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Summary:

Entre acordes y letras que parecen guardar más de lo que dicen, Uchiha Itachi busca en la música un refugio frente a emociones que se niegan a irse y un pasado con Sasuke que lo sigue en silencio.

Con una relación fraternal intensa y contradictoria, llena de promesas rotas y recuerdos inminentes, Itachi y Sasuke se enfrentan a las consecuencias de un amor complejo, la fragilidad de su vínculos y la dificultad de dejarse ir.

Chapter 1: Storge

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La música siempre había sido su vida.

O bueno, lo era desde que tenía la capacidad de tomar sus propias decisiones.

Eso era lo que pensaba Itachi mientras, estando encima de un escenario, tocaba con fuerza las cuerdas de la guitarra eléctrica.

Jamás habría imaginado que su vida tomaría este rumbo; en realidad no podía saber qué camino pudo haber sido el mejor o el más feliz para él. Tan solo estaba ahí, rodeado de sus compañeros de banda, tocando, presentándose a una pequeña masa que movía la cabeza de forma casi unánime.

Entre esa multitud, Itachi trataba de encontrar a alguien, pero las esperanzas habían decaído desde el momento uno. Tal vez desde mucho tiempo atrás.

Se supone que estaba siguiendo su pasión, que estaba haciendo algo que le gustaba. El escenario musical debería de ser el lugar perfecto para sacar todo lo que se quedaba dentro.

 

Pero él sabía que nunca fue así.

 

Desde que tenía trece, él y su primo Obito comenzaron a tocar instrumentos. La mayoría de sus tardes después de las clases se basaban en tocar y tratar de cantar hasta el hastío por no poder hacer covers supuestamente fáciles.

Ahora, doce años después, definitivamente las tardes no eran las mismas. Del trabajo a la música, de la música a la melancolía y la culpa. De la culpa al trabajo, y así sucesivamente.

Un ciclo del que no podía escapar desde…

And I can tell you why… People go insane— la potente y versátil voz de Obito, al costado de Itachi, lo regresó con fuerza a la escena antes de perderse en su círculo destructivo.

Era un lugar aceptable: las personas estaban de pie, estaban al aire libre, la noche favorecía la iluminación de sus rostros por las luces de colores del escenario. No era muy grande el sitio, y tampoco había mucha gente, pero eran pequeños pasos los que encaminaban a la banda a darse a conocer más.

Konan mantenía su postura seria mientras sus dedos golpeaban las cuerdas de su bajo eléctrico. Cinco cuerdas, siempre limpio y con una resonancia preciosa.

Al otro lado de Obito estaba Deidara empeñado en mostrar la lengua con ferocidad aunque la canción desentonara un poco con su actitud. Llevaba años con el mismo peinado, pero a Itachi le parecía que era parte de su identidad y que por ello nunca se animó a cambiar su estilo.

Y en la batería, con esmero por hacer redobles en el bombo y energizar la canción con golpes en los platillos, Kisame parecía estar disfrutando liberar la tensión de sus músculos pese a que ya se notaba un poco cansado.

Itachi hizo un coro junto a Obito en la canción. Su voz, significativamente más tenor que la de su primo, alcanzó las notas altas que a veces le costaban a Obito.

La gente al frente aplaudió y chifló con ganas cuando la canción terminó. En realidad su setlist no duraba más de cuarenta minutos, por lo que ya estaban en el límite de tiempo antes de dejarle el escenario a otra banda; y durante todo ese rato, Itachi no había podido distinguir a Sasuke entre la multitud.

Para el final de su setlist, la otra banda les estrechó la mano y comenzaron a conectarse y probar el sonido.

—Ah, disculpa, es que se me rompió la baqueta y no traje otro par— dijo Kisame cuando un miembro de la otra banda le pidió prestadas sus baquetas.

Bueno, ya se las arreglarían.

—¡Ah pero qué calor!— Deidara se abanicaba el rostro enrojecido cuando bajaban del escenario por las escaleras contiguas.

—Estabas sudando tanto que me salpicaste el sudor, puerco— se quejó Konan.

Kisame se les unió diciendo algo parecido a que había dejado sus nalgas marcadas del sudor en el banco.

Obito notó el semblante decaído de Itachi, y mientras que los otros tres chicos se soltaban leperadas, rodeó los hombros de su primo con su brazo.

—¿Cómo lo llevas?— susurró, apresurando el paso un poco más para que no los escucharan el resto de la banda.

Pisando el pasto del lugar, se perdieron rumbo al estacionamiento para guardar sus instrumentos en sus respectivos coches.

—Lo mejor que puedo. Sé que es lo único que yo puedo hacer por él.

—¿Mantenerte alejado? ¿Pretender que no existe el uno para el otro?— preguntó Obito, tratando de tener un tono irónico.

—Sí. Alejado, para siempre— reiteró Itachi con molestia. Como si se castigara.

—Bueno, no te pongas así. Yo sólo creí que sería mejor que se vieran antes de que se case.

Itachi se tocó el entrecejo con la mano izquierda. A pesar de ser joven, aparentaba una edad mucho mayor que el resto de sus compañeros. Aunque ello no le quitaba el innegable atractivo que portaba hasta en apariencias casuales.

—Ya no me lo recuerdes. Es difícil apoyarlo después de todo lo que ha pasado, ¿sabes?

Obito no dijo nada por un rato. No hasta que había guardado su micrófono y guitarra en sus estuches junto a la guitarra de Itachi en la cajuela del carro. Konan y Deidara seguían tonteando con Kisame a unos metros de ambos Uchiha, pero aún así ninguno de los dos quiso agregar algo por temor a ser escuchados.

—Por lo menos estoy tranquilo con que va a estar con alguien que lo quiere— dijo Obito, de regreso a la explanada del evento donde habían tocado. 

Poco a poco la música se iba amplificado.

«Yo también lo quiero» Pensó Itachi, reprimiendo el huracán de emociones dentro de él.

—Naruto es una buena persona. Nunca lo abandonará— insistió Obito.

«Es más, hasta lo amo»

—Lo sé. Les prometí que iría a su boda, y lo voy a cumplir.

—Qué ganas— dijo Obito rodando los ojos.

La banda se quedó mirando la presentación de la otra agrupación. Aunque no tocaban cosas parecidas, la multitud que los miraba parecía disfrutar el rato.

Al final de la velada, todas las bandas que habían participado se acercaron con el ingeniero de audio y con quien había organizado el evento. 

—¡Ah, aquí están!— les saludó Jiraiya, sonriendo— Pero qué buen espectáculo.

Obito sonrió con ganas al igual que Deidara y Kisame. Konan e Itachi permanecieron un poco serios, pero aún receptivos.

—Gracias a usted por dejarnos presentarnos— dijo Konan.

—¡Pero si siempre es un gustazo tenerlos por aquí! ¡Akatsuki! ¡Gran nombre, eh!

—Ja.

Jiraiya era un señor bastante bien posicionado en la difusión de eventos en centros culturales y recreativos. Varias veces su nombre había estado presente en eventos más o menos grandes, pero eso bastaba para Akatsuki, que llevaba años intentando darse a conocer.

—¿Y bien?, ¿ya pensaron en lo de grabar su primer disco?

Akatsuki se miró entre sí. No se les veía nerviosos, pero sí todavía algo indecisos.

—Justamente eso estuvimos viendo en la semana…— dijo Obito, rascándose la nuca— La cosa es…

—Que no nos alcanza— terminó Deidara sin tapujos.

—¡Pero! Sí todavía el productor está dispuesto a esperarnos un mes, estaremos ahí.

—Ah, bueno…— Jiraiya pensó un rato— En ese caso le diré que mejor agende una cita con ustedes en los próximos días, para que les agarre confianza y no los descarte. Es medio especial en ese asunto.

—Está bien, Jiraiya. Gracias por todo— dijo Itachi, apacible.

—¡Sí, bueno! Si ya no hay más por decir, tendremos otro evento a finales del mes— Jiraiya tomó su celular y lo abrió para mostrarles una imagen de cartelera.

—¿Eso es…?

—¿El estadio Konoha?

—¡Sí!— gritó Deidara a sus compañeros, que miraban incrédulos la escena del estadio por llenar.

—Quisiera que ustedes fueran. Ya saben, es un evento principal pero también vamos a incluir a algunas bandas emergentes. Siento que es una buena oportunidad para ustedes. Van a ir muchos.

—¿Quiénes van a ser headliners?— preguntó Konan, tratando de diferenciar los diferentes nombres de las bandas.

—Rampant— dijo Jiraiya—. Hay dos bandas teloneras confirmadas, pero la tercera todavía no está segura de poder asistir porque están de gira local y los eventos se les juntan por las horas, entonces por eso quiero decirles que ustedes serían una buena opción para estar dentro.

Obito le regresó la mirada a Itachi, cuyos ojos estaban igual de luminosos que los del resto de Akatsuki.

—Estamos dentro— confirmó Deidara, emocionado.

—Sí.

—Bueno, dejen los agrego provisionalmente. Al final de la semana les confirmo el programa y si la otra banda nos canceló. Pero por el momento, es muy seguro que digan que no— Jiraiya soltó una risita cómplice y pícara.

Akatsuki soltó risas cómodas.

 

Más tarde, viajando por la autopista, Itachi miraba las luces a los costados mientras el viento le despeinaba un poco la coleta. Obito manejaba atento al camino, pero eso no le quitaba el hecho de que tuviera un ánimo genial después de la presentación.

—Como que te estás obsesionando con esa banda, eh— le dijo Itachi, escuchando por cuarta vez consecutiva una canción del mismo artista.

—¿Tú crees que Kisame pueda tocar así de rápido? Es que se escucha genial y tenía una idea para otra canción, o para mejorar las que tenemos.

—Ja, si a Kisame le quedara bien el banco de la batería, créeme que sería capaz de tocar como nadie.

—El pendejo está muy grandote.

Los primos soltaron sonrisas cómplices.

—Tendremos que presentarnos con nuestras propias canciones— dijo Itachi, con la voz un tanto preocupada.

—¿Cuál es el problema? Son buenas.

—No son tan buenas.

Obito chasqueó la lengua con desdén, apretando ligeramente el volante.

Sí, bueno. Tal vez no eran la revolución musical que pretendían crear desde los catorce años, pero por lo menos tenían un estilo sólido que mostrar a las personas.

Itachi por otro lado, tenía demasiados recuerdos agrios de sus propias canciones. No podía dejar de lado los años anteriores donde todos los sueños por los que había luchado junto a su banda se esfumaron cuando la dura realidad los golpeó.

—Estaremos bien. A la gente le gusta lo que tocamos. Por eso Jiraiya nos invitó, no porque nos tenga lástima.

No somos suficientes.

«Nunca he sido suficiente»

Itachi sacó su celular y se puso a mirar las redes sociales. Algo para distraerse mientras se le pasaba el malestar inminente. Entre tantas imágenes de gente que no conocía y que creía conocer, sólo había una persona que reconocería incluso cegado por un reflector.

Sasuke. 

Él no solía sacarse fotos por voluntad propia, pero la mayoría de personas que convivían con él, decidían fotografiarlo haciendo nada en especial.

De todas formas, se veía justo como lo que era: una persona enigmática y encriptada.

Itachi recordaba que Sasuke había sido un poco diferente por una etapa de su vida. La mayoría de imágenes de esa época se mantenían intactas en su perfil social, saliendo con una sonrisa sincera que lo dejaba casi irreconocible.

El hecho de que Sasuke se fuera a casar con Naruto no había marcado una sorpresa tan extraña para la familia Uchiha, en especial porque la amistad de ambos se había cultivado casi como un lazo fraternal entre hermanos. Pero Itachi suponía que había más profundidad en la relación de Naruto y Sasuke que simples amigos íntimos y confianzudos.

De hecho, la más grande sorpresa había sido que, un año antes, Sasuke había terminado con su novia. Esa misma chica que parecía hacer que Sasuke fuera irreconocible de la buena forma.

Naruto también sacaba partes de Sasuke que le recordaban a esa época tormentosa, pero resultaba más fácil ver a Sasuke con el rubio que sentir permanentemente el remolino negativo que traía en él la relación de Sasuke con su antigua novia.

Pero lo único en lo que Itachi debía pensar, era en que su hermano estaba bien, estaba mejor que antes. Había encontrado un camino por seguir, y no se veía dudoso como cuando…

...Estaba contigo— cantó Obito por lo bajo, siguiendo la canción que se reproducía.

Itachi suspiró sintiendo la opresión en el pecho.

«Amor fraternal» No. No era exactamente eso. O tal vez sí, pero sobrepasaba la rigidez con la que las personas solían catalogar cada expresión del amor.

«Un capricho» Se tuvo que recordar. Era siempre más fácil echarse la culpa y vivir con ello toda la vida a pensar que sus emociones realmente eran producto de una combinación única de circunstancias.

—Hola, linda— contestó Obito al teléfono conectado al carro. En la contestación, sonó la voz de una mujer que Itachi conocía bien—. Sí, ya voy. Tenemos buenas noticias.

—¿En serio? ¡Qué emoción! Aquí están Kushina y Minato, nos quisieron visitar para saber cómo les va. Así que llega pronto.

—¿Está bien que lleve a Itachi?

—¡Claro que sí!, hace un rato que no lo veo bien— dijo Rin con gusto.

—Ahm…— Obito miró por el rabillo del ojo a Itachi, que parecía mucho más serio de lo normal. Casi como un perro que teme ser golpeado— ¿Está ahí también Naruto?

—Eh, no. Sólo son Minato y Kushina. Naruto salió con sus amigos y con Sasuke. Al parecer iban a tocar en el centro de la ciudad.

—Ah, okey. Está bien, llegamos en unos veinte minutos— dijo Obito, sonriendo bobalicón—. Te amo.

—Yo igual te amo— dijo Rin dulcemente antes de colgar.

Itachi casi se lanza por la ventana. Ni siquiera la interacción de su primo con su esposa era tan cursi. Pero todo le carcomía por dentro. Ver amor por todas partes, sabiendo que el suyo estaba encerrado en una jaula cuya llave decidió perder para no volver a liberarlo.

La culpa. La culpa. La culpa. El único amor que parecía destruirlo desde la médula.

Culpa. Culpable.

«Amor fraternal, expectativas» ¿Por qué era tan difícil seguir eso? ¿Por qué tuvo que haber tergiversado todo? ¿Por qué decepcionaba constantemente a las personas?

 

Breathe until your lungs fail.

You can sing ‘til you get deaf.

Everyday you don’t call «him».

I can feel it.

 

«Me estoy yendo abajo»

 

Notes:

¿Qué les pareció el prólogo?

¿Reconocieron las canciones?
Si no, las dejo aquí:

"Shadow on the Sun" – Audioslave
"Man Or Animal" – Audioslave (sólo se hizo referencia, no se mencionó explícitamente).
"Youngest Daughter" – Superheaven

Pd: Rampant es una banda japonesa que sí existe. En los próximos capítulos se mostrará más de ella.

Cuando haya referencias a canciones, dejaré los nombres y sus artistas en las notas.

Chapter 2: Sombras de primavera

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Las imágenes del evento habían salido bien. Bastante bien. Podrían publicarlas en la red para difundir mejor su banda y aumentar poco a poco sus seguidores.

Itachi puso el antebrazo sobre sus ojos. Allí, recostado sobre su cama, con el pelo húmedo y suelto, en la llana oscuridad de la tarde-noche, sintió el cansancio de una jornada laboral.

Balancear su vida entre la música y el estudio, entre el deber y la pasión, siempre supuso un problema para Itachi. No podía atender uno sin descuidar completamente el otro; no encontraba satisfacción en hacer algo que no le interesaba, pero que debía cumplir a final de cuentas.

Cuando decidió tocar instrumentos a los trece años, sus padres no mostraron disgusto ni regulaciones. Lo dotaron de una guitarra eléctrica, de un amplificador y de un pedal de efectos sencillos para que aprendiera. Fue incluso a algunas clases de guitarra.

Ahora el conocimiento que había adquirido de las múltiples experiencias con la música lo habían formado en lo que era: un joven con ilusiones rotas, pero que seguía anhelando lo que alguna vez deseó con tanto fervor.

Aunque se había quedado dormitando en aquella posición de descanso, Itachi veía sólo la imagen de Sasuke. Feliz, sonriendo, en una fotografía tomada por alguien más.

Él también tenía fotos de Sasuke. Las guardó en lo más profundo de su celular, antes de que cualquier cosa pudiera perderse en una neblina somnolienta de ilusión.

Allí, en esa carpeta, estaba grabada con luz la lechosa piel de Sasuke. Sin camisa, durmiendo, comiendo, descansando. Viendo a alguien detrás de la cámara. Con un sonrojo. Gritando en medio de luces contrastantes.

 

Sasuke tendido en la cama, con rastros de desnudez que se exhibían al lente de la cámara.

 

Y luego Itachi se vio a sí mismo. Con los ojos hipnotizados, con el cabello hecho marañas, mojado por el sudor. Sonrojo por los pómulos, labios enrojecidos e hinchados. Tocando la guitarra con aspecto serio y concentrado, y luego otra igual, aunque haciendo el payaso.

Las lágrimas empaparon rápido los ojos de Itachi. Acostado boca arriba, el camino húmedo que perdía su calidez le recorría las comisuras de los ojos y por detrás de las orejas y la nuca. El pecho le dolió lo suficiente cuando había un vídeo en especial.

 

La imagen central era un escenario pequeño, iluminado apenas por luces de colores rojo y azul. Se podía ver a Obito, Itachi, Konan y Deidara. Más al fondo quizás estaba Kisame. Estaban interpretando una canción.

Itachi la reconoció al instante. En la actualidad siempre evitaba tocarla o escucharla incluso por error, ya que incluso dejaba de respirar a medida que un anhelo roto se apoderaba de él.

 

Pero en el vídeo parecía ser todo lo contrario: aunque Obito cantaba, la presencia de Itachi llamaba fácilmente la atención de las personas que los veían tocar. 

Encantadora letra, emotiva atmósfera. Todo se plasmaba en el vídeo tal y como lo recordaba en ese entonces. Antes de que Itachi decidiera construir un cascarón para ocultar lo que alguna vez había sido.

Al final, la cámara volteaba hacia la persona que estuvo grabando, y en ella, la imagen de un precioso chico de no más de 17 años, sonrió con ternura y ojos embelesados. Aunque no se escuchó nada de lo que dijo, Itachi siempre había podido leer los labios de Sasuke en aquella grabación, repitiendo la letra de la canción:

 

«¿Qué ves?»

 

Dios. 

 

Si las lágrimas pudieran matar, Itachi ya estuviera muerto desde hace mucho. Tal vez, desde la vez en que esa canción se había convertido en su más grande libertad y posteriormente castigo.

De inmediato apagó el teléfono, y lo apartó lo más posible de sí mismo para no indagar más en las imágenes que traía en su galería. Había sido suficiente con aquellos recuerdos de una etapa feliz. Posiblemente, la que más atesoraba de su vida.

