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La Leyenda de Zelda: El Aliento de lo Salvaje

Chapter 9: Capítulo 8

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo 8

Disfrutando de la suave y cálida cama, Link permaneció acostado a la mañana siguiente hasta que el sol estuvo lo suficientemente alto como para disipar el rocío matutino. Permaneció allí incluso después de que los pocos huéspedes de la posada se levantaran y bajaran a desayunar, y sí, el desayuno olía muy bien. Pero no. La cama era demasiado cómoda y acogedora, y después de varios días de viaje, simplemente le era imposible dejarla. El desayuno podía esperar.

Desafortunadamente, alguien tenía otros planes en mente.

“Oh, Linky…”

Era una voz cantarina. Aguda,  alegre e infantil. Link no abrió los ojos inmediatamente. Quizás si se hacía el dormido…

Sintió un dedo pincharle la pierna, pero él siguió sin moverse. Cinco minutos más…

“¡Linky!”

Algo blando lo golpeó en la cara, y dio un respingo, abriendo los ojos de golpe. Carraspeó y miró alrededor, sorprendido, con el cabello cayéndole sobre el rostro. Se llevó una mano a la cabeza, echándose el pelo hacia atrás mientras lanzaba una mirada fulminante a la diminuta Prunia. Ella, por su parte, entrelazó las manos detrás de la espalda y le dedicó una cálida sonrisa.

“Oh, genial, ¡ya despertaste!” dijo Prunia, entrelazando las manos enfrente de ella. “Ya era hora” Se acercó a la cama y, a pesar de sus quejas, le arrancó las sábanas de un tirón.

“¡Prunia…!” dijo Link, sonrojado, mientras salía de la cama. Solo llevaba puesta su ropa interior.

“Ay, por favor.” Ella rió, aunque sus ojos brillaban con picardía. “Aparento tener seis años. No hay nada ahí abajo que no haya visto antes. Y, clic-clic, no recuerdo que te hayamos metido en el santuario con la ropa puesta, así que….” La cara de Link se tornó aún más roja al escuchar eso, pero Prunia, por desgracia, no había terminado. “Espera, no despertaste vestido, ¿o si? Porque eso… sí sería fascinante.”

“No” dijo Link, agarrando sus pantalones y poniéndolos, seguida de su túnica. “No desperté vestido. Gracias por eso”

“¡Cuando gustes!”

Link dejó salir un suspiro y se sentó sobre la cama, de espalda a Prunia, para ponerse los calcetines. “¿Qué haces aquí? Pensaba ir al laboratorio luego de desayunar”

“¿Desayunar? ¡No hay tiempo para desayunar!”

A Link se le cayó el alma al suelo, y se giró para mirarla. “¿Por qué?”

“¡Porque estoy apunto de reparar la tableta! Solo falta un cosa más por hacer y necesito tu ayuda”

“¿Y no puede esperar a que termine de desayunar?”

“¡Nop!”

“Seguro puede esperar diez minutos”

“La ciencia no espera a nadie” dijo, poniéndose las manos en la cintura y adoptando una pose triunfal, con los pies separados más allá del ancho de los hombros y el mentón en alto. A Link le pareció muy cómica la escena, pero prefirió no decir nada, no fuera que le arrojara otra almohada.

“Pues esa tal ciencia me parece muy grosera” dijo el mientras se ataba los cordones.

¡Linky!” exclamó Prunia. El se puso tieso, mirándola sobre el hombro, temiendo haberla ofendido de alguna forma. “¡Creo que es la primera vez que te escucho contar un chiste!” Link sintió la cara sonrojarse, sin saber qué decir. Sin embargo ella lo ignoró, pensando en voz alta. “Me pregunto si es consecuencia del santuario o de tu amnesia… o quizás, ¡simplemente nunca me mostraste ese lado tuyo! Difícil saberlo… ¿Cómo cambia la personalidad de una persona tras de un evento tan traumático y una amnesia posterior?”

No queriendo seguir con la conversación ni un segundo más, y menos hacer comentarios sarcásticos frente a ella, se dio la vuelta. Se levantó de la cama y dio un par de golpecitos con las botas en el suelo para acomodarse mejor dentro de ellas. Por suerte, el cuero ya estaba casi amoldado tras varios días de viaje, aunque supuso que con el tiempo serían aún más cómodas. Al menos eran mucho más cómodas que las botas que había conseguido en la Gran Meseta. Aquellas le habían dejado ampollas en los talones tras el primer día de caminata.

“Oh, genial, ¿estás listo? ¡Porque ya era hora! ¡Vamos, andando!” Prunia se apresuró hacia la puerta que daba a la sala común. Al abrirla, el aroma delicioso de tocino y huevos llegó de inmediato a sus fosas nasales. El estómago de Link rugió, y él se lo frotó con gesto de abatido.

Había alquilado una habitación por al menos dos noches, así que no creyó necesario llevar todos sus suministros, pero cuando Prunia lo vio, lo detuvo. “Querido, si fuera tu traería una espada y un escudo”

“¿A dónde vamos exactamente?” Link la miro seriamente, pensando en los bokoblins del día anterior.

“¡Clic clic! Uno nunca sabe lo que puede ocurrir. Siempre hay que estar preparado” 

No estando seguro si le gustaba como sonaba eso, Link hizo lo que  le dijo y tomó su espada y escudo, al igual que una alforja de cintura con suministros, un carcaj de flechas y un arco sin cuerda. Mientras bajaban las escaleras y entraban en la sala común de la posada, Link vio que bastantes personas habían ido allí por lo que parecía ser un desayuno delicioso. Huevos frescos de cuco, tiras de tocino y panecillos se apilaban majestuosamente en platos de madera. Algunos comensales bebían tazas humeantes de té.

Sintiéndose fastidiado, Link se sentó con determinación en una silla. Ella volteó a mirarlo, con las cejas arqueadas sobre el marco de sus gafas en señal de confusión. “¿Qué estás haciendo?”

“La ciencia puede esperarme” dijo con firmeza. Esa es la actitud. El día anterior lo había hecho esperar afuera durante horas. Hoy no dejaría que lo manejara a su antojo. Prunia lo miró con fastidio, cruzándose de brazos. Comenzó a dar golpecitos en el suelo con el pie, mostrando su impaciencia. Link decidió no mirarla a la cara y en su lugar saludó a Rya, la joven que trabajaba en la posada, cuando notó que lo observaba. Ella se acercó y tomó su pedido.

“Tienes diez minutos” dijo Prunia finalmente, viéndose tan amenazante como una niña de seis años podía.

