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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 3 of Walking With A Ghost
Stats:
Published:
2023-07-01
Updated:
2026-08-24
Words:
133,630
Chapters:
28/35
Comments:
29
Kudos:
39
Bookmarks:
1
Hits:
1,162

Walking With A Ghost

Summary:

Ghost siguió el vehículo con la mirada hasta que lo perdió de vista, sintiéndose culpable y responsable por lo sucedido. Otra vez había tomado la decisión errónea y quizá muriese alguien a quien amaba. Tensó la mandíbula, enfadado y frustrado por equivocarse siempre. Por no ser capaz de hacer las cosas bien. Y, por primera vez en muchos meses, volvió a preguntarse qué sentido tenía vivir si solo experimentaba dolor, si solo existía para ver sufrir a la gente importante para él.

Este fanfic, mayormente narrado desde el punto de vista de Ghost, está centrado en cómo va aceptando, poco a poco, que puede tener cosas bonitas en la vida, ser amado y que no todo lo bueno de su vida se le arrancará de las manos. Que no todo es sufrir.

Makarov no es el villano principal ;)

¡Espero que os guste!

Notes:

Estoy dentrísimo de este pozo así que aquí estamos, saliendo un poco del bloqueo de escritor que estaba teniendo. Es un capítulo largo (no los suelo escribir tan extensos), pero es un capítulo bonito y muy cuchi. Me gusta mucho cómo ha quedado, si he de ser sincera.

¡Espero que os guste!

Chapter 1: No Es Tan Frío

Summary:

Originalmente fue un one shot sobre la misión A Solas en Las Almas (ahora es un capítulo), en la que manejamos a Soap mientras habla con radio con Ghost. Solo que, en este caso, es desde el punto de vista de Ghost. Porque me apetecía (y también me apetecía regalárselo a Anngi). No hay nada sexual de por medio, así que lo siento si veníais buscando eso.

[Originalmente publicado aquí: No Es Tan Frío]

Chapter Text

SIMON “GHOST” RILEY - FO 141
NO ES TAN FRÍO
LAS ALMAS, MÉXICO
3 DE NOVIEMBRE DE 2022, 00:00

 

—Te recibo.

Ghost soltó el aire de golpe al escuchar la voz de su compañero. Sabía que era él por aquel horrible acento escocés.

—Casi te perdemos –cuando habló, su voz apenas fue un susurro.

El otro resopló y supo que había compuesto una de sus habituales sonrisas socarronas.

—¿Estás herido? –añadió al recordar que había caído por una cuneta.

—Estoy bien –respondió Soap con rapidez.

Ghost frunció un poco el ceño al percibir un gruñido de dolor oculto tras las palabras. No sabía si lo hacía para hacerse el duro, o para no preocuparle, en cualquiera de los dos casos, tenía que mantenerlo con vida. Aquello había ocurrido bajo su mando y se sentía responsable.

—Bueno, vamos a ver lo bien que estás –dijo, fingiendo no haberse dado cuenta–. No pierdas sangre. Vas a necesitar cada gota que tengas.

—Gracias por el consejo –hizo una pausa antes de hablar–. ¿Dónde estás?

Simon miró a su alrededor. Había conseguido llegar a la ciudad de una pieza y se había refugiado en un callejón, escapando por los pelos de los hombres de Graves. El sitio estaba mal iluminado, pero no le importó: al contrario, agradeció aquella penumbra. Pasar desapercibido era lo más importante en aquel momento, moverse como un fantasma. Y eso a él se le daba muy bien. Aún así, necesitaba reunirse con Soap. Necesitaba encontrar un punto de encuentro que fuese fácil de reconocer para ambos.

«Mira tú por dónde.»

—He visto una iglesia –respondió y se incorporó–. Es un buen punto de reunión. Voy hacia ella.

—La veo –asintió Soap y suspiró–. Graves y sus Shadows están haciendo una escabechina.

—Buscan a Hassan –contestó Ghost, indiferente, y miró a ambos lados del callejón.

—A Hassan y a nosotros –gruñó Soap.

—No te distraigas –le recomendó–. Vas a tener que improvisar para poder sobrevivir. Busca suministros, algo para fabricar herramientas y armas –compuso media sonrisa amarga–. Bienvenido a la guerrilla.

En ese momento, un recuerdo intentó abrirse paso y Ghost lo empujó de vuelta a su rincón, cansado. Aquello había ocurrido hacía mucho tiempo, cuando era joven. Qué coño, seguía siendo joven. El problema era que toda su vida, desde la infancia a la adultez, se había reducido a la violencia.

—Hostia puta… Pobre imbécil…

La voz de Soap lo distrajo y se detuvo en el acto, mirando a su alrededor en busca de enemigos. Localizó a uno delante de él y se agachó, acercándose despacio y en silencio. Preparó el cuchillo y sujetó al Shadow, tapándole la boca para que no gritase. Lo apuñaló en la garganta dos veces y lo dejó en el suelo.

