Chapter Text
Una lamentable noticia que nadie esperaba conmocionó no solo al reino de Sunset Savana, sino a todo Twisted Wonderland.
El querido rey Falena y su esposa, ambos muertos en un lamentable accidente aéreo mientras volvían de un viaje.
Ahora, el pequeño heredero de apenas cinco años se enfrentaba no solo a la orfandad, sino a la responsabilidad titánica que acababa de caer sobre sus débiles hombros de la noche a la mañana.
A pesar de haber visto los restos del avión y haber agotado hasta la última esperanza de supervivencia, nadie podía terminar de digerir la noticia.
Incluso durante el funeral se podía respirar la tensión en el aire, y por desgracia, no era para menos. El futuro de Sunset Savana estaba en juego.
El príncipe Cheka, aunque legítimo heredero, era demasiado joven para asumir el trono. Simplemente no había forma de que un niño de esa edad pudiera llevar la corona y que no terminara siendo un completo desastre. Pero entonces, al fiel chambelán y hombre más cercano a la familia real se le ocurrió aquella idea.
— Estás loco si crees que voy a hacer eso, anciano...
— Leona-sama, es lo mejor para todos.
— ¿Que me convierta en madre sustituta a tiempo completo de ese niño es lo mejor para todos, Kifaji?
Después de que los ritos fúnebres concluyeran, los miembros de la corte se reunieron para conversar sobre el futuro del trono de Sunset Savana. Pero llegar a una resolución no estaba siendo sencillo.
— Es tío del príncipe Cheka, el siguiente en el orden de sucesión, parte de la familia real, y además, sabe lo suficiente para hacerse cargo del reino mientras él termina sus estudios y cumple la mayoría de edad.- Argumentó Kifaji.- Además-
— ¡Ni hablar!- Interrumpió abruptamente.- No voy a ser un maldito reemplazo de Falena.
Leona se levantó bruscamente de un salto, gruñendo y apretando los dientes como un león al acecho. No le importaba en absoluto que las miradas de toda la corte se posaran sobre él, tampoco que lo juzgaran en silencio, no importaba si el maldito cielo se caía a pedazos o el mar se secaba, simplemente no iba a acceder a esa estúpida idea.
— Leona...
— Ya dí mi respuesta.- Interrumpió, resoplando para calmarse lo suficiente, antes de dar media vuelta.- Busquen a otro idiota.
Sabía muy bien que nadie se atrevería a seguirlo y correr el riesgo de provocar su ira. Todo ese montón de falsos, así lo detestaran, sabían bien el poder que tenía, y volverse objeto de su enojo era casi equivalente a una sentencia de muerte.
El único con el coraje suficiente para seguirlo habría sido Kifaji, pero incluso esa entrometida ave vieja decidió darle espacio y dejarlo en paz por cinco minutos.
Y Leona solo podía agradecerle en silencio por ello...
La repentina muerte de Falena fue un golpe que jamás vió venir y ante el que sencillamente no sabía aún cómo responder, mucho menos a todos los demás golpes que le siguieron.
Ya había visto partir a su padre, solo un par de meses después de que lograran escapar del desastre que Draconia causó al entrar en Overblot. No fue difícil procesar su deceso y continuar con su vida. Pensó que estaría preparado para el siguiente... Ahora confirmaba que no era así.
No había pasado aún ni un año desde que Falena fuera coronado oficialmente como nuevo soberano, tras la caída de su padre. Cheka aún era un mocoso mimado y sin la menor idea de cómo dirigir un país. Él se encontraba a unos meses de finalizar su cuarto y último año en Night Raven College...
— Maldita sea, Falena...- Siseó, apretando su sien contra sus nudillos.- ¿En qué demonios estabas pensando, maldito imbécil?
No supo exactamente en qué momento, solo sintió como un par de lágrimas silenciosas escaparon de sus ojos, resbalando por sus mejillas, hasta caer y morir en el suelo.
Cuando quedó atrapado en el sueño creado por Malleus hace un año, vió un escenario en el que su hermano, su cuñada y su sobrino morían... Pero por los grandes siete, esto era completamente diferente a cómo se sintió en ese sueño.
El nudo en su garganta, el punzante dolor en el pecho como espinas rasgándole las entrañas y afiladas dagas abriéndole la carne desde adentro, el sentimiento de vacío, la desesperación, frustración, tristeza, ira y, aunque odiara admitirlo, el miedo que lo invadía... Simplemente, era demasiado para soportar, y no se parecía en nada a la facilidad con la que pasó página en su sueño.