“Diez minutos”


Diez minutos después, Prunia se abría paso entre el bullicio matutino de la aldea, con los puños a cada lado de su vestido, con Link siguiéndole el paso. En un punto, un niño se acercó muy emocionado al ver a una niña de su edad, pero ella simplemente le dio la espalda, ignorándolo. Link le lanzó una mirada de disculpa al niño, pero este le respondió mostrándole la lengua. Pequeño mocoso, pensó Link mientras se apresuraba para alcanzar a Prunia. Para una niña tan chiquita, se movía bastante rápido.

Siguieron colina abajo hasta llegar a un gran silo. Link comenzaba a sospechar cuál era su destino, y sus sospechas fueron confirmadas un momento después cuando Prunia lo llevó más allá del silo, hacia la estructura cónica sheikah que se alzaba justo detrás. Estaba situada sobre una pequeña loma, que resultó ser lo bastante fácil de escalar, aunque tuvo que ayudarla en un tramo particularmente empinado.

Cuando estuvieron parados frente a la estructura, Prunia sonrió al verla antes de volver a verlo a Link. “Por años intentamos activar uno de estos santuarios. Zelda, Rotver y yo.” Cuando habló, su tono sonaba distinto al de antes, sonaba emocionada pero reflexiva. También creyó haber oído un poco de devoción. “Rotver siempre estuvo más interesado en ver qué tipo de armas y artefactos podíamos encontrar dentro, pero a Zelda y a mí… Nos intrigaba la ciencia detrás de esto. Su historia, la tecnología perdida hace años y lo que podíamos recuperar con ello” 

Prunia subió a la plataforma circular en frente del santuario sheikah y caminó hacia un pedestal igual al que había en el Santuario de la Vida, el cual estaba colocado a lado de la puerta cerrada. Extendió una de sus manitos, tocando la superficie.

“Nada funcionó. Por años, hicimos todo lo que pudimos, esperando hallar una forma de entrar. Claro, también esperábamos encontrar algo que nos ayude a luchar con Ganon, pero…” Volteó a verlo a Link, y él se sorprendió al ver lagrimas brotar de sus ojos por detrás de sus gafas. Prunia parpadeó rápidamente y volteó, quitándose las gafas y frotándose los ojos. Cuando se los volvió a colocar, parecía haber vuelto a su yo habitual.  Alegre y vivaz.

“Claro, nunca descubrimos la forma de activarlos, pero seguro es porque nos faltaba algo, ¿no? Apuesto a que esas torre que brotaron del suelo por todo Hyrule tiene algo que ver con esto. Eso fue obra tuya, ¿verdad?”

Link se acercó a Prunia, mirando al santuario con curiosidad. “Simplemente… encontré una sobre la Gran Meseta. Estaba medio enterrada, pero tenía un pedestal idéntico al de tu laboratorio. Coloqué la tableta y…” Hizo un gesto con la mano, de algo elevándose del suelo.

“¡Apuesto a que el terremoto provocado por Ganon la desenterró! Clic, si hubiéramos pasado más tiempo en la meseta luego de dejarte en el santuario, hubiéramos podido encontrarla… Pero con Zelda yendo a enfrentarse a Ganon, no podíamos permanecer ahí por mucho. Me pregunto si… nah, ¡supongo que aun así no las hubiéramos podido activar! Te encerramos con la tableta en el santuario al fin y al cabo”.

Link tocó el pedestal, con aire reflexivo. “¿Y crees que esto reparará la tableta Sheikah?”

“¿Qué?” Prunia lo miró, confundida, y luego, un segundo después, chasqueó los dedos. “¡Oh! No, por supuesto que no. Ya la reparé. Mejoré los módulos y todo. Fue pan comido.”

Link la miró, exasperado “Creí que dijiste que veníamos a reparar la tableta”

“¡No, venimos a activar el santuario!”

“Bueno y…. ¿para qué sirve un santuario?”

“¡No tengo ni idea!” Prunia se encogió de hombros ante la mirada fruncida de Link. “Bueno, tengo mis teorías”

“¿Cómo…. cuales?”

“Pensamos que, quizá, fueron los sheikah de hace diez mil años los que lo crearon para entrenar al héroe legendario––a ti— para derrotar a Ganon. Pero no es más que una teoría” Guardó silencio unos segundos. “Una teoría respaldada por años de investigación, fragmentos de texto antiguo y el poder intelectual de tu servidora, así que creo que es bastante acertada” Volvió a encogerse de hombros.

Un santuario para entrenar al héroe legendario. Link volvió a sentir un vacío en el estómago. ¿Era esta otra tarea más que debía cumplir en su misión por derrotar a Ganon y liberar a la princesa Zelda?

“¿Y este es el único que existe?” dijo Link, alzando la vista nuevamente hacia el ojo sheikah naranja sobre ellos. Tenía el presentimiento de que la respuesta no le iba a gustar.

“¡Por supuesto que no! Están por todo el reino, pero creo que muchos quedaron ocultos con el pasar del tiempo. Logramos desterrar algunos, pero no creo que estuvieramos ni cerca de hallarlos a todos”

“¿Así que tengo que encontrarlos a todos?” Link puso una expresión de angustia, pensando en cómo la tarea lo dejaría exhausto mentalmente. Si debía encontrarlos todos para derrotar a Ganon….

“¿Qué?” Lo miró con expresión de incredulidad. “¿Estás loco? ¡Tu tiempo de entrenamiento heroico ya pasó, Linky! Supongo que si encuentras alguno por el camino, no haría daño echar un vistazo—¡hasta podría ser divertido! Pero ahora no hay tiempo de ir y desenterrarlos todos.”

No estaba seguro si debía sentirse aliviado o preocupado. Era bueno saber que no esperaban que encuentrara todos los santuarios, pero si los habían construido con el único objetivo de prepararlo para derrotar a Ganon, ¿no se estaba condenando a sí mismo al no hacerlo?

Prunia lo trajo de vuelta al presente al chasquear los dedos. “Te distraes mucho más fácil que Symon. ¡Pon atención!” Sacó la tableta sheikah de su pequeña mochila. “Clic, hoy haremos historia. ¡Linky! Rápido, dame un Clic”.

“Un… ¿qué?”

“¡Clic! ¡Dame un Clic!. Y uno bueno”

Link abrió la boca, completamente confundido. Carraspeó un poco y dijo. “Emm… ¿clic?”

