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No hay razón para los nervios!

Chapter 6: Todavía me queda mucho por aprender

Notes:

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Chapter Text

La mañana se sentía más pesada de lo normal en los dormitorios de la facultad del agua. Wuyang se despertó a duras penas, todavía con la misma ropa del día anterior. El polvo y el sudor se le habían pegado a la piel como la culpa que sentía desde hace horas. Lo habían soltado esa noche después de horas de interrogatorio, con la advertencia de que estaba al borde de algo mucho peor que una simple sanción. La expulsión había estado en discusión sobre la mesa, y solo el historial limpio de su familia (y probablemente su aporte en el ataque a Chengdu) lo habían salvado. Por ahora.

El sonido molesto de su teléfono cortó el silencio que reinaba en su habitación. Con un gruñido, enterró la cara en la almohada. Una parte de él, la parte tonta y esperanzada que no se rendía, susurró que tal vez, por un milagro por más raro que fuera, la llamada sería de Juno. Que lo llamaba para ver cómo estaba, para agradecerle, o... o lo que fuera.

Pero la realidad, cruel y persistente, le recordó la verdad: para Juno, él era solo un compañero de misión. Un recurso más. Un "estudiante del Agua" útil hasta ese momento, por que ahora había fallado.

Se menospreció en silencio. “Fracasado. Ni siquiera para infiltrarte sirves. No eres lo suficientemente listo como Ming, ni lo suficientemente fuerte como Anran. Solo eres... tú.”

Finalmente, con un suspiro que le vino de lo más hondo, alargó el brazo y tomó el teléfono antes que la alarma termine. La pantalla no mostraba el nombre que anhelaba, sino uno que le hizo cerrar los ojos con un gesto de tristeza: "llamada entrante de: Mamá".

—¿Hola?

—Wuyang tenemos que hablar. —la voz de su madre era fría, el tono que usaba cuando estaba profundamente preocupada y trataba de ocultarlo bajo una capa de decepción—. ¿Qué ha sido todo esto? Tu padre... no está contento.

Al fondo, pudo escuchar la voz grave y enojada de su padre.

—¡Pregúntale qué demonios estaba haciendo invadiendo esa facultad a altas horas de la noche! ¿Se ha vuelto loco? ¡Después de todo lo que hemos hablado!

Wuyang apretó el teléfono con más fuerza. Sus padres lo amaban, lo sabía. Pero su amor a menudo se sentía como una prisión. Lo trataban como al hijo frágil, al que había que guiar y proteger de sus propias decisiones "equivocadas", como unirse a Overwatch. Cada palabra de preocupación era un recordatorio de que, para ellos, nunca sería lo suficientemente bueno, lo suficientemente juicioso con las personas. Y en ese momento, sintiendo el peso del fracaso y de su corazón partido, sus palabras no sonaron con ese tono protector, sino a la confirmación de todos sus peores miedos sobre sí mismo.

La voz de su padre siguió sonando al otro lado de la línea, una diatriba extensa de proverbios sobre disciplina, responsabilidad y el "camino correcto". Wuyang dejó el teléfono sobre la cama, en silencio, mientras su padre hablaba. No había nada que decir. Solo asentía mecánicamente sin que su padre lo viera en persona, su mirada se perdía en una mancha de humedad en el techo de su habitación, que le recordaba tristemente la razón de su fracaso ayer.

Creía que estos regaños habían quedado atrás desde los doce años, cuando decidió convertirse en el "hijo modelo", el que nunca ni debía causar problemas. Porque siempre estaba presente la figura de Anran, la que manejaba su vida con una facilidad impecable, la que nunca tenía que escuchar estas mismas reprimendas. Arrugando su almohada al escuchar una última vez a su padre decir el nombre de su hermana en palabras vacías que ni siquiera escuchaba.

Él se había esforzado tanto por ser como ella, por apagar esa llama interna que anhelaba hacer algo más, algo diferente. Y aun así, siempre terminaba aquí: escuchando los mismos consejos y proverbios, sintiéndose como el mismo niño que no daba la talla.

La llamada terminó con una última sanción para su vida estudiantil: nada de mesada este mes ni el siguiente. Cuando terminó la llamada con una sonrisa nerviosa, abrió su cartera digital. Los pocos yuanes que le quedaban eran el recuerdo de lo que ahora seguía: semanas de comida insípida de la cafetería de Agua. Qué aunque gratuita para estudiantes, era el peor castigo culinario porque significaba que no había posibilidad de escaparse ni siquiera a comprar un té de burbujas.