Porque lo hizo sentirse vivo, encendido, liberado. Porque cada cosa que sabía de sí mismo, estaban depositadas en las manos y la piel de aquella persona que se había convertido en su más dulce y justo verdugo.

 

No podía creerlo. Que todo hubiera terminado así. En dos meses Sasuke se casaba. El tiempo dorado se había esfumado hace tres años, y con ello, el corazón entero de Uchiha Itachi.

 

 

Por la tarde siguiente, Akatsuki realizó una llamada con el productor que les había ofrecido grabar su disco. Aunque llevaban tiempo dando largas a la posibilidad de juntar sus canciones y realizar por lo menos un EP, realmente querían hacer todo lo posible para lograr una parte de sus metas como banda. 

Así que, dejando una fecha tentativa de reunión, los muchachos se prepararon un poco, sacando y desempolvando sus propias canciones que habían llegado a ser medio olvidadas.

Obito en la voz, siempre potente y carismático. Su guitarra lo acompañaba, pero no hacía mucho más allá de seguir el ritmo y de hacer que la cohesión de la música se mantuviera en todo momento.

Konan siempre cargaba su bajo a dónde fuera. Solía ser una chica ocupada en dar clases de música en una escuela privada, por lo que su satisfacción en tocar nunca parecía gastarse.

Deidara y Kisame eran muy pasionales en sus instrumentos. Aunque Kisame se ocupaba de la batería, cada golpe delataba la fuerza que sus músculos y energía guardaban. Era un tipo muy grande y cualquier banco de batería le quedaba pequeño, pero se empeñaba mucho en tener presencia.

Deidara era el más joven de todos. Apenas estaba terminando la universidad, y pese a la extraña familia que tenía y que eran un poco restrictivos con él al inicio que la banda se formó, era la persona que más ideas creativas tenía al momento de escribir canciones y de presentarse.

No todos eran buenos letristas. En realidad, la mayoría de las canciones habían sido hechas por Obito, luego por Deidara y al final Itachi. La melodía siempre tenía ideas buenas con Kisame y Konan, por lo que cada una que hacían sonaba parecida, pero no exactamente igual.

—Ah, todas suenan parecidas— se quejó Obito, después de tocar las primeras canciones que habían creado.

—Pero no lo son— replicó Deidara, medio enfurruñado porque quería seguir con el ensayo.

—Es nuestro estilo— dijo Konan, sonriendo tranquila. Atrás, Kisame ajustaba sus toms—. Los productores de ahora buscan que las bandas tengan identidad; además, nos conviene tenerla antes de que nos empiecen a querer imponer una estética.

—¿Y qué haríamos si empezamos a tener esos problemas?— preguntó Deidara.

—Ash, primero tenemos que preocuparnos por enseñarle algo bueno al productor y que quiera grabar nuestro disco— tuvo que recordarles Kisame.

—Sino, ya habrán otras opciones a futuro— dijo Itachi, hablando por primera vez en el ensayo.

El resto de Akatsuki lo miró un poco serios y extrañados.

—Nos estamos quedando sin opciones.

La mayoría ya estaba en la mitad de sus veintes. Llevaban años trabajando en su proyecto musical, pero nada había amalgamado lo suficiente como para ver que la música iba a llevarlos a un lugar seguro.

No es que el tiempo se les fuera a acabar. Es que no sabían qué iban a hacer en caso de que pudieran dedicarse completamente a la música.

 

¿Hasta qué punto podían vivir acompañados del sonido sin hartarse de él?

 

—Siempre supimos que era medio imposible— dijo Itachi, desganado.

 

En realidad Akatsuki era una bomba a punto de explotar. Tal vez llevaban mucho tiempo guardando discrepancias que poco a poco se fueron acumulando y que, cuando menos lo esperaran, todo saldría a la luz sin miramientos o consideraciones.

En realidad sí, el tiempo, aunque de otra forma, jugaba en su propia contra.

—¡Miren! Es Jiraiya— dijo Obito, levantando el teléfono, tratando de apaciguar rápido el ambiente.

Contestando, la mirada del Uchiha mayor se iluminó con emoción. Era obvio que habían quedado dentro del show.

—Ya está. Quedamos dentro de la cartelera oficial. Seremos intermedios, durante el interludio que Rampant va a tomar para descansar un rato— les comunicó una vez había colgado el teléfono.

—¿Cuánto tiempo nos dieron?

—No pueden ser más de veinte minutos. Más que nada para que la gente no se disperse.

El ánimo de los chicos mejoró un poco. Tenían veinte días para prepararse. Una pulida a sus canciones, tres ensayos por semana. Sí, se veía que tenían una oportunidad de oro.

 

Para el final de la semana, Akatsuki ya había desempolvado todas sus canciones. Desde las más antiguas hasta las más recientes. A algunas les agregaron o cambiaron cosas para que se mantuvieran listas y en su forma definitiva para presentarse.

—Jiraiya dice que me enviará el flyer oficial el sábado. Ya hubo por toda la ciudad los anuncios de Rampant, pero hasta apenas se van a revelar los teloneros.

—¿Y qué tal el productor?— preguntó Deidara, reponiendo una cuerda a su guitarra.

—Nos ve mañana— contestó Obito—. ¿Sí les había dicho, no?

Konan, Deidara y Kisame se miraron con tensión. Molestos más bien.

—¿Apenas te dijo hoy?

—No. Desde el día después que nos marcó.

—¿Y por qué carajos no nos dijiste nada, Obito?— Konan refunfuñó.

—Hermano, tenemos un grupo de mensajes, ¿por qué nunca nos avisas de nada?

—¿Tú sabías?— preguntó Deidara viendo a Itachi.

—No— contestó distraído. No siquiera miró a sus compañeros, se quedó pasando los dedos por las cuerdas.

Las expresiones molestas del resto del grupo no se hicieron esperar. No era la primera vez que tenían esa clase de problemas.

—Obito, ya sabes que todos tenemos cosas que hacer y que los domingos no los tenemos libres. Por eso ensayamos en las tardes y el sábado temprano— reprochó Konan, tocándose la sien.

—Bueno, pero un espaciecito si se podrán hacer…

—Yo no tengo problemas— dijo Kisame.

—Yo tampoco— secundó Itachi.

—Pues yo sí. Tengo que dar clases y además tengo un coloquio. Por eso no puedo ensayar el martes. Mañana por la tarde sale mi autobús— dijo Konan.

—Yo tengo que avanzar en la tesis— dijo Deidara, dejando un poco de lado el ajuste de su cuerda—. Ya lo he aplazado bastante y el lunes me van a asesorar.

—Bueno, bueno. No creo que afecte mucho que no vayas con nosotros. Tenemos vídeos grabados, puede ver nuestro trabajo con ellos— dijo Obito—. Sino en todo caso le puedo decir que nos veamos en otra fecha.

—Obito, es un compromiso— trató de recordarle Kisame—. Además sería de un día para el otro, no es buena impresión que digamos.

Tic tac.

—Todos tenemos que estar. Todos somos la banda.

—Sí, lo sé. Pero, ni modo que Konan no vaya a su coloquio, es su trabajo.

—¿A qué hora te dijo?

—A las seis. Va a ser en una fondita por la avenida de Kumo.

«Qué mal» pensó Itachi. Tocando sin volumen en el amplificador.

Konan ya se veía presionada.

—Que sea la última vez, Obito— sentenció ella, sacando su teléfono y tecleando letras en él.

—Perdón, no volverá a pasar.

Akatsuki estaba contra el tiempo. En las sombras del lugar al que alguna vez el sol iluminó con esperanza.

 

Estando recostado en su recámara, Itachi miró la notificación que había llegado a su teléfono. Era del grupo familiar de los Uchiha; últimamente, las noticias abundaban con mucha frecuencia porque Sasuke iba a casarse, lo cual a él no le sentaba nada bien.

En el nuevo par de mensajes, se habían compartido las fotografías del lugar donde iba a ser la recepción. No lejos de donde vivían. Al aire libre, en un terreno que su tío Madara les quería compartir a Sasuke y Naruto.

<Ya tenemos lugar para la fiesta>

Decía el pie de la fotografía panorámica. Un bonito lago de fondo, con sauces llorones rodeando y mucha vegetación alrededor. El sol se ponía en el horizonte.

En la segunda imagen, era la ampliación del mismo sitio, aunque más centrado en la parte donde se planeaba poner las sillas y las mesas.

Aunque fuera sólo una esquina, Itachi reconoció los ojos de Sasuke, que se habían enfocado por accidente en la cámara. 

Su rostro salía cortado, pero la misma expresión que tenía fotografiada en su propia galería, permanecía intacta en el retrato hecho por alguien más.

Un nuevo mensaje llegó. Esta vez de Sasuke, quien raramente hablaba en el grupo.

<17 de diciembre. Los esperamos a las 16:45 p.m.>

 

17 de diciembre.

 

Estaban a poco más de un mes. 

Itachi no supo exactamente qué hacer después de haber leído el mensaje. Dejó que el teléfono se le apagara, y se dedicó tras un buen rato de mirar el vacío a leer las letras corregidas de las canciones. Debía aprenderse dónde estaban los coros.

Todas las cosas de su vida eran un desastre.

No tenía grandes amigos, no salía más que a ensayar y trabajar, llevaba un tiempo sin estar con su familia por más de una tarde ocasional y aún no tramitaba su título universitario.

Cada día, cuando despertaba, se quedaba esperando a que la alarma sonara. Y una y otra vez era lo mismo: miraba la fecha del calendario, esperando que el reloj avanzara al revés y que los días nuevos fueran los anteriores.

El tiempo jamás volvería. Todo lo que había vivido se quedó estancado en un sitio liminal que ya no era realidad, pero que formaba parte de su historia.

¿En qué momento había dejado de ver el mañana como algo con las manos abiertas?

Desde que Sasuke se había ido, aquellas manos extendidas rebosaban de tiempo y de soledad, y todo lo demás se resbalaba como el mercurio líquido en la piel.

Todo era venenoso. Incluso él mismo se había convertido en una clase de veneno que actuaba, pero que poco a poco corroe todo lo que toca.

 

Tal vez era esa la razón por la que Sasuke se fue.

 

Ahora mismo, viendo sus propias manos, sus muñecas, se encontró reconociendo su cuerpo tras años de haberse perdido de sí. ¿Siquiera seguía siendo él?

El teléfono fijo sonó al lado de su escritorio. Sin premura ni pereza, Itachi descolgó el teléfono y se lo acercó a la oreja, encontrando a través de él la voz de su madre.

 

Itachi, hijo. ¿Cómo estás?

—Hola madre. Estoy bien… repasando unas cosas.

¿Urgentes?

—Eh… no, nada urgente. ¿Qué pasó? ¿Cómo están?

Bien hijo, gracias…

 

Entre minutos, las palabras de Mikoto parecían ajenas. Como si se tratara de un extraño que te cuenta su vida con naturalidad. Por mucho tiempo, Itachi jamás había sentido algo así, pero en cada visita a casa, se encontraba más y más perdido de todo lo que alguna vez fue suyo y parte de sí.

 

Y que sin embargo, seguía siéndolo.

 

Mira, es que con lo de la boda de tu hermano estaba pensando con tu papá si acompañamos a Sasuke a ver lo de su traje.

 

«No»

 

«No me hagas esto»

 

Así aprovechamos para ver también tu traje y el de nosotros. Una salida juntos antes de que se vaya.

—¿Cómo?

 

«¿Te vas, pajarito?»

 

¿No te ha dicho nada? Se va a ir con Naruto cuando se casen. Le salió un buen trabajo en el este y no lo va a desaprovechar.

 

«¿Cerré tanto tus alas que ahora con el mínimo indicio de viento querrás aprender a volar?»

 

—No… no sabía que se iban a ir.

Pues es lo mejor. Ya sabes cuánto le gustó su carrera y ahora que le ofrecieron un lugar fijo no se lo va a perder.

—¿Y Naruto?

Ah, dijo que estaba bien. Como trabaja en casa, no tiene mucho problema con moverse de residencia. Ya ves cómo lo quiere.

 

«Te amo»

Dispersos como pétalos de flores.

 

¿Entonces sí vamos? Sería el próximo sábado, temprano.

 

En un pueblo donde florecen los cerezos

y los recuerdos permanecen.

 

—... Sí, está bien.

 

Resignado, durante esa noche de mal sueño, Itachi sólo pudo recordar en bucle una y otra vez la melodía de una canción que habían escrito con no más de un año de antigüedad.

 

Uno a uno caen.

Perseguí la sombra de los pétalos.

Ha llegado otra vez la primavera y estoy caminando.

Caminando por las mismas calles al mismo ritmo.

 

Cuando el sol le pegó directo en la cara, Itachi no pudo más que fantasear con que Sasuke estaba de pie frente a él, sonriendo y acariciando con dulzura su rostro.

Una vida alejado de todo y todos. Alejado de él.

<Puede que también nos acompañe Naruto>

Ah...Está… bien.

 

La primavera que Itachi alguna vez creyó que sería eterna había dejado toda la frescura y vitalidad de sus hijos en el suelo, como cuando las hojas sucumben al viento y a su vejez y se convierten poco a poco en un polvo que incluso te da alergia.

Una alergia corrosiva, pero que le cautiva al momento por su olor y sabor. Algo que sabe que le hará daño, pero aún así, decide tomarlo.

Itachi decidió el camino que había transitado. No podía quedarse esperando a que el mundo se moviera por su propia cuenta y acomodara las fichas a su gusto.

 

Por favor. «Una última oportunidad», aunque significara su muerte.

 

Jiraiya envío un mensaje a Itachi. Una imagen. Una oportunidad.

Él la reenvío al grupo familiar donde las noticias de la boda se compartían.

 

<28 de noviembre. Vamos a tocar en medio tiempo>

<Quien guste ir, tendremos entradas gratis>

 

Itachi esperó. Ni siquiera reparó en los nombres de las otras bandas teloneras. Sólo esperó a que las notificaciones del grupo llegaran.

 

«Por favor, sé tú»

 

¿Cuántas veces había pensado, rogado y susurrado eso antes? ¿Cuántas veces anheló tener aunque sea el rastro de la sombra de Sasuke calada en sus huesos?

 

«Quiero que seas tú»

 

Y en tán sólo quince minutos, una sólida respuesta iluminó su pantalla:

 

Pajarito azul reaccionó a tu mensaje.

 

Estaba a punto de sobarse el entrecejo, pero un nuevo sonido electrónico iluminó la pantalla del celular que se había apagado.

 

Pajarito azul: Felicidades.

¿Me apartas dos boletos?

Notes:

¿Un poco larga la espera?
¡Pronto nuestro co-protagonista aparecerá!

Canciones referenciadas:
"春 – Haru" – DOES

Una gran banda, por cierto.

Chapter 3: Amor de invierno

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La cita con el productor y Akatsuki no fue precisamente desastrosa. La mujer era en realidad alguien de temperamento y opinión fuerte.

Directa, concreta, algo intimidante, pero podía ver todavía la fortaleza en las convicciones de quienes la contactaban.

Estando reunidos en un fonda bastante tranquila, y habiendo compartido un diálogo extenso para presentarse, hablarle sobre la trayectoria de la banda y un poco sobre los planes que tenían en mente, Tsunade observaba con atención un video de una presentación que Akatsuki tuvo.

—Es nuestro sonido. Todas las canciones que presentamos aquí son de nuestra autoría— dijo Obito, sosteniendo su teléfono al frente para que todos pudieran ver la pantalla, principalmente Tsunade.

La mujer, con rostro serio, mantenía el ceño fruncido al mirar el video. Este no era más que una grabación con una antigüedad de aproximadamente tres años. Eran los inicios de su banda de una forma más seria y dedicada a escribir sus propias canciones.

Los años de práctica constante se veían reflejados en aquella competición. Aunque Itachi trataba de mantenerse más concentrado en el hecho de que la grabación era un medio para convencer a Tsunade y crearle una buena impresión de ellos; el video reproducía uno de los días que más había marcado a la banda.

El día que compitieron en una batalla de bandas, y fueron completamente pisoteados. Los sueños acumulados, las posibilidades, todo lo que podría lanzarlos a lo alto de forma rápida, se había desvanecido ese día.

Fue, en efecto, un duro golpe de realidad.

Podía acordarse del nervio que invadió cada parte de su cuerpo. Esa sensación electrizante en sus dedos cuando tocaba la guitarra… También podía recordar que parte de ese nerviosismo se debía a que Sasuke estaba allí, entre el público.

La mirada de Sasuke estaba un poco danzante alrededor de todo el espacio cerrado. Sentado entre las múltiples butacas mirando el panorama, se asemejaba bastante a un gatito desorientado.

—Sólo quédate aquí. En media hora abrirán las puertas al público y comenzará a haber mucha gente— dijo Itachi, colocando a Sasuke entre la segunda fila de butacas para que pudiera estar mejor. El joven asintió todavía mirando lo que había en el auditorio.

El gran escenario, la mesa del jurado al frente de él. Tenía una buena vista al escenario. Itachi, resistiendo contra cada fibra de su ser, tomó de las manos de Sasuke la funda de guitarra que el chico cargaba. A su vez, los negros ojos del muchacho brillaron al mirarlo.

—¿Estarás detrás del escenario?

—Haremos prueba de sonido. Así que todavía estaré aquí— en las orillas del escenario, el resto de integrantes de Akatsuki terminaba de conectar sus instrumentos.

—¿Estás nervioso?— preguntó Sasuke, estableciendo un contacto visual tan directo que Itachi sintió desvanecerse— Yo sí lo estoy y ni siquiera voy a tocar.

Itachi soltó una risa nasal, agachando un poco la cabeza. La suave mano de Sasuke le recogió mejor el cabello cuando la banda elástica se deslizó fuera de su lugar.

—Creo que se te ve mejor suelto, ¿por qué no lo usas así?— las manos del muchacho seguían moviéndose distraídamente sobre el cabello de Itachi, que se dejaba ser en cada movimiento ajeno como una muñeca de accesorios.

Aunque hubo un silencio que duró más de lo natural, Itachi permaneció embelesado por la cercanía de su cuerpo con el de Sasuke.

Sasuke. Tan fino, tan dulce, tan único. Cada parte de su rostro denotaba una delicadeza etérea que hipnotizaba a cualquiera a su alrededor. Y el tacto cálido y suave que usaban sus dedos para acariciar los cabellos de Itachi incendiaron cada fibra de su ser como un encendedor.

Cuánto anhelo.

—Si me lo acomodas tú, lo dejaré así— contestó Itachi, sonriendo dulcemente incluso con la mirada.

Sasuke correspondió con cariño. Las manos siguieron acicalando su cabello hasta disminuir las marcas que la banda elástica había dejado en ellas. Pronto, el aspecto de Itachi había mejorado para la presentación y él mismo lo sentía así porque la cautivadora dedicación de Sasuke para acomodarle el cabello había despertado en él un remolino atroz que planeaba tragar todo a su alrededor.