Prunia le lanzó una mirada de disgusto antes de murmurar algo entre dientes. Luego se puso derecha, volvió a mirar el pedestal y colocó la tableta sobre su superficie plana.

El pedestal brillo un color azul intenso, seguido de la plataforma circular sobre la que estaban. El santuario se estremeció mientras la puerta, las cuales estaban hechas de una serie de bloques de piedra interconectados horizontalmente, se abrió de par en par, las piedras rozando la una con la otra.

Prunia río y dio saltitos de alegría mientras el santuario cobraba vida. Link no pudo evitar sonreír un poco ante la exuberancia de la pequeña niña—pero luego recordó el hecho de que tenía más de cien años, lo cual tornó la escena un poco extraña de ver.

Para sorpresa de los dos, no parecía haber nada dentro del santuario. Una simple plataforma brillante yacía en un pequeño recinto de piedra. Su diseño era claramente de origen sheikah, con su característico brillo azul, y era más pequeña que la que había fuera del santuario. Ni siquiera había otro pedestal donde usar la tableta.

Prunia tomó a Link de la mano con su diminuta mano y lo enfiló sobre el círculo. Cuando entraron, el suelo se movió bajo sus pies. Él se tambaleó, asombrado, viendo como la plataforma color azul brillante descendía hacia dentro del suelo.

La niña sheikah río nuevamente, sus ojos llenos de una emoción desmesurada. Link, en cambio, se sentía desnudo e inseguro. Estaba armado, si, pero aparentemente estaban entrando en una especie de cueva subterránea. No sabía qué lo esperaba allí abajo, y para peor aun, Prunia estaba con él. Probablemente tendría que protegerla.

El suelo siguió hundiéndose, y seguidamente, estuvieron rodeados por paredes de piedra. La única luz era el azul claro de la plataforma y la cada vez lejana luz exterior por encima de sus cabezas. Se preguntó si algún aldeano iría a investigar el santuario. ¿Y si un niño caía adentro? Se sintió horrible de solo pensarlo. ¿Habían sido irresponsables al hacer eso sin avisar a los de la aldea? Como si le hubieran leído la mente, el círculo de arriba comenzó a cerrarse, tapando la luz por completo. En la distancia, pudo oír como la puerta del santuario volvía a cerrarse.

Bueno, un problema menos. Ahora hay que hallar una forma de salir de aquí, pensó, con el alma por el suelo.

Durante unos segundos, la única luz venía debajo de ellos, y él apenas podía distinguir la expresión de emoción de Prunia. La luz irrumpió de pronto en el estrecho conducto por el que descendían. La plataforma había sobrepasado un borde de la roca y ahora flotaba hacia una caverna bañada en un resplandor intenso. Link miró con asombro al contemplar lo que tenía frente a él.

Estaban en una especie de cilindro hecho de anillos de piedra y un rayo de luz vertical. No pudo ver nada controlando la plataforma sobre la que estaban, pero esta seguía descendiendo lentamente sin problema. Pero por fuera del cilindro, había una enorme caverna. Bueno, caverna no era la palabra indicada para describirlo, pues estaba claro que no era natural. Las ya familiares luces y líneas naranjas brillantes formaban extraños patrones que recordaban a constelaciones y cubrían las paredes lisas de piedra negra. El techo era una extraña masa de luz azul entrecruzada con vigas de soporte que no parecían sostener nada que Link pudiera distinguir. Sin embargo, lo más extraño era el suelo.

El suelo no era el suelo en sí. Más bien, el suelo real parecía estar muy por debajo de ellos, tanto que era difícil de ver. Descendían a una especie de plataforma cuadrada y sólida. No parecía estar flotando del todo, pues tenía un extremo conectado a la pared detrás de Link y Prunia. Parecía muy endeble para el peso y masa de la plataforma, pero parecía no ser el caso. Había otras como esa también. Es más, las plataformas en la sala tenían diversas formas y tamaños, y parecían cumplir distintos propósitos. Por ejemplo, justo después de la plataforma a la que Link y Prunia estaban descendiendo, había algo que parecía un par de aspas de molino de viento, colocadas de lado para formar plataformas giratorias. Esta plataforma atravesaba un gran vacío que conducía a la siguiente plataforma sólida, fijada al muro lateral.

Prunia se quedó sin aliento al asimilarlo todo, sacó su cuaderno y empezó a garabatear frenéticamente con un pequeño lápiz de carbón. No habló en voz alta mientras escribía—parecía que todo aquello era demasiado como para siquiera merecerlo. Su cara de concentración podría haber resultado graciosa, con las cejas fruncidas y la lengua asomando entre los labios, pero Link se sentía demasiado abrumado. ¿Quiénes eran los antiguos sheikah? ¿Cómo pudieron crear algo así? Y esconderlo bajo tierra, camuflarlo bajo tierra de perfectamente... Era asombroso.

Llegaron al suelo, la plataforma dio un suave golpe sordo, y la extraña luz que los había guiado se desvaneció, mostrándoles el camino hacia la gran plataforma. Cuando Link salió, un sonido como un gong resonó en la cámara, lo que lo hizo ponerse tenso y ponerse en guardia, mientras buscaba el origen del sonido. Una voz fuerte, retumbante y que parecía provenir de todas partes a la vez llenó los oídos de Link con su profunda resonancia.

“Tú, que entraste en mi santuario…” Link volvió a mirar a Prunia completamente confundido, pero ella también pareció sobresaltarse por aquella voz. “Mi nombre es Myam Agana” Prunia volvió a quedarse sin aliento y a escribir en su cuaderno. “Recibe un desafío en nombre de la Diosa Hylia” Hubo otro gong y luego, nada. Silencio absoluto.

Link volteó hacia Purah y abrió la boca para hablar, pero ella lo hizo callar bruscamente con un gesto, negando con la cabeza. Ella siguió escribiendo en su cuaderno, llenando una hoja entera antes de seguir en el reverso. Sus manos se movían más rápido de lo que Link hubiera creído posible. Luego de llenar la mitad de la página, dio un golpecito con la punta del lápiz sobre el cuaderno y levantó la mirada hacia Link. Tenía el rostro sonrojado y Link se preguntó si era por la intensidad con la que escribió.

“¡Okey!” Prunia metió el cuaderno en su mochila y luego sacó la tableta sheikah, mirándola en silencio y luego a Link. Miró otra vez la tableta y, finalmente, con los hombros caídos, se la entregó. “Estos santuarios fueron hechos para entrenarte a ti, Linky, así que te hará falta esto”

“Gracias” Tomó la tableta y la enganchó a su cinturón, cosa que pareció molestar a Prunia de alguna manera. Se acercó al borde y observó la plataforma giratoria que tenía delante. “¿Crees que es necesario cruzar esto?”

