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La había visto antes, estaba segura. Se dio cuenta poco antes de irse de la pelea con Fang: había cruzado miradas con ella en los casilleros días atrás. De los nervios hasta se le había olvidado, pero desde ese momento ya no se le había podido olvidar en los últimos días.
—Pana, mañana es semana de reajustes, ¿sabías?
—¿Uh? —habló la chica, saliendo de sus pensamientos— ¿Qué es eso?
—Algo así como que acomodan a los alumnos en grupos. Es más que nada para los de primer ingreso, los que hayan tenido algún cambio de grupo o turno, o para nuevos o de intercambio, como tú. Te van a asignar permanentemente a un grupo.
—Oh, tendi¹.
Para suerte de Mina, luego de un par de días al fin podía respirar un poco y estar menos cargada de toda la atención que había estado recibiendo luego de coronarse como la mejor peleadora de la escuela. Otros habrían gozado de la popularidad que ahora tenía, pero Mina era más humilde y simple: no le gustaba ser presuntuosa sobre sus logros y, además, su mente estaba demasiado ocupada pensando en otra cosa como para voltear a ver a los compañeros que la seguían con la mirada.
Oh, y como si pensar en ella hubiera sido un hechizo para manifestarla, sus ojos por casualidad la fueron a encontrar al doblar un pasillo junto con Ollie. Antes de dar la vuelta y entrar en el pasillo, Mina lo detuvo y lo jaló hacia atrás.
—¡Ey! ¿Qué-
Antes de que pudiera decir algo, Mina lo calló.
Ahí estaba, parada al final del pasillo en compañía de quienes parecían ser sus amigos, riendo mientras probablemente se preparaban para ir a su próxima clase. Ah, ¡qué suerte tenía de encontrársela de nuevo!
—Ollie, ¿sabes quién es esa chica? La de pelo rosa —indicó mientras el chico se asomaba discretamente. Luego de entrecerrar los ojos y realizar una mirada de reconocimiento, respondió:
—¿Janet? Es la presi' del consejo estudiantil. Apenas va en tercer grado, pero dicen que es de las estudiantes más brillantes de la academia y por eso está donde está. No he tratado con ella, pero dicen que es chévere —habló casualmente, sin percatarse de que estaba soltando información muy valiosa para la brasileña—. ¿Por qué la pregunta?
Mina no pudo resistirse a echarle un vistazo de nuevo. Su sonrisa era muy bonita, su cabello rosa era inconfundible, sus mejillas se sonrojaban al reír... Vaya que la güerita esa la había dejado atolondrada, pero tenía que disimular.
—Por nada, me dio curiosidad —aseguró con algo de nervios, pero intentando ocultarlo—. Caminhando, que se nos hace tarde —expresó antes de darse la vuelta para rodear por otro pasillo.
No es que Mina fuera tímida por naturaleza. Tenía ganas de hablarle, pero estaba con sus amigos y eso era lo que la apenaba. De todas formas, ya sabía quién era, y con eso estaba más que satisfecha para buscarla en otra ocasión.
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—Oigan, ¿tienen planes para este finde? Draco dijo que quería ir a ver un karaoke que recién abrieron cerca de aquí —comentó casualmente Poco.
—¡A mí apúntame! Ya sabes que cuando se trata de karaoke, no hay quien me frene. ¿Qué hay de ti, Jan?
—¿Eh? —articuló, pues estaba distraída y no había escuchado.
—¡Tú siempre andas en las nubes, pero últimamente te pasas! —le recriminó Buzz— Poco decía que Draco quiere ir a un karaoke que recién abrieron, y yo ya me apunté porque en el karaoke no hay quien me gane. Excepto quizás Melodie, ¡pero por Dios que ella se lo toma muy a pecho! Vaya chica tan pesada.
Los tres soltaron risotadas. Janet se sentía culpable de burlarse de Melodie, pero bueno, más por su conciencia que por sentirse mal por Melodie realmente.
—Ya en serio Janet, ¿qué tienes últimamente? Te veo muy metida en tus pensamientos.
—¡Nada! Les juro que no es nada, chicos, solo algunas cosas del consejo.
Esa era la respuesta más fácil porque, ¿cómo explicarles a los chicos que no se podía concentrar por estar pensando en una chica que ni siquiera conocía más que su nombre y la había visto un par de veces?
Ayer había pasado la noche imaginando que se la encontraba de nuevo, que hablaban, que la invitaba a almorzar... Estaba tan fuera de sí que se sentía avergonzada. Prefería que nadie más supiera de su curiosidad.
Llegó la hora de ir a clases. Había sentido una mirada mientras hablaba con los chicos, pero al voltearse, no había nadie ni nadie parecía estarla viendo.
“Qué extraño...”
—¡Janet! No te quedes ahí comiendo moscas, ya se van a reanudar las clases —la llamó Buzz, quien se había detenido un momento junto con Poco.
—Ah, ¡perdón, ya voy!
Dio un último vistazo hacia atrás. Luego soltó un suspiro.
“Tengo que dejar de pensar en esto”.
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Semana de reajustes. Para llegar a su aula, pasó precisamente por el pasillo en que estaba el tablón escolar y la lista del reajuste. Bien podría ir a echar un vistazo por curiosidad, a ver si había algún alumno nuevo en su grupo...
Oh, ¿a quién engañaba? Claramente quería ir a ver si esa chica de intercambio había quedado de casualidad en su grupo.
Se detuvo un segundo frente al tablón, aunque sin girar su cuerpo completamente. Apretó los puños, inquieta, cerró los ojos intentando contenerse y, al final, reanudó la marcha.