—¡Itachi! ¡Ya vente, vamos a probar el sonido!

—¡Voy!— luego de contestar, volteó a ver a Sasuke, quién apretó un poco los labios y desenfocó los ojos en una señal de nerviosismo y emoción.

—Estaré aquí, viéndote— prometió, tomando asiento en la butaca. Aferró a sus manos y muslos la chamarra de cuero que Obito le había encargado.

Cuando Itachi subió y probó el sonido con sus compañeros, no pudo dejar de ver a Sasuke mientras tenía oportunidad.

Sentado en aquellas butacas, con la espalda recta y su postura felina, Sasuke parecía un ente casi alienígena. Como si perteneciera allí y en todos los lugares del universo.

Itachi creyó que tal vez la realidad era que Sasuke estaba vivo en cada parte de sí. Todo lugar al que él fuera estaba impregnado de Sasuke si tan sólo pensaba en él.

Sasuke era como el aire decembrino que acompaña antes del final del año. Una presencia extraña que siempre está contigo. Cargada de nostalgia y fe al mismo tiempo. Algo inexplicable pero inminente, de lo que no te puedes deshacer ni deseándolo.

—Ya no te has vuelto a dejar el pelo suelto— le dijo Obito esa mañana, caminando de regreso por la banqueta.

—No.

La mirada de Itachi estaba fija en el suelo. A veces levantaba un poco la vista cuando algo parecía llamarle la atención, pero no durante el tiempo suficiente ya que siempre regresaba abajo. En su hombro colgaba su bolsa de trabajo, al que caminaba después de reunirse con la productora.

—Se te veía bien. Ahora está más largo, tal vez se vea mucho mejor.

Obito encendió un cigarro, pero mantuvo sus ojos fijos en el semblante decaído de Itachi.

Ahí, caminando encorvado y cabizbajo, recordó los días más difíciles que tuvo que enfrentar con él.

Después de una calada, soltó su mano en dirección al nudo de la coleta de Itachi. De inmediato las defensas del Uchiha menor se activaron tras dejarlo pasmado durante unos segundos.

—Suelto se te ve mej-

—¡No!— gritó con profundidad Itachi, viendo las manos de Obito aproximarse a su cabello.

—Anda, en el video se veía perfecto…

—¡Dije no!

La mirada incendiada de Itachi frenó en seco los movimientos de Obito, que se resignó a dejar las manos quietas y sentir como la banda elástica le fue arrebatada de los dedos.

Bufando y con el ceño fruncido, Itachi se volvió a atar el cabello de forma desordenada, dejando algunos nudos en sus hebras y una forma un poco irregular en el resto de su cabello.

—... Lo siento— se disculpó Obito al saber que el humor de su primo estaba significativamente estropeado.

Itachi no contestó. Permaneció enojado el resto del camino, evitando a toda costa la cercanía con su primo.

No quería. Nadie jamás le había tocado el cabello más que su padre y Sasuke. Además, su cabello nunca había vuelto a estar suelto en público desde que él y Sasuke…

Itachi tomó la llamada que recibió.

—Diga.

¡Ah, Itachi! Soy yo, Jiraiya— la voz del hombre del otro lado de la línea frenó a tiempo la diatriba en la que Itachi estuvo a punto de caer.

—Jiraiya. ¿Cómo estás?— preguntó Itachi, dando vuelta en la banqueta, sabiendo que Obito venía unos pasos detrás de él.

Bien, gracias chico. Espero que tú estés igual— ante una escueta respuesta, el hombre continuó—. Me acaban de llegar los boletos de cortesía para el concierto y me preguntaba si alguno de ustedes tiene a alguien a quien invitar.

 

«¿Me guardas dos boletos?»

 

—Ah… Sí, de hecho sí.

¡Está bien, está bien! ¡Sin pena!

—Es que… Han sido demasiadas cosas las que me gustaría agradecerte, Jiraiya.

Nada que agradecer muchacho. Ustedes tienen el potencial de triunfar; sólo quiero ayudarlos un poco hasta donde me sea posible.

—Aún así…

No digas nada. Luego habrá una forma de que lo agradezcas, el tiempo lo dirá.

—Gracias.

Al llegar al punto donde Obito e Itachi se separaban de sus caminos para ir cada uno a sus vidas, Jiraiya siguió. Los dos primos se quedaron en silencio; aunque la llamada no tenía altavoz, la voz del hombre se escuchaba por cada borde del teléfono de Itachi.

Tengo un evento más al rato, pero te puedo atender antes de las siete. ¿Vienes?

—Sí, está bien. Ahí estaré. Mientras tanto le preguntaré a los chicos.

¡Bien! Al rato nos vemos por aquí.

—Y de nuevo, gracias Jiraiya.

El mayor soltó una risa a través del teléfono y después sin agregar más colgó. Obito miró como Itachi mandaba mensajes rápidamente en el chat grupal que tenían como banda.

Después, cuando guardó su teléfono en el bolsillo con despreocupación y se enfocó en el semáforo enfrente de él, Obito habló.

—Entonces vendrá Sasuke.

Itachi de inmediato se enfurruñó. Estuvo a punto de sacar un doloso gruñido, pero se contuvo principalmente porque estaba en vía pública.

—¿Crees que estará en la parte privilegiada o en medio de toda la gente común y corriente?

—Depende de lo que Jiraiya nos haya podido conseguir.

—Ugh, qué humor.

—Tal vez si dejaras de preguntar obviedades estaría mejor. Y si no vuelves a hacer nada que me lo recuerde, te estaría muy agradecido.

Obito volteó al lado contrario de donde estaba Itachi. Normalmente hablaba de Sasuke porque sabía que era lo que más le importaba a su primo. Además, buscaba ayudarlo a superar sus sentimientos tristes por él.

—Luego nos vemos— despidió Itachi en cuanto el semáforo cambió a rojo.

 

En el transcurso de la mañana y tarde, mientras Itachi trabajaba, escuchó varias veces a su teléfono timbrar. Cuando estuvo disponible de verlo, en el momento en que salió a tomar aire y relajar su mente del trabajo, observó varias notificaciones en la pantalla.

Mensajes variados de su supervisor, algunos otros de chats menores y llamadas de spam sin contestar. Puso especial atención en dos particulares: el grupo familiar que tenían y en la bandeja de Jiraiya.

En el chat familiar habían algunos más de sus tíos felicitando que Akatsuki se iba a presentar en un evento más grande, deseándole suerte. Otros pidieron boletos para ir. Con Jiraiya estaba la noticia de que podía recoger los boletos antes de las siete, que era cuando se iba porque tenía que gestionar otro evento.

También revisó los mensajes de Akatsuki y en el chat descubrió que sus compañeros ya habían dicho cuántos boletos iban a necesitar. Era un hecho que fueron menos de veinte, pero aún así, al ser Itachi el único disponible antes de las siete , tendría que recogerlos en nombre de todos.

Suspiró guardando su teléfono en el bolsillo trasero. Viendo en el barandal el flujo de la vida de la ciudad donde estaba, se encontró con colores grises y oscuros en el cielo. El sol no brillaba, no había azul en el cielo y en su lugar las calles apenas comenzaban a encender focos cálidos porque la tarde-noche se avecinaba.

Esa tarde el cielo también estuvo gris. Antes no le había parecido que el cielo pudiera reflejar lo que se avecinaba, pero definitivamente, tras haberse presentado en aquella competición contra otras bandas, el escenario no pintó de colores alegres al clima triste.

El inicio de la decadencia había tomado lugar en aquella tarde de diciembre de hace tres años. Ese día había marcado un definitivo antes y después en su vida. No sólo en el aspecto de que Akatsuki tuvo una oportunidad de oro para alcanzar sus metas de una forma justa… Después de ese día, las cosas entre Sasuke y él habían cambiado drásticamente.

De la noche a la mañana, los sentimientos congelados en invierno parecieron romper cualquier rastro de hielo para dar paso a una repentina primavera.

Ambos eran más jóvenes. Itachi tenía al menos veintidós años. Pero previo a la competencia de bandas, habían acumulado ya varios momentos donde la tensión iba formando una bola de nieve cada vez más difícil de ignorar.

Sí, él también lo creyó. La dulce mirada de Sasuke dándole ánimos fue todo lo que necesitó ese día para recomponer su postura y decidirse para seguir dando riña.

Por muchos años, Sasuke había sido la antorcha que necesitaba para alumbrar en medio de la oscuridad que innegablemente se ceñía sobre él. Ahora, sólo recordaba la calidez que el fuego podría traerle en el invierno. La añoranza que sentía al saber que esa llama se extinguió por su propia mano, por algo que él indujo.

Si tan sólo hubiera podido ser más egoísta.

Si pudiera vivir sin la culpa, todo podría ser más sencillo.

Había suficiente amor para ambos.

Itachi tocó la puerta de la oficina de Jiraiya al momento de llegar. La hora marcaba las 18:34 en cuanto abrió y en su interior encontró a la fuente de todos sus males y añoranzas.

—¡Ah, Itachi! ¡Ven!— saludó Jiraiya, con una mirada feliz.

Unos ojos azules se intensificaron tras haber escuchado el nombre de su cuñado. Igualmente, Sasuke permaneció quieto en su lugar, sin voltear a mirar, pero deseoso de hacerlo.

Itachi aferró su mano a la correa de su maleta de trabajo. Las puntas de los dedos comenzaron a sudar en frío y su temperatura disminuyó considerablemente. Ojalá y tuviera unos guantes para taparse.

—Ya sé que conoces a Naruto, pero creo que van a poder presentarse en un mismo evento para inicios de diciembre. Quisiera que se trataran un poco más— anunció el hombre canoso a cada paso que el Uchiha mayor daba.

—Ah, viejo… sí, sí nos conocemos bien— respondió Naruto rascando su nuca con algo de nervios.

—¿Ah, en serio? Bueno, este es Uzumaki Naruto. Uchiha Itachi. ¿Cómo se conocen? Este es el prometido de Naruto, Sasuke.

—Sasuke…— Naruto dudó en decir el nombre de su pareja porque este estaba ensimismado en la imagen de Itachi, que había alcanzado la mínima distancia a ellos.

—Uh, se parecen un montón— señaló Jiraiya entre Sasuke e Itachi.

—Jiraiya, Itachi es mi cuñado.

—Naruto— saludó Itachi, con un distanciamiento emocional que procuraba en todo momento.

No podía derrumbarse ahí mismo. No cuando llevaba ya un tiempo exitoso sin recriminarse a diario el haber alejado a Sasuke permanentemente.

El resto de los presentes en la oficina se quedaron en un silencio repentino mientras Jiraiya procesaba la información. Aunque no era de gran impacto, definitivamente se había dado cuenta de lo pequeño que podía resultar el mundo.

—Itachi…

Los grandes ojos de Sasuke, brillosos de un fulgor inesperado, se convirtieron en el encendedor de una antorcha que no prendía desde el momento en el que el oxígeno había extinguido su fuego.

Cuando Sasuke pudo mirar a Itachi, no encontró nada en él que le hiciera sentir culpa o vergüenza. El solo hecho de observar las sombras de su rostro –las mismas que él conocía perfectamente– y aquel cabello que no había sido cortado ningún centímetro pese a las puntas abiertas, le hizo escocer los ojos.

Ese ya no parecía ser el mismo Itachi que recordaba con tanta tristeza y confusión. Cada parte de él, ahora cubierta por la ropa y capas y capas de frialdad, no podía esconderse con facilidad de los ojos de Sasuke.

Pero, si había algo en lo que nunca pudo descifrar a Itachi, era en la forma en la que sus ojos podían engañar incluso hasta en las más pequeñas mentiras.

Mientras los ojos de ambos se encontraron, Sasuke no pudo escarbar en ellos lo suficiente para encontrar que cada parte de Itachi se contenía.

A pesar de todo lo que habían pasado juntos, de la dicotomía entre la felicidad, la esperanza y la realidad, la desilusión y la culpa, Sasuke sabía que nunca iba a lograr recuperar una mínima parte de lo vivido mientras Itachi siguiera sintiéndose culpable.

«¿Te dijeron alguna vez que no hay descanso?»

Y mientras el anhelo seguía amenazando con escapar de cada poro de Itachi, él sabía que ese sentimiento nunca fue suficiente para mantener a Sasuke con él.

«Hay más que oraciones hechas para estar contigo»

La fe, el anhelo, el desear que todo fuera igual que en el pasado no podía sostener nunca un amor que era difícil de mantener en medio de la antítesis de lo que demostraban el uno al otro. Aunque el amor pudiera parecer insuficiente para ambos, la realidad era que todo estaba ahí: escondido en el invierno inducido por el miedo.

—Sasuke— saludó Itachi, con la voz temblorosa; una grieta en la mentira que siempre había sabido mantener para confundirlo.

Notes:

¿Qué tal la llegada de nuestro co-protagonista? ¿Fue lo que esperaban?

¡La historia pronto tomará más sentido!

La canción de este capítulo fue:
"My Love Is Winter" – The Smashing Pumpkins

¿Qué piensan de la historia?

Chapter 4: Música y ayeres

Notes:

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—¿Ya estás listo?

—Desde que empezó todo.

Itachi estrechó la mano de Obito con fuerza para apoyarse y ponerse de pie.

Ambos Uchiha eran jóvenes. Veinte y dieciocho años. Sus guitarras afinadas en Re, su setlist bien ensayado. Nerviosos, pero definitivamente ansiosos por presentarse por primera vez como banda.

La banda llevaba dos años aprendiendo a tocar en conjunto. Los ensayos eran usualmente en casa de cualquiera de los Uchiha.

—¿Cómo se sienten? ¿Ya todo listo?— preguntó un muchacho alto, de cabello corto y negro; apellido Uchiha.

—Algo así— respondió del otro lado Konan, sonriendo levemente.

—Ya quiero empezar— dijo Obito.

—En cinco. Sólo terminan esta canción y subimos nosotros.

Itachi respiró hondo. Las puntas de los dedos frías, el corazón latiendo a mil aunque su rostro seguía teniendo el mismo color claro de siempre.

Eran un grupo de rock conformado por cuatro integrantes: Obito en la guitarra rítmica y voz, Itachi en la guitarra principal, Konan en el bajo y Shisui en la batería.

Su setlist era adecuado para el nivel que tenían como banda. Aún no componían ninguna canción, pero estaban acumulando toda la experiencia posible para contemplar esa nueva etapa.

Esa noche era su debut. Familiares y amigos habían ido a verlos. Un pequeño bar-comida que presentaba música en vivo. La paga no era mucha, pero como primera oportunidad era genial.

Itachi llevaba apenas los primeros meses en la universidad y sin embargo esta era su primera y única vez que tocaría al lado de su primo Shisui.

Shisui había sido durante dos años quien se encargaba de la batería en la banda. Compartiendo a su lado el proyecto musical, Obito e Itachi habían aprendido mucho. Ahora Shisui había conseguido un lugar en la universidad y tuvo que haber viajado esa noche solamente para tocar con ellos.

—Tendremos que encontrar otro baterista— pronunció Obito, sonriendo un tanto nervioso.

Shisui se rió entrecerrando los ojos y alborotó el cabello de Obito con cariño.

—Los voy a extrañar.

—Chicos— habló Minato desde la esquina de la parte trasera del escenario—. Ya suban.

Los cuatro chicos subieron nerviosos al escenario, uno tras otro. Mirando a todos los que habían asistido esa noche, hicieron que el grupo de cuatro chicos se animaran. Estos se conectaron con sus instrumentos y se aseguraron de que el sonido fuera bueno.

—¿H-hola?— el micrófono soltó un chirrido cuando Obito habló muy de cerca. Las personas voltearon a mirar la fuente del ruido— Buenas noches, nosotros somos Akai Natsu no Tsuki.

En una mesa contigua, la gran familia Uchiha aplaudió y vitoreó con ánimo para generar un buen recibimiento y ambiente. Los tres Uchiha en el escenario sonrieron y Shisui hizo un leve redoble en el bombo para llamar la atención del resto de personas.

Después, Obito comenzó a rasgar las cuerdas con la mano encima para mutear el sonido. Una melodía tranquila y nostálgica comenzó a inundar las esquinas del bar donde estaban.

Y cuando la voz de Obito se dio a conocer, la atención de las personas se colocó de inmediato en él. Era una voz tranquila, medio rasposa, pero muy melódica. Parecía que había estado hecha para cantar.

Itachi, Konan y Shisui siguieron el ritmo de la canción. Aunque probablemente lo más difícil de la canción era la batería, Shisui podía hacerlo con tanta facilidad que parecía una simple diversión.

And I wonder… If everything could ever feel this real forever— cantaba Obito.

Las emociones de Itachi estaban a flor de piel. Su primer evento, su primera vez mostrando la dedicación y trabajo en que gastó su tiempo de las tardes durante la secundaria y preparatoria.

Con cada movimiento de sus manos, mostraba la destreza acumulada. Y aunque ninguno de los chicos en el escenario, a excepción de Shisui, se movían mucho, el rato en que estuvieron tocando fue disfrutable.

Jamás había sentido a partes iguales la adrenalina y la liberación emocional que siempre se guardaba. Sabía que tenía mucho más por dentro, pero con dar una probada de lo que podría hacer con la banda, significaba que tenía una puerta completa por terminar de abrir.

Akai Natsu no Tsuki era una banda muy nueva haciendo su debut. Pero las habilidades en conjunto eran buenísimas para poder augurar un futuro prometedor.

Aunque todo su setlist eran covers de canciones populares, la presentación fue estimada por los presentes.

—A ver, a ver, una foto— dijo Mikoto, haciendo que los cuatro chicos se juntaran encima del escenario—. Pero qué bonitos se ven todos.

—Ya sé tía, somos muy guapos— bromeó Obito.

Itachi permaneció sonriendo todo el rato, pero no aportó nada a la conversación. La pequeña sesión de fotos no duró mucho, pero estuvo felizmente compartida principalmente por la familia de los Uchiha.

—Ven, Yahiko— dijo Konan, tirando de un muchacho de cabello teñido naranja—. Este es mi novio chicos, les dije que se los iba a presentar.

—Ah, qué onda— chocó la mano Obito con Yahiko.

—Hola. Oigan, que bien tocan juntos— felicitó el muchacho con una sonrisa amable, posando en la cámara.

—Gracias por venir a vernos— intervino Shisui—. O bueno, imagino que viniste por Konan.

—¡Itachi!— una voz un tanto aniñada reclamó la atención del nombrado.

Itachi miró a su hermano menor caminando rápido hasta abrazarlo con fuerza. El calor de su cuerpo era reconfortante después de haberse enfriado a causa de la adrenalina desperdigada encima del escenario.

—Gracias, Sasuke— susurró Itachi, apoyando su mejilla sobre la coronilla de la cabeza de Sasuke.

—A ver, una foto juntitos— pidió Mikoto, levantando la cámara frente a sus dos hijos. Atrás de ella, tomando sus hombros, estaba Fugaku.