“Oh, probablemente… A no ser que los antiguos sheikah querían que nos quedemos aquí parados un rato.” Su cálida sonrisa contrastaba con su tono sarcástico. Él la ignoró.

Midió la plataforma con la vista. Se movía muy rápido y estaba conectada a la pared por medio de una barra. No entendía en lo absoluto como funcionaba—o si siquiera podría soportar su peso. Pero si saltaba justo cuando una de las astas estuviera lo suficientemente alto, podría correr y cruzar al otro lado.  Eso si no se resbalaba por el ángulo de inclinación y caía al abismo sin fondo.

Retrocedió y respiró hondo, preparándose, pero luego dudó. Era una locura, ¡por no decir un suicidio!. Un paso en falso (o no correr lo suficientemente rápido) y caería al abismo.  ¿Quién salvaría Hyrule entonces? ¿Quién salvaría a la princesa? Era una locura.

“Prunia, creo que deberíamos regresar arriba” dijo Link. “No… es seguro”

“¡Clic clic! ¡Por supuesto que lo es!” dijo con una sonrisa, poniéndose las manos en las caderas.

“No hay forma de cruzar corriendo sin caerse” dijo Link, sintiéndose exasperado. “Y además, tu también tendría que cruzar, y no creo que…”

¿Cruzar corriendo?” ¿Qué, estás ciego? ¡No vamos a cruzar corriendo!” La sonrisa en su rostro permaneció, con un extraño brillo en sus ojos juveniles.

Él tuvo la sensación de que había algo de suma importancia que no entendía. Empezó a sentir un dolor de cabeza entre las sienes.

Ella resopló y caminó hacia él, colocando la mano sobre la tableta. “Si viste como no podíamos entrar aquí sin esto, ¿no? Bueno, quizás—y solo quizás—debas usarlo aquí dentro.

Él se la quedó observando con la mirada perdida por varios segundos, procesando sus palabras y luego hizo una mueca. Pero claro. Sacó la tableta de su cinturón para observar los módulos disponibles. Inmediatamente notó que había módulos nuevos, pero no les prestó atención por el momento. En su lugar, seleccionó el módulo amarillo de Inmóvilis. Instantáneamente la pantalla se volvió traslúcida, pudiendo ver a través de ella y miró a la plataforma giratoria, la cual brillaba de color amarillo intenso. En el momento preciso, oprimió el módulo y la plataforma brilló intensamente antes de quedarse completamente inmóvil, formando una plataforma nivelada para poder cruzar.

Prunia río felizmente e hizo un pequeño baile mientras cruzaba la plataforma. Link vio el temporizador contando hacia atrás en la pantalla y se apresuró a cruzar detrás de ella, sintiéndose aliviado una vez en suelo firme. Ya habiendo cruzado, Prunia le lanzó una sonrisa de oreja a oreja.

“¡Vamos, vamos!” Se dio la vuelta y bajó corriendo por una pendiente poco pronunciada que conducía a otro hueco entre plataformas. Este tenía dos vías de piedra que conectaban las plataformas con un par de plataformas metálicas situadas a lo largo de las vías, aunque ninguna de ellas estaba lo suficientemente cerca como para saltar sobre ella. Ella se volvió hacia él mientras se acercaba, sonriendo con aire burlón. “¿Podrás resolver esto tú solo?”

Cambiando a Magenis, disparó el extraño rayo y este se conectó a la plataforma más cercana. Ahora que la tableta estaba reparada, podía ajustar la distancia entre él y la plataforma usando botones en la pantalla. Trajo la plataforma más cerca y Prunia felizmente saltó sobre ella, haciendo un bailecito. Link la siguió y luego usó la tableta para acercar la otra plataforma. Pasaron a la otra y luego, usando Magnesis, movieron la plataforma anterior adelante, lo suficiente para poder pasar a ella otra vez. Usando el par de plataformas metálicas como un tipo de puente móvil, lograron cruzar el hueco sin inconveniente alguno, en silencio.


Las siguientes horas pasaron en su mayoría de la misma forma. Link descubrió que el santuario parecía ser en su mayoría una serie de ejercicios para ayudarlo a familiarizarse con la tableta. Habían cruzado una cascada con Crionis, formado un puente con Magnesis y paralizado varias plataformas móviles con Inmóvilis antes de llegar al final de la cámara donde estaban.

Justo cuando Link empezaba a sentir que las pruebas que le estaban presentando eran, quizá, un poco más sencillas de lo que había esperado de un lugar tan imponente, atravesaron una puerta que los llevó a una sala mucho más grande. No había suelo en la sala—solo un par de plataformas sólidas entre una serie de plataformas móviles, bloques de metal y varias cascadas. Era obvio que este iba a ser el verdadero desafío del santuario.

Durante las siguientes dos horas, avanzaron lentamente con cuidado por la sala. Parecía ser más peligrosa que la anterior. A Prunia hasta se agotaron comentarios sarcásticos luego de que una plataforma en particular, la cual actuaba como una especie de columpio, se liberó del paralisis de Inmóvilis antes de que pudiera cruzar. Cuando la plataforma comenzó a girar, ella gritó y saltó a la plataforma sobre la que Link estaba. Fue gracias a sus buenos reflejos, agarrándola de la muñeca,  que ella no cayó al aparente vacío sin fondo. Tomaron un descanso luego de eso antes de, finalmente, continuar y llegar a la última plataforma. Aliviado, Link se reclinó contra la pared, respirando hondo.

“¿Cree que eso fue todo?” preguntó luego de recuperar el aliento. Prunia se encogió de hombros. Ella también estaba respirando con dificultad, tenía las mejillas sonrojadas del esfuerzo. Finalmente, bajaron por una serie de escaleras que llevaban a una gran habitación vacía, con la excepción de varios pilares de piedra que llegaban hasta el techo y un llamativo agujero de forma cuadrada en el centro de la habitación.

“¡Linky!” Él la miró, con la ceja arqueada. “Para responder a tu pregunta de antes—¡Nop!” Él suspiró  y siguió avanzando por la habitación, sosteniendo la tableta sheikah con cuidado. Vio unas cuantas cajas metálicas, que parecían ser bastante pesadas, a un lado de la sala, pero su propósito no le resultó evidente de inmediato.