—¿Qué has visto? –preguntó con suavidad.

—Un baño de sangre.

La resignación en la voz de John le recordó a sí mismo, cuando empezó en el ejército.

—Preocúpate de salvar el culo… Tienes, exactamente, cero aliados aquí.

—Pensé que éramos amigos –comentó Soap. Había un deje burlón en su voz, sin embargo, Simon no dejó de notar un leve tono dolido en ella.

—Somos compañeros de equipo –le corrigió, escogiendo la calle mal iluminada en una bifurcación–. La amistad no está en el manual, Johnny.

—Tampoco el ponerse una máscara.

Ghost acusó el golpe sin decir nada. No sabía si había un doble sentido en aquella frase, pero su subconsciente así lo interpretó. ¿Ponerse una máscara y fingir que era un tipo duro? No. Era un tipo duro. Una máquina de matar sin sentimientos. Nunca le habían permitido tenerlos, ¿por qué ahora iba a ser diferente? ¿Por qué tendría que abrirse? ¿Porque aquel puñetero escocés estaba empeñado en tratarlo como si fuesen amigos? No. Eran compañeros, nada más.

«¿Estás seguro, Simon?»

Cerró los ojos un instante y se obligó a respirar hondo. Una pareja de Shadows caminaba por la calle, de manera que se escondió en las sombras de un portal y esperó, paciente. Cuando los dos hombres pasaron por su lado, los dejó avanzar unos pasos antes de salir en silencio. Apuñaló a uno en el pecho y al otro, que se volvió hacia él con rapidez, lo empujó contra la pared y le clavó el cuchillo en la garganta. Lo mantuvo allí, presionando con fuerza la mano contra su boca, hasta que dejó de moverse.

Sacó el cuchillo y lo limpió en la ropa del Shadow antes de guardarlo.

Quizá engañase al resto de sus compañeros, pero no a sí mismo. Ghost no se había preocupado por nadie en años, salvo por Price. Aquel tipo, obsesionado con los puros y los chambergos, lo había sacado del pozo en el que se metió tiempo atrás. Le había sacudido el polvo de la ropa, dado una palmada en la espalda y soltado un puñado de palabras amables cuando más lo necesitaba.

«También te salvó el culo, ¿recuerdas?»

Bueno, eso también.

—He encontrado una linterna. No está… lejos de su antiguo dueño.

La voz de Soap lo sobresaltó. Otra vez. El muy idiota no se callaba ni debajo del agua. Estaba solo, en mitad de territorio enemigo, y no paraba de hablar. Por otro lado… bueno, escucharlo significaba que seguía con vida y eso estaba bien.

Respiró hondo.

—Ten cuidado con ella –le advirtió–. Verás mejor, pero llamarás más la atención.

A Ghost no le gustaban las linternas. Eran como ponerse un puto cartel de neón encima con las palabras «Estoy aquí» escritas en él. Sin embargo, sabía que no todo el mundo podía moverse bien en la oscuridad. Se armó de paciencia cuando Soap resopló.

—¿Qué sucede ahora? –preguntó, saltando una verja y escondiéndose detrás de unos contenedores.

—Los mercenarios están matando a todo el mundo.

Simon miró al suelo durante unos instantes, desenfocando la vista. Durante el camino se encontró con los cadáveres de varias familias. Hombres, mujeres, niños. Todos asesinados a sangre fría por los Shadows.

—Crímenes de guerra –respondió con un suspiro, saliendo de su escondite y entrando en una casa.

—Me dan ganas de cometer unos cuantos.

—Tiranía –gruñó, entrando en la salita y pasando por encima del cuerpo de una mujer–. Es insostenible.

—¿Crees que nos darán luz verde para ir a por esta gente?

Ghost casi suelta una carcajada amarga en alto. La inocencia y sed de justicia de Soap casi lo enternecen.

Casi .

—Se acabaron las luces verdes, Johnny. Estamos solos.

—No del todo.

Se detuvo al ver una linterna. Retrocedió el camino y buscó su ubicación. Allí. Otra pareja de Shadows derribó una puerta para entrar. Los inquilinos gritaron y Ghost tensó la mandíbula. Salió por la puerta y se acercó en silencio. Era consciente de que no tenía tiempo para esto, que tenía que moverse con rapidez para salir de allí con vida y salvarle el culo a Soap, sin embargo, y pese a todo, no podía quedarse de brazos cruzados. Sacó un cuchillo y lo lanzó contra uno de los Shadows y abandonó la casa. Esperó en la calle al otro y le hizo un placaje antes de tirarlo al suelo. Le clavó un cuchillo en la garganta con rapidez y lo mantuvo allí hasta que dejó de moverse.

—¿A qué te refieres? –le preguntó a Soap, recordando su comentario.

—Estoy seguro de que el capitán Price, y Laswell, nos sacarían de este antro.

Una de las comisuras de Ghost se curvó ligeramente hacia arriba.