Ambos hermanos Uchiha salieron sonrientes en la fotografía. A pesar de que Itachi tenía todavía colgada la guitarra al hombro, se la arregló para posar cerca de Sasuke sin lastimarlo.

—Muchas felicidades hijo— besó Mikoto a Itachi en su mejilla con dulzura mientras pasaba los dedos por el cabello medio largo de su hijo.

—Bien hecho— Fugaku, mucho menos expresivo, colocó su pesada mano sobre el hombro de su primogénito.

Después de ello, la música de la grabadora empezó a sonar alrededor del local. Sasuke pronto se fue al lado de Naruto a pelear, pero pasando la noche. 

Minato y Kushina pronto se unieron a la mesa de los Uchiha y comenzaron a platicar con Mikoto, Fugaku, Madara e Izuna.

 

Los chicos de Akai Natsu no Tsuki se mantuvieron primero juntos, pero después Konan se retiró del local temprano porque debía trabajar al día siguiente.

Shisui, Obito e Itachi se quedaron juntos hablando de nimiedades. La mayoría de las cosas caían en el hecho de que Shisui no podría estar otra vez en la banda ahora que había entrado a la universidad.

—¿Qué haremos sin ti? Nunca hay nadie que toque batería.

—Ah, no se decaigan. Todo saldrá bien. La gente ya los conoció, puede que vuelvan a tocar aquí.

—Pero necesitamos a alguien en la batería— replicó Obito.

—Y yo necesito estar en la universidad— dijo Shisui.

—¿No conoces a nadie que toque la batería?— preguntó Itachi, tomando un sorbo de cerveza.

Shisui permaneció con una mueca pensativa, pero no dijo una respuesta concreta.

Los tres Uchiha hablaron hasta que un chico significativamente más alto que ellos apareció en su campo de visión.

—Ah, hola. Oigan, me gustó mucho cómo tocaron. ¿Se presentarán en otro lugar pronto?

—Ahh, bueno…— Obito empezó a hablar— Antes que nada, gracias por vernos y que te haya gustado. 

—Tocas muy bien la batería. Yo llevo un tiempo aprendiendo, pero definitivamente eres demasiado bueno— dijo el muchacho desconocido a Shisui. Los tres pares de ojos Uchiha se miraron con un brillo singular.

—¡Ah! ¿También tocas? ¡Genial! ¿Cómo te llamas? Yo soy Uchiha Shisui— extendió la mano hacia el muchacho, que sonrió emocionado y la estrechó con gusto.

—Hoshigaki Kisame, pero sólo díganme Kisame. Un gusto— extendió la mano hacia Obito e Itachi, quienes también respondieron.

—Uchiha Obito.

—Uchiha Itachi.

—¿Son hermanos? Es que se parecen muchísimo y además por su apellido…

—Somos primos. De hecho nuestros padres están por allá— señaló Itachi con la mirada a la mesa de los Uchiha—. Mi madre y mi padre son los que están hablando con la mujer de cabello rojo.

—Mi tío es ese de cabello alborotado— dijo Obito, refiriéndose a Madara.

—Y mi papá es el hombre que está al lado del señor albino— dijo Shisui, mirando a Izuna.

—Wow, todos son muy similares.

—De eso se tratan las familias, ¿no?— bromeó Shisui.

—Jaja, sí. Tienes razón.

—¿Vienes solo?— preguntó Itachi.

—Ah, sí. Estaba caminando a mi casa pero escuché música en vivo y me metí aquí sin pensarlo mucho— admitió Kisame, sonriendo—. Es que acostumbro mucho a ir a conciertos y a ver a bandas locales. Ustedes son nuevos, ¿no? Nunca he escuchado el nombre de su banda en ningún lado.

—Sí, hoy fue nuestra primera presentación.

—Su debut— secundó Kisame.

—¿Quieres sentarte aquí?— ofreció Shisui, jalando una silla ruidosamente para que Kisame la ocupara.

—Ah, vale. Muchas gracias.

 

Kisame rápidamente se convirtió en buena compañía para los tres chicos Uchiha. Conforme la noche fue pasando y la música hizo que algunos comensales se levantaran a bailar, los tres Uchiha lograron convencer a Kisame de enseñarles un video suyo tocando la batería.

Agendaron su número en las carpetas de contacto de sus celulares y antes de que se fuera, Obito le hizo un ofrecimiento a Kisame.

—Kisame, mira… Shisui ya no estará en la banda porque entró a la universidad y se tuvo que mudar de la ciudad. Pero nosotros estamos interesados en seguir teniendo una banda.

—Y nos gustaría ofrecerte un lugar en la banda si es que te interesa— dijo Shisui—. Sería un honor que alguien como tú ocupara mi lugar.

—Woah, esto…— Kisame tomó un poco de color en sus mejillas. Se sentía genuinamente halagado; además no tuvo incomodidad al hablar con los tres Uchiha— De verdad que no lo esperaba.

—¿Te gustaría probarlo? Podemos ensayar un par de veces y si te agrada la idea, te quedas con nosotros— dijo Itachi con la voz suave.

—¡Sí!, claro que sí— aceptó Kisame—. No puedo prometer ser tan bueno como Shisui, pero quisiera intentarlo.

—Tranquilo, todos somos diferentes. No buscamos una copia de Shisui.

Kisame rió con gusto.

 

 

—¿Seguro que te vas con Shisui?

—Sí mamá. No te preocupes, mañana estaré en casa antes de las diez— dijo Itachi, viendo como su familia ingresaba en diferentes carros.

—Se van con mucho cuidado. ¿No están mareados?

—No tía. No se preocupe, yo cuido a Itachi si se desmaya por ahí— rió Shisui, haciendo burla.

—No me asustes así que sólo me preocupas más, niño— pidió Mikoto, entre divertida y precavida por la posibilidad de que algo así sucediera.

—Jajaja. No hay nada que pensar de más, tía. Estaremos bien, ¿verdad?— dijo Shisui tomando del hombro a Itachi, que asintió un poco pausado.

Mikoto miró un rato más a su hijo mayor. Parecía reconsiderar la posibilidad de que mejor Itachi regresara a casa con ellos, pero sabiendo que Shisui era un amigo muy preciado por él y que esta sería la última vez que se vieran por un largo tiempo, decidió dejar que su hijo hiciera algo que quisiera.

—Con cuidado. Ya no tomen más— advirtió.

—Igual ustedes, tía.

Cuando caminaron de regreso a la casa de Shisui, la noche ya estaba bien asentada en cada parte. Podía ser incluso cerca de la madrugada, pero los dos Uchiha transitaron el camino de la ciudad.

Shisui sacó de sus bolsillos un cigarrillo y tras encenderlo, se lo ofreció a Itachi.

—Gracias— aceptó Itachi.

Una nube de humo que provenía de las exhalaciones de Itachi y Shisui se disipó conforme los dos avanzaron.

—¿Estarás bien?

Shisui miró de reojo a Itachi, quien miró la calle vacía con contemplación.

—No lo sé. Supongo que estaré bien, pero… no tanto como lo he estado.

—Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. Aunque estemos separados por distancia, yo estaré contigo cuando me necesites— Shisui ya no volvió a ofrecerle cigarro a Itachi. En cambio, lo apagó contra el suelo incluso si estaba casi entero.

—¿Y qué si te necesito ahora

—Estoy aquí, Itachi. No debes tener miedo— la mano cálida de Shisui se posó sobre el hombro izquierdo de Itachi.

El joven Uchiha casi se soltó a llorar. Normalmente los días eran más llevaderos cuando estaba en constante contacto con otras personas que lo hicieran desviar su atención de sus problemas reales. Sin embargo, desde que Shisui ya no estaba cada día con él, todas aquellas dudas, pensamientos y sentimientos afloraron con la fuerza de una bomba de tiempo.

—Es que todo es tan difícil…— la primera lágrima cayó de los ojos de Itachi. Pesadas, calientes, culposas— ¿Por qué tuvo que ser él? ¿Por qué no puede irse de mi cabeza? ¿¡Por qué!?

—Shh, Ita… no grites.

Lo que era tan sólo un camino salado, pronto se convirtió en un mar que inundaba su rostro. Incluso, la respiración se le cortaba como cuando estaba bajo el agua.

—Ya no quiero, Shisui…

Ambos Uchiha se detuvieron en la entrada de un callejón en la calle. El departamento de Shisui ya no estaba tan lejos, pero no pudieron avanzar más debido a que Itachi se había derrumbado allí mismo.

—Itachi… no digas eso.

—Ya no quiero sentirme culpable… No quiero sentir nada, no más…

Shisui abrazó a Itachi. En cuestión de segundos su hombro se llenó de agua caliente; el rostro de su primo estaba escondido, pero cada parte de él temblaba como si estuviera desnudo en medio del ártico.

Tal vez no estaba desnudo por ropa, pero cada parte que siempre escondía de él ahora estaba al descubierto, sin miramientos y sin filtros. Todo lo que guardaba se desbordó en aquel momento.

 

Eres un asco.

 

Todo en ti está mal.

 

Enfermo.

 

—Ya basta…— sollozó Itachi.

—Itachi— inherentemente, los ojos de Shisui se llenaron de agua. El sentimiento que su primo desbordaba terminó por contagiarlo.

—Ya no quiero vivir… No así…

 

Shisui lloró.

 

Itachi se ahogó en su propia cárcel de pensamientos. Cada uno peor que el anterior.

 

Si en ese instante la vida de Itachi se acabara, él sabía que probablemente lo aceptaría sólo por la culpa que cargaba en sí.

Pero en el fondo, sabía que si su vida realmente acabara ahí, no sentiría que la había disfrutado.

Itachi era joven, tenía sueños, metas y anhelos como cualquier otra persona. Sin embargo, todo ello se opacaba conforme pensaba en qué era lo que más deseaba en el mundo.

 

Sasuke.

 

—Yo daría todo… para que las cosas fueran diferentes…— el llanto de Itachi se había convertido en uno completamente desconsolado.

 

«Ya no puedo soportarlo»

 

Pronto ambos Uchiha estaban llorando en medio del callejón. Los sollozos podrían llegar a alertar un poco, pero como nadie transitaba las calles a esas horas de la madrugada, en realidad se mantuvieron a salvo. Itachi pudo desahogarse todo lo que pudo.

Al final de la velada, cuando llegaron a la casa de Shisui, Itachi se recostó en la cama de su primo. A sus anchas, con los ojos tan hinchados y dolosos que hasta se le dificultaba parpadear sin sentir ardor, Shisui sobó su espalda con ternura y cariño.

Y sin decir nada, recostó su cabeza en la espalda de su primo. Sus ojos seguían llorando, pero nada como lo que Itachi había experimentado.

En ese momento, el furor de la tristeza había dado paso a una mente en blanco en el Uchiha menor, lo que le dio descanso de llorar, pero realmente no alivió sus emociones.

—¿No vas a dormir?— preguntó Itachi con la voz completamente quebrada, delatando el resquicio de su llanto.

—No pasa nada, Ita— respondió Shisui limpiándose los ojos con las mangas de su playera—. Lo que menos quiero hacer es irme.

—... Perdóname

—¿Qué? No, no te disculpes. Sé que lo necesitabas.

 

«Tengo tantas ganas de llorar»

 

—De verdad que lo siento— insistió—. Yo no sé por qué tuve que ser así. ¿P-por qué tuvo que ser precisamente él?

—Itachi, no es tu culpa. Sólo es lo que sientes, no hay razón para mortificarse. Algún día, tal vez, se te pase…

—...No— sollozó Itachi, sin lágrimas, pero llorando—. No creo… que se me pase nunca…

Shisui emitió una mueca de pena. Sabía a qué se refería su primo, y lo comprendía profundamente. Él siempre se había sentido mal, y nunca pudo contarle a nadie sobre su propia culpa porque estaba mal.

—Ita… Inténtalo…

—Es mi hermano, Shisui— Itachi hizo puños las manos y se aferró a las cobijas destendidas—. No debería sentirme así. Soy un enfermo.

Shisui se lanzó a abrazar el cuerpo de Itachi. Cada dedo, sus brazos y piernas, se aferraron a su primo con una fuerza abismal. Un acto desesperado por calmar la mente de Itachi y darle un alivio a la suya por tantos años.

Se las arregló para meterse por debajo de Itachi, dejando a este boca abajo encima de su pecho. Pese a tener la ropa puesta, Shisui nunca se había sentido tan cómodo.

Depositó un beso casi tembloroso en la coronilla de Itachi y se dedicó a arrullarlo con un tarareo sencillo. Una melodía inventada por él mismo sin ningún fin mas que para aliviar un poco a Itachi.

 

Permanecieron en esa posición durante muchos minutos. El reloj marcó las 2:39 a.m. cuando Itachi volvió a hablar.

—Me gusta esa melodía.

Es toda tuya. Si logras hacer una canción con ella, te lo agradecería.

Itachi rió con un tono gangoso. Desanimado, pero significativamente más tranquilo que antes.

—...No quiero que te vayas— soltó al aire. El interior de Shisui se volvió pesado.

—Yo tampoco quiero irme.

 

«No quiero dejarte»

 

Pero tuvo que hacerlo. Cuando el sol se asomó por la ventana, Shisui dejó un beso en la mejilla de Itachi con mucho cariño y dolor. El otro muchacho, recostado en la cama totalmente rendido al sueño, nunca se percató de la ausencia de su primo.

 

 

Ahora se daba cuenta de que, si Shisui nunca se hubiera ido, probablemente sabría cómo lidiar mejor con este encuentro que le hizo recordar su agonía.

—¡Vaya! Hermanos Uchiha.

Hermanos.

 

—Sasuke.

 

Era casi un rezo al aire. Como si en cada sílaba de su nombre se intentara escapar su propio corazón. Todo daba vueltas, pero debía aferrarse a la única sensación que lo mantenía fuerte en su decisión de haberse alejado de Sasuke: la culpa.

Era su amiga y enemiga eterna. La dialéctica de su felicidad ahora marchita. Algo que quería quitarse pero a lo que se aferraba como a un salvavidas en el mar abierto.

—Hola… Itachi— pronunció Sasuke, saboreando los matices sonoros del nombre ajeno.

 

<Itachi…>

 

¿Cuántas veces no había oído su propio nombre ser pronunciado por Sasuke? Las suficientes como para tener grabado con fuego en la mente cada escenario. Melancolías, felicidades y tristezas grandes. Erotismo, sensualidad y dulzura. 

Ahora, casi como cuando pretendes conocer el amanecer que ves todos los días entrar por tu ventana durante el otoño, por los meses de noviembre y diciembre.

—Ten, Itachi— Jiraiya le extendió una cantidad modesta de boletos para el concierto. Todos sin cortar, de par en par.

—Gracias, Jiraiya.

Sus manos temblaron levemente cuando pasaron al costado de Sasuke, que siguió con su mirada cada movimiento de Itachi.

Naruto colocó sus brazos cruzados sobre su pecho. No parecía molesto, pero sí expectante de cómo se estaban desenvolviendo las cosas frente a él.

—Tal vez sea bueno que se vean ustedes dos conmigo para hablar de un evento. Por ahora, ya tengo suficientes para poder tener en mente otro tan pronto; pero nunca está de más, ¿no?

—Claro que no viejo, conozco el trabajo de Akatsuki. Me abrieron la visión cuando estaba muy chico y si ahora estoy en una banda es por todo lo que veía de ellos— admitió Naruto, mirando directamente a Itachi.

—Pues bueno, eso era todo. Vámonos ya o se nos va a hacer tarde— dijo Jiraiya, palmeando a Naruto en la espalda—. ¿Nos ayudas, Itachi?

—¿A-a qué?— preguntó con algo de nervios. En cuanto Jiraiya y Naruto avanzaron, se había quedado al lado de Sasuke.

—Vamos a subir el audio a la camioneta y unas cosas del garaje.

—Ah, está bien.

Naruto y Jiraiya caminaron más rápido, al atravesar la puerta de la oficina del hombre, Itachi y Sasuke permanecieron algunos pasos detrás.

—¿Vienes?— cuestionó Itachi, volteando a ver a Sasuke.

 

Ah, Sasuke.

 

Tal y como lo recordaba. Reservado, sereno, con tantos pensamientos rondando por su mente en el menor tiempo posible.

Aunque ahora estaban alejados por al menos dos metros, la esencia de su ropa, de su piel y su cabello entraba por las fosas nasales de Itachi.

—Sí— respondió Sasuke, algo titubeante.

Los pasos de ambos Uchiha avanzaron por el pasillo. No era un edificio grande y ostentoso, pero sí lo suficiente como para que Naruto y Jiraiya llevaran ventaja para llegar al garaje.

Caminando uno al lado del otro, en un silencio sepulcral, cada uno de los Uchiha tenía en mente un bucle de pensamientos. Era su rutina mental, al final de todo.

—¿Cómo has estado?

La pregunta tomó por sorpresa a Itachi. Ese tono suave, delicado y cariñoso estaba ahí pese a todo lo sucedido.

—Bien, gracias. ¿Cómo has estado tú?

Una pregunta para evadir la otra. Era una mala costumbre que siempre había usado desde que tenía memoria.

No recordaba haber dicho nunca cómo se sentía en realidad.

¿Qué pasaría si en realidad contesta por cómo se sentía?

 

«Mal, me siento fatal. Creo que vivo en automático»

 

Con Shisui las palabras siempre eran de más. Con una mirada, bastaba para entenderse hasta los más profundos secretos.

Tal vez por eso Shisui era la única persona que podía comprender a Itachi sin obligarlo a darle demasiadas explicaciones.

—También bien. Gracias.

¿Qué es esto? ¿Por qué hablaban como simples extraños, saludando por cordialidad?

 

«No esperes demasiado. Tú lo apartaste»

 

Sí, y ahora se arrepentía profundamente. Caminar al lado de Sasuke era un efecto espejo del pasado.

—Felicidades por tu banda. Quería decírtelo en persona, pero…— Sasuke paró sus palabras antes de decir demasiado. No quería jugar con un efecto dominó— Felicidades. Me da mucho gusto.

—Gracias.

Itachi recordó los boletos que había guardado en su maleta de trabajo.

—¿Todo bien en tu trabajo?

A toda costa evitaba mencionar el tema de la boda. Y, para su alivio, Sasuke también decidió no sacarlo a la superficie.

Era casi como caminar encima del hielo de un lago congelado. Temiendo hundirte en él con cada paso que das. Evitar morir por congelamiento.

—Todo está bien. Sigo en el mismo puesto, pero es suficiente para mí— respondió Sasuke—. Lo suficiente para vivir bien.

 

«Lo suficiente»

 

¿Eso podría involucrar también a Naruto? ¿Naruto era lo suficiente para vivir bien?

—¿Qué hay contigo? ¿Todo… está bien?

 

«Nada está bien»

 

Qué fácil podría ser tomarlo de la mano, esperando encontrar un resquicio de lo que antes lo hacía sentir vivo. El tiempo y la distancia habían roto la cercanía entre ellos; pero más que culpar a las circunstancias de la vida, su ruptura era en realidad la responsable de que nada fuera igual que antes; donde incluso las cosas más sencillas y usuales de la vida podían verse como una maravilla total si pudiera mirar a Sasuke en cada uno de esos momentos.