“Si hubiera sabido que ese sería mi último té de boba lo hubiera tomado más despacio.” Bufo con molestia levantandose finalmente de la cama desarreglada.

Se sintió ridículo una última vez. Ahí estaba, preocupándose por su presupuesto, cuando ayer estuvo a segundos de entrar a la acción y mostrar su valía en su primera misión en Overwatch, aunque tal vez solo lo hacía para callar sus dudas internas sobre si debía o no pertenecer ahí… o ayudar a la chica más linda que sus ojos inexpertos hayan visto.

Su pulgar pasó sobre la pantalla del teléfono, deteniéndose en el nombre de Juno. Un nudo se le formó en la garganta. ¿Debería llamarla? ¿Sería molesto? Por un segundo, dejó que la esperanza lo inundara: el recuerdo de su voz ayer, tan decidida pero tan diferente a lo que alguna vez había visto de ella. Veía como el pánico la había atacado y él no pudo hacer nada esa vez.

La esperanza se desvaneció tan rápido como llegó, ahogada por la voz de sus padres y su propia inseguridad. "Lo arruiné", pensó una última vez, dejando caer el teléfono a un lado y levantándose de la cama con otro suspiro que venía de sus huesos. "Lo arruiné todo. Cómo siempre."

Mientras tanto, a varios edificios de distancia, en la habitación ordenada de la Facultad del Fuego, Juno recorría el mismo camino de angustia, pero en dirección opuesta. Sentada en el borde de su cama, miraba fijamente su propio teléfono, el que tenía el contacto de Wuyang. Su mente era un campo de batalla. "¿Debería llamarlo primero? ¿Y si me odia por lo de ayer? Fui yo la que insistió, la que provocó todo esto...". Se mordió el labio, recordando cómo él se había interpuesto entre ella y la puerta con una expresión seria de hacer una retirada estratégica. Culpandose por no haberlo seguido en ese momento.

Los días desde el desastre en la Facultad del Metal habían pasado con una lentitud agónica. Para Wuyang, el castigo no era solo el confinamiento, era el tiempo infinito para repasar, una y otra vez, cada instante de esa noche. Y sobre todo, la conversación—o la falta de ella— con Juno después. Su torpeza, su incapacidad para decir algo, cualquier cosa, que no sonara a reproche o a decepción.

Él, que siempre tenía una frase a mano, se había quedado mudo cuando más importaba. Y la expresión de ella ante este problema, esa mezcla de normalidad y espacio para la marciana... le hizo pensar lo peor: para Juno, él no era nada más que un compañero. Un recurso fallido en una misión complicada.

A solo unos días antes de la conferencia, esa idea seguía atormentando. Decidió que socavar más solo arruinaría su día. Dicho y hecho, pasó toda la mañana y la tarde repasando mentalmente otra conversación o algún tema para sus exámenes. Solo que para su mala suerte solo tenía en mente la primera vez que se atrevió a conocer realmente a Juno, no como la "chica de Marte", sino como ella misma era.

Fue en la enorme cafetería central de la universidad, un lugar que siempre lo alegraba con sus aromas a especias y sus estantes de dulces. Ese día, sin embargo, el sabor de su baozzi era insípido en su boca. La herida de ver a una recién llegada, una marciana, ocupar "su" lugar en la Facultad del Fuego con una facilidad insultante, aún estaba fresca. "Una prodigio del espacio", pensó con amargura, "¿qué sabrá ella de esforzarse por algo?"

Y entonces la vio. Sentada sola en una mesa, Juno parecía una flor fuera de lugar en un jardín bullicioso. Jugueteaba nerviosa con una fruta en su bandeja, con la mirada fija en otro lugar, claramente perdida. "Tal vez después de todo no eres tan buena para esta misión", pensó Wuyang, un destello de resentimiento mezclado con algo que no quiso reconocer.

Luego, llegaron más personas. Un grupo de estudiantes nuevos, radiando una confianza que a Juno le faltaba, se acercaron como un enjambre. La rodearon. Wuyang, desde su mesa podía ver cómo sus hombros se tensaban, cómo sus dedos se enredaban bajo la mesa al hablar. Las sonrisas de los otros eran amplias, las preguntas empezaron queriendo conocer más acerca de ella y Wuyang no pudo evitar estirar la oreja para saber qué decían. Al parecer ninguno de los otros chicos era consciente que solo ponían más incómoda a la recién llegada, fijando su vista unos segundos más antes de apartarla con vergüenza.