—¿Eso crees? Esta vez, Price no está aquí para salvarnos y Laswell… bueno, es cercana a Shepherd. Llamarla sería un error. Alejandro es el único que es de fiar… si es que está vivo.

Soap guardó silencio durante unos segundos y Ghost aprovechó para seguir moviéndose por la ciudad. La iglesia estaba cada vez más cerca y tenía la certeza de que llegaría mucho antes que su compañero. John se distraía demasiado con cosas que no eran importantes, no en ese momento. Le quedaba mucho por aprender.

«¿Se lo vas a reprochar?»

No, claro que no. De hecho, una parte de él se alegraba que no fuesen iguales. La otra sentía una leve punzada de envidia. De niño, Ghost siempre fue risueño, lleno de energía. Algo que se fue esfumando, poco a poco, a medida que crecía. Su desestructurada familia le obligó a enrolarse en el ejército para huir; sin embargo, ya era tarde. La sonrisa que siempre iluminaba su rostro se había perdido entre llantos, golpes y dolor.

—Si supieran que estamos aquí, nos echarían un cable –la voz de Soap volvió a romper el hilo de sus pensamientos–. Confío en ellos.

—Elige bien en quién confiar, Sargento –gruñó con cierta mordacidad–. Los más cercanos a ti son los que más daño pueden hacerte.

—Buen consejo, Teniente . Lo tendré en cuenta –hizo una pausa y, cuando volvió a hablar, lo hizo con un leve tono de humor–. Creo que de mayor quiero ser como tú.

Aquello le hizo esbozar media sonrisa cansada.

—Espero que seas mejor que yo, Johnny.

—Puede que ya lo sea.

Ghost intuyó una sonrisa en los labios de Soap.

—Entonces es tu oportunidad para demostrarlo.

—¿Crees que viviré lo suficiente?

—Probablemente, no.

—Qué agorero –replicó sin perder el humor.

—Céntrate, Johnny –le recordó, sacudiendo la cabeza–. Aquí no estamos a salvo.

—Estoy centr… Me cago en sus muertos.

Ghost escuchó los ladridos de un perro a través de la radio y una punzada de preocupación lo sacudió. Se escondió en un portal.

—¿Johnny?

—Un puto perro enjaulado –contestó éste con un resoplido.

Simon cerró los ojos un instante, aliviado.

—Si ladra, dispárale y vete rápidamente. Que no te descubran.

—Qué despiadado eres, Simon.

Algo se removió dentro de él al escucharle pronunciar su nombre. Siempre lo había llamado por su apodo, oírlo con su voz se hacía… raro . Aún así, no le disgustó la sensación y se dejó llevar por ella durante unos segundos antes de centrarse de nuevo. Aunque no le gustaban las personas, John se había ganado a pulso su sitio cerca de él. Pese a todos los intentos de Ghost por mantenerlo al margen, Soap siempre lo saludaba con un suave puñetazo en el pecho y una enorme sonrisa.

«Joder.»

Ladeó la cabeza.

—¿Qué tiene dos patas y sangra? –le preguntó de repente.

—¿Qué? –preguntó John a su vez, confuso.

—Medio perro.

—¿Qué cojones…? ¿Eso era un chiste? –añadió, sorprendido.

—Quizá –salió del portal y siguió avanzando hacia la iglesia–. No dejes que nada te detenga, Johnny.

La plaza estaba llena de coches… y de Shadows. Por otro lado, había muchas farolas estropeadas, cubriendo de oscuridad muchas zonas. Aquello le beneficiaba. Moverse en las sombras era una habilidad que había perfeccionado con el paso de los años, algo que le hizo ganarse el apodo de Ghost. Se escabulló hacia la parte de atrás de la iglesia y saltó la verja. Acabó con un puñado de enemigos más y se hizo con un fusil de francotirador. Asintió, quitándole toda la munición al cadáver, y se coló en el interior. John aún seguía por ahí, solo y desarmado; si podía establecerse en una de las torres, y localizarlo, le podría cubrir las espaldas desde allí.

Registró la planta baja del edificio hasta dar con unas escaleras. No se encontró con nadie durante la subida, aunque tampoco le sorprendió. Los Shadows estaban buscando en los alrededores cercanos a la base de Alejandro, Graves no creería que hubieran llegado tan lejos en tan poco tiempo. Y aquello había sido un gran error. Ghost era rápido y, a pesar de todo, Soap también. El tipo se había ganado su apodo por su notable rapidez, y precisión, a la hora de eliminar enemigos; un puñado de Shadows no lo detendría con tanta facilidad.

«Aún así…»

—¿Dónde estás?

—Fuera… en un callejón sin salida.

—Pégate a las paredes y agáchate –le ordenó al tiempo que se colocaba mejor el rifle–. ¿Sabes? Quizá te den un pin por esto.

—¿Una medalla? –preguntó Soap en tono burlón.

—Oh, una condecoración –replicó sin poder evitarlo.

Le escuchó chasquear la lengua.

—Eso es basura.