—Ha mejorado.

 

«No es cierto. Sigo en el mismo lugar donde me dejaste»

 

—Me da gusto.

La expresión de Sasuke cambió. De mostrar un interés genuino y amable, su rostro se transformó en un fantasma fuera del mundo; frío, distante, entendiendo su lugar.

Jiraiya, Itachi y Sasuke cargaron los equipos de audio mientras que Naruto abría la puerta del garaje y las de la camioneta. Cuando se unió al resto para cargar cosas, el estado de ánimo de Itachi –ya de por sí difícil– se fue mundo abajo al mirar las interacciones que Sasuke tenía con Naruto.

Por sí solo ya era incómodo mirar que ambos llevaban un sencillo anillo plateado a juego puesto en el dedo anular; verlos intercambiando miradas, rozando sus dedos o a Sasuke recibiendo besos de Naruto en la mejilla era significativamente peor que sólo mirar los anillos a juego.

 

«Si yo fuera él» Pensó Itachi al ver por el espejo lateral de la camioneta a Naruto acunando el rostro de Sasuke entre sus manos.

 

Alguna vez lo fue. Él fue la persona que Sasuke miró con brillo directo a sus ojos. Él fue quien tuvo entre sus manos las de Sasuke. Él había sentido el dulce toque de Sasuke alrededor de su cintura, su cabeza en su pecho, sus dedos atravesando su cabello enredado. Él sintió los labios de Sasuke sobre los suyos. El calor interno de ambos combinándose en medio del frío. Él escuchó promesas de Sasuke, él le prometió cosas a Sasuke.

 

Él había elegido estar así.

 

Ahora, con amargura cuando Sasuke estaba a punto de subir a la camioneta junto a Jiraiya y Naruto, Itachi apenas alcanzó a jalar la manga de la playera de Sasuke.

—Espera— dijo.

El muchacho regresó la mirada a Itachi. Otra vez, con los ojos brillantes, a la expectativa.

—Estos… son para ti. Bueno, ustedes— corrigió Itachi, dándole a Sasuke en la mano un par de boletos sin cortar—. Los esperamos con gusto.

<Rampant. 28 de noviembre>

—Gracias, Itachi— respondió el joven, mirando por varios segundos los boletos entre sus dedos.

Luego regresó sus ojos a Itachi, y sonrió con una mueca reprimida que no pasó desapercibida.

—Nos veremos luego— dijo Itachi.

 

«En la boda»

 

Sasuke no dijo nada. Apretó los dedos alrededor de los boletos y permaneció mirando a Itachi unos segundos hasta que finalmente se dio la vuelta y subió a la camioneta junto a Jiraiya y Naruto.

El reflejo de Sasuke se vio cuando la camioneta avanzó. E Itachi se quedó recibiendo los ojos de Sasuke que se apartaron de su vista cuando la camioneta desapareció del garaje.

 

Te he estado esperando aquí eternamente.

 

Y probablemente seguiría esperando en el mismo lugar: en aquel momento donde creyó que su propia decisión era tan solo una pesadilla que podría revertir.

Pero siempre terminaba despertando: la realidad la había decidido él mismo, y no parecía existir manera de poder recuperar el pasado por más que se mantuviera deseándolo.

 

 

Notes:

¿Habrá sido suficiente ese pequeño contexto para la historia?

¡Pronto arrancaremos con el pasado de estos dos complicados Uchiha!

Canciones referenciadas:
"Everlong" – Foo Fighters.

Es una canción elegida constantemente por bandas primerizas para interpretarla. Muy buena, pero no pude evitar ponerla aquí para recordar algunos ayeres.

Chapter 5: Reminiscencias

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

«No puede ser»

Akatsuki miraba por el chat grupal la imagen definitiva para anunciar el concierto de Rampant. Ahí también estaban los nombres de las bandas teloneras confirmadas totalmente.

Nesshoku –teloneros previo al concierto

Deidara: En serio?

Obito: según esto, sí

Itachi estaba en un estado de sorpresa diferente. 

Nesshoku era una banda conformada de mujeres. Akatsuki las conocía perfectamente: sabían su estilo, sabían los nombres de sus integrantes. Sabían de qué eran capaces.

Habían pasado cuatro años desde la última vez que las vieron. Durante ese tiempo, las noticias sobre el ascenso de Nesshoku nunca pasaron desapercibidas.

Konan: Kisame, mira quién va a estar.

La experiencia de la batalla de bandas en la que Akatsuki participó marcó un punto de referencia para plantearse el futuro de la banda y la dinámica que estaban manteniendo. Nesshoku fue una banda participante en ese entonces, y recordar su presentación escénica era definitivamente algo desagradable en la memoria colectiva e individual de Akatsuki.

Kisame: …

En especial, para Itachi era un aspecto amargo de su vida que era difícil olvidar.

—Itachi, ven. Ya vamos a cruzar— llamó Mikoto.

Ah, cierto.

La tienda de trajes de boda estaba en la otra esquina de la calle, atravesando la avenida.

Itachi mantuvo el teléfono en su mano mientras pasaba rápidamente en la acera hasta encontrarse en las puertas de la tienda.

Al frente de todos, Sasuke caminaba sin mirar atrás. Evitaba a toda costa mirar a Itachi directamente.

Desde la mañana en que la familia Uchiha se había reunido en la calle, para comenzar a transitar los lugares donde vendieran trajes de boda, Itachi se había mantenido bastante distante y callado para el gusto de todos.

Sasuke fácilmente lo había notado. La mirada perdida de Itachi, sus párpados caídos, el que mirara constantemente su teléfono aunque no sonaran las notificaciones.

Verlo así le trajo recuerdos dolorosos. Sí, esas mismas actitudes, además de encontrarlo despierto en medio de la madrugada, mirando la ventana o el techo, fueron las mismas cosas que Sasuke vio en Itachi antes de que la situación entre ellos cambiara drásticamente.

Antes de que esa pequeña burbuja con fuego se rompiera. Al parecer para siempre.

—Aquí es la cita— indicó Sasuke, mirando a sus padres.

—Buen lugar. Aquí el tío Izuna compró su traje cuando se iba a casar— dijo Fugaku.

—Y luego se divorció— les recordó Sasuke.

—Bueno, pero Tobirama ha sido mejor padre para Shisui de lo que la antigua esposa de Izuna lo fue.

—Es cierto. ¿Shisui no ha dicho nada de si vendrá o no a la boda?— preguntó Mikoto, mirando a Itachi.

—No. No ha dicho nada. Ni siquiera he hablado con él.

—¿Por qué no le mandas un mensajito de vez en cuando? Si se llevaban tan bien…

—Se me ha olvidado.

«No quiero molestarlo con mis cosas de siempre»

Una trabajadora se puso a las órdenes de la familia Uchiha en cuanto entraron. Aunque su amabilidad era agradable y su disposición de trabajo era buena, Itachi no se percató demasiado de las cosas que pasaban.

Pronto el tiempo fue pasando. El ambiente era ameno pero no terminaba de hacer sentir cómodo a Itachi. Tal vez la razón principal era ver a Sasuke dando especificaciones de lo que buscaba, o saber que su madre estaba rebosante de felicidad de estar ahí.

Itachi habló lo suficiente para no llamar la atención por su apatía; sin embargo toda su familia sabía que las cosas no estaban bien con él.

—Itachi, ¿tú qué opinas?

Al ver a Sasuke vestido de un traje blanco, encima de una tarima y en medio de la sala, Itachi se irritó completamente.

—... No lo sé.

Sí, no lo sabía. No sabía por qué carajos había ido a ese lugar si todo iba a ser así de incómodo. Tal vez sí Naruto estuviera en presente…

No. Las cosas no iban a ser diferentes. Aunque tuviera los recuerdos de su relación con Sasuke tan intactos como si hubieran pasado ayer, en realidad, viéndolo de pie en esa tarima, cada uno de esos momentos estaban borrosos.

Al alcance de una mano, pero protegidos por púas filosas. 

La expresión de Sasuke no mejoró mucho. A pesar de que el tiempo se estaba yendo rápido y que se estuviera acercando a lo que buscaba en un traje de novio, en realidad todo parecía ser un ciclo de repetición infinita.

—¿Y? ¿Qué tal este?— preguntó Sasuke, volteando hacia su familia.

—Es bonito— mencionó Fugaku. 

Un traje sencillo, ajustado en las partes adecuadas para no hacer ver mayor a Sasuke. El color crema era lo único que a Mikoto no le gustó demasiado.

—¿Cómo te sientes tú con él?— preguntó Mikoto. En todo el tiempo que se había probado trajes, Sasuke nunca dijo claramente si alguno le gustaba.

No contestó. Se quedó mirándose en el reflejo del espejo. Su mueca confundida, tratando de expresar con gritos no estar nada cómodo, era sólo el inicio de un profundo sentimiento de inconformidad.

 

Todo había cambiado tan rápido.

 

Ahora él iba a casarse con Naruto. Alguien a quien por supuesto amaba. Pero, en cada parte de él vivía la persona que no lo había mirado en todo el rato con el apoyo que creyó que tendría.

¿Por qué Itachi siempre era así?

 

«Se aleja de todo lo que lo haga sentir bien»

 

Y sin embargo, sigue esperando lo que más anhela.

—Creo que no me gusta mucho.

Fugaku y Mikoto compartieron miradas cómplices. Sabían que algo andaba mal, pero no quisieron insistir mucho porque el tiempo se estaba acabando y además consideraban a Sasuke lo suficientemente maduro como para tomar sus decisiones por sí solo sin necesidad de obtener consejos previos.

—Podemos venir el otro sábado. Pero esa vez tendrá que ser definitiva la decisión— dijo Fugaku.

Sasuke asintió secamente, yéndose a cambiar.

—¿Sabes si pasa algo entre él y Naruto?— preguntó Mikoto, dirigiéndose a Itachi.

—No. Los vi apenas el domingo pasado y todo estaba bien. Naruto tuvo un concierto y Sasuke lo acompañó. No se veían peleados— contestó.

—¿Y a ti qué te pasa?— inquirió Fugaku, algo más serio de lo normal— No te ves de buen humor.

—Estoy cansado. He tenido mucho trabajo y además hemos estado ensayando más tiempo del usual.

 

Veinte minutos después, la familia Uchiha estaba despidiéndose en la acera.

—Ya nos vamos. Se nos está haciendo algo tarde para entregar unos pedidos— Fugaku y Mikoto subían a la camioneta que los había llevado. En su interior, habían varias pilas de papel para escribir.

—Está bien. Gracias por venir y, perdón por hacerles perder el tiempo— pidió Sasuke, apenado.

—No pasa nada. Estas cosas toman tiempo y paciencia.

Sasuke bajó la mirada.

—Nos vemos el otro sábado. Procuraremos liberar todo para que tengamos mucho tiempo de ver los trajes sin prisas— prometió Fugaku, haciendo sonar las llaves antes de encender la camioneta.

—Gracias, papá. Espero que Naruto ya pueda venir. Hubo un accidente en la carretera y no ha podido avanzar.

—Dile que se cuide mucho. Ya tenemos que irnos ahora sí.

—Adiós, mamá.

—Adiós hijos, cuídense.

 

Sasuke e Itachi se quedaron solos.

 

Tensos. Indecisos.

 

No había nadie más que ellos, la acera y completos desconocidos rodeándoles. Igual que en tiempos atrás, cada uno pretendiendo que nada estaba pasando.

—¿Estás libre?

Itachi giró a ver a Sasuke repentinamente. En su rostro, encontró la dificultad con la que el muchacho había dicho aquello.

—S-sí.

—Tengo hambre.

Cuanto más tomas, más te doy.

—Vamos. Yo invito— se ofreció rápidamente Itachi.

El sol de la tarde bronceaba las paredes de los edificios y casas por los que ambos Uchiha caminaban. Ahí estaban de nuevo, juntos y separados. Tratando de escalar un muro alto que nunca supieron en qué momento lo construyeron en medio de ambos.

Todo había parecido tan fácil desde siempre. La forma en la que ambos se miraron y supieron que había algo entre ellos que sobrepasaba los límites de comprensión en sus mentes.

Habían muchos tipos de amor en el mundo y la mayoría de las personas encuentran cada uno de ellos en diferentes personas. Pero para Itachi y Sasuke la historia no se contaba igual.

Sí, conocían diferentes amores por las diferentes personas con las que lo sentían. Pero entre ellos dos, hubieron más de uno que se juntaron, y encontraron que la respuesta sencilla era no actuar desde el prejuicio.

Era bien sabido que las relaciones entre familiares son moralmente cuestionables. Entre los Uchiha, la tendencia a ser cuestionados por la forma en la que cada uno vive su vida era inherente. Empezando porque Fugaku y Mikoto eran primos en segundo grado, pero se conocieron desde la secundaria y no pudieron alejarse nunca más.

O Izuna, que se había casado con su prima materna y tuvieron un hijo. Ahora estaba divorciado de ella y era novio de Tobirama, un hombre diez años mayor que él.

Madara, que había acogido al hijo de uno de sus hermanos y lo había criado él solo. Nunca ha hablado de haber amado a alguien, pero en cada reunión familiar, siempre evita quedarse a solas con Izuna.

 

Itachi y Sasuke. Se habían amado tan intensamente a una edad tan temprana y en una época tan distinta a la de sus padres, tíos y abuelos que terminaron por dejar que aquel juicio externo determinara sus decisiones.

 

Ahora ninguno era completamente feliz.

 

La música del local en el que decidieron entrar era variada. La mayoría de personas que estaban dentro eran jóvenes al igual que los que trabajan ahí. 

Sasuke se había ido al baño mientras que Itachi continuaba mirando su teléfono.

Deidara: Su novia frustrada. Dile que te dé clases

A ninguno de Akatsuki le había caído muy bien la noticia de que Nesshoku fuera a estar en las bandas teloneras para Rampant.

Era claro que el esfuerzo de las chicas era significativo para merecer esa oportunidad. Pero eso no quitaba el hecho de que, para Akatsuki, se sentía como una especie de dejá vu el volver a compartir escenario con ellas.

¿Tendrían que verlas? ¿Hablarles?

Como profesionales, . Tenían que mostrar compañerismo entre bandas, y más si Akatsuki deseaba avanzar en la escena.

—Estaba fría el agua— dijo Sasuke, sentándose al lado de Itachi en el sillón, frotando sus propias manos entre sí para darles calor.

El impulso estaba ahí. Como parte de una rutina aprendida que ahora debía ser obligada a reprimir.

«Solía calentar tus manos en estas épocas»

También era normal abrazarlo en cada ocasión en que estuvieran juntos. Sentados, parados, acostados, caminando. Sus brazos nunca conocieron el vacío mientras Sasuke siempre estaba allí para llenarlos.

Las manos de Itachi nunca podían estar frías, porque él era la fuente de calor que Sasuke usaba para poder mover las suyas sin que el frío se lo impidiera.

—Hace algo de frío pese a ser tarde.

—Aún no es invierno. No me imagino cómo estará en esas épocas.

—Gélido. Seguro nevará.

Sasuke comenzó a jugar con el tenedor de la mesa. Los repiqueteos del utensilio iban al ritmo de la música.

—¿Cómo le está yendo a Naruto?

—Bien. Ayer salió a otra ciudad a tocar. Están ganando renombre rápidamente.

«¿Y entre ustedes? ¿Cómo te trata, pajarito azul?»

—Me da gusto. Tiene mucho talento para ser así de joven— dijo Itachi, cruzando los brazos en el pecho y recargando la espalda en el respaldo del sillón.

—Ustedes también tienen demasiado talento para la edad que tienen.

Itachi casi bufó.

—Las cosas serían diferentes si en realidad fuéramos talentosos— replicó con un tono de voz resignado.

—Itachi, van a tocar con Rampant— le recordó Sasuke, mirándolo sobre el hombro.

—En el intermedio. Si no lo hacemos bien tendremos que terminar más rápido para que la gente no se vaya del concierto y sigan viendo a la banda principal.

—Lo harán bien. Todos siempre han hecho las cosas bien.

—No todos— soltó Itachi, sin pensar demasiado en las consecuencias.

Sasuke se quedó callado. Al parecer, su comida aún no iba a llegar.

—Yo estaré ahí. Incluso si todas las personas se van, yo me quedaré a verlos tocar— su voz ,baja, delataba un trasfondo más profundo.

Itachi sintió un piquete en el corazón. Sí. Sasuke siempre se había quedado hasta el último segundo de todo.

 

Todo. Incluso cuando Itachi estaba tomando una decisión que necesitaba del acuerdo de dos personas.

 

Sasuke siempre fue una persona que quedaba con todos sus sentimientos dentro. Itachi podría decir que Sasuke tenía calladas muchas más cosas de las que él mismo tenía dentro.

—Sasuke…

—No digas nada. Tengo hambre.

Los dos temían a qué podría pasar si empezaban a hablar de ello.

Sasuke no quería hacerlo. Respetaba la decisión que Itachi había tomado años atrás. Incluso si él quería algo diferente, no podía exigirlo a quien parecía no haberlo querido nunca.

 

Pero todo era tan confuso.

 

¿De verdad alguien podía obligarse a dar tanto cariño, a decir y hacer tanto por alguien más, sin sentirlo de verdad?

¿Las promesas debían ser algo tangible y capaz de observar para recordarte el por qué las hiciste?

Aférrate al recuerdo. Es todo lo que tienes.

Comieron en silencio. Estaban incómodos, pero para Sasuke era preferible eso a no estar cerca de Itachi.

 

El primer año después de que se dejaron fue el más difícil de todos. No se vieron ni hablaron por nueve meses hasta que las fiestas de fin de año los obligaron a juntarse.

Cada reunión, cada posibilidad de encuentro fue evitada como a un gas venenoso.

Para Itachi, la presencia de Obito fue crucial en ese proceso. 

Para Sasuke, sólo hubo una persona con él que le hizo creer que podía hacer de su vida algo bueno. 

—Mira, hay un anuncio del concierto— dijo Sasuke, mirando en las televisiones del local los comerciales.

—Ah, sí.

—¿Van a ser ustedes los únicos teloneros?

—No. Son dos bandas más.

—Desconocidas, seguramente.

Itachi no habló. Dejó que el comercial siguiera su curso hasta que escuchó la respiración de Sasuke detenerse junto a sus movimientos.

—Nesshoku.

 

«Exactamente lo que no quería»

 

Itachi odiaba muchas cosas de sí mismo. Su capacidad para arruinar su felicidad, sus inseguridades, la nostalgia y tristeza que lo ahogaban. Y una de esas cosas que odiaba era sentir sus reacciones cuando Sasuke recordaba a una persona en especial.

El primer año cuando se separó de Sasuke fue terrible. Verlo de la mano con aquella chica, verlo liberado del dolor que él le causó a Sasuke debería de haber sido gratificante. Pero no, era asfixiante verlo haciendo tantas cosas que juntos hicieron, pero de lado de otra persona.