Wuyang clavó la mirada en su sopa. Su orgullo, aún magullado, le gritaba que no era su problema. Que ella era la prodigio, la que lo había "reemplazado". Que se las arreglara sola.

Pero entonces, escuchó su voz. Un balbuceo desesperado, un grito ahogado de pánico transformado en palabras: "W-Wuyang Ye es mi novio. É-Él me ayudó con el examen de ingreso".

En ese instante, todo su resentimiento se hizo añicos. No vio a la prodigio arrogante. Vio a una chica aterrada, perdida en un mundo que no entendía, usando la única herramienta desesperada que se le ocurrió: su nombre. La vulnerabilidad en sus ojos, la manera en que su mentira era tan transparente y a la vez tan valiente, le formó un nudo en la garganta.

El orgullo ya no importaba. Sin pensarlo dos veces, se levantó de su mesa, dejando atrás a sus amigos confundidos. Su mente, siempre rápida para el espectáculo, ya hilaba una excusa, una salida cómica. "¡Juno, cariño! Se suponía que era un secreto..." La frase salió con naturalidad, pero el corazón le latía con fuerza. No estaba salvando a una compañera de misión. Estaba rescatando a ella. A la chica de pelo morado que, sin quererlo, acababa de poner todo su mundo frágil en sus manos.

Ahora, meses después, recordar ese momento era un consuelo y una tortura. Había sido capaz de hablar y actuar, de ser el chico despreocupado. ¿Por qué, cuando las cosas se pusieron realmente difíciles y los sentimientos de verdad entraron en juego, había fallado tan estrepitosamente?

Wuyang devuelta en su aburrido presente, empujó los frijoles negros metidos en su arroz por su plato con el palillo, nunca le gustaron y odiaba que la cafetería tuviera esa temática de comer saludable. Aunque el problema no era solo la comida (aunque para él era un castigo peor que la muerte). Era la pesadez que llevaba en el pecho, una mezcla de frustración, culpa y una confusión sentimental que le daba vueltas al estómago más que cualquier comida horrible.

Se dejó caer sobre la mesa con un suspiro dramático, haciendo saltar sus palillos, que cayeron con un clink metálico sobre la bandeja.

—Vaya, qué bien te lo estás pasando —sonó una voz familiar y cargada de ironía—. Con esa actitud, definitivamente te aceptarán y dejarán participar en las misiones importantes de Overwatch.

Wuyang alzó la cabeza y se encontró con los ojos evaluadores de Anran. Su hermana mayor estaba plantada allí, con su postura impecable y una expresión que siempre parecía saber más de lo que decía. Él soltó un bufido, esperando otro sermón o, peor, una burla extendida sobre su reciente metedura de pata.

Para su sorpresa, Anran no siguió por ese camino. En silencio, se sentó frente a él y, sin decir nada, colocó unas rodajas de naranja perfectamente peladas al lado de su triste montaña de arroz seco.

—¿Qué te paso? —preguntó directamente, sin preámbulos—. No es común verte así... tan fuera de órbita.

Wuyang dudó en contar lo que pasaba. La verdad era difícil y más si hablabas de tus sentimientos. Ya no podía fijar su atención en otra cosa que no fuera eso, desde que escuchó a Juno decir que se iría. Ese recuerdo era un puñal. Se había permitido esperar... ¿qué, exactamente? Algo que probablemente solo existía en su cabeza. (Aunque, en el fondo, algo había pasado, solo que él estaba demasiado enredado en su propia miseria para verlo con claridad).

—Nada —murmuró, clavando la mirada en una naranja.

Anran no se inmutó. Apoyando los codos en la mesa, con una media sonrisa.

—Háblame de lo de la Facultad del Metal. Es para tu informe ya deja de lado tu melodrama y concéntrate.

Y él, quizás por la rareza del gesto de las naranjas, quizás porque necesitaba desahogarse, soltó todo. La misión, el estudiante dentro, el meka que vio ayer, la alarma, cómo se quedó para que Juno escapara... y el castigo que ahora sentía como una prisión injusta.

—¡Se supone que somos los buenos! —exclamó, la rabia reprimida saliendo a flote, haciendo que algunos estudiantes cercanos los miraran con reproche—. ¡Salvamos a la gente! ¿Y cómo me pagan? Manteniendome aquí, como si fuera un delincuente.

Anran lo dejó terminar, sin interrumpir. Escuchaba con esa calma que a veces parecía desesperante a ojos del menor, pero que ahora Wuyang, sin querer, agradecía. Cuando terminó su pequeño discurso, ella tomó una rodaja de naranja para sí.