—Dijiste que querías una victoria, ¿no? –le recordó–. Enhorabuena: ya la tienes.

Soap se echó a reír y masculló algo en escocés.

—En inglés, MacTavish.

—Lo siento, señor –respondió sin perder el humor–. Permítame traducirlo: “Anda y que te follen”.

Una sonrisa se le dibujó en los labios.

—Mucho mejor –paseó el rifle por la zona, buscando un callejón sin salida, hasta que lo localizó–. La iglesia está al norte de la ciudad –le recordó–. Me he apostado como francotirador en la torre. Ábrete paso hasta aquí y quizá sobrevivas.

Soap resopló como respuesta y Ghost volvió a echar un vistazo a su alrededor. Le vio abrirse paso a través de las casas y vigiló los alrededores en busca de enemigos. Los que estaban cerca de la iglesia no parecían haberse dado cuenta de que había pasado por allí; los demás… bueno, no podía verlos a todos desde allí. A pesar de tener una posición privilegiada, la lluvia no facilitaba las cosas.

Localizó de nuevo a Soap y disparó contra dos Shadows que estaban cerca. También vio varios grupos de narcos pero, de momento, no eran un peligro.

—Anda, mira –canturreó John–. Cinta adhesiva.

Ghost enarcó una ceja. A pesar del tiempo que habían pasado juntos, le seguía sorprendiendo que su compañero fuese tan locuaz.

—La cinta puede ser muy útil –se limitó a comentar, recordando todos los usos que le había dado a lo largo de su vida. Ninguno para bien.

—¿Por si tengo que envolver un regalo? –preguntó él, burlón.

—Es una forma de verlo –no pudo evitar imaginarse a Soap envolviendo un regalo con cinta adhesiva y entregándoselo. Apartó aquel pensamiento con rapidez–. Guárdatela. Puede servirte para sujetar más de una cosa.

—No olvide que soy un chico listo, Teniente –replicó y Ghost escuchó el ruido de la cinta alrededor de alguna cosa. Soap hizo una pausa antes de seguir hablando–. Estoy a punto de enzarzarme con los Shadows.

Simon sintió cómo dos emociones se le acomodaban en el estómago. La primera, miedo por su compañero. La segunda, la emoción de acabar con aquellos tipos. Tragó saliva antes de hablar.

—Me gusta como suena eso.

Su compañero soltó una suave risa entre dientes, como un chiquillo después de realizar una travesura.

—He fabricado una bomba trampa.

Enarcó las cejas, sorprendido.

—Vaya, eso me ha llegado al corazón.

—Pensé que te gustaría.

Otra sonrisa que no pudo contener. Aquella noche había sonreído más veces que en los últimos años y se sentía muy extraño.

—Pensaste bien.

—Por cierto…

—¿Sí?

—¿Has perdido un cuchillo?

Movió el rifle y disparó a un par de narcos que se estaban acercando demasiado al último punto donde vio a Soap.

—Varios.

—Creo que he encontrado uno –canturreó John.

—Parte de los shadows muertos son obra mía –reconoció.

—Así que pasaste por aquí.

—Es evidente. Cuando me dirigía a la iglesia.

¿Y me abandonaste?

Ghost enarcó una ceja ante el tono de voz de su compañero. Sonaba burlón, sin embargo, tenía un tinte dolido en el fondo. Como cuando tomas una taza de té afrutado: al principio está dulce pero, al final, deja un regusto amargo. Se sintió culpable durante medio segundo. Nada más.

—Acostumbro a trabajar solo.

—Creí que nadie se quedaba atrás.

Un reproche. Lo cierto era que tenía razón en echárselo en cara. A pesar de estar formada por gente que no tenía ningún tipo de relación entre sí, la Fuerza Operativa 141 se comportaba como una gran familia. Ese era uno de sus puntos fuertes… y débiles también. Quizá por eso Soap parecía estar herido por su comentario.

Sacudió la cabeza, irritado de repente.

—Llega a la iglesia de una vez –gruñó.

Paseó la mirada por los alrededores, intentando localizarlo. No lo consiguió. Supuso que seguiría moviéndose por el interior de las casas.

—Intento mantenerte con vida, Johnny –añadió en un tono de voz más suave–. Y que llegues aquí de una pieza. Uno de los dos tiene que vivir para contarlo.

Su compañero soltó una suave carcajada.

—Entonces, ¿ya te caigo bien?

—Ni lo más mínimo. Todavía te queda un buen trecho… no te distraigas.

Un rayo iluminó la ciudad durante apenas un segundo y un trueno lo siguió, reverberando en el interior de la torre. Ghost miró a su alrededor y esperó que la iglesia tuviese un buen pararrayos. El sonido de la lluvia golpeando el tejado se hizo más insistente y Simon se obligó a respirar hondo. La noche mejoraba por momentos.

John dijo algo que no entendió y supo que había vuelto a hablar en escocés.

—En inglés, MacTavish.

—¡Que está lloviendo a mares!