Había limado un poco asperezas con Falena desde su retorno del mundo creado por Malleus. En palabras de prácticamente todo el que lo conocía "había madurado y finalmente crecido, al menos un poco".
No podía negar que toda esa experiencia lo había hecho reflexionar y ver las cosas desde una perspectiva diferente. Él y Falena no habían vuelto a ser los hermanos inseparables que alguna vez fueron en su infancia, pero al menos habían conseguido llevarse lo suficientemente bien para convivir por horas en una misma habitación sin discutir por la administración del reino. Falena incluso había solicitado su opinión y consejo, y aceptado algunas de sus propuestas para la mejora del reino...
— Maldito... ¿Cómo pudiste hacer esto?- Murmuró, aún con las lágrimas desbordándose en silencio.- ¿Cómo pudiste morir y dejarme tú también?... Tenías un hijo y un reino que te necesitan, maldita sea. ¿Por qué subiste a ese avión?...
Probablemente parecía un jodido loco hablando sólo, maldiciendo y reprochandole a su hermano como si su espíritu de algún modo pudiera escucharlo o responderle, pero ¿qué diablos importaba de todos modos?
Ahora que los ritos fúnebres habían terminado, solo quedaba recibir el pésame por todos los asistentes y despedirlos... Bien. Iba a odiar dar la cara a ese montón de hipócritas pretenciosos, pero entre más rápido lo hiciera, más rápido podría deshacerse de ellos y no volver a verlos en un buen tiempo.
Luego de respirar para calmarse, se limpió las lágrimas de la cara y acomodó su cabello lo mejor que pudo, antes de dirigirse a dónde Kifaji ya lo esperaba, aunque sin Cheka acompañándolo. Tal parecía que ni siquiera el chambelán había podido convencer al pequeño de salir de su habitación.
Ninguno dijo una sola palabra, sabían que ninguno necesitaba escuchar ni decir nada en ese momento. Simplemente caminaron en silencio, siguiendo la ruta que marcaba el protocolo para llegar a la sala del palacio, dónde los asistentes aguardaban su llegada.
Uno por uno, aristócratas, nobles, gobernantes, embajadores y delegados se acercaron a él para expresar su pesar y lamento por su pérdida.
Leona, sin más remedio, asintió y agradeció lo mejor que su humor le permitió, librandose uno a uno de esas garrapatas, en lo que le pareció una eternidad.
Todo ese proceso era una absoluta molestia, y cuando una figura conocida apareció, quedando apenas personas en el salón, tuvo que morderse la lengua para comportarse.
— Hace más de un año que no nos veíamos, Leona-sama.- Inició uno de los acompañantes de quién tenía enfrente.- Lamentamos mucho volver a vernos en estas circunstancias.
— Gracias por su presencia, Vanrouge.- Respondió, cruzando los brazos sobre su pecho.- No esperaba que el heredero del Valle de las espinas viniera en persona con todo su séquito.
— Lamento tu pérdida, Kingscholar-san.- Pronunció Malleus finalmente, con la mirada baja.- En cuanto recibí la noticia, consideré apropiado venir en persona. Me disculpo si fue una decisión inoportuna.
Leona se tomó un segundo para respirar. Un ligero resentimiento burbujeaba en su pecho, pero no estaba de humor para hacer ni aguantar un escándalo.
— En absoluto.- Suspiró.- Gracias por tu asistencia, Draconia.
En otras circunstancias preferiría cortarse la mano antes que estrecharla con esa hada, pero ahora solo quería terminar con eso y retirarse lo más rápido posible.
— Sé que no somos amigos y que probablemente nunca lo seamos. Especialmente después de todo lo que pasó hace un año.- Pronunció Malleus, tras sujetarle la mano.- Pero si necesitas hablar, serás bienvenido en el Valle de las espinas.
— Gracias.- Se limitó a decir, tragándose la negativa rotunda que habría dado en otra situación.
Malleus solo asintió y no insistió, apartándose junto a uno de sus dos escoltas unos pasos, mientras el otro le daba el pésame como indicaba el protocolo, intercambiando lugares al terminar, antes de finalmente ceder el paso a Lilia.
— Comprendo por lo que estás pasando, Leona. Y sé que no hay palabras que alivien tu dolor o aminoren tu carga.- Expresó el hada, al mismo tiempo que le sujetaba la mano.- Pero has demostrado ser un hombre fuerte, inteligente y decidido. Sé que no será fácil, pero podrás levantarte de esta caída.- Añadió, y Leona tuvo que tomar un respiro para no derrumbarse.- Lamento tu pérdida y acompaño tu dolor. Espero encuentres consuelo y pronta resignación.
