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El rugido de Arrax y Tessarion fue ensordecedor, poderoso y triste, tanto que la fortaleza pudo sentir todo el dolor de los dragones en dicho rugido.
Nadie esperaba que sucediera.
Nunca consideraron que todo terminaría de esta manera, que la guerra terminaría antes de comenzar y que el final sería cada lado de la familia recogiendo los restos de sus hijos mas queridos mientras eran acompañados de un coro de dragones lamentando la perdida de sus jinetes.
Aegon podía ver a su madre arrodillada llorando desesperada por la muerte de Daeron, pero a pesar de eso no podía tener ni una pizca de simpatía por ella, no cuando sabia que ella tenia parcialmente la culpa de este final.
Aegon no era una persona amable, ni siquiera una decente por no decirlo mejor. El era un ebrio,un promiscuo y un completo inútil si le preguntaban a si mismo; pero aun así él no era tan ciego como para no darse cuenta que este era el único final posible. A pesar de lo que su abuelo, su madre o Aemond pudieran decir, aegon sabía que era observador ya que uno tenia que serlo cuando tu rutina era beber tu peso en vino y terminar desmayado en los callejones de la calle de la seda; era algo tan obvio para él que Daeron y Lucerys eran mas que tío y sobrino, que su relación era mas que solo cordial como su madre parecía insistir en negación.
Él no entiendo como nadie mas se dio cuenta, los paseos largos en dragón, las tardes juntos en la biblioteca mientras hablaban sobre los lugares que querrían visitar, las miradas de anhelo que se daban ambos en las noches en las que ambos lados de la familia se obligaban a ser cordiales entre ellos; era un misterio como todos eran tan ciegos ante lo que sucedía a su alrededor.
Gira su mirada y ve a su hermana Rhaenyra, porque si, es su hermana a pesar de todo lo que chille su madre cuando esta en uno de sus ataques de nervios mientras grita que Rhaenyra los matara a todos. Aegon ve que se encuentra pálida y en silencio, que ella parece haber perdido la capacidad de reaccionar ya que solo mira fijamente la pira que contiene los restos de lucerys.
Aegon nunca fue el mejor príncipe ni el mejor tío, pero aun así lamentaba la muerte de Lucerys, ya que a pesar de todo el odio que había entre sus facciones, Lucerys siempre lo saludaba con amabilidad y lo ayudaba a llegar a sus propias habitaciones cuando lo veía llegar borracho y arrastrándose por las escaleras luego de una noche de libertinaje en los burdeles de KingsLanding; esa era más consideración de la que le daría Aemond , el cual preferiría dejarlo tirado en las escaleras para que fuera regañado por su abuelo al día siguiente.
El funeral es un asunto triste y sombrío, aunque era obvio que no podría ser diferente ya que no todos los días dos príncipes deciden suicidarse antes que aceptar ser separados.
Aegon ha visto y hecho muchas cosas horribles, pero aun no puede sacarse de la cabeza la horrible imagen de Lucerys tirado bajo los pies del anciano con las venas cortadas después de enterarse de la muerte de Daeron, el cual prefirió ahorcarse con sus propias sabanas usando las vigas de su habitación en Oldtown al enterarse del plan de su abuelo de asesinar a los negros en el amparo de la noche el mismo día del juicio por la herencia de driftmark. Todo habría ido de acuerdo al plan de su abuelo de no ser por el hecho de que el gran Otto Hightower no considero que al haber una gran distancia entre Oldtown y Kingslanding el mensaje de que el plan no se pudo llevar a cabo no llegaría a Oldtown hasta muchos días después. Escuchar como su tío Ormund Hightower celebraba el haber eliminado a los negros antes de saber la noticia debió haberse sentido como una puñalada para Daeron, ya que se supo que trato de golpear a Ormund e y escapar en su dragón para volar a kingslanding y ver si era cierto que lucerys estaba muerto.
Fue una pena que lograran encerrarlo en sus habitaciones antes de poder salir de la fortaleza de Oldtown.
Aegon sabe que es de mal gusto, pero no puede evitar sentir cierto placer al ver los planes de su madre y su abuelo desmoronarse ante sus ojos; él sabe que usurpar a Rhaenyra ahora es imposible ya que Daeron logró enviar una carta a driftmark revelando todos los planes de su abuelo sobre usurpar a rhaenyra y una carta dirigida a Lucerys en Kingslanding suplicando que le diga que aun esta con vida.
Si tan solo alguien mas no hubiera encontrado la carta de Daeron antes que lucerys pudiera leerla, y si tan solo esa persona no hubiera decidido falsificar la letra de su abuelo y mentir sobre la muerte de lucerys y los negros entonces Daeron no hubiera enloquecido de dolor y hubiera decidido quitarse la vida.
Si tan solo esa persona no hubiera entrado en celos desmedidos al descubrir que Lucerys y Daeron tenían una relación secreta.
Ja, la broma es para Aemond.
Porque Aegon sabe muy bien que fue Aemond el que falsifico la carta ya que es el único que puede imitar la letra de otros a la perfección, un talento que de seguro perfeccionó cuando Aegon le pagaba para que hiciera sus deberes y él pudiera escapar a la calle de la seda.
Incluso ahora puede ver a Aemond cerrando sus manos en puños y apretando la mandíbula con fuerza ante el discurso sobre el amor de Daeron y Lucerys que está soltando el rey entre jadeos.
Aegon no puede evitar sentir placer al ver como Aemond rechina los dientes con odio ante el discurso y aun mas gracioso para él es que no podrá escapar de escuchar sobre ello ya que los diarios de lucerys y las cartas que Daeron le enviaba fueron encontrados por algunos sirvientes los cuales esparcieron el chisme sobre el amor prohibido intenso y profundo que tuvieron los príncipes que prefirieron morir que vivir sin el otro.
Toma un sorbo de su bebida y espera que al menos ahora su hermano y lucerys estén en paz. Nunca paso mucho tiempo con Daeron ya que su hermano fue enviado muy joven a Oldtown, pero las pocas veces que hablaron se llevaron de forma decente y Daeron no parecía arrogante como Aemond o ambicioso como Otto, por lo que asume que era una buena persona. Solo espera que donde quiera que estén ya sea en el panteón valyrio o los siete infiernos, que ambos puedan amarse sin miedo a que sea la última vez en que puedan hacerlo.