—¿Y por qué no lo dices? –gruñó.

—Eso he hecho. Voy a tener que darle un curso intensivo de escocés, Teniente –añadió, burlón.

—¿Para qué aprender un idioma cuando ambos hablamos el mismo?

Soap se echó a reír.

—Soy muy buen profesor.

Ghost frunció un poco el ceño. ¿Había notado un tono seductor en la voz de su compañero? No, no podía ser. ¿Por qué iba a tontear con él? Arrugó la nariz ante la idea. Tontear, como concepto, era algo que no hacía. Ni siquiera en su época adolescente. Claro que había tenido sus momentos, no era un novato en ello, sin embargo, aquel tipo de cosas quedaban muy abajo en su lista de prioridades.

«Por otro lado…»

La idea de dejarse querer por otra persona asomó una patita en su mente, tanteando el terreno. Ghost le permitió el paso, curioso a ver adónde le llevaba al tiempo que abatía a otro enemigo en la distancia. Su madre había sido la última en demostrarle cariño; el resto de personas con las que había estado sólo buscaban algo físico. Nunca lo reconocería, pero a veces echaba de menos el contacto con otra persona. Nada sexual, claro, simplemente el contacto físico entre dos amigos.

«Tú no tienes amigos, Simon», le recordó su mente.

Chasqueó la lengua y apartó aquel pensamiento con rapidez. También era verdad. El único que tenía, era Price. Y, bueno, puede que el tonto escocés. Ghost podría haberse largado hacía más de media hora, sin embargo, allí estaba, apostado en la torre de una iglesia, como un demonio que vela por algo que es suyo.

—Me interesa más que seas buen alumno –respondió al final–. La lluvia es buena. Cubrirá tu rastro.

—Y también el de ellos…

—Será mejor que  nos preocupemos por ti, Johnny.

—Entonces… –otra vez aquel tono burlón en la voz–, ¿ya te caigo bien?

—Cuando estás vivo, sí.

Su compañero soltó una risita entre dientes y Ghost se dio cuenta, demasiado tarde, de su comentario. «Cuando estás vivo, sí». ¿Qué mierda era aquella? ¿A qué cojones venía decirle que le caía bien? Una cosa era que él mismo lo supiera y otra soltarlo a los cuatro vientos y que el resto se enterase. Bueno, todo el mundo, no. Por lo que a él respectaba, de momento estaban solos en aquel canal. Y, a pesar de todo, Soap era discreto. No es que le importase su reputación (algo que le daba exactamente igual), pero consideraba aquello como algo privado.

Y no compartía nada personal con nadie.

Una pequeña explosión, seguida del sonido de disparos, lo pusieron en alerta. Buscó el humo entre la lluvia y apuntó allí con el fusil. La ansiedad, y la preocupación, le treparon por el estómago hasta la garganta al no localizar a su compañero.

—¿Sigues en pie, Johnny?

Silencio.

—¿Johnny?

—Estoy bien –respondió con un resoplido–. Zona despejada.

—Bien –Ghost suspiró de manera imperceptible–. Mantente alerta y encuéntrate conmigo en la iglesia.

—Recibido.

Notó cómo el corazón se le tranquilizaba y desenfocó la mirada durante un instante. Hacía mucho tiempo que no tenía un subidón como aquel. ¿Adrenalina corriéndole en las venas después de casi morir por un ataque enemigo? Muchas veces. Demasiadas . ¿Un chute por creer que iba a perder a alguien? Prácticamente, ninguna. Podría contar las veces con los dedos de una mano. Y le sobrarían dedos. Ya se lo había dicho a John y lo mantenía: trabajaba solo porque la soledad era mucho mejor que el verse obligado a preocuparse por quienes te rodean. Porque eso podría costarle la vida.

—Estoy en una cafetería –le informó Soap.

Un escalofrío lo recorrió al pensar en una taza de té bien caliente.

—Tráeme un té –pidió–. Aunque, ahora mismo, mataría por un whisky.

—Escocés, espero.

Media sonrisa cubrió los labios de Simon.

—Bebo bourbon –era mentira, pero no podía dejar pasar la oportunidad de herirle en el orgullo.

—Ah, no tiene ni idea, Teniente –resopló Soap–. De todas formas, aquí sólo hay tequila.

—¿No te gusta?

—Sabe a meado de perro.

—Prefiero no preguntar, así que tendré que creerte.

Soap guardó silencio durante unos segundos.

—¿También tienes un uso táctico para ello?

«Sorprendentemente, sí.»

—Cazar lobos. El olor los atrae.

—Y, ¿cazas con la máscara puesta? –otra vez aquel tono burlón. Estaba seguro de que volvía a tener una sonrisa socarrona en los labios.

—Por supuesto. Con la versión de camuflaje.

—Me apuesto lo que quieras a que duermes con ella puesta –John soltó una suave carcajada.

—Como un lirón.

—Estás pirado, Teniente.

—Eso no es nuevo.