—Entiendo —dijo simplemente. Luego, su tono cambió ligeramente, volviéndose más familiar, casi juguetón—. Pero también entiendo otra cosa. Esta... niebla en la que estás metido no es solo por el castigo, ¿verdad?

Wuyang se puso tenso. Anran lo observó, y su sonrisa se hizo un poco más genuina, menos burlona. En el fondo, quería a su hermanito, aunque su forma de demostrarlo a menudo confundiera a Wuyang, haciéndole creer que solo eran bromas. En ese momento, sin embargo, su mirada era clara. Estaba dispuesta a escuchar, a ser la consejera, aunque reservándose el derecho de molestarlo con esto más tarde. Era su manera de decir que estaba ahí.

—Ya te conté todo, no hay nada más que decir. —Wuyang posaba su mirada en cualquier lado. Era un pésimo mentiroso.

—Solo digo y no es por suponer pero… ¿no será por tu linda compañera de misión, no? —el tono burlón en la pregunta retórica de Anran hacía poner la piel de gallina a Wuyang.

La mayor de los hermanos siempre sabía cómo obtener lo que quería, la perspicacia era uno de sus puntos más fuertes a la hora de luchar. O simplemente cuando quería molestar a Wuyang.

—¿L-linda? Bueno supongo que… —empezo divagando por ese cumplido, notando su error ya muy tarde—. E-eh n-no tiene nada que ver. Ella es solo una compañera, si fingimos hacer y aparentar esto fue por bien de la misión.

Anran solo soltó una risa seca, limpiándose una lágrima imaginaria al ver lo nervioso que se ponía su hermanito al solo mencionar a la chica. No entendía cómo era que la marciana no se daba cuenta de lo predecible y obvio que era el chico.

—Pues yo creo que por tu cabeza pasa algo más. Que tal vez te tomaste muy en serio esa farsa de ser pareja. —iba a seguir molestando hasta que noto la mirada cabizbaja de su hermano—. O mejor dicho… te lo tomabas muy en serio. Ahora sí puedes decirme qué paso.

El menor de los Ye soltó un alarido de frustración, Anran siempre era más lista que él por mucho. Ahora sí estaba contra las cuerdas, sin alguna excusa o truco guardado para evitarlo.

Hasta que de pronto sintió un pinchazo en el abdomen, esa chispa que le quemaba desde que era niño. Probablemente esa vena rebelde que había callado por tanto tiempo en fingir algo que no podía ser. De querer o de luchar por algo por su cuenta.

—¡Esta bien! S-sí, me gusta Juno y de verdad. Al principio pensaba que era pura admiración por lo genial que se veía… pero después de conocerla y compartir con ella me di cuenta de algo. Puedo afirmar con completa seguridad que me gusta, de gustar. E-ella es la personas más sincera y linda que conozco, siempre trata de fingir que no le afectan las cosas pero no es así. Aún cuando no sabe qué es lo que exactamente quiere siempre da lo mejor de sí para ayudar.

En busca de más palabras la voz de Wuyang se quebró unos segundos antes de tomar más aire.

—Y-y de verdad me gustaría que se quedará aquí en Wuxing… conmigo. Pero ahora siento que no importa nada de eso pues para ella no soy más que un compañero o menos que eso…

Cuando terminó de hablar ni siquiera noto la exorbitante cantidad de miradas de algunos estudiantes que pasaban por ahí, de verdad necesitaba desahogarse de todo lo que llevaba comprimido en su pecho.

—Wow —dijo Anran, su expresión burlona se reemplazó por una de sorpresa genuina y un poco de ternura—. Cálmate un poco. Pero... ya lo dijiste. Y no se te cayó el mundo encima.

Wuyang respiró hondo, sintiendo que un peso enorme se había levantado de su pecho. Haberlo admitido, en voz alta, incluso ante su hermana, fue hasta relajante. Ahora, al menos, sabía con claridad lo que sentía. Y esa claridad, aunque dolorosa, era mucho mejor que la niebla de la duda y nervios. Era el combustible que necesitaba para decidir qué hacer a continuación.