Un ruido estruendoso, proveniente del centro de la habitación, atrajo su atención devuelta al agujero. Vio como la pieza faltante surgía desde lo profundo del agujero. Encajó en su lugar, completando el suelo de la sala. En el centro se encontraba una especie de criatura mecánica que parecía estar relacionada, de alguna manera, con los guardianes destruidos que había visto por todo Hyrule.

Por suerte, era más pequeña que los guardianes que había visto hasta ahora—incluso más que él—y tenía tres patas tipo araña, conectadas a un cuerpo robusto. Tenía una cabeza tipo domo con un solo ojo azul. A primera vista, a Link no le pareció del todo amenazante.

“¡Un miniguardián! No he visto a un en buen estado en más de ¿cuánto? ¿sesenta años?” Prunia pareció emocionarse ante su presencia, tomó su cuaderno y comenzó a escribir. “Es de color naranja. ¡Fascinante!”

Ante la voz de Prunia, la cabeza del miniguardián giró sobre sí, y su ojo azul se fijó en Link. Para su mala suerte, la cabeza se elevó con una extensión cilíndrica de su cuerpo, alcanzando su estatura. Y para empeorarlo todo, dos delgados brazos mecánicos se desplegaron desde su cuerpo. Con un destello, un par de extrañas armas aparecieron en sus brazos, si es que se las podía llamar así.

Las armas parecían ser una espada y un escudo, pero brillaban y eran un poco traslucidas. Cuando el miniguardián se movía, zumbaban y resonaban. Ninguna parecía terriblemente peligrosa—la espada era más corta que la de Link y el escudo era bastante pequeño—pero él no confiaba en su aspecto. Se le puso la piel de gallina y se le aceleró la respiración. Supo de inmediato que este simple, pequeño autómata, era peligroso. Y su ojo estaba enfocado solamente en él.

Link enganchó la tableta en su cinturón y desenvainó su espada y escudo. El miniguardián no se movió hasta que Link estuviera armado. Sus patas se movían con fluidez, las cuales estaban hechas con miles de pequeñas coyunturas que le daban una gran flexibilidad y rapidez, y cruzó la distancia hasta Link mucho más rápido de lo que él hubiera esperado. Sin previo aviso, el miniguardián atacó con su espada de forma horizontal y Link se vio obligado a retroceder con rapidez, esquivando por poco un tajo que le habría cortado la cabeza.

Respirando rápidamente, saltó hacia adelante, blandiendo su espada en dirección al ojo del miniguardián, pero este interpuso su escudo con sorpresiva rapidez. Su espada rebotó sin hacer daño y apenas tuvo tiempo de levantar su escudo para bloquear el contraataque. La espada del miniguardián golpeó su escudo con una fuerza brutal, haciéndolo tambalearse unos pasos hacia atrás.

Sin darle tiempo a respirar, el miniguardián siguió avanzando, y Link se vio forzado a esquivar y desviar más ataques. Cuando creyó ver otra oportunidad, se abalanzó, pero de nuevo, el miniguardián bloqueó su espada con su crepitante escudo.

Desde su posición, sentada sobre las escaleras que llevaban a esa habitación, Prunia intentaba decirle algo a Link, pero él la ignoró. El miniguardián se movía alrededor de él formando un círculo, con el escudo preparado enfrente de su cuerpo. Parecía estar esperando a que Link hiciera su próximo movimiento. Amagó hacia la izquierda y blandió su espada hacia abajo, con un movimiento tajante, justo donde creía que debería estar Link. En cambio, él avanzó por la derecha y dio una estocada, con la punta de su espada pasando por un costado del escudo del miniguardián para dar en el blanco, el cuerpo expuesto del autómata, pero esta rebotó sin hacer siquiera daño.

Por unos segundos, Link miró atónito como el miniguardián no recibía ningún rasguño, y luego este giró sobre sí, golpeando la espada de Link con su escudo y arrancandola de su mano. La espada salió volando, cayendo al suelo ahora lleno de agua. ¿Y eso cuando paso? Cuando se tambaleó hacia atrás, se sorprendió al ver que la sala completa estaba llena de un centímetro de agua. No era la suficiente cantidad para hacer perder el balance, pero sí lo suficiente para ralentizarlo.

El miniguardián avanzó sin cesar, nunca perdiendo de vista a Link. Desarmado, Link no tuvo otra opción que seguir retrocediendo, buscando otra arma. Había dejado su arco sin cuerda al lado de Prunia, quien no parecía querer ayudarlo, pero…. ¿por qué lo estaba saludando? ¿Qué le estaba gritando?

“–bleta sheika! Usa la ta–”

Link agarró la tableta de su cinturón y seleccionó el módulo de Crionis. Apuntando apresuradamente, hizo que un bloque de hielo se elevará justo debajo de una de las patas del miniguardián. Se tambaleó, a punto de caer, pero luego recuperó el equilibrio y rodeó el bloque de hielo para continuar hacia él. Pero él había conseguido aumentar la distancia entre él y el miniguardián con esa distracción momentánea y logró invocar dos bloques de hielo más enfrente del autómata, bloqueando su paso por otros preciosos segundos.

Cuando bordeó el bloque otra vez, Link oprimió el módulo de Inmóvilis y, de repente, el miniguardián brillo momentáneamente con la reconfortante luz amarilla, quedando paralizado en el lugar. Sintiendo una ola de desmesurada alegría, sus dedos danzaron por la pantalla, eligiendo el módulo de Bombas Remotas. La bomba apareció frente a él y la pateó hacia el miniguardián paralizado antes de correr hacia atrás unos cuantos pasos. Tan pronto como Inmovilis dejó de hacer efecto, detonó la bomba, enviando al miniguardián volando por el aire. Para su sorpresa, sus dos brazos quedaron destrozados por la explosión, dejando al autómata desarmado. 

Sintiendo un peso menos de encima, sonrió de oreja a oreja y bajó la tableta sheikah. Fue ahí cuando vio en el ojo del miniguardián un destello blanco.

Su cuerpo se movió por sí solo, rodando hacia un costado cuando el rayo de luz impactó en el suelo justo donde estuvo parado hace un segundo, levantando una nube de vapor. El miniguardián no le dio tiempo a recuperarse y continuó disparando, fallando unos centímetros mientras él se tambaleaba por el agua. 

Link corrió por detrás de uno de los pilares, el cual bloqueó la siguiente oleada de disparos del miniguardián, aunque el pilar tembló de forma preocupante, haciendo que cayera polvo y escombros ligeros sobre su cabeza. Podía oír las patas del autómata chapotear por el agua mientras se acercaba, y miró rápidamente a su alrededor en busca de otra arma que pudiera usar. Sus ojos se posaron sobre las grandes cajas de metal cercanas.