No era cierto que durmiese con la máscara puesta. Al menos, no en su propia casa. En las misiones, y en el campo de batalla… ahí sí. No ocultaba la cara por privacidad, ya no le quedaba familia que perder si lo descubrían. No. La máscara era para otra cosa. A lo largo de su vida había descubierto que, hasta el soldado más valiente, tenía miedo de lo que no podía comprender. Y más si había poca luz. Que alguien como él (alto, robusto y con la voz grave) se acercase con una calavera por máscara, acojonaba a cualquiera.

—Vas a deberme una por esto.

De nuevo, la voz de Soap interrumpió sus pensamientos. Movió la cabeza, intentando localizarlo. No lo vio, así que dedujo que seguía caminando por interiores.

—¿Por qué?

—Porque estamos arreglando los problemas del otro.

—¿Eso crees? –preguntó con cierta indiferencia–. Y, ¿cuál es mi problema?

—La máscara… –susurró Soap–. Quítatela .

La manera en que lo dijo hizo que el vello se le erizase, poniéndole la piel de gallina.

—¿Que muestre mi cara, dices? –consiguió preguntar.

—Sí, señor.

Negativo .

Soap se rio entre dientes.

—Eso es que eres feo.

—Más bien lo contrario.

—Lo dudo mucho –Soap continuó usando un tono burlón–. Voy a tener que comprobarlo. Creo que me lo merezco .

—¿De eso va todo esto? –preguntó Ghost–. ¿De querer verme la cara?

Su compañero guardó silencio y Ghost sintió que había dado en el clavo. Sin embargo, cuando el silencio se alargó demasiado, se preocupó.

—¿Johnny?

—Sigo aquí –hizo una pausa antes de seguir hablando con un tono de voz más serio–. No todo se reduce a verle la cara, Teniente. Hay otras cosas.

—¿Cómo qué?

—Me he hecho con una escopeta. Estaba atada a una trampa, así que la he desarmado y me la he llevado.

Ghost enarcó una ceja ante el cambio evidente de tema. Decidió no insistir.

—Cuidado con las armas. Producen ruido y te conviene pasar desapercibido.

—Tranquilo, hay muchas maneras de usar una escopeta.

La comisura de sus labios se curvó un poco hacia arriba, durante apenas unos segundos. Después, cogió aire y lo soltó con suavidad. No había respondido a su pregunta y ahora sentía curiosidad.

«Maldita sea.»

Aquel imbécil estaba terminando de poner su mundo patas arriba. Y la culpa era suya por dejar que lo hiciera. Sí, Soap era un tío carismático, de los que conseguían que los demás quisieran estar a su alrededor, sin embargo, no se había empeñado tanto con nadie más. Quizá lo viese como un reto. Conseguir llevarse bien al tipo gruñón y taciturno sería todo un logro para alguien como él. ¿Era así como lo veía John? No, no lo creía. El escocés era fácil de leer, como un puñetero libro abierto; por eso (y por su personalidad) caía bien a la gente, porque no podía fingir algo que no sentía. Así que, cuando John lo miraba de aquella manera, cuando le sonreía y le daba toquecitos en el brazo al hablar, Ghost sabía que lo hacía de corazón.

Cerró los ojos al ser consciente de que, la puerta que se estaba empeñando en cerrar, se abría un poco más. Y no estaba seguro de si le gustaba.

«Necesito pensar en otra cosa.»

—Eh, Johnny…

—¿Sí, Ghost?

—Graves está quemándolo todo para encontrarnos… ¿por qué?

Soap guardó silencio durante un instante.

—Está igual de involucrado que Shepherd –resopló–. Sea lo que sea, esto es un soberano cúmulo de gilipolleces y tenemos que llegar al fondo de ello.

—Estas cosas se resuelven con fuego preciso y letal, algo que no tenemos –suspiró–. Además, ahora mismo no estamos a salvo aquí.

—Ahora mismo no estamos a salvo en ninguna parte –gruñó Soap con amargura.

Tenía razón. Aunque lograsen salir vivos de Las Almas, los Shadows los estarían buscando. Tenían que preparar un buen un plan, rescatar a Alejandro y los suyos e ir a por Graves. Aquel cabrón pagaría por lo que había hecho.

Paseó la mirada por la ciudad, buscando a Soap. Lo localizó unas calles más al este, cerca de un túnel que llegaba hasta la iglesia. Observó mejor las calles y los alrededores.

—La ciudad está llena de túneles, Johnny, y tienes uno muy cerca que llega hasta aquí –le informó–. Aunque te advierto que está inundado. Yo me prepararía para un buen baño helado.

—¿Va a bajar a nadar conmigo, Teniente? –preguntó en tono burlón.

«Tentador.»

—Prefiero quedarme en lo alto de la torre. Es un sitio mucho más seco.

—Y más íntimo. ¿Estás buscando el perdón de Dios?