—Siempre han sido muy buenas. Difíciles de olvidar— dijo Sasuke, refiriéndose a Nesshoku.

En el comercial, las chicas integrantes de la banda saludaron al público junto a Rampant, que anunciaban la fecha del concierto y que esperaban verlos allí.

 

Y ahí estaba ella.

 

Ishikawa Hiro. Al centro de su grupo, sentada en un banco. Sonriente, luminosa y con esa impresión de que era una persona diferente al resto.

Para Itachi no pasó desapercibido el hecho de que Sasuke se pasmó viéndola. Sus ojos fijos, sin moverse de posición ni un milímetro, recorriendo la imagen de Hiro, le hicieron recordar esa amargura vivida en el pasado.

Y desde el momento en que la vio, Itachi supo que esa chica terminaría acercándose a Sasuke de una u otra forma.

—Hace mucho no sé nada de ella— dijo Sasuke, cruzando los brazos en su pecho y regresando la vista a la mesa. El comercial había terminado.

Itachi no sabía qué decir exactamente. Los sentimientos que se juntaban al recordar a Hiro con Sasuke nunca fueron su sensación favorita. Y hasta la fecha, se daba cuenta que esa era una etapa que no había podido superar.

—Todavía… recuerdo ese día— siguió Sasuke al cabo de un rato—. El día de la final de la competencia.

Oh.

Itachi sudó en frío.

—Cuando los acompañé a la ronda eliminatoria fue fascinante; nunca había conocido el mundo musical como esa vez.

«Ese día, descubrí cosas de mí que siempre me dieron miedo saber» pensó Sasuke.

Tras tomar otro bocado y un sorbo a su bebida, Sasuke prosiguió.

—El día de la final yo ya conocía a Hiro. Y bueno, todo era muy diferente a ahora…

—Sasuke…— pronunció Itachi, con el aliento entrecortado.

—Tú y yo éramos diferentes en ese entonces— Sasuke miró el anillo en su dedo anular—. Teníamos algo.

Itachi apretó los ojos para cerrarlos. Su respiración era un poco más pesada y su corazón latía mucha sangre, pero su rostro perdía color.

—¿Qué?

—¿De qué?

De vuelta al pasado, el joven Sasuke sonrió mirando a Itachi a los ojos. Había un resplandor iluminando cada rincón de sus ojos negros. Su rostro de diecisiete años era lo que Itachi más amaba en ese momento.

—Me miras como si quisieras decirme algo— dijo Sasuke—. Dime qué piensas.

La luz fuera del escenario iluminaba cada facción de Itachi. Dentro del remolque, en donde Akatsuki acababa de presentarse, podía oírse a otra banda tocando.

La mirada penetrante de Sasuke puso nervioso a Itachi.

—¿Qué estás pensando?— insistió Sasuke, sin darle descanso de su mirar.

Itachi permaneció callado pero no dejaba de ver a Sasuke por nada ni nadie. Incluso ahí, rodeados más o menos de gente y ruido ensordecedor, esperaba poder reunir el valor para transmitir todo lo que llevaba dentro.

Actualmente Itachi casi no recordaba bien el curso de la noche, pero lo más lúcido en su memoria era cuando ambos Uchiha caminaban de regreso al departamento de Itachi.

Uno al lado del otro, callados, pero envueltos en una tensión que ambos podían percibir, mas no se atrevían a nombrarla.

Había algo entre ellos. Era más que evidente. Pero el temor los agobiaba. Las dudas de qué sucedería eran atractivas en la mente de cada uno.

Un eterno ¿qué pasaría si?”.

 

«Pregúntame qué quiero y verás qué respondo»

Sasuke lo quería. Tal vez sus sentimientos eran lo que menos comprendía, pero no les tenía miedo. Jamás en su vida se había sentido perseguido por lo que se gestaba dentro de sí; o fue así hasta que sintió que no había nadie en el mundo que lo comprendiera y lo viera verdaderamente más que Itachi.

No estaba asustado. No tanto. Él estaba seguro de lo que quería.

—Tuvimos algo, Ita…— dijo Sasuke, dándole vueltas al anillo en su dedo— Y yo…

«Di algo. Lo que sea»

Sasuke sacudió la cabeza de un lado a otro. Tomó su teléfono para mirar la hora.

—Ya tengo que irme.

Itachi actuó por instinto.

En cuanto Sasuke se levantó de la mesa con intención de ir a la salida; Itachi lo siguió casi al instante y tomó su muñeca con fuerza, un agarre parecido a un pellizco.

Sasuke volteó justo y como lo había hecho años atrás, después de ese concierto en el remolque. Esperando, esperando, esperando

—N-no…

«No te vayas otra vez»

—Di lo que piensas, Itachi— pidió Sasuke, con la voz un poco más dura que las veces en las que habían pasado situaciones similares.

Itachi sintió su agarre debilitarse un poco. Los ojos le ardían amenazando con soltar lágrimas. Los colores de su rostro regresaron y se intensificaron al grado en que la sangre se veía fácilmente tras su piel.

—Tú me pediste irme— dijo Sasuke.

«Lo sé. Ya lo sé»

El muchacho mayor miró la mano de Sasuke y el anillo que su dedo cargaba en ella. Se aferró una vez más a la idea de que el rumbo de la situación debía beneficiar más a Sasuke que a él mismo.

Justo como en aquel entonces donde decidió apartar a Sasuke de sí para procurar su bienestar, la expresión de Itachi fue devastadora.

Tanto así que Sasuke regresó, de la mano con Itachi, al asiento donde estaban anteriormente. Allí, y sólo allí, el joven se permitió acercarse más a Itachi hasta que sus costados se tocaban.

«No te entiendo» pensó Sasuke «¿Por qué no puedes decirme qué es lo que piensas?»

Ninguno tuvo el valor de volverse a ver a los ojos otra vez.

«Aún te amo»

El comercial de Rampant y Nesshoku volvió a pasar en la televisión. Esta vez, ninguno de los dos decidió mirarlo.

 

 

Notes:

¿Qué tal este nuevo capítulo? Al fin descubrimos parte de lo que Sasuke siente.

Canción referenciada (en algunas líneas):
"The Hunger" – The Distillers

La inspiración me llega más fácil cuando conecto los sucesos de un capítulo con canciones. Espero no sea una molestia para la lectura.

Chapter 6: Para no morir de amor

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

Sasuke tocó el timbre de una casa amigable de paredes blancas, largas ventanas y variadas macetas de plantas bien cuidadas y hermosas.

Esperó un tiempo hasta que un hombre apuesto y de ojos azules como el Atlántico abrió la puerta, recibiéndolo con una sonrisa amable y sorprendida.

—¡Sasuke! Pero qué gusto volver a verte por aquí.

Al interior de la casa, las luces cálidas iluminaban. Y a la lejanía, podían escucharse golpes rítmicos insonorizados por la construcción.

—Buenas noches, Kaito— saludó Sasuke, inclinando su cabeza como señal de respeto al hombre—. Espero no molestar con mi llegada.

—Para nada, chico. Ya sabes que siempre serás bienvenido aquí.

Kaito se hizo a un lado de la puerta para dejar pasar al joven. Sasuke agradeció con una sonrisa sincera.

Recordaba cada rincón de la casa. Había pasado por lo menos dos años frecuentando el lugar y conociendo la historia de cualquier cosa que estuviera colgada en las paredes, o que habitara las habitaciones de quienes vivían ahí.

Las fotografías de una hermosa mujer castaña bailando bajo luces de colores. La sonrisa de un bebé siendo cargado por Kaito. Varias imágenes en secuencia que seguían el crecimiento de una niña que se convertía en una bella muchacha:

Su ex novia, Ishikawa Hiro.

—¿Qué te trae por aquí?— preguntó Kaito con su voz siempre serena— No me molesta, pero creí que no te veríamos más por la casa desde que Hiro y tú terminaron.

Sasuke asintió sintiendo que el ambiente sereno del hogar lo envolvía. No estaba apenado, tal vez un poco inseguro porque estaba pisando un lugar al que nunca creyó regresar a menos que lo necesitara de verdad.

—Hiro y yo dijimos que siempre estaríamos para el otro incluso si la vida nos separaba— dijo Sasuke—. Vengo a abusar de la amabilidad de Hiro— rió.

Kaito también sonrió con calidez.

—Ustedes no tienen remedio. ¿Quieres una fruta, un vaso de agua? No tengo nada preparado, Hiro me invitó a comer.

—Agua estaría bien, Kaito, muchas gracias. ¿Cómo están los dos?

Kaito regresó a la cocina sin dejar de hablar con Sasuke. El murmullo de la batería hacía temblar el piso bajo los pies.

—Afortunadamente, estamos muy bien. Buena salud, buena racha, estables y tranquilos con nuestra vida pese a los cambios que los proyectos de Hiro nos han traído— dijo Kaito, regresando a la sala y sentándose en uno de los asientos del sillón—. Por favor, siéntate Sasuke.

Sasuke recibió el vaso de agua y bebió de él. El rostro apuesto y el cabello medio rizado y de colores castaño claro de Kaito eran un panorama que no sabía que había extrañado.

—Me da mucho gusto. Ambos han trabajado demasiado para alcanzar la tranquilidad de la que gozan hoy. Imagino que está orgulloso de lo que Hiro ha alcanzado.

—Como no tienes idea— dijo Kaito, mirando la fotografía de la mujer castaña—. Mi Akari hubiera estado igual de orgullosa de nuestra Hiro.

Sasuke se quedó en silencio por un momento. Sabía que la historia familiar de su amiga era un tanto complicada, pero no por ello faltaba el amor paternal que Kaito siempre le había ofrecido a cualquiera que se convirtiera en un depósito de su confianza y respeto.

—¿Qué tal te va a ti?

—No podría quejarme de nada— respondió el Uchiha, sabiendo que en realidad sus días no eran así desde mucho tiempo atrás—. He encontrado un trabajo estable.

—Qué alegría. Hiro y yo siempre confiamos en tus capacidades. Eres lo suficientemente bueno como para que cualquiera te rechazara.

—Gracias por tenerme fe.

—A veces nos acordamos de ti. Los dos te tenemos mucho cariño— confesó Kaito, tocando el hombro de Sasuke.

El hombre nunca había sido ingenuo con nada de lo que pasaba en la mente de Sasuke. A sus ojos oceánicos no se le pasaba nada por alto por más que pretendiera esconderse.

Tal vez, esa era una de las cosas que Sasuke más apreciaba que Kaito le hubiera transmitido a Hiro.

—Así como ustedes me piensan, yo los tengo en un lugar especial de mí. De corazón, les agradezco todo lo que han hecho por mí— agradeció Sasuke, mirando directo a Kaito.

—Eres un buen muchacho. Siempre lo supe. Y sé que tienes algo que hablar con Hiro. Pero no te preocupes, ella subirá en un rato; está ensayando.

—Lo sé. Me enteré que va a tocar con Rampant a finales del mes. También venía por ello, a felicitarla— Sasuke extrajo de una bolsa que cargaba en su mano una pequeña maceta que le extendió a Kaito—. Recuerdo que me habías dicho que siempre quisiste una de las que plantamos en casa, y como fui hace poco, recogí una para ti.

Kaito recibió la maceta con cuidado. Miró de cerca la mata de cosmos y sonrió de forma divina. Profundamente agradecido. 

—Un detalle precioso, Sasuke. Muchas gracias. La voy a cuidar como las otras— el hombre se levantó del sillón y colocó la planta encima de la mesa de centro junto a un florero natural.

—También le traje algo a Hiro, pero mejor hasta que suba se la doy.

—Ah, sí. Ya no debe tardar mucho.

—No hay prisa.

 

Por varios minutos, Sasuke platicó con Kaito sobre varias cosas. Ahondaron en el tema del trabajo de Sasuke y de los avances en su línea de investigación a pesar de todavía no terminar la carrera.

Kaito también se abrió con algunas anécdotas que estuvieron sucediendo desde que Nesshoku se había vuelto una banda cada vez más conocida. Igualmente le platicó sobre su trabajo y cómo la vida parecía ser diferente, pero en cierta medida seguía siendo igual para ambos.

Sasuke omitió a toda costa el tema de que iba a casarse. Incluso se había quitado el anillo de la mano al tener en mente que iba a visitar a ambos Ishikawa.

Tampoco quiso hablar mucho sobre lo que lo había convencido de ir al hogar de su antigua novia. Si bien le tenía confianza a Kaito, todo lo que involucra a Itachi únicamente era sabido por la hija del hombre.

Al cabo de una media hora, cuando el reloj marcó las 21:40 p.m., la puerta que guiaba al sótano de la casa se abrió, revelando tras ella a una jovencita de la misma edad de Sasuke.

Cabello negro y largo, atado en una coleta despeinada. Sudorosa en el cuello y en los brazos enrojecidos. Se quitaba unos tapones de los oídos y sostenía sus baquetas en la mano izquierda cuando miró a Sasuke y se quedó pasmada un instante en el umbral de la puerta.

—Hija, mira quién vino— dijo Kaito, levantándose del sillón y dirigiéndose a darle de comer al gato café que entró por una ventana.

—Sasuke— pronunció la chica, con la mirada iluminándose poco a poco hasta hacerla parecer una pequeña estrella.

Después sonrió con emoción y se acercó casi brincando de la emoción hasta el muchacho. 

Sasuke sonrió con cariño, recordando los días de novios que vivió con ella. Se levantó rápido del sillón para atrapar en un gran abrazo a su amiga y dar algunas vueltas con ella para evitar caer de espaldas.

Kaito sonrió enternecido por la escena.

—Perdón, estoy algo sudada— se disculpó Hiro, apartándose de Sasuke hasta verlo de frente.

—No pasa nada. Te extrañé.

Hiro sonrió amplio. Sus dientes alineados siempre le habían parecido a Sasuke los más reconfortantes.

—Yo igual.

Hiro después se fue a bañar. Y no más de quince minutos más tarde, regresó con el cabello mojado, en su pijama y dispuesta a hablar con Sasuke.

Las luces cálidas de toda la casa se habían atenuado hasta hacer el ambiente más cómodo. Kaito se había retirado a su habitación con calma y les dejó la sala a los muchachos con confianza.

—Pensé que no te vería en mucho tiempo— confesó Hiro, tomando agua caliente.

—¿Cómo podrías creer eso? Vi el comercial de Nesshoku y Rampant. No me atreví a felicitarte por un simple mensaje— dijo Sasuke, sentado junto a Hiro en la alfombra de la sala.

—Oh, sí. Ni siquiera yo me lo creo todavía.

—Felicidades.

La conversación fluyó como en los viejos tiempos.

 

Desde que Sasuke había conocido a Hiro, en aquella batalla de bandas, las palabras siempre fueron sencillas de externar.

Tiempo atrás, cuando las personas comenzaron a entrar al auditorio donde iba a ser la primera etapa de la batalla de bandas, Sasuke se había quedado quieto en el lugar donde Itachi lo dejó.

Sus brazos se aferraban a la chamarra de cuero de Obito, y cuando más personas rodearon sus alrededores para tomar asiento, un hombre de alrededor de cuarenta años se sentó a su lado izquierdo.

Los altavoces del auditorio anunciaron la primera llamada para comenzar la batalla de bandas.

Al ser un lugar pequeño y con personas contadas, el evento no era más que una demostración del arte local del país. Un importante paso para las bandas y músicos que buscaban consolidarse y ser impulsados por productoras, managers y entrar en la escena musical.

Por eso Sasuke estaba nervioso en nombre de Akatsuki. Sabía lo que esta competencia significaba para todas las bandas. Una oportunidad de oro para los interesados. Ahora o nunca. Ganar o perder.

Una persona entrante en la fila hizo que el hombre de su lado izquierdo rozara sus rodillas con las de Sasuke.

—Lo siento, no quería— se disculpó el hombre, mirando directo a Sasuke.

—No se preocupe. No hay cuidado— respondió Sasuke, sonriendo fugazmente.

Unos diez minutos después se dio la segunda llamada de comienzo. La tensión se acumulaba en los hombros de Sasuke a medida que pasaba el tiempo. Creyó que nadie se daba cuenta de su estado anímico, pero el hombre a su lado leyó fácilmente el lenguaje corporal de Sasuke.

—¿Te sientes bien?

—¿Eh? ¿Perdón?— preguntó Sasuke.

—Que si estás bien. Te veo nervioso— aclaró el hombre. Ojos azul Atlántico.

—Ah, sí. Estoy bien, no se preocupe.

—¿Seguro, chico?

—Es sólo emoción por el evento.

El hombre pareció comprender la situación. Relajó su expresión preocupada y se acomodó en su asiento.

—¿Eres de los que van a presentarse? Oí que la lista era algo larga.

—Oh, no, no. Vine al evento porque un amigo se va a presentar y me invitó a verlo— dijo, refiriéndose a Itachi, sin decirlo directamente.

«Un amigo. Ojalá lo fueras, Itachi. Todo sería más fácil» Pensó Sasuke.

—¿En serio? Yo vine a ver a mi hija. También se va a presentar.

—Supongo que ellos están más emocionados y nerviosos que nosotros— Sasuke no pensaba que la conversación fuera a ponerse muy interesante, pero por lo menos tenía algo con qué distraer la mente hasta que el evento comenzara y no pudiera concentrarse en otra cosa más que eso.

—Todos han practicado demasiado para este momento— dijo el hombre—. Se merecen estar aquí.

Sasuke asintió.

La tercera llamada y el comienzo del evento puso los pelos de punta a Sasuke. La voz de las bocinas fue determinante cuando comenzaron a explicar las reglas del evento.

Cada banda y músico ya había sacado previamente un número de orden. Tenían un tiempo límite de 8 minutos para presentarse con los números musicales que decidieran y en base a su presentación, calidad instrumental, originalidad y técnica serían calificados por el jurado.

Presentaron a los miembros del jurado y entre ellos estaban algunos nombres conocidos que pertenecían al mundo de la música.

Luego, los primeros quince minutos fueron ocupados por dos bandas que, al gusto de Sasuke, no representaron un gran número musical. Las luces intermitentes, los colores del escenario, el sonido alto y las voces de quienes cantaban fueron aumentando la impaciencia de Sasuke por ver a Itachi en el escenario.

—Mi hija será la número nueve— dijo el hombre al lado de Sasuke—. Su banda se llama Nesshoku. Ella es baterista.

—Oh— dijo Sasuke sin saber muy bien cómo aportar a la conversación—. Mi amigo es guitarrista y su banda es la número seis. 

—¿Cómo se llaman?

—Akatsuki.

El hombre sonrió y no agregó nada en cuanto las siguientes bandas comenzaron.

Hubo algunos números individuales. Pianistas o trovadores que fueron cautivando a su manera a quienes habían ido a verlos. El jurado no había dicho ningún resultado porque necesitaban un censo de todas las bandas para decidir sobre ellas.