— Gracias, Vanrouge-sama.- Hiló el príncipe, cerrando por unos segundos los ojos.
— Sabes dónde hallarme si necesitas un consejo, niño.- Respondió Lilia, regalandole una suave sonrisa casi paternal.- No puedo garantizar soluciones, pero sí un oído atento, una charla sincera y un hombro para llorar.
Leona asintió, agradeciendo con la mirada a Lilia, antes de soltarlo y verlo unirse a Malleus y los otros dos para marcharse juntos. Algo en la imagen de Malleus y su escolta de cabello blanco ayudando a Lilia a caminar logró remover sentimientos que creía muertos hace tiempo. ¿Cuánto tiempo pasó sin que compartiera un momento similar con su padre y Falena?
Parecía que el destino estaba empeñado en restregarle en la cara sus acciones y decisiones del pasado, ahora que estaba sólo y no había vuelta atrás.
Al menos quedaba poco para terminar y tener la libertad de largarse a su habitación. Sin embargo, no pasó mucho antes de ver otras caras conocidas.
— Kingscholar...
— Schoenheit...
Ciertamente, no esperaba ver a Vil en ese momento, pero tampoco le resultaba extraño. Era una celebridad reconocida después de todo, además de haber participado en un evento tan importante en Sunrise City como el Tamashina Mina.
— Lamento profundamente tu pérdida.- Pronunció con sinceridad el rubio, sujetando su mano.- Espero de todo corazón, halles fortaleza y pronta resignación. Mi apoyo está a tu total disposición.
— Gracias, Vil.
Jamás imaginó que alguna vez pudiera mantener una conversación con Vil sin ningún tipo de comentario pasivo agresivo en medio. Mucho menos que una suave sonrisa de ese hombre pudiera resultar reconfortante. Pero había sucedido.
Después de que Vil se fuera, otro conocido apareció, acompañado como era habitual.
— Leona-senpai...
— Kalim.- Pronunció el nombre de quien tenía enfrente.- Y Jamil.
El heredero de la fortuna Asim parecía tan afligido como si hubiese fallecido alguien de su familia. Sus ojos enrojecidos e hinchados lo delataban. Leona solo pudo suspirar al verlo hipar al tratar de hablar.
Pero Jamil... Viper lucía tan tranquilo e inamovible como siempre.
— Lo siento mucho, Leona.- Dijo finalmente Kalim después de calmarse lo suficiente.- Esto debe ser muy difícil para tí y el pequeño Cheka.
— Kalim...- Murmuró Jamil, corrigiendo discretamente a su imprudente amo.
— Lo siento...- Corrigió Kalim.- Yo... Lamento profundamente su pérdida, y de todo corazón espero que tú y el príncipe Cheka encuentren fuerza y resignación.
— Gracias, Kalim.- Agradeció Leona en un suspiro, observando como el heredero de los Asim estaba al borde del llanto.
— Por supuesto.- Asintió el más joven.- Cuentan con todo el apoyo y respaldo de la casa Asim.
Después de eso, Kalim se retiró, solo unos metros, cediendo el paso a Jamil.
— En nombre de la familia Asim, lamento la dolorosa pérdida que han sufrido, y ponemos todo nuestro apoyo a su disposición en este difícil momento.- Expresó Jamil, con el profesionalismo que lo caracterizaba.- Esperamos encuentren fortaleza, resiliencia y resignación.
Leona pudo observar en ese par de ojos negros todas las palabras que Jamil no había pronunciado. Sabía que el joven sirviente aún lidiaba con su dilema entre la lucha por su libertad y la obediencia que le arraigaron desde la cuna. Pero ahora no era el momento de señalar sus acciones, tampoco tenía el ánimo de hacerlo de todos modos...
— Lamento mucho por lo que está pasando, Leona-senpai.- Le susurró Jamil, cuando le estrechó la mano.- Sabe dónde encontrarme si necesita hablar.
— Gracias.
Jamil asintió tras separarse, y luego de dar una reverencia, se retiró con Kalim para caminar a su lado, hasta abandonar el recinto.
Al fin, esa tortura se había terminado y era libre de retirarse al lado de Kifaji.
De nuevo, ninguno dijo nada mientras caminaban por los solitarios pasillos, siendo el eco de sus pisadas los único que rompía el silencio.
Leona aún se sentía abrumado por todo lo que ocurría. Sabía que Cheka estaba sufriendo como nunca, llevaba tres días encerrado en su habitación, apenas probando pequeños bocados, y llorando a mares... Era su sobrino, su sangre al fin y al cabo. Lo había visto nacer y crecer, por supuesto que le dolía verlo en ese estado, pero ¿qué podía hacer para ayudarlo?