—Dios no existe –gruñó–. Y si lo hace, es un psicópata de mierda –divisó un grupo de personas caminando hacia Soap. Por el aspecto, no formaban parte de los hombres de Graves, así que tenían que ser narcos–. ¿Te has metido ya en el túnel?

—Aún no.

—Date prisa. Si te cogen, te matarán despacio.

—¿Los mercenarios o los narcos?

Ghost resopló.

—Los narcos. Grabarán vídeos, además.

—¿En serio? Entonces, debería darles tu correo electrónico; para que sepan a dónde enviarlos.

—No pienso verlos. No más de una vez.

—Tío, estás enfermo.

El tono de voz horrorizado de Soap no logró distraerlo de la imagen que acababa de cruzar la mente de Ghost. La idea de que los narcos torturasen a su compañero, hasta la muerte, le bloqueó durante unos segundos. Apartó aquel pensamiento de golpe y tensó la mandíbula, apretando con fuerza el fusil. Si le ponían la mano encima, si llegaban a tocarle un solo pelo de su estúpido peinado, bajaría como un demonio iracundo y les arrancaría el corazón uno a uno.

Se obligó a respirar hondo.

Había visto los vídeos que los narcos grababan cuando torturaban, y mataban, a la gente. No por gusto, no era ningún tipo de filia extraña. Era, simple y llanamente, una manera de alimentar su odio; una manera de recordarle que su trabajo era necesario. De recordarle que las personas eran lo peor que ha existido en mucho tiempo.

«Bueno, no todo el mundo es lo peor», se recordó.

Claro que estaba generalizando, porque hacerlo era mucho más fácil. Por otro lado, le hacía más difícil el estrechar lazos con las personas. Tampoco era algo que quisiera, sin embargo…

«Otra vez esta mierda, no.»

Necesitaba distraerse de nuevo . Y, quizá, Soap también. Respiró hondo y ladeó la cabeza.

—Dos pececillos de colores están en un tanque… –tanteó.

Un resoplido divertido le llegó a través de la radio.

—¿Es otro de sus chistes, Teniente?

—Quizá. Te he visto un poco tenso.

—Claro –se rio con suavidad–. Dos pececillos en un tanque. ¿Qué más?

—Uno se vuelve hacia el otro y le dice: “¿Sabes cómo se conduce esta cosa?” –se hizo el silencio al otro lado de la radio y se encogió de hombros–. Un poco de humor militar.

—Pero poquito.

A pesar de sus palabras, Ghost percibió una sonrisa en el tono de voz.

—¿Otro más? –preguntó, animado. Una de las pocas cosas que le gustaban en la vida eran los chistes malos.

—Claro.

—¿Por qué los ciegos no se tiran en paracaídas?

—Ni idea, dime.

—Porque los perros se cagan de miedo.

Muy malos.

—Ha sido terrible, Teniente.

—¿Puedes hacerlo mejor? –le retó.

—Claro. ¿Qué haces para que un pan hable?

Frunció el ceño, intentando encontrar una respuesta adecuada.

—Ni idea.

—Lo metes en agua y al día siguiente estará blando.

Ghost miró al infinito durante un segundo al tiempo que una estúpida sonrisa se le formaba en los labios.

—Y luego dices que mis chistes son malos.

—Tengo otro más.

—Cuéntamelo.

—¿Qué le pasó al león que se comió un jabón?

Guardó silencio. ¿Aquello era una analogía? ¿Él era el león y John el jabón? No estaba intentando comerse a su compañero… ¿verdad? Visualizó una escena que no esperaba y cerró los ojos al instante, sacudiendo la cabeza.

«Puto escocés de mierda.»

—Se te ha frito el cerebro y todavía no he terminado de contártelo.

La voz burlona de Soap lo trajo de vuelta a la realidad.

—Disculpa, me había parecido escuchar un ruido por aquí. Falsa alarma –añadió con rapidez–. Dime, ¿qué le pasó al león?

—Que ahora es puma.

Volvió a cerrar los ojos y ahogó una leve carcajada. Había sido un chiste malísimo.

—No está mal –reconoció.

—Pero te has reído.

—En absoluto.

—Vamos, Teniente, la radio capta mejor las cosas de lo que piensa. ¡Joder!

—¿Qué cojones…? ¡Al suelo! –gritó la voz de un Shadow–. ¡Atención, Shadows! ¡Hay uno cerca de la iglesia!

Con el corazón en un puño, Ghost buscó a Soap. Cuando lo localizó, disparó sin titubear. El Shadow que lo estaba apuntando cayó al suelo, muerto. Se permitió el lujo de ver si su compañero estaba bien antes de mover el arma para abatir a otros dos Shadows más.

—La hostia… –susurró John en la radio y Simon sintió que se le quitaba un peso de encima–. ¿Has sido tú, Ghost?

Resopló.

—¿Quién si no? –replicó–. Venga, vamos. Ya casi estás.