Sasuke sólo podía estar nervioso por Itachi. Había visto cuánto trabajó por llegar a ese lugar junto al resto de Akatsuki. 

Estuvo presente desde que Shisui era el baterista. Cuando se presentó por primera vez en ese bar-comida. En sus siguientes presentaciones menores cuando Kisame se unió a la banda y cuando Deidara había llegado de imprevisto.

El proyecto musical de Itachi los había acercado de una manera que jamás imaginó. Los sentimientos afloraron con rapidez y ahora, Sasuke era incapaz de no compartir sentimientos similares a los de Itachi.

Llevaba tiempo así. Esperando, esperando no ser extraño. No ser anormal, enfermo. Esperando no ahogarse en sus propios sentimientos que parecían estar mal. Que desafiaban la naturaleza de las relaciones familiares.

Pero Sasuke siempre había sido una persona que decepcionó al resto. A su padre, a sus amigos, a sus profesores. Era una persona que actuaba conforme se sentía; jamás le importaba demasiado la impresión que dejara en los demás.

Por ello ahora su círculo social era pequeño: dos amigos, un profesor en el que confiaba, una madre que lo apoyaba. 

Se tenía a él mismo para validar sus emociones. Ninguna era rechazada, pero sí pensada y digerida con su debido tiempo.

—Como siguiente número, Akatsuki.

Sasuke se acomodó en su asiento, estirando el cuello para ver mejor sobre el resto de cabezas.

—Suerte a tu amigo— susurró el hombre a su lado.

—Gracias— contestó Sasuke.

Obito, Deidara, Konan, Itachi y Kisame subieron al escenario.

El cabello suelto de Itachi le mejoraba significativamente el aspecto que transmitía al estar en una banda de rock. Lo hacía ver más rebelde, más libre.

Itachi buscó por cortos segundos a Sasuke hasta que lo encontró. Pese a la luminosidad del escenario, las facciones de Itachi no se ocultaron de Sasuke fácilmente; no cuando estaba acostumbrado a dibujarlas en su memoria cuando no estaba cerca de él.

El nerviosismo recorrió el cuerpo de Sasuke, que mantuvo la mirada fija en el escenario tratando de hacer contacto visual con Itachi. Cuando finalmente ocurrió, su corazón se aceleró bastante y sonrió para tratar de darle calma.

Luego, cuando todos estaban seguros de que el sonido era adecuado, Kisame contó cuatro tiempos con sus baquetas y Konan tocó su bajo, rezumbando por el auditorio entero.

Al tercer tiempo, Kisame se unió a ella con su batería. Y un tiempo más después, Obito comenzó a cantar.

Despierto temprano, un chico fresco.

Cada día gira alegremente.

Al terminar su primera estrofa, las guitarras de Itachi, Deidara y Obito se unieron para crear una melodía atrayente. Las personas del auditorio rápidamente mantuvieron la atención en Akatsuki, lo que motivó a los intérpretes del escenario para moverse y hacer contacto indirecto con el público.

Itachi sonrió desde el escenario en dirección a Sasuke. Su cabello largo y suelto, medio alborotado, le dio el aspecto más atractivo que Sasuke pudo imaginar.

Sasuke sintió sus mejillas arder levemente, pero eso no lo detuvo para demostrar junto a algunas personas la emoción que le transmitía su primera canción.

«Si supieras cuánto me haces sentir, Itachi»

La emoción se combinaba con sus sentimientos más profundos.

—El muchacho del medio canta hermoso— dijo el hombre al lado de Sasuke cuando la primera canción de Akatsuki había terminado.

Sasuke no reparó demasiado en el comentario porque con solo cuatro golpes de las baquetas de Kisame, la batería envolvió a todos junto al resto de instrumentos durante ocho tiempos. Luego, la voz de Obito volvió a cantar, metiéndose en el bolsillo la atención de los presentes.

El tiempo fluye con el flujo de la sangre.

Los jóvenes bailamos toda la noche.

Era una canción animada. Atmosférica. Te hacía pensar en un amanecer. Probablemente, era la mejor canción que tenían para representar el nombre de la banda Akatsuki. Sasuke disfrutaba mucho escuchar a Itachi tocar esa canción en su guitarra mientras improvisaba un poco el canto para no perderse con la guitarra.

Pero Obito parecía ser suficiente usando su voz para entretener al público. 

Sin embargo, Sasuke siempre iba a creer que Itachi era portador de una voz tan preciosa y única. Y sólo él la había escuchado en vivo y en directo, sólo para él; en la intimidad de una habitación donde el sol naranja entra por la ventana para adormecer sus defensas y darle paso a sus anhelos.

Olvidando la dulzura de la noche hasta la mañana.

Un hombre perdido y confundido entre la multitud.

Dejando que la luz del sol difumine las viejas manchas.

Preparándose para cruzar la nueva noche.

La presentación de Akatsuki fue todo un éxito. Sasuke se levantó de su asiento y aplaudió con fuerza para que Itachi le viera.

El grupo reverenció al auditorio y después de que Itachi dirigiera una mirada más a Sasuke, se esfumaron detrás del escenario.

La emoción prevaleció retumbando en el pecho de Sasuke varios minutos después.

—Son muy buenos— dijo el hombre a su lado, acompañando las palmadas del resto del auditorio.

—Lo sé. Todos son muy talentosos— coincidió Sasuke.

Sasuke encendió la pantalla de su teléfono para mandar un mensaje a Itachi, felicitando la presentación y deseándoles el éxito para ser seleccionados en la siguiente ronda.

Luna: Gracias por estar aquí.

Tú: Lo que sea por ti.

Sasuke sonrió. Dejó la pantalla apagada y dedicó sus siguientes momentos a escuchar al resto de bandas.

Luego, el jurado anunció a la última banda participante.

—Nuestra última banda, Nesshoku— dijo el jurado.

—Ella es, esa es mi hija— señaló el hombre al lado de Sasuke.

Una bella señorita que aparentaba la misma edad que Sasuke. Su cabello suelto, amarrado sólo para no estorbarle el rostro. Aferrada a sus baquetas y con expresión concentrada.

Recibió un último mensaje de parte de Itachi.

Luna: Cuéntame qué tal han estado las otras bandas. No podemos escucharlas donde estamos.

Sasuke iba a responder. De hecho estaba ya escribiendo en el teclado un resumen corto y algunos detalles de las previas presentaciones. Sin embargo, el ritmo de la guitarra, el recorrido de los dedos sobre las cuerdas de un potente bajo y los rápidos redobles de la batería hicieron a Sasuke paralizarse en su lugar.

¿Qué- de-mo-nios?

Un grupo de mujeres. En la batería, la hija del hombre con el que estaba sentado, tocando con tanta energía y fluidez que sorprendía por nunca perder el tempo de la canción.

Una guapa muchacha de ojos verdes opaco acariciando las cuerdas de un precioso bajo negro y aura verde.

Dos guitarras; la principal en manos de una llamativa chica de cabello rojo incendio. Ella misma cantaba de una manera tan particular que a Sasuke le fue imposible pensar en Obito, que había nacido para cantar.

La guitarra rítmica en manos de una jovencita rubia con una coleta alta y ojos claramente azules.

Y finalmente, una joven en el teclado que tocaba algunos efectos especiales en la canción. Su cabello atado en dos moños a los costados de su cabeza.

Todas en conjunto. Ocupando su papel en lo que les correspondía. Sasuke se vio entramado por la letra de la canción que había comenzado.

My reality is something weird.

My unfriendly smile on my way.

Nothing new this wearisome day.

This world is full of narcissist.

Toda la presentación fue un emblema de las mujeres. Rudas, libres, decididas y confiadas.

La muchacha del pelo rojo que cantaba gesticulaba perfectamente su rostro y ojos en las estrofas que se le antojaban. El público no perdió ni un sólo segundo de ellas.

Encantaron a la multitud. Y el jurado por poco se convertía en un espectador más.

Su segunda canción no fue menos que la primera. Esta vez, la guapa muchacha de ojos verdes y bajo negro cantó con una fuerza y profundidad que erizó los cabellos de Sasuke en su asiento.

The city starts to fade into the setting sun.

As I turn my back and walk the lonely road.

I felt your hand slip through my fingers once again.

And what was left was just a momentary warmth.

La guitarra de la chica pelirroja brillaba como ninguna otra. Con sus armonías falsas y las notas pulcramente ejecutadas, Nesshoku se colocó de inmediato como una a posibilidad innegable de pasar a la siguiente y última ronda.

—¿Son buenas, no?

—Sí. Me distrajeron completamente de lo que iba a hacer— admitió Sasuke al hombre a su lado—. Su hija toca muy bien.

—Todo su esfuerzo junto a las chicas con las que está las ha traído a este lugar. Imagino que a tú amigo también.

—Sí. Se ha esforzado demasiado.

El hombre y Sasuke estuvieron atentos cuando todos los miembros participantes de la competencia volvieron a subir al escenario, esperando los resultados del jurado.

Sólo tres bandas avanzaron. Y entre ellas, Nesshoku y Akatsuki.

Sasuke aplaudió y silbó fuerte entre el auditorio, atrayendo rápidamente la mirada de Itachi y Obito, que también se abrazaban junto a sus compañeros y demás músicos que se presentaron.

Minutos después, Sasuke permaneció en silencio hasta que la hija del señor se acercó para festejar con su padre.

—¡Felicidades, hija!— vociferó el señor, abrazando a la muchacha con entusiasmo— Sabía que iban a lograrlo.

La muchacha sonrió dulcemente, emocionada, feliz. Sus brazos rojos por el bombeo rápido de sangre por tocar tan rápido la batería.

—Ella es mi hija— habló el señor, señalando a la muchacha con la mano y presentándola a Sasuke.

—Hola. Ishikawa Hiro— respondió la chica, extendiendo la mano hacia Sasuke.

—Uchiha Sasuke— correspondió—. Estuvieron impresionantes.

—Muchas gracias. Todos estuvieron genial; no sé cómo habrán hecho para escoger sólo a tres.

—Lo mismo digo.

—El amigo de Sasuke también entró a la final. Akatsuki se llama la banda, ¿cierto?— preguntó el hombre.

—Sí. Fueron el número seis.

—¡Qué bien! Me alegro por ellos. En la final podré ver cómo tocan. Desde donde estábamos esperando no se escuchaba nada del escenario— dijo Hiro.

—Es cierto. Mi amigo también me comentó eso. ¿Por qué lo hicieron así?

—Supongo que para evitar más los nervios— concluyó la muchacha alzando los hombros. Luego presentó a su padre—. Seguramente mi padre no se ha presentado contigo.

—¡Qué modales los míos!— exclamó el mismo— Ishikawa Kaito. Un placer.

Sasuke sacudió su mano con la de Kaito.

Un minuto más tarde, Itachi y Obito se acercaron a Sasuke. Ambos muchachos lo abrazaron con emoción.

En los brazos de Itachi, Sasuke pudo sentir casi como parte de él las emociones que Itachi destilaba.

Emoción. Ilusión. Esperanza.

—Lo hicieron muy bien. Tienen todo para ganar— aseguró Sasuke, escondido entre los hombros de Obito e Itachi.

—Nunca estuve tan nervioso antes— dijo Obito.

—Gracias— susurró Itachi en el oído de Sasuke. El joven se estremeció por lo trémula que fue su voz.

Un calor en el vientre se le instaló. Casi como si sufriera vértigo. Pero sabía bien qué era: anhelo.

Ese «gracias» era como una invitación a la entrada de las puertas del cielo.

Sasuke se aferró más con Itachi. Al final del abrazo, Obito se acercó a tomar sus cosas en el asiento donde Sasuke había estado.

—Ella es Hiro. Está en la otra banda que pasó a la final— dijo Sasuke, presentando a sus recientes conocidos—. Y él es su padre.

—Kaito— pronunció el susodicho, extendiendo la mano en dirección a Obito y luego a Itachi, seguido por su hija.

—Muchas felicidades. Ansío verlos presentarse— externó Hiro, respetuosa.

—Igual nosotros— concordó Obito.

Al cabo de veinte minutos, Sasuke se quedó hablando un momento más con Kaito hasta que los músicos que se habían presentado terminaron de recoger sus cosas de la sala de descanso.

Cuando finalmente estuvieron listos, Sasuke se reunió con Obito e Itachi, que venían hablando con Akatsuki; y Konan, que hablaba animadamente con Hiro y la chica de ojos verdes.

—Doy clases de bajo gran parte de la semana— decía Konan.

Hiro y su compañera siguieron la conversación.

Sasuke permaneció en silencio con Kaito, detrás de las otras dos chicas de Nesshoku, que iban hasta el frente del grupo.

Saliendo del auditorio, los grupos comenzaron a disolverse. Akatsuki fue guardando las cosas en la camioneta que el novio de Konan había llevado. Obito hizo lo mismo pero en su carro.

Las chicas de Nesshoku subieron a la camioneta que Kaito llevaba consigo. Y cuando finalmente se despidieron y Akatsuki se quedó reunido por unos segundos más, Konan habló.

—Oigan, las chicas de Nesshoku van a tocar el siguiente fin de semana en un evento. Me dijeron a mí, pero estaban invitándonos a todos para que fuéramos a pasar un rato.

—¿Compañerismo o intimidación?— preguntó Deidara con sonrisa sardónica.

—Nos conviene conocer gente del medio, tonto— replicó Konan, rodando los ojos.

—Buena invitación, pero no creo poder ir.

—Tengo el número de las dos chicas con las que venía. Ellas me mandarán la ubicación y hora definitiva porque todavía no se las confirman bien.

—Bien jugado, Konan.

La expresión de la muchacha se descolocó por algunos segundos, confundida y molesta. 

—¿Qué les pasa?— preguntó, especialmente a Obito y Deidara.

—Que son nuestra competencia. Rivales, por si no te acuerdas— dijo Obito.

—Oye, amigo…— intervino Kisame, cruzado de brazos y con una expresión que decía “No seas así”.

—No hay nada de malo, pero, hay que… mantenerse un poco alejados de ellas por lo mientras. Hasta que sepamos quién ganará— siguió el Uchiha mayor.

Konan, Kisame e Itachi se quedaron en silencio junto a Sasuke. Cada uno por motivos diferentes, pero a final de cuentas algo disgustados por la actitud de Obito.

Konan negaba con la cabeza mientras se subía a la camioneta, seguida de Kisame. Deidara había optado por irse con sus papás, y Obito, Itachi y Sasuke regresaron en el carro de su primo.

Esa tarde, cuando Sasuke llegó junto a Itachi al departamento de este, se quedó pensativo, mirando el techo por un rato largo mientras Itachi se duchaba.

Cuando salió del baño, lo primero que Sasuke dijo fue:

—¿Me pasas el número de Konan?

Itachi, desde el momento en que había visto la breve interacción entre Hiro y Sasuke, supo que todo podría cambiar, y que no iba a ser gratificante experimentarlo.

 

Hiro abrazó a Sasuke, dejando que sus cabezas se unieran sencillamente mientras se mecían en el suelo.

Debes hacer algo, Sasuke— le dijo Hiro, después de un rato de silencio—. No creo que quieras que tu vida tome este curso.

No— concordó el Uchiha.

—Ahí lo tienes.

Sasuke siempre había podido contar con Hiro de formas que nunca pudo pensar. , fueron novios, vivió con ella muchas cosas cosas que creyó que descubriría con Itachi, pero eso no lo hacía menos gratificante; al contrario, Sasuke estaba agradecido de haber puesto parte de su alma al lado de Hiro.

—No te juzgues antes de actuar. Y cuando hayas hecho lo que decidiste, disfrútalo y no lo cuestiones— le recordó la chica—. Sólo házlo si sientes que hay algo mal.

Ambos jóvenes pasaron al dormitorio de Hiro antes de quedarse dormidos. Y cuando el sol salió al día siguiente, lo primero que Sasuke vio al despertar fueron las facciones de Hiro que fácilmente confundió con las de Itachi.

El teléfono de Sasuke sonó con una notificación.

Naruto: Tienes tiempo hoy?

Tú: Sí. Tengo que contarte algo.

 

Si Itachi no hacía nada, entonces Sasuke sí.

Él nunca tuvo miedo de sentir, de ser observado o cuestionado.

Sólo tenía miedo de perderse a sí mismo antes de descubrir quién era.

Notes:

Al fin esto se está cocinando.

¿Qué pasará en los siguientes capítulos? ¡Aún hay muchas cosas por descubrir para que las piezas encajen!

Canciones en este capítulo (por orden):
"明日は来るのか - Ashita Wa Kurunoka" – DOES
"陽はまた昇る - Hi Wa Mata Noboru" – DOES
"zero" – Anna Tsuchiya
"想イ出カケラ" – nano

Siempre pongo las referencias musicales porque me traumaron con metodología de la investigación, citación y plagio, lol.

Espero esté siendo de su agrado la historia. Poco a poco este interminable angst empeorará... y se transformará.

Chapter 7: Corazones amplificados

Notes:

(Capítulo situado en el pasado)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

Itachi se enamoró durante la tarde en la que vio a Sasuke pretender tocar su guitarra con la misma destreza que Obito y él tenían.

Shisui, animando al niño desde su lugar en la batería, notó el cambio de mirada en Itachi.

La reconoció en el instante que la vio surcar el rostro de su primo, porque él también la había experimentado: ese piquete en el corazón que te quema los circuitos. Esa vuelta sin retorno que no sabes cómo frenar en el momento en el que parece ser tu única salida para no morirte vivo.

Shisui sonrió aguantando un nudo en la garganta.

Itachi se quedó allí, pasmado, viendo pequeñas partículas irrumpidas en los rayos de sol cuando Sasuke se movía para tocar torpemente algunas notas.

El tiempo se movió en cámara lenta. El brillo de la piel de Sasuke se grabó en sus ojos y por un momento, sintió que estaba viendo al sol bailar en medio de su habitación.

—Itachi, ¿estás bien?— preguntó Obito— Tienes la cara roja.

Se sintió como despertar de un sueño largo, del que estaba cansado. 

Las habilidades en la guitarra que fue adquiriendo en los siguientes años fueron mayormente impulsadas por aquella imagen mental que lo perseguía a cada paso.

Cada escalón superado lo volvía más capaz de realizar sus sueños, pero también de anhelar cumplir otros: los más recónditos de su mente, los prohibidos; los que probablemente terminarían siendo sus mayores fracasos sin haberlos intentado siquiera.

Pero una braza de esperanza se instaló en su corazón con cada momento que pasaba al lado de Sasuke.

Itachi siempre supo que Sasuke era bastante especial y diferente. Era casi una presencia divina a la que podría rezarle si le concediera tan sólo una de sus plegarias.

Déjame verlo cuando baile en el sol.

Sasuke creció. Y cada minuto donde su piel se delineaba con el sol de fondo, hacía que Itachi se quedara prensado en el momento en que su mente jamás pudo apartarse de él.

—Mañana volveremos a tocar. ¿Quieres… ir?— preguntó Itachi, sujetando fuerte la correa de la funda de su guitarra.