— Leona-sama...
— ¿Qué va a pasar con Cheka?
Kifaji tomó un profundo respiro, cerrando por un segundo los ojos. Eso fue suficiente para que Leona supiera que la respuesta no iba a ser de su agrado.
— Es demasiado joven para gobernar.- Comenzó el chambelán.- Si no hay ningún miembro de la familia real en la línea sucesoria directa que acepte tomar el cargo de rey mientras el príncipe alcanza la mayoría de edad, entonces no quedará más opción que pasar a la segunda línea de sucesión para otorgar el puesto.- Añadió.- Dependerá de Cheka reclamar y luchar por su derecho al trono cuando alcance la edad suficiente. Pero ya sabes lo difícil que podría ser eso.
De nuevo, esa desagradable sensación de impotencia se manifestó en forma de opresión en el pecho.
Sabía que muchos ambicionaban el puesto de monarca y estarían encantados de "ayudar" al pequeño príncipe en apuros... Solo para darle una patada en el trasero y dejarlo sin nada apenas tuvieran la oportunidad.
Cheka era demasiado ingenuo y estaba demasiado vulnerable para protegerse solo. Era presa fácil para todas esas aves de rapiña. Tenía que hacer algo para protegerlo, pero...
— Sabes bien que eres su única esperanza, Leona.
Seguramente su yo del pasado habría tomado el puesto sin dudarlo y ahora mismo estaría saltando de júbilo... Pero después de todo lo ocurrido, simplemente no podía siquiera soportar la idea de llevar la corona. No sabiendo que detrás estaba la muerte de su hermano y el dolor de su sobrino.
— Eres el único que cuidará bien de Cheka y lo guiará para asumir el puesto cuando llegue el momento, Leona.- Añadió Kifaji al notar su silencio.- Eres el único que conoce el reino a la perfección y tiene los conocimientos necesarios para mantenerlo en pie. El único que lo ama lo suficiente para lograrlo.
— No estés tan seguro de eso, viejo.- Sonrió con amargura.- Nada garantiza que no llevaré este reino a la ruina.
Los recuerdos del sueño en el que quedó atrapado hace un año aún estaban presentes en su memoria y volvían cada tanto para atormentarlo.
Cómo su obstinación causó tanto mal, todo el dolor que provocó, cómo en su búsqueda de mejora terminó causando todo lo contrario, cómo llevó su reino a la destrucción... ¿Qué haría si ese sueño se convertía en una realidad?
— Quizás. Eres inteligente, pero también obstinado a muerte.- Asintió el anciano.- ¿Sabes?, un rey necesita un consorte.
— ¿No te basta con convertirme en niñera, también quieres casarme para conseguir una alianza política?- Intentó bromear, aunque la amargura no le permitía ni siquiera sonar relajado.
— Ni siquiera lo mencionaría si no fuera lo mejor, Leona. Pero sabes que muchos miembros de la corte no tienen demasiada confianza en tí por tus... Antecedentes.- Suspiró el mayor.- No ha habido un solo rey que llegara soltero al trono. Podría ser incluso beneficioso para ti tener el apoyo de alguien.
Leona resopló, apretándose las sienes. La sola idea de atarse a alguien le provocaba dolor de cabeza, pero tampoco se veía a sí mismo criando a un niño.
¿Qué debía hacer? ¿Ceder y asumir el trono y la responsabilidad de criar al legítimo heredero por su cuenta?, ¿casarse con alguien para tener apoyo en la crianza de su sobrino y de paso, con algo de suerte, formar una alianza política?...
Pero, ¿qué pasaba si ese hipotético matrimonio resultaba una carga más en vez de un alivio? No quería lidiar con dos mocosos mimados en vez de uno.
Necesitaba a alguien inteligente, fuerte, capaz de protegerse sólo, familiarizado con los altos círculos de la sociedad, de preferencia con experiencia criando niños...
Entonces la imagen del candidato perfecto cruzó por su mente. Quizás era una locura, pero podría funcionar.
— Bien. Tomaré tu consejo en cuenta, pero no prometo nada.- Expresó Leona.- Por ahora informa al montón de carroñeros que hay reunión mañana a primera hora.
— Leona...
— Acepto tomar el puesto de rey mientras Cheka alcanza la edad suficiente.- Confirmó con cansancio.- Es todo por hoy. Me retiro a mi habitación a descansar.
Kifaji asintió, permitiéndole marcharse.
Si no había más remedio para garantizar la seguridad de Cheka y el reino, entonces haría lo que fuera necesario. Pero tenía el tiempo contado, así que debía poner manos a la obra cuánto antes.