Solo que antes de darse cuenta, las lágrimas empezaron a caer, lentas y calientes, por el rostro de Wuyang. No era solo por Juno. Era el aluvión de todo lo que llevaba guardado esos años. Siempre haber creído que era "menos": eclipsado (sin quererlo nadie) por la perfección de Anran, el fracaso ante la Facultad del Fuego que tanto esperaba su familia, la constante lucha por encontrar su propio valor en un camino diferente. Hasta esa medalla y la carta de Overwatch, que aunque las guardaba como un tesoro, a veces se sentían vacías, como un reconocimiento a una versión de él que aún no creía del todo real. Y ahora, el dolor más agudo: haber permitido que floreciera la esperanza de estar junto a alguien como Juno, cuando sentía que no tenía nada lo suficientemente valioso que ofrecerle a una chica que literalmente venía de las estrellas.

—Pero... ¿Qué sentido tiene? —preguntó, su voz quebrada por un sollozo contenido—. Juno tal vez nunca vaya a corresponderme. ¿Para qué sufrir por algo imposible?

Anran observó las lágrimas de su hermano y, por primera vez en mucho tiempo, la máscara de la hermana segura y un poco burlona se cayó al suelo, dejando al descubierto a la versión protectora que siempre había estado ahí. Volteó con una mirada tan furiosa y amenazante como un incendio hacia los estudiantes curiosos que estos inmediatamente desviaron la vista, fingiendo un súbito interés en sus bandejas o las personas a su lado. Satisfecha por esa reacción, volvió su atención a Wuyang, su tono ahora era notablemente más suave, aunque no exento de su franqueza característica.

—Yo no lo creo —dijo Anran, con una calma que contrastaba con el temblor de la voz de Wuyang—. Aún podrías tener algo de suerte. No tires la toalla antes de que el combate empiece.

Wuyang se secó las mejillas con el dorso de la mano, mirándola con escepticismo y un destello de esperanza.

—¿Q-qué? ¿Y tú cómo lo sabes? No eres adivina.

—No necesito serlo —respondió Anran, tomando otra rodaja de naranja—. Es bastante claro con solo observar. Esa chica... Juno. Tiene una capa gruesa como una naranja pero en el fondo es tan… dulce y fragil, si la comunicación no es su punto fuerte. Sospecho fuertemente, que no quería decir lo que dijo esa noche. O al menos, no de la manera en que tú lo interpretaste.

Wuyang la miró, confundido. Anran continuó hablando otra vez en ese tono calmado y hasta lógico.

—Piensa. Ella viene de un mundo donde todo es lógica, nada es parecido a aquí. Las emociones, especialmente las complicadas, deben ser un campo nuevo para ella. Tú te quedaste mudo cuando importaba, ¿verdad? Pues imagina cómo debe ser para alguien que lucha por entender sus propios sentimientos en un planeta nuevo, mientras carga con la salvación de su familia en los hombros. Quizás su "distancia" no era rechazo, sino miedo. Miedo, a sentir algo que no se puede permitir en una situación así.

Esas palabras lo habían dejado en silencio por un momento, pensó que conocía bien a Juno sobre todo esa parte ansiosa. Pero ahora podría notar lo tonto que estaba siendo.

—¿C-crees... que pueda haber malinterpretado todo? —preguntó, con una vocecilla que sonó más pequeña de lo que era.

—Lo que creo —dijo Anran, terminando su naranja— es que te estás menospreciando otra vez. Overwatch no recluta a cualquiera. Y ella no confiaría en cualquiera para una misión así. Y desde mi punto de vista, aunque sea molesto admitirlo, tú has cambiado desde que la conoces. Para bien. Te has vuelto más... tú. No el que trata de ser como los demás, te tomaste en serio está misión aunque no era tu responsabilidad. Y eso dice mucho de ti.

Se levantó, colocando una mano firme en su hombro.

—Así que deja de lloriquear como una niñita. Si de verdad sientes algo por ella, averígualo. Pero esta vez, habla. Sin suposiciones absurdas. Sin miedo. Con las palabras claras que no te confundan hasta a tí. Esa es tu próxima misión, hermanito. Y créeme, es la más importante.

—Pero… —antes de continuar sintió como la mano de Anran apretó con una fuerza tan grande que lo hizo encogerse en su asiento.

—Vamos a ser más claros, si no escucho algún avance tuyo está semana. —el filo de su voz se hizo más notorio ahora, desenvainando su abanico que tenía en su cintura—. Tú y yo tendremos bastante tiempo para conversar en el área de entrenamiento.

Con eso último y Wuyang asintiendo frenéticamente, Anran se alejó, dejando al joven con la cabeza dando vueltas, el rostro aún húmedo, pero con un nuevo brillo de oportunidad en sus ojos. Las lágrimas habían lavado parte de la confusión. Ahora, al menos, tenía una idea. Y un pequeño destello de esperanza, alimentado por la perspicacia contagiosa de su hermana sobre que debía hacer ahora.