Había algo raro en como funcionaba Magensis. Link no era ningún científico, pero le parecía extraño que pudiera usar el módulo para levantar objetos tales como una grande caja metálica por el aire sin que sintiera su peso sobre sus brazos. No tenía ningún sentido. Pero claro, en ese momento no le importó mucho.

Movió la tableta con fuerza hacia un lado y la caja de metal se deslizó por el agua haciendo un horrible ruido de metal rozando contra la piedra. El miniguardián giró la vista hacia la caja pero no hizo nada por esquivarla, y esta chocó contra él con tanta fuerza que lo lanzó por los aires. Cayó al suelo rodando y terminó a unos tres metros de distancia. Link lo observó con cautela, manteniendo aún ese misterioso control sobre la caja metálica, y cuando el Guardián empezó a levantarse temblorosamente, levantó la caja en el aire y la hizo caer con tal fuerza que destrozó tanto la caja como al miniguardián que yacía debajo.

Respiró hondo y se tropezó para atrás para luego reclinarse contra el pilar de piedra. Al otro lado de la habitación tipo arena de combate, se abrió una puerta. El agua comenzó a drenarse del lugar, fluyendo hacia unas pequeñas rejillas que se habían abierto en los bordes del lugar. En las escaleras, Prunia escribía frenéticamente sobre el papel.

Cuando finalmente se acercó a ella, ella alzó la vista y sonrió de oreja a oreja. “¡Bien hecho, Linky! ¡Si que piensas rápido! Por un momento creí que tendríamos que conseguir un nuevo héroe…” Se tamborileó los labios pensativamente con su lápiz de carbón cosa que le dejó una mancha negra. “Me pregunto qué hubieras hecho de no ser por mi…”

Estoy aquí por culpa tuya, pensó él. Pero no se lo reprochó. “Eso fue todo, ¿no? No puede haber algo más después de... eso. ¿Cómo fue que lo llamaste?”

“¡Un miniguardián!” Se puso de pie de un salto y cruzó la sala apresuradamente hasta los restos del autómata. “Y uno libre del control de Ganon” Cuando Link le lanzó una mirada de no entender, ella le lanzó una mirada de enfado. “¿No lo entiendes? ¡No sabíamos si quedaba algún guardián libre del control de Ganon! De alguna forma, el santuario lo… protegió. Necesito estudiar esto.” Su voz adquirió un tono cantarín mientras se frotaba las manos. “Esto podría ser un gran avance…”.

Él decidió dejarla en lo suyo mientras investigaba el miniguardián y caminó hacia donde estaba su espada caída. Notó con cierta irritación que la punta se había mellado durante su fallido ataque. Aún podía usarla por un tiempo, pero temía que la melladura se extendiera por toda su espada. Sabiendo que no podía hacer nada por el momento, envainó su espada y escudo antes de, por curiosidad, caminar hacia uno de los brazos caídos del miniguardián.

Notó que los brazos tenían tres dedos delgados cada uno. Los dedos sostenían una extraña empuñadura y un disco el cual supuso debía ser el escudo del miniguardián. Ambos parecian estar hechos del mismo metal negro que conformaba el cuerpo del autómata, con el familiar diseño sheikha grabado en ellos.  Link se agachó, forzó la mano rota del miniguardián hasta abrirla y sacó la empuñadura. La giró entre sus manos, inspeccionando su superficie negra y lisa. Finalmente, encontró un pequeño interruptor en uno de los lados. Con cuidado, y asegurándose de apuntarlo lejos de su cuerpo, lo presionó.

La espada azul apareció con un destello de luz y un zumbido, brotando desde la empuñadura. Link se quedó sin aliento. Giró la espada con cuidado, notando con asombro como parecía no tener grosor. Era más delgada de lo que él creía posible y se preguntó qué tan bueno era su filo. Si esa espada  lo hubiera alcanzado, probablemente hubiera cortado cualquiera de sus extremidades como mantequilla. Era, probablemente, un milagro que su escudo haya sobrevivido un golpe de esto.

Colocó la espada contra el brazo roto del miniguardián y aplicó presión. Con una increíble facilidad, pudo hacer un corte limpio a través del brazo metálico. Link notó, algo sorprendido, que el extremo del corte estaba rojo, con metal y piedra derretida. ¿La hoja estaba caliente? No parecía irradiar calor, pero optó por no probarlo con su piel.

Desactivó la espada y la deslizó dentro de su cinturón, planeando seguir experimentando más tarde. Levantó el pequeño disco para probarlo de la misma forma. Parecía estar danado por la pelea, ya que no se activó. Lo dejó junto al brazo metálico y caminó hacia Prunia.

“¡Linky, mira!” Se levantó desde los escombros del miniguardián, sosteniendo una pequeña esfera amarilla y con una sonrisa de oreja a oreja. “¡El núcleo sobrevivió a tu ataque! Espero poder extraer información importante de esto. ¿Ya recogiste tus juguetes? Bien, espero que podamos volver al laboratorio así puedo examinar esto.”

Se dieron vuelta y caminaron hacia la nueva puerta, la cual llevaba a una habitación mucho, mucho más pequeña. Unas escaleras llevaban a una tarima elevada, donde un grande y brillante cubo azul yacía. Intrigado, Link se acercó y encontró, algo sorprendido, los restos desecados de un viejo sheikah sentado ahí. Era tan delgado que se le podía ver el esqueleto bajo la piel oscura y reseca, con los ojos, la nariz y la boca hundidos. Tenía un tatuaje blanco con el emblema sheika en el centro de su frente. El cadáver estaba sentado de piernas cruzadas, con las manos levantadas frente a su pecho, formando un triángulo con el pulgar y sus dedos. Llevaba una simple túnica sheika y un pantalón, y su largo pelo blanco había sido recogido en un nudo.

Prunia se paró al lado de Link, observando al sheikah. Para sorpresa de nadie, no hizo ningún comentario sarcástico sobre el miembro momificado de su tribu. El hombre parecía llevar muerto cientos de años, capaz miles, motivo por el cual fue toda una sorpresa cuando sus ojos se abrieron, revelando cuencas vacías, y su boca se abrió, mostrando una oscura cavidad sin dientes y una lengua reseca. 

