y guarda una jeringa con tranquilizante en caso de que las cosas se salgan de control. Tiene todo en orden, como cada día.

—Me voy, no hagas nada raro mientras estés aquí y avísame cuando te vayas.— cuelga la maleta en su hombro y se asoma a la cocina para mirar a su hermana preparar chocolates, es su regalo especial para la familia de su prometido.

—Sí, papá, tendré cuidado.

—¿Quién se supone que es el mayor de los dos?

Negando con la cabeza, Kageyama sale de casa.

 

.° ⁠* ⁠♡ * °.

 

Dentro de todo el caos interior, Hinata tiene algo en claro: Miya Atsumu es uno de los posibles responsables de que tenga un embrión en el útero. Las veces que han tenido sexo casual son pocas, y aunque tiene un par de semanas sin pasar nada entre ambos, no significa que no sea sospechoso. Además, no se le ocurren muchas otras personas cercanas, la mayoría de veces usa aplicaciones de citas para reunirse con desconocidos. Nunca lo había visto como un problema hasta ahora.

—Bueno, estamos en el gimnasio, será fácil ponerlo a prueba primero. Después veré como llegar al resto.

Por lo que estuvo investigando durante su descanso, los alfas y deltas reconocen el aroma de sus cachorros a partir del primer mes de embarazo, mientras que los omegas y gammas hasta el segundo mes. Los betas no pueden hacerlo.

Todo lo que tiene que hacer es acercarse lo suficiente a Atsumu y liberar feromonas, esperando a algún tipo de reacción especial en él. Si no tiene lazo parental, entonces sólo estará incómodo y a la defensiva.

Acomoda su ropa una vez más, nervioso. Si es sincero, espera que Atsumu no lo sea, le cae mejor como amigo que como pareja, principalmente porque no sabe tomarse las relaciones en serio, y la última vez que estuvieron juntos no lo disfrutó tanto como desearía.

Ugh, de cualquier forma, tiene que ponerlo a prueba.

—Ey, TsumTsum, ¿Te parece si más tarde practicamos un pase rápido?— se acerca a dónde Sakusa y Atsumu estiran, manteniendo una sonrisa que oculta sus verdaderas intenciones.

En cuanto lo ve, Sakusa arruga la nariz, lo que desconcierta un poco a Hinata. A penas consideró hacer un movimiento tentativo, pero ya ha detectado su aroma, no cabe duda que el olfato de los deltas está más desarrollado.

Después de todo, los deltas son hijos de dos alfas dominantes, podría decirse que son superiores a la mayoría, y por eso mismo, aún más escasos.

A su lado, Miya frunce las cejas, ha detectado algo. Su expresión sólo dura un segundo antes de volver a sonreír como es usual, dándole un pequeño golpe con el codo a Sakusa para que se calme.

—Claro, Shoyo, sin problema.— el entrenador lo llama y se despide para ir a su encuentro, seguido de Sakusa, que no se molesta en ocultar su incomodidad.

Su interacción ha sido demasiado corta y poco natural, lo que podría tomar como una respuesta negativa a su duda inicial. Sin embargo, no se siente satisfecho con una resolución tan simple.

Llega la hora de volver a entrenar, y Miya está listo para darle un par de pases, como si el incómodo momento anterior no existiera. Quizá por eso su relación funciona tan bien, ambos pueden separar cada aspecto de su relación para el momento adecuado. Hinata olvida su misión al cabo de dos remates, y para el quinto, está liberado feromonas felices por conseguir saltar más alto.

—¡Uno más, por favor!

—Tomemos un descanso, ¿Sí?— los alfas y deltas tienen permitido quitarse el bozal en áreas deportivas debido al esfuerzo que requieren y lo peligroso que podría ser romper las barras de metal con un golpe, eso le permite hacerse ovillo en el suelo para cubrir su nariz y boca con ambas manos.

—¿Te sientes mal?— Hinata trata de acercarse, preocupado, pero Atsumu mantiene distancia al extender su mano.

—Un poco mareado, es todo. ¿Podrías recordarme qué día es?

—Veintiocho.

—Demonios, me tengo que ir.— intenta levantarse sin éxito, no le queda otra alternativa que aceptar el apoyo de Hinata hasta que Bokuto llega a ellos para relevar su lugar.

Hinata no entiende lo que acaba de suceder, mirándolo alejarse detrás de la puerta de cristal que divide al gimnasio del área común, entonces Sakusa se acerca para darle un pequeño contexto.