El día de la presentación llegó, y con él, una nueva tormenta de dudas en el corazón de Wuyang. Había pasado las últimas horas ensayando frente al espejo, buscando las palabras perfectas. Quería aparecer en el auditorio, cumplir esa promesa implícita de acompañarla, de estar ahí cuando viera a su tía. Recordaba vívidamente la expresión de Juno al ver el anuncio: esa alegría pura, esa emoción genuina que iluminaba su rostro de una manera que él anhelaba volver a ver.

—Yo... no creo que sea bueno arruinarle la noche —murmuró a su reflejo, desabrochando su chaqueta—. Ha estado esperando tanto esto. ¿Y si mi presencia solo la pone nerviosa? Tal vez necesita espacio.

Su reflejo le devolvió la imagen de alguien decaído, la misma que tanto detestaba. Con la advertencia todavía de Anran corriendo por su cabeza.

—No… no estoy huyendo, ¿verdad? Es solo que ella necesita tiempo. Y... ¡ah, genial, ahora estoy sobrepensando y hablando con mi propio reflejo! —se reclamó, frotándose el rostro con rabia—. A este paso, seré solamente un médico para pacientes en coma, porque a los conscientes los voy a volver locos.

Estaba a punto de tirarse otra vez en su cama, derrotado por su propia indecisión, cuando lo noto desde el baño. Un golpe seco y pesado azotó su puerta, casi como si algo se hubiera caído.

El corazón le dio un brinco. ¿Podría ser Juno?
Sin pensarlo, salió disparado del baño, casi resbalándose en el suelo, y abrió la puerta de un tirón.

—¿Jun—?

El pasillo estaba vacío. Bajó la mirada. Allí, a sus pies, estaba el pequeño torpedo de Juno. El mismo que habían usado para espiar en la Facultad del Metal. Una oleada de confusión y luego de alarma lo recorrió. ¿Cómo había llegado ahí? Su mente, ahora en modo análisis, dedujo rápidamente: el artefacto debía tener energía para llegar hasta su habitación... y para tocar… o estrellarse contra su puerta.

Lo recogió con cuidado. Notando lo que estaba pegado a una de sus alas de manera bastante llamativa, era un trozo de papel doblado apenas pegado con cinta adhesiva. No perdió el tiempo, la desdobló casi con desesperación para saber el contenido.

"Wuyang, necesito que me encuentres en el gimnasio de tu facultad. Creo que descubrí algo sobre la misión. Además, siento que me están siguiendo... Por favor, no uses tu teléfono. – Juno."

Toda duda, todo sobreanálisis, se evaporó en un instante. El corazón se le encogió de preocupación. Juno estaba en peligro ahora, y lo necesitaba.

No se lo pensó dos veces. No hubo tiempo para dudas. Agarró su bastón, se ató la chaqueta a la cintura y salió corriendo de la habitación, la nota voló en el aire al salir corriendo sosteniendo entre sus brazos el pequeño torpedo que lo había llamado.

Mientras corría por los pasillos ya vacíos, su mente trataba de sopesar la situación. ¿Quién la estaría siguiendo? ¿Null Sector? ¿El chico de la facultad? El "no uses tu teléfono" sonaba a paranoia extrema, pero con Juno todo podía ser una amenaza real o intangible.

Llegó al gimnasio con tanta prisa que no había nadie a esa hora, había tantas puertas o entradas que ni siquiera sabía si estaba en la adecuada. Al asomarse por una que conectaba por los pasillos, la vio. O más bien, vio un destello morado. Era Juno, pero no estaba esperándolo sino todo lo contrario. Se movía a una velocidad increíble serpenteando entre los pasillos, como si estuviera esquivando algo invisible o... buscando algo con desesperación. Volaba con tanta velocidad y determinación que ni siquiera con la ola bajo sus pies pudo acortar la distancia para llamar su atención.

"¡Juno!" intentó gritar, pero su voz se perdió en el final del pasillo donde ella ya había pasado.

Un escalofrío repentino lo recorrió. Algo no cuadraba. Si ella lo había llamado, ¿por qué estaba tan distraída y tan enfocada en otra cosa? ¿Por qué no lo estaba esperando en la entrada?

Ni siquiera había notado lo obvio, todo era una trampa. Alguien más lo había llamado sin el conocimiento de Juno, usando una de las herramientas que ella tenía para atraerlo a esa trampa. Solo que no contaban con la marciana ya se les había adelantado, habiendo descubierto más en ese auditorio.