Prunia dio unos pasos hacia atrás, tambaleándose y diciendo una serie de palabras que no sonaban para nada apropiadas viniendo de alguien con aspecto de niña. Link desenvainó su espada, atento a cualquier prueba o ataque. Pero nada de eso ocurrió. En su lugar, el sheikah en la brillante jaula comenzó a hablar con la misma y resonante voz que había oído al entrar al santuario.

“Al superar la prueba has demostrado ser un auténtico héroe…” El antiguo sheika se movió lentamente mientras abría las piernas y se  levantaba. Sus huesos sonaron y tronaron y Link estaba sorprendido de que pudiera moverse del todo. ¿Qué tipo de magia lo mantenía con vida? El sheikah se levantó al fin, encorvándose ligeramente. “Has dado los primeros pasos necesarios para derrotar al mal que azota esta tierra. Ahora, ve. Mejora tus habilidades. Salva lo que queda”

Link envainó su espada lentamente, mirando al sheikah. Para su sorpresa, el sheikah juntó las manos e hizo una reverencia. Él, con cierta duda, hizo lo mismo, haciendo más que una reverencia ante el anciano que aparentemente había esperado en ese santuario durante demasiado tiempo. Cuando el sheikah se irguió, la miró a Prunia, y sus labios agrietados formaron una sonrisa.

“Se fuerte, pequeña” Hizo una reverencia hacia Prunia, quien tenía una expresión de shock en el rostro. Finalmente, pareció volver en sí y juntó las manos, haciendo una reverencia con un aire ensayado. Cuando el sheikah volvió a erguirse, volvió a hablar, pero esta vez mirándola a Prunia. “Guía al héroe. No falles como tus antepasados.”

El sheikah fijó la mirada hacia adelante y luego, comenzó a desvanecer. Los dos quedaron boquiabiertos mientras el cuerpo del anciano se desintegraba en millones de partículas azules, las cuales flotaron hasta desaparecer por completo. El escudo azul que lo rodeaba también se desvaneció, dejando la tarima vacía. Link se volteó hacia Prunia, sin saber qué decir.

Sea lo que sea que pudo haber dicho quedó perdido en el aire cuando notó  que los pies de Prunia, al igual que los del anciano, se estaban desintegrando en partículas azules. Ella gritó su nombre y él vio que lo mismo ocurría com él. La sensación recorrió su cuerpo rápidamente, haciendo que sus piernas y torso desaparecieran. Abrió la boca con un grito ahogado, pero pronto la sensación llegó a su cabeza y todo se volvió blanco a su alrededor.

Momentos después, según sus cálculos, el mundo volvió a tomar forma. Lo blanco se desvaneció para dar lugar al claro cielo azul sobre su cabeza, lleno de nubes esponjosas.  Los árboles se mecían con la suave brisa, y los pájaros cantaban alegremente con el nuevo día. El clima se había vuelto considerablemente más cálido durante el tiempo que habían pasado dentro del santuario.

Jadeó y miró a su alrededor, notando que estaban nuevamente parados sobre la base del santuario sheikah. El brillo naranja del símbolo sheikah se volvió azul y la puerta permaneció cerrada. Bajó la vista y vio a Prunia al lado de él, tocándose el cuerpo para asegurarse de que estaba completa. Lo miró, atónita y por un momento, parecía incapaz de hablar. Pero no duró mucho.

“¡Clic clic! ¡Teletransportación instantánea! Había leído sobre eso antes, claro, pero vivirlo en carne propia…. Debo hacer todo lo que pueda para estudiarlo. Quizá si averiguo la forma de activarla en mi tableta…” Sacó su cuaderno otra vez de su mochila y garabateó varias notas, murmurando para sí misma mientras lo hacía. Cuando terminó, con un giro elegante de la muñeca, guardó el cuaderno y el lápiz, y alzó la vista hacia Link con una sonrisa. Sin embargo, él pudo ver que la experiencia que habían compartido aún la perseguía, al igual que a él. La sonrisa no alcanzaba a tocar sus ojos rojos.

“Deberíamos regresar al laboratorio. Necesito examinar tu tableta una vez más antes de dejarte ir, ¿okey?” Prunia bajo del santuario, ignorando a varios aldeanos que se habían reunido para ver cómo el santuario había cambiado. Link no estaba seguro si alguno de ellos los había visto llegar, pero esperaba que no fuera el caso. No quería responder ninguna de las preguntas que le hicieran.

Los aldeanos, por suerte, decidieron apartarse de ellos mientras pasaban, aunque pudo oír unos cuantos murmullos detrás de él. Alcanzó a ver brevemente a Meghyn, quien lo observaba sorprendida, pero ella también mantenía la distancia. Los dos caminaron en silencio por el sendero hasta los establos de la posada, donde recogieron a Valorio y la mula de Prunia.


Había pasado un buen tiempo hasta que uno de los dos volvió a hablar. Los dos estaban absortos en sus pensamientos luego del santuario y del paso lento y pesado de sus monturas solo parecía incentivar más pensamientos. Finalmente, Prunia rompió el hielo.

“Linky, me sorprendes” Ella lo miró desde su mula, a quien aparentemente llamó “Mula”,  y sonrió.

“¿Por qué?” dijo, sin saber qué fue lo que hizo ahora.

“Bueno, ayer no parabas de molestarme con tus preguntas, pero hoy no me has hecho ninguna

Link no pensaba que la había molestado con sus preguntas el día anterior, pero no dijo nada al respecto. En su lugar, pensó en lo que iba a decir, pero antes de que pudiera decir algo, ella siguió.

“¿Quiere….  saber algo sobre tu pasado? No te conocía muy bien, pero la princesa era…” Sonrió de una forma que la hacía ver más vieja que lo que su aspecto de niña de seis años sugería. “Éramos cercanas. Era como una hermana para mi. Y tu siempre estabas dos pasos detrás de ella”

Su rostro se sonrojó y bajó la mirada hacia la cabeza de Valorio, que se balanceaba perezosamente. Sintió la mirada de Prunia sobre él, pero no estaba seguro de querer mirarla a la cara.

“Por favor Linky… De seguro hay algo que quieres saber. ¿Quieres saber qué pensaba la princesa sobre ti? Puede que se le haya escapado algo una noche cuando dormías”

“Los aldeanos mencionaron que un héroe de esta aldea murió defendiéndola de los guardianes. ¿Ese fui..?

“¿Tu? ¡Sip!” Prunia brincó un poco sobre su montura. “Fuiste–eres– el gran héroe de la aldea Hatelia. No es una pregunta muy interesante, pero si. Viviste aquí”

Link finalmente la miró por un instante y luego dirigió su mirada hacia la aldea que se extendía bajo ellos. Por supuesto, no pudo reconocerla en absoluto. Nada le resultaba familiar.