—Parece que su rut se adelantó. Tiende a pasar cuando se expone demasiado a las feromonas de omegas en celo o busca pelea con otros alfas.

Pero ninguna de las opciones acaba de suceder, Hinata no es alfa y tampoco puede estar en celo si está embarazado, lo que le deja más confundido.

—Aun hueles a la chaqueta de Kageyama.— es lo único que dice antes de volver a su entrenamiento. A pesar de ser un delta, aún siente una inferioridad aplastante cuando se trata de la casta de Kageyama. No podría llevarle la contra a sus órdenes incluso si no está presente.

Si él ha dejado en claro que Hinata no debe saberlo, ¿Quienes son ellos para contradecirlo?

—¿Y eso qué tiene que ver?— Hinata se olfatea una vez más, sin notar nada fuera de lo común. ¿Esta tan acostumbrado a su perfume que ya no lo detecta?

—¡Hay algunos perfumes que usan feromonas reales de alfas! ¡Seguramente así funcione el de Kageyama también!— Bokuto intercede antes de que continúe indagando, recién entrado de nuevo al gimnasio. Espera haber dicho algo coherente porque no está Akaashi para corregirlo.

—Ya veo, cómo avanza la tecnología.— Hinata le cree tan ciegamente que no pregunta nada más. —¿También usas uno así, Bokuto?

—No, a Akaashi no le gusta cuando huelo a alguien más. Lo he visto olfatear mi ropa antes de meterla a la lavadora, cuando paso mucho tiempo con ustedes está bien, pero un olor desconocido lo hace sobrepensar. Prefiero evitarlo, así que meto mi ropa entre la suya para siempre oler a él.— fue un poco sorprendente que Bokuto fuera un beta, pero ahora siente que queda demasiado con él, tan ajeno a su entorno.

Akaashi, por otro lado, es un omega recesivo, lo que le hace sentir inseguro en ocasiones.

—Eso es muy lindo, Bokuto, debes cuidarlo bien.

—Por siempre, no lo dudes.

Al salir del gimnasio por la tarde, Hinata saca su teléfono del bolsillo para mirar la lista que ha escrito en sus notas. Sabe que no son todas las personas con quienes ha estado, pero es un inicio. Aún tiene los registros de conversaciones pasadas, así que su plan será reunirse primero con las citas casuales que tuvo hace casi dos meses, después volverá a intentarlo con sus conocidos.

Y para ese momento , debe tomar cierta distancia de Kageyama, su perfume es demasiado llamativo y entorpece sus planes.

—Me pregunto cómo reaccionaría si le muestro la prueba de embarazo. Seguro pensaría lo mismo que yo, que no puedo tenerlo porque entorpece el voleibol.

Kageyama siempre ha coincidido en eso con él.

Otras personas han intentado convencerlo de que se establezca con una pareja y forme una familia, pero de sólo pensarlo le hace doler el estómago. Su prioridad siempre ha sido el voleibol, no piensa cambiarlo pronto. Un cachorro no es la excepción.

“Y sin embargo, estoy buscando a su padre.”

Sólo puede atribuirse a su enorme corazón de pollo, que se siente adolorido cuando piensa en lo desechable que suena abortar porque entorpece sus planes. Ni siquiera está realmente seguro de qué hacer, si es honesto. Tal vez toda su idea planeada desde ayer sólo sea una excusa para ganar tiempo en lo que se decide, aunque sabe claramente hacia donde se inclina la balanza. Eso no hace las cosas más fáciles, sin embargo.

Manda un mensaje antes de guardar su teléfono en el bolsillo de la chaqueta y alborota su cabello, queriendo despejarse.

—Prometo no volver a tener sexo... Bueno, una vez a la semana está bien.

Sube al autobús para dirigirse a su primer encuentro en un restaurante en Shibuya, sin tiempo para perder. Está noche debe verse con tres personas, y mañana con otras tres. El jueves y viernes será destinado a sus compañeros.

—Veamos, de las personas con que he estado y pueden embarazarme: dos de ellos son betas, tres son omegas y una es alfa, ¿De quién me estoy olvidando? Borro los contactos cuando no la paso bien, y eso es muy seguido, por desgracia. Tampoco es como si pudiera pasearme por la calle liberando feromonas, me van a multar.— por inercia, toca su collarín inhibidor, sólo le ha pasado una vez, pero no quiere que se repita.

Recuerda que esa vez Kageyama lo salvó de unos acosadores, pagó su multa cuando un policía los encontró y le ayudó a llegar a la escuela.

Se siente conflictivo respecto a no decirle, pero sabe que así debe ser.