Si iban a robar algo y escapar lo mejor era no dejar sospechosos, incluyendo a quienes habían visto todo esa noche. Pensando en acabar con el chico de la facultad del agua primero para después ir por Juno.

Y esa pequeña desincronía, ese error en el orden, fue lo que le dio a Wuyang el instante crucial que necesitaba. No para alcanzarla, sino para darse cuenta de la verdadera situación. Ella no estaba ahí por él, volando tan rápido para no darse cuenta de su error al perseguir algo… o alguien. Apretando con determinación su bastón mientras doblaba los esfuerzos por alcanzarla antes que fuera demasiado tarde.

Ni siquiera tuvo tiempo de pensar cuando escucho el estruendo de algo rompiéndose, y como Juno estaba atónita en el suelo alrededor de los restos de una puerta. Convocando un orbe de agua comprimida para hacer de distracción, ajustando con su brazo izquierdo la trayectoria para acertar en el objetivo.

Grande fue su sorpresa cuando noto como la mano del tipo encapuchado se desvaneció dejando caer el arma al suelo.

“¿Con qué clase de loco me estoy metiendo?” Pensó cuando llegó al lugar notando como la máscara en su rostro ni siquiera se había movido.

Ahora su preocupación era sacar a Juno lo más rápido posible de ahí, temiendo que se haya desmayado por el susto. Llamando su atención con unas frases tontas o hasta ridículas para que no notarán cuando siquiera ya había convocado otra ola para montarse a toda velocidad.

Esquivaba con ayuda de la ola, dando un gran salto hasta llegar a dónde estaba Juno todavía inconsciente. Dando un salto impulsado por el agua bajo sus pies, llegando en un momento, se lanzó hacia el lugar donde ella estaba. Y al aterrizar, su bastón giró sobre su cabeza golpeando con toda su fuerza el suelo.

—¡Cascada! —grito al aire, viendo como la gran columna de un color azulino se interponía contra el mercenario haciéndolo retroceder por lo extraño de ese ataque.

Recogió a la marciana con un brazo para salir disparado de ese lugar, escuchando tan cerca el sonido de las escopetas que sentía el pitido en sus oídos. Moviéndose con ayuda del pilar de agua, colapsando contra sí mismo impulsandolo a una velocidad anormal para salir de escena. Con la ventaja y sin peligro aparente busco una zona tranquila, unos asientos al aire libre junto a pequeños árboles, sentando a la marciana con cuidado.

—Juno… ¡Juno! Por favor despierta… t-te necesito. —pedia con desesperación tratando de sostenerla por los hombros antes que se cayera.

Miedo y desesperación pasaron por su rostro al no obtener la mínima respuesta, recostandola contra el espaldar del asiento para poder tomarle los signos vitales. Su rostro estaba a centímetros del de ella, su aliento estaba entrecortado y agitado entre ambos. Una lágrima bajó con lentitud por su pómulo izquierdo, al sentir que estaba fallando otra vez. No había podido ayudarla cuando más lo necesitaba y ahora estaba pagando caro por sus acciones.

—Por favor… —suplicó, su voz ya era apenas un hilo mientras se lamentaba de no haber podido hablar antes y evitar esa situación—. Todo fue mi culpa, sabía que no estaba listo pero aun así insistí. P-perdón por entrometerme en tu camino.

—¿Q-que? —un pequeño pero fugaz murmullo salió por fin.

Juno apenas abría los ojos con dificultad, pestañeando varias veces para notar el lugar donde estaba. Wuyang enfrente de ella, con los ojos vidriosos a punto de romper en llanto. Colocando ambos brazos a su alrededor para mantenerla de pie aún vulnerable. De inmediato la sangre le llegó a la cabeza, notando lo cerca que estaba del chico del agua, poniéndose nerviosa otra vez.

—¿¡W-wuyang!?

“Nadie vio eso ¿Verdad?”

 

“Pedir ayuda”

Cuando Juno apenas llegaba a la gran universidad de Wuxing, y su primer día además de su primera enemistad con el chico de la facultad del agua. Se había quedado sola con la hermana mayor de la familia Ye, caminando por el corredor a su lado bajo un pesado silencio.

Ella había estudiado a fondo la historia de ambos hermanos y su manera de pelear cuando tuvieron que defender su hogar cuando Null sector atacó. Pero los informes decían una cosa y vivirlo era completamente diferente, la chica del cabello negro era muy imponente. Completamente opuesta a lo jovial y espontáneo que era el chico de la facultad del agua.