“En realidad, creo que tu familia vivía aquí. No lo recordarías aun si tuvieras tus recuerdos, probablemente—tu padre fue un caballero en la guardia real después de todo.” Link volteó la vista hacia ella. “Así que pasaste la mayor parte de vida en el castillo o en la ciudadela. Pero creo que tenías algo de tierra por aquí.”

“Oí que mi cas—” Dudó por un instante y carraspeó. ”––la casa del antiguo héroe sigue en pie. ¿Es cierto?

Ella se encogió de hombro. “¿Te parezco a alguien que visita la aldea a menudo? Fue hace un par de años, pero…”

“¿Aún…. tengo algún familiar con vida?

Su expresión se volvió triste. “Hasta donde sé, toda tu familia estaba cerca del castillo cuando el Cataclismo atacó”

El alma se le cayó al suelo, pero no se sentía capaz de lamentarlo de verdad. Ni siquiera recordaba a sus propios padres ni a ningún otro familiar que pudiera haber tenido. ¿Cómo iba a lamentar la pérdida de unos desconocidos?

Por un tiempo, los dos permanecieron callados mientras subían la colina hacia el laboratorio de Prunia. Eventualmente fue ella quien rompió el hielo nuevamente, apuntando con el dedo a su tableta sheikah. 

“Si la pude reparar, ¿recuerdas? Si te fijas, ¡verás módulos nuevos! El verde es el módulo de la cámara—puedes tomar fotografías con él.” Link no tenía idea de qué era una fotografía, así que sacó la tableta de su cinturón y seleccionó el módulo. De inmediato, la pantalla se volvió transparente, cosa que le recordó al telescopio que tenía. Sin embargo, al presionar nuevamente el módulo verde, la pantalla parpadeó y le mostró una imagen fija de aquello a lo que la había apuntado—la aldea Hatelia desde arriba—capturado perfectamente cada detalles. La imagen permaneció unos segundos antes de desaparecer, siendo reemplazada otra vez por la pantalla transparente.

“Puedes ver las fotos que tomaste presionando el símbolo de al lado. Es la galería de fotos. Hay…” Prunia dudó por un momento, con un ligero temblor en la voz. Tras tragar saliva y esbozar una sonrisa, continuó. “Hay un montón de fotos viejas ahí. Parece que no las habíamos borrado antes…”

Link hizo como le dijo y abrió la galería. Inmediatamente vio la foto que acababa de tomar, pero más allá de eso, se… vio a sí mismo. Vestido con una túnica azul, su peinado era más o menos igual al que tenía ahora, capaz un poco más corto. Estaba sentado frente a una fogata, atendiendo una olla de cocina con un palo largo. Pudo ver varios pedazos de carne cocinándose en la olla. Se veía… contento. Esbozaba una pequeña sonrisa en la foto. Comenzó a pasar por las demás fotografías.


Había miles de ellas. Algunas eran fotografías de hermosos atardeceres o un paisaje interesante. Había fotos de antiguos santuarios sheikah, de guardianes con aspecto no amenazante. Había fotos de animales, insectos e incluso rocas y árboles. Había fotos de seres muy diferentes a todo lo que él recordara haber visto jamás—un alto hombre pájaro con un pico y pluma, una pequeña mujer de ojos cálidos con aletas de pescado, un enorme ser de piel marrón con una sonrisa igualmente enorme, una alta mujer de pelo rojo escarlata y un semblante imponente y peligroso. Y había fotos de él. Montado sobre un caballo marrón, limpiando una hermosa espada con empuñadura púrpura o simplemente sentado o de pie. Todas fueron tomadas sin que él supiera, aparentemente, puesto que en su mayoría estaba de espaldas.

Finalmente se detuvo ante la foto de una hermosa mujer, que llevaba un vestido blanco. Estaba parada ante una gran piscina de agua, con paredes de piedra rodeándola. Su cabello dorado se abría alrededor de su rostro redondo, cayendo más allá de sus hombros hasta la espalda. Sus ojos verdes brillaban con una expresión que parecía triste, a pesar de que en la fotografía sonreía.

El corazón de Link se encogió y rápidamente cerró la galería. Se le había formado un nudo en la garganta que no desaparecía. No sabía por qué la tristeza que sentía de repente lo invadió con tanta fuerza en ese momento, pero se encontró incapaz de hablar. No podía sacarse de la cabeza la imagen de los ojos tristes de la mujer.

 Zelda

Sabía su nombre. Creyó que lo hubiera sabido, incluso si el rey Rhoam, Impa o Prunia no lo hubieran mencionado varias veces en su presencia. No tenía recuerdos de ella, nada que pudiera explicar cómo sabía… Pero la añoraba. Supo en ese momento por qué nada parecía correcto desde que despertó. Por qué se sentía solo cuando acampaba. Le hacía falta algo. Puede que no tuviera ningún recuerdo de su tiempo con ella, su corazón recordaba.

Prunia lo miró por varios segundos, pero no dijo nada. Capaz pudo ver en su rostro que no quería seguir hablando o capaz simplemente supuso lo que las fotos le harían a su mente. Sea como sea, ella le dio el silencio que él desesperadamente necesitaba en ese momento.

Link sujetó las riendas de Valorio con fuerza, tanta que los nudillos se volvieron blancos. Intentó recordar. Lo intentó. Quería recordar algo—lo que sea—pero su mente solo le mostraba un agujero negro donde deberian estar sus recuerdos. ¿No debería poder recordar algo? Apretó los dientes de la ira, tanto como para lastimarse la mandíbula. ¿Si viajó tanto junto a ella—si ella significaba tanto para él—entonces por qué no podía recordar ni una cosa sobre ella? Conocía su voz porque ella le habló cuando despertó, conocía su rostro por las fotos, pero ¿qué sabía sobre ella? ¿Qué hay de sus viajes? ¿Por qué le dolió el corazón cuando la vio, y no vio nada—¡pero nada!—cuando intentó recordar aunque sea una cosa sobre ella?

El resto del camino lo transcurrieron en silencio. Prunia no hizo ningún intento de entablar conversación, y él prefirió mantener sus pensamientos para sí mismo. Al llegar al laboratorio, ella le volvió a quitar la tableta y se retiró al interior, mientras Link permanecía afuera, contemplando la tierra desconocida que se extendía ante él y que alguna vez fue su hogar.

Notes:

Translator's Notes/Notas del Traductor

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Guardian Scout Miniguardián