“Vamos, Janet, ya deja de pensar en eso. Además, ¿qué probabilidades hay?”.
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¡Semana de reajustes! Por fin podría saber cuál sería finalmente su grupo definitivo. Estaba emocionada y expectante por partes iguales... ¡Quizás podría hacer más amigos!
“¿En qué grupo habrá quedado la chica nueva?”
“¡Espero que en el mío! Es tan atractiva...”
“¡Miren, aquí viene!”
La brasileña se acercó al tablón de la pared, los estudiantes se giraban en torno suyo como si fuera alguna una celebridad (que ahora lo era). Buscó su nombre en las listas de cada grupo, buscando por su apellido. Finalmente lo encontró en la lista del grupo F, la antepenúltima de la lista.

Sus ojos se abrieron con sorpresa. Tuvo que leer varias veces para asegurarse de que su subconsciente no le estaba jugando una mala pasada.
“¿Janet Parker? ¿No es ella la chica bonita de pelo rosa?”
Sin poder evitarlo sus labios se curvaron en una sonrisa tonta. Después de todo, era incapaz de olvidar su nombre luego de que Ollie lo mencionó ayer. ¿Cómo olvidar un nombre igual de bonito que la portadora?
“Vamos, Mina, concentre-se. No me tengo que hacer ilusiones, igual y es una coincidencia” se dijo mentalmente.
—Bien, mi clase empieza... —murmuró para sí misma sacando el celular para ver su horario.
Eran las 7:06 y su clase comenzaba...
—¡A las 7:00! Meu Deus, me tengo que apurar... —se dijo antes de pasar apresuradamentel entre los demás alumnos y dirigirse corriendo a clase.
—¡Ey! ¡No corras en los pasillos! —dijo la voz grave y severa de uno de los guardias escolares, que iban pasando para ir a su puesto.
—Déjala, Lawrie, son las primeras semanas. Ya sabes cómo es la chaviza...
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Llegar siempre quince minutos antes a las primeras clases del día tenía sus desventajas. Tenía mucho tiempo para pensar, y cuando algo ocupaba su cabeza de manera tan agobiante, no había mucho más que pudiera hacer excepto mirar la pizarra en blanco, ensimismada.
No entendía por qué la imagen de esa chica no salía de su cabeza. Le gustaba pensar que simplemente esa demostración de destreza y habilidades la había dejado con una fuerte impresión, pero la cosa era que esa impresión la tenía desde la primera vez que la vio en los pasillos.
Sus mejillas se sonrojaban y no se daba cuenta. Lo único que podía hacer era respirar y atribuir todo a que simplemente había estado aburrida los últimos días, y pensar en esa chica le resultaba entretenido de alguna manera.
—Dobroye utro!³, jóvenes ilustres! —saludó el profesor.
Cuando Janet despertó de sus cavilaciones, se dio cuenta de que el salón ya estaba completo, el profesor ya había llegado e iba a comenzar la clase.
—Disculpen la tardanza, tuve un pequeño contratiempo camino aquí con unos niños. Son las... —hizo una pausa y miró su reloj— 7:07, estamos a tiempo para comenzar nuestra clase.
A primera hora de la mañana se impartía la clase de Lengua y la daba el profesor Grom (quien además daba la materia de Ruso como Lengua Extranjera). Era un hombre bien proporcionado: alto y musculoso, rubio y de brillantes ojos azules. No era extraño que fuera el crush de muchos estudiantes por su exótico aspecto europeo y ser bien parecido.
A pesar de su aspecto de macho y duro moskovita bebedor de vodka, su apariencia era engañosa, pues se le conocía por ser el profe más buena onda, demasiado bonachón para su propio bien.
—Veo que todos están aquí, aunque, se me había notificado de una alumna nueva y no la veo. ¿De casualidad saben algo de-
En ese momento, la puerta del aula se abrió de estrépito y todos dirigieron sus miradas ahí. La joven alta y atezada estaba de pie en la puerta, sosteniendo el pomo, su pecho subiendo y bajando por la respiración agitada.
—Perdón por la tardanza, profesor... ¿Puedo pasar?
—¡Ah! Claro, claro, no te preocupes, yo también acabo de llegar —expresó haciéndole un ademán para que se acercara—. Eres la alumna de intercambio, ¿verdad? ¡Bienvenida a tu grupo permanente! Espero que te hayas adaptado bien a la escuela en esta primera semana. ¿De dónde eres?
Mientras el profesor hablaba con la estudiante, Janet estaba boquiabierta. La estaba viendo con sus propios ojos, de pie frente a ella a tan solo un metro y medio de distancia y, aun así, no se lo creía.
¿Qué probabilidad había, después de todo?
Cuando la chica acabó de presentarse (aunque no hacía falta, pues todos ya sabían perfectamente quién era), echó un vistazo a sus compañeros, pero se detuvo en la chica de en medio, en la primera fila. Sin poder evitarlo, le dirigió una suave sonrisa. En el fondo, estaba tan emocionada de que sí fuera ella.
Janet apenas pudo responder con una sonrisa nerviosa.
—Bien Mina, ya puedes ir a tomar asiento, ¡espero que te guste mi clase! —indicó el profesor.
La peli-rosa tuvo un escalofrío que intentó disimular cuando sintió y vio de reojo que la joven se sentaba justo detrás suyo.
El profesor pasó asistencia y, al llegar al apellido nuevo en su lista, se detuvo un momento para leerlo adecuadamente.
—San... ¿Mina Santos?
—¡Aquí! —respondió la aludida jugueteando con su lápiz. Sin poder evitarlo, Janet pensó:
“Se apellida Santos... Es un lindo apellido”.