—Ya nos estamos tardando mucho, por aquí Juno. —su voz la hizo ponerse nerviosa (más de lo que estaba) caminando más apresurada hasta casi chocar con ella.

—L-lo siento mucho, no era mi intención solo…

Anran no se veía molesta en lo absoluto más bien sonreía con diversión al verla así. Dejando la maleta a un lado para entregarle la llave de nuevo habitación en los dormitorios.

—No te preocupes tanto, ¿sabías que si lo haces se te puede caer el cabello?

—Si, s-si lo sabía es cuando el estrés afecta al sistema nervioso y… —iba a continuar con su explicación hasta que noto como la risa de Anran solo se ancho más hasta convertirse en una carcajada suelta—. Porque… ¿porque se está riendo?

—Es que eres una masita, te lo tomas tan enserio todo que me hace gracia. Debes relajarte más en tu época como civil, niña alien.

Juno frunció el ceño un poco ya ofuscada que todos le repitieran lo mismo, sobre actuar natural o relajada cuando ella nunca lo había hecho. Y tampoco sabía si le iba a gustar.

—¿Pero como hago para actuar relajada? —pregunto al aire sin esperar que la chica pelinegra la escuchará.

—Pues puedes empezar por evitar ver todo como una misión, piensa que este es tu lugar feliz y actúa lo más natural posible.

—Es que no puedo —confesó Juno, con la voz más baja—. Ya es suficientemente extraño estar aquí, en una universidad que no conozco, sin mi traje, lleno de gente que no conozco… todo es… potencialmente peligroso. No me siento lista para esto…

Anran asintió lentamente, su mirada analítica escaneo cada defecto en la postura de Juno de una manera diferente ahora. Era obvio que la chica no podía hablar sin disculparse al menos 3 veces seguidas en una misma oración.

—Veo que tienes bastantes… problemas de confianza. Conozco a alguien más que sí. Ambos podrían trabajar bien juntos. Aunque creo que ya lo conociste —dijo, con un dejo de ironía que Juno no captó del todo.

—¿W-Wuyang? —preguntó Juno, confundida—. Pero… él… —No supo cómo terminar. “Él me mira con decepción. Parece que le caigo mal.” esas palabras quedaron atrapadas en su garganta antes de seguir.

—Wuyang es bueno en lo que hace —continuó Anran, ignorando su vacilación—. Siempre y cuando no lo pongas a resolver ecuaciones diferenciales. Es… un solucionador práctico. De los que actúan primero pero se les olvida pensar antes.

—P-pero… —Juno miró a Anran, esperando que ella, siendo su compañera de facultad y aparentemente la más capaz, fuera su guía en esa vida universitaria.

—Ah, lo siento por no avisarte pero no podré ayudarte —Anran lo dijo con una franqueza desarmante—. Las responsabilidades en el consejo estudiantil me consumen. Soy más útil como referencia y como… observadora externa. Te puedo dar la información de quién o a quienes investigar. Pero si sientes que te falta una ayuda, alguien que te ayude a navegar este mundo sin volverte loca, podrías pedírselo a él.

—¿Cómo podría pedírselo si…? —Juno volvió la mirada, avergonzada. ¿Cómo pedirle ayuda al chico que claramente la despreciaba por robarle simbólicamente su lugar?

Anran se acercó entonces, reduciendo la distancia entre ellas en un momento. Se inclinó y susurró algo en su oído, tan rápido y fugaz. Con una idea absolutamente osada que una oleada de calor intenso subió por el cuello de Juno hasta teñir sus rostro de un tono rojizo carmín.

Antes de que Juno pudiera procesar, protestar o incluso respirar, Anran se había separado, con una sonrisa satisfecha y un brillo travieso en los ojos.

—Ahí lo tienes. Una idea, úsala con cuidado —dijo, dándole un golpecito suave en el hombro antes de señalar la puerta de su nuevo dormitorio—. Esta es tu habitación. Suerte estudiante honoraria Juno Teo Minh. Y recuerda… a veces, la mejor estrategia es la más directa, incluso si te da vergüenza.

Y con eso, Anran se fue, dejando a una Juno completamente aturdida y sonrojada frente a la puerta cerrada, con el eco de un consejo imprudente y una posibilidad absurda revoloteando en su mente ahora mucho más confusa que antes.

“No tengo idea de lo que está pasando”

Notes:

Darle desarrollo a Wuyang? Mejor ponerlo a llorar por sus inseguridades así me gusta :3