Un ruido a su espalda lo sobresaltó. Se colocó el fusil a la espalda y sacó la pistola. Comprobó que estaba cargada y esperó. Escuchó disparos abajo, en la plaza, y temió por Soap, sin embargo, no podía distraerse ahora. Su vida dependía de estar atento. Unos minutos más tarde, un grupo de Shadows apareció en la sala y Ghost disparó a dos de ellos. A un tercero lo empujó por la ventana y al cuarto lo apuñaló en la garganta. Salió de la torre y empezó a bajar las escaleras con rapidez. Disparó a otros tres Shadows y recargó el arma.

—Ghost, ¿me recibes?

La voz sosegada de Soap lo tranquilizó lo suficiente como para saber que estaba bien.

—Tengo compañía en la iglesia, Johnny –respondió, disparando dos veces más–, y dudo que vengan a confesarse. Ve hacia las escaleras, te veré allí.

—Recibido, Teniente.

Percibió que quería decir algo más, sin embargo, debió de pensárselo mejor y guardó silencio. Quizá estaba demasiado ocupado intentando salir con vida del tiroteo, igual que él.

«Las escaleras estaban por allí.»

Echó a correr por la planta baja de la iglesia, girándose únicamente para disparar, y salió por la puerta principal. Al otro lado de la verja, vio a Soap. Respiró con alivio y cogió carrerilla para saltar por encima del enrejado. Su compañero abrió fuego y le quitó de encima a tres Shadows. Aprovechó que había unas cajas para impulsarse y pasar por encima de la valla, reuniéndose con su compañero. Le echó un vistazo para comprobar que parecía estar entero, salvo una herida en el brazo derecho, y bajó las escaleras.

«Pues claro que mintió cuando dijo que no estaba herido.»

—Mantén los ojos abiertos, Johnny –le ordenó–. Saben que estamos aquí… y que somos nosotros. Enviarán más hombres, así que hay que estar preparados.

—Bien, pues encontremos un vehículo y larguémonos de aquí.

Se apostaron detrás de un coche y Ghost lo miró. Sonreía. Claro que sonreía, ¿cuándo no tenía una en los labios? Tenía una sonrisa casi para cualquier situación y, en aquellos momentos, le estaba dando ánimos; diciéndole que todo iría bien. Se lo estaba diciendo a él .

«Puto escocés de mierda», gruñó, asintiéndole y saliendo de la cobertura.

Alguien disparó desde la izquierda y devolvieron el fuego casi a ciegas, refugiándose detrás de una furgoneta. Ghost miró a su alrededor con rapidez hasta que vio una camioneta un poco más allá. Tenía las luces encendidas, lo cual era una buena señal. Aquello podía significar que, aparte de tener batería, había una alta probabilidad de que también tuviera las llaves puestas.

—Soap, camioneta justo delante.

—¡La veo!

—Yo conduzco.

Corrieron hacia ella y Ghost abrió la puerta del conductor. Sacó el cadáver del asiento y comprobó si las llaves estaban puestas. Suspiró aliviado y cerró la puerta, esperando que su compañero entrase en el coche con él. Arrancó el motor cuando Soap se sentó a su lado.

—Bien, Johnny –lo felicitó–. Lo has conseguido.

Éste se volvió para mirarlo y compuso su sonrisa socarrona, aquella que había empezado a apreciar.

—Lo conseguimos , Teniente –puntualizó.

Ghost esbozó media sonrisa debajo de la máscara. No le duró mucho cuando una ráfaga de disparos rebotó en el chasis del vehículo. Soap se giró con rapidez, apuntando con la pistola, y él pisó el embrague. Metió marcha atrás y se dio la vuelta para ver mejor.

—¡Agárrate!

Atropelló a los dos Shadows que estaban disparando y frenó. Soap se echó a reír.

—¡Esa es una buena manera de hacerlo! –dijo, mirándolo. Apartó la vista de él y sacó el arma de nuevo–. ¡Atrás!

Ghost se pegó al asiento y John disparó, abatiendo a otro enemigo. Miró a su compañero, quien mantenía aún la pistola en el aire, y notó cómo la comisura de los labios le formaba una pequeña sonrisa. Al mismo tiempo, sintió un leve calor en el pecho, algo conocido pero lejano al mismo tiempo. Algo que no sentía desde que era un crío. Algo que, quizá, no estaba tan mal.

—Gracias –susurró.

John se volvió hacia él y le sonrió durante un segundo. Le dio una palmada en el hombro y se giró en el asiento, encarándose con la parte trasera del vehículo.

—Conduce, ¡yo disparo!

Ghost asintió y pisó el acelerador a fondo, llevándose por delante un par de puestos del mercado y un coche mal aparcado. Soap disparó un par de veces antes de sentarse mejor en el asiento. Simon lo miró de reojo. Sonreía mientras miraba por la ventanilla. El muy cabrón sonreía otra vez y, lo peor de todo, es que él también. No era una sonrisa como aquella, ni siquiera era una sonrisa completa. Quizá, desde fuera, se percibiese como una mueca. Pero para alguien como Ghost, que no había sonreído desde los diez años, era suficiente.