—¡Sí!

Itachi sonrió con el corazón calentándose poco a poco. Como la comida encima de una estufa; temeroso de quemarse y volverse incomible para Sasuke.

—Me quedo contigo. Así mañana no tendrás que pasar por mí— decidió Sasuke, brillante a pesar de la pintura negra que rodeaba sus ojos.

¿Cuántas veces atrapaste el sol con las manos?

Y lo veía otra vez ahí, bailando en medio de un tumulto de gente que, eufórica y liberada, se empujaba en los slam.

Reía como lo que era: un joven descubriendo el mundo, su mundo, conociéndose envuelto en ropas que desquiciarían a sus familiares por lo sinsentido que podrían parecer. El cabello alzado con gel, señalando a todas partes, picándote los ojos si te acercabas demasiado. Sus manos adornadas con picos de metal y pulseras que sonaban en cada colisión contra las personas que bailaba.

Su cabeza moviéndose, decidida, al ritmo de una batería desenfrenada.

Lo amaba.

—Oye Isolde, deja de suspirar. Parece que vas a llorar si no haces nada— dijo Obito, codeándolo con sorna.

Itachi negaba entre enojado y desesperado. Era cierto. Lloraría si no hacía nada.

Lo peor venía siempre en las noches, cuando escuchaba la respiración de Sasuke tan pausada y tranquila, golpeando contra su brazo o espalda.

O cuando se quedaban de repente en silencio, en medio de la habitación, hasta que la noche se asomara por la ventana y la música fuera el único medio de comunicación.

—Si pudiera tocar un instrumento…— decía Sasuke, desparramado en la cama, con los brazos abiertos y viendo al techo— No tendría que quedarme viéndolos tocar en el escenario.

En cada presentación, en cada error, en múltiples ensayos, en cada alegría y enojo estaba Sasuke. Siempre fue como la estancia divina del sol alumbrando las mañanas, apartando la noche oscura.

Sabes que el sol todos los días te acompaña, aunque a veces no puedas verle por las nubes. Así era Sasuke.

El día que Sasuke fue a la presentación de Nesshoku, Itachi estaba contrariado.

¿Por qué no podían ser más claros?

¿Habría malinterpretado todo este tiempo la presencia de Sasuke?

Cuando él llegó a la escena, Sasuke ya estaba hablando animadamente con Hiro. A su lado, Konan también se mantenía activa en la conversación, pero más centrada en las demás chicas de la banda.

Itachi no supo exactamente bien qué hacer. Había llegado tarde, eso era un hecho; pero tampoco lo suficiente como para irrumpir en la conversación y llevarse a Sasuke con él.

Hiro lo mantenía sonriendo, con los ojos bien abiertos, muy conversador y notablemente divertido. Las palabras entre ellos no parecían ser una dificultad.

Desde la distancia, y entre las sombras que las luces del lugar alcanzaban, Itachi permaneció apoyado en la pared. Silencioso, observando con atención.

Sasuke nunca paró de escuchar a Hiro. Cada palabra de ella parecía ser la octava maravilla del mundo.

«¿Por qué no puedes ser así conmigo?» Pensó.

Cabía la posibilidad de que, desde un inicio, Itachi siempre estuviera equivocado con lo que Sasuke hacía por él.

Tal vez no era el mismo amor que él sentía. Tal vez Sasuke no estaba igual de mal que Itachi.

A lo mejor la culpa la tenía completamente Itachi. Por pensar cosas que no son. Por creer que podría burlar la realidad y hacer un mundo que se moviera a su antojo y deseo.

Casi una hora después, Itachi se acercó a la mesa donde Nesshoku, Konan y Sasuke hablaban.

—Hola— dijo, atrayendo la atención de Sasuke.

No tenía ni una queja lo suficientemente objetiva para tener una razón en la que basar sus sentimientos de repudio por Hiro. La chica era respetuosa, cuidadosa con sus palabras por naturaleza, divertida y como un faro de luz en la marea fuerte.

Tal vez la repudia porque era demasiado afín con Sasuke. Y no era algo que todos ignoraran; al contrario, parecía ser una verdad escondida entre miradas cómplices.

Esa noche, caminando de regreso junto a Sasuke, Itachi probó la amargura en su boca sin poder escupirla para aliviarse.

Las palabras de Sasuke le daban la mayor cantidad de datos que había conocido sobre Nesshoku; pero la mayoría eran relacionados a Hiro. Incluso, ahora Sasuke tenía el número de Hiro en sus contactos.

Sin embargo, ese mismo desazón no podía ser definitivo y cambiarlo todo. No porque Sasuke seguía siendo él mismo: el sol seguía brillando en su piel, seguía arrullando con su voz a Itachi cuando no podía dormir bien.

Seguía estando a su lado sin importar el paso de los días, su estado anímico o la falta de palabras entre ellos. Parecía estar cómodo.

Y eso lo confundía.

Itachi cada vez más imploraba por respuestas más claras entre las palabras que Sasuke decía, o las acciones que lo dejaban en trance.

—Me gusta cómo te ves con el cabello suelto.

—¿Por qué no cantas también? Podría escucharte toda la vida cantando antes de ir a dormir contigo.

—Voy contigo a donde sea.

—¿Puedo quedarme en tu casa?

 

«Sólo me haces nudos en la mente»

 

Pero Itachi prefería vivir aquello que tener las respuestas malas tan rápido. No podía renunciar a las pocas cosas que le hacían sentir esperanza de que tal vez nunca tendría que decirle adiós a Sasuke.

—¿Tocarías una canción para mí?— preguntó una vez el muchacho antes de dormir.

Itachi siempre se levantaba por su guitarra para cantar bajito. Jamás lo rechazó. Menos cuando sentía tanta dicha al ver a Sasuke dormido en medio de la cama, adueñándose de todo el espacio disponible.

—¿Por qué siempre te duermes en el sillón?— le decía Sasuke cuando despertaba en medio de la cama— Tan fácil que es acurrucarse los dos.

Itachi siempre se negaba.

—No quiero molestarte.

—No lo harías. Sólo súbete encima de mí y duérmete— admitía audazmente el joven.

—No creo que me aguantes.

«¿Y si tengo mucho más de lo que necesitas?» Se preguntaba «¿Y si te ahogo intentando quererte?»

Sasuke siempre se quedaba serio después de esas conversaciones que involucraban la posibilidad de dormir juntos y acurrucados.

—A lo mejor y .

 

Sasuke no era un tonto como para no darse cuenta que Itachi no era él mismo con nadie. Ni siquiera con él, aunque le doliera admitirlo.

«Haz algo. Un movimiento mínimo y verás que jamás te suelto» Pensaba Sasuke.

La guitarra de Itachi era como un hechizo. Ver las manos ajenas trazando patrones y música con ritmo era el único ritual necesario para mantenerlo atado a sus pies.

No importaba cuánto tiempo pasara. Sasuke siempre iba a estar en deuda con la música por haberle abierto los ojos. Pero también iba a estar condenado.

Si tan sólo hubiera una manera de hacer que Itachi sintiera lo mismo que él.

«¿Debería ser más obvio?»

Al ritmo de la música, mientras se perdía empujándose con desconocidos, Sasuke encontraba la liberación de toda su frustración y cansancio. Por momentos, podía ser libre de lo que sentía y comportarse como alguien lleno de rabia.

Se cayó varias veces al suelo en cada slam al que se metía, pero siempre había personas que lo ayudaban a levantarse y seguir en el baile. 

—Ah, me van a doler los huesos mañana— se quejó, sobándose disimuladamente la espalda.

—No sé cómo te gusta pegarte con la gente— dijo Itachi.

—Es casi adictivo. Que te golpeen y aún así poder hacer lo mismo con los otros. Es una moneda de cambio rápida.

«¿Entiendes, Itachi? Golpéame y yo te haré lo mismo a ti»

¿Cómo podía resistirse tanto a no tomar siquiera su mano? ¿Por qué llevaba tanto tiempo prendado a un sentimiento que estaba mal? ¿Qué necesidad había de pasar una vida deseando cosas imposibles?

Sasuke evitó chocar sus manos siquiera por error.

Itachi mantuvo la mano suelta con la esperanza de que chocara con la de Sasuke.

Días después Sasuke vio a Itachi frustrado por no poder mejorar su habilidades técnicas en la guitarra. Sólo hasta que los dedos estuvieron a punto de sangrar fue que se detuvo.

—Te pondré cinta para que puedas tocar mañana— dijo Sasuke, envolviendo los dedos de Itachi.

Si pudiera tomar tu mano cada que yo quisiera…

Sasuke sonrió para darle ánimos a Itachi, quién mantuvo una mueca apenada.

—Enséñame a tocar— pidió.

Pronto, los dedos encintados de Itachi posicionaron los de Sasuke sobre los trastes de la guitarra acústica. No tenía tanta fuerza como Itachi para tocar, pero eso no importaba. 

No porque en lo único que Sasuke podía concentrarse era en la sensación del pecho de Itachi pegado a su espalda y a él mismo sentado en el regazo de Itachi.

—Sería mejor para ti si no me tienes atrás estorbando— dijo Itachi, comenzando a quitarse de su lugar.

—No, está bien— respondió el muchacho más joven, casi asustado por la distancia que empezaba a surgir entre ellos.

—Hoy no… Sasuke— susurró Itachi, apartándose.

—De verdad que no estorbas.

«Sólo quédate donde estás. Yo haré el resto por ti si me lo permites»

Itachi se quitó y se dirigió a su lugar de la cama. Se recostó hecho un ovillo sintiendo la sangre corriendo por todo su cuerpo con fuerza. Sus manos picaban, pero no por el dolor de su práctica, sino porque deseaba tanto tocar algo.

Sasuke permaneció con la guitarra en sus piernas, tonteando lo poco que sabía hacer con las cuerdas. Sólo melodías y acordes sencillos. Nada que aliviara el rechazo que le parecía bastante claro.

—Ya debo irme— soltó tras unos momentos.

¿Por qué no te quedarás aquí un rato? Quédate conmigo.

—Te llevo.

—No hace falta, igual caminaré.

—Te llevo— insistió Itachi, leyendo en el ambiente que el humor de Sasuke había cambiado drásticamente.

—Te dije que no— espetó el joven, duro.

Itachi se quedó en su lugar, pasmado.

—Otro día te enseño a tocar— propuso, sabiendo la razón de las reacciones de Sasuke.

Sasuke rodó los ojos mientras se ponía sus zapatos. 

«Él no tiene la culpa de que no se sienta igual que tú» Se recordó.

Pero dolía aceptar los hechos. Desde que tenía recuerdos, los sentimientos que tenía por Itachi siempre fueron complicados. Complicados porque no podía ser normal amar la belleza de quien se supone es su hermano de sangre.

No debería amar tanto las sonrisas de Itachi, o el sonido de su voz baja. Estaba mal que sólo se sintiera seguro en sus brazos, o que pensara que nadie más lo entendía como Itachi.

Sus recuerdos favoritos siempre estaban salpicados de imágenes de Itachi. Itachi siendo él, Itachi estando decaído, enojado, contento, pensativo. En todas partes lo encontraba.

Y sólo deseaba ser la fuente de alguna de las reacciones que más tenía grabadas en la mente. Quería que Itachi sintiera algo por él.

¿Era mucho ser correspondido?

Todos los días lo veía en las calles: parejas tomadas de la mano, amigos provocando amor en las personas que a ellos les gustaban.

¿Por qué él no podía ser como los demás?

Sasuke se limpió los ojos antes de que empezaran a lagrimear. No podía verlo así; tan suplicante, tan anhelante de algo que difícilmente llegaría.

Itachi observó desde la ventana a Sasuke caminando en la calle. 

—Eres horrible— se dijo a sí mismo.

No le costaba nada cumplir todo lo que Sasuke deseara; a él también le daría dicha hacer lo que él le pidiera. Podría vivir una vida cumpliendo peticiones mientras pudiera mantener la sonrisa de Sasuke dirigida hacia él.

Pero no podía sobrepasar la línea nunca. Si la cruzaba, podría ser el fin de todo.

¿Qué cosas cambiarían si dijera lo que sentía?

En su cabeza, Itachi no podía concebir otro escenario más que uno catastrófico. Ninguna posibilidad era alentadora. Al contrario. Cada una lo llevaba a avergonzarse de sí mismo como el día en que admitió su amor por Sasuke.

Sasuke se alejaría de él para siempre; no había otra resolución. ¿Quién querría estar cerca de alguien que te ama, pero que no correspondes a sus sentimientos? ¿Cómo podrías soportar el peso de un amor que, por donde miraras, no era normal?

¿Qué harías si tu hermano, tu misma sangre, espera por besarte y amarte toda su vida?

«Si tan sólo fueras mi amigo…»

Si Sasuke fuera su amigo las cosas serían un poco más sencillas. Tal vez debería lidiar con la homofobia que las personas tienen ceñida en su sistema, pero no tendría que ser señalado de una enfermedad tan grave y asquerosa como el sentir amor romántico por su propia sangre.

—Eres un error.

«Debería estar muerto»

¿Cuánto tiempo podría vivir sin hablar? ¿Sería capaz de resistir verlo con alguien más?

«Sólo quiero dejar de sentir esto»

 

No.

 

«Quiero dejar de estar enfermo»

Si Itachi estuviera muerto, si no hubiera existido jamás, Sasuke podría ser feliz. Sasuke podría ser puro completamente y nunca sería traicionado de la manera en la que Itachi lo estaba haciendo.

 

¿Y si sólo lo hacía?

 

¿Si ponía alto a todo pensamiento en su cabeza?

 

¿Y si por fin le daba una respuesta a sus problemas?

 

—Sasuke…

 

La adrenalina que sus pensamientos le causaron hacía escocer sus extremidades.

 

¿Y si sólo se mataba?

 

No tenía muchas cosas brillantes en su futuro. ¿Sueños de tener una banda? ¿Escribir canciones? ¿Tocar su guitarra?

 

¿Qué más valía la pena si no era Sasuke?

 

Sasuke. Sasuke. Sasuke.

 

—Te quiero.

 

Lo quiere con él. Lo quiere en su vida. Quiere que sea su mundo entero. Quiere que sea su razón de vivir.

 

La verdad resonaba en cada rincón del departamento de Itachi: Itachi quiere que Sasuke lo ame.

 

Que lo ame igual que él lo ama.

 

Y su mente gira en bucle. Y se repite lo injusta que es la vida por darle una lucha que no sabe cómo ganar o cómo salir de ella sin morir.

«A lo que sea que me esté viendo, a lo que sea que me esté escuchando. Te lo pido por favor»

No me dejes morir sin haber probado el agua.

 

Sasuke llevaba apenas la mitad de la siguiente calle cuando regresó a pasos apresurados al departamento de Itachi.

«Sólo dame una noche. Una oportunidad. Una sola y juro que no cometeré errores»

Tocó el timbre de la puerta desde el conjunto de la entrada a los departamentos.

«Juro que lo voy a amar toda mi vida»

Itachi abrió la puerta principal. Sus cabellos desordenados y el aspecto que llevaba le parecieron somnolientos a Sasuke. Tal vez estaba ya durmiendo.

Itachi esperó que esta situación fuera una señal. Un indicio de que había sido escuchado. Una oportunidad.

—¿Puedo quedarme… contigo?

Miedo. Temor. Ansiedad. Incertidumbre. Dudoso de estar ahí, desconfiado de estar complicando todo.

«Déjame enseñarte cuánto te amo» Rogó Sasuke.

—Esta es tu casa— respondió Itachi.

«De donde sea que vengas. Yo puedo ser tu hogar»

Sasuke no lo dudó ni un instante. Esta era la oportunidad que tanto había pedido.

Se lanzó a los brazos de Itachi y se aferró con sus manos a la silueta que la sudadera le dejaba percibir. 

Allí, recargó su rostro en el torso de Itachi y sin titubear ni dejar tiempo a Itachi para procesar lo que sucedía, Sasuke besó la mejilla ajena con lentitud, y dejó sus labios suspirando con cuidado sobre la piel de Itachi en un acto que no permitía segundas interpretaciones.

El vértigo azotó a Itachi. Todos los focos de atención se encendieron. Un beso de vida, uno que iluminaba la oscuridad en la que se sumía más y más.

Sasuke sabía cuándo llegar, cuándo quedarse y cuándo irse. Sonrió por las constantes circunstancias que Sasuke había actuado de manera acertada antes de que Itachi pudiera saber qué era lo mejor.

—Quiero estar contigo— dijo Sasuke, bajito.

Su voz acarició cada fibra de Itachi. Como la pólvora actuando en secuencia por intervención del fuego.

Le erizó el costado izquierdo del cuerpo. Los latidos de Sasuke se reflejaban fácilmente cuando ambos estaban abrazados.

«Haz algo» Susurró la mente de Itachi «Es algo que pediste»

Sus brazos rodearon a Sasuke, apretando ambos cuerpos mucho más de lo que ya estaban.

No iba a desaprovechar esta pequeña luz que parecía asomarse. 

—Quédate cuando quieras— susurró Itachi, encogiéndose un poco en su lugar. La luz de la luna otoñal los bañó por completo.

 

Después de ello, más noches estuvieron permeadas de la presencia de Sasuke en los rincones de su departamento. En cada esquina, había un pequeño rastro de Sasuke expandiéndose por los demás lugares.

Sus pulseras, su peine, la tapa de su gel o el cuadro de su cargador. La funda de su teléfono, una cuchara pequeña. Aguja e hilo clavado en la tela del sillón.

Y en cada momento antes de dormir, las manos de Sasuke aventuradas, rápidas, hasta encontrar los costados de Itachi. Y su cuerpo posicionado encima del otro. Su cabeza recostada en su pecho, y sus labios rozando siempre la tela de su playera de dormir. Jugando, retando, deseando.

Su mirada perdida en Itachi cuando este ensayaba para próximas presentaciones. Lo hacía sentir cohibido, pero esos pensamientos que lo abrumaron a terminar con todo, poco a poco se fueron esfumando hasta el grado de ser tan sólo un sinsentido del pasado.

 

Los sentimientos ardientes.

Ponte cada vez más triste.

Semejanzas superpuestas.

Lo encontré y está colgando.

 

Obito cantaba con fervor. Las guitarras tocaban con una energía contagiosa para todas las personas dentro del remolque.

Akatsuki triunfaba en la escena musical local. Presentación tras presentación, fueron mejorando su presencia escénica y además la técnica musical.

Itachi acompañó a la voz de Obito en el coro. Después, las dos voces se mezclaron en un puente de versos.

¡Uno!— cantó Itachi.

Alguien ayúdeme— siguió Obito. Después, se alternaron en el mismo orden.

¡Dos!

Apaga el fuego.

¡Tres!

¡Déjalo volar!

¡Cuatro!

¡Sí!

 

En medio del remolque, las personas dejaron espacio para que los interesados bailaran a su gusto. Entre ellos, con una sonrisa encendida que atrajo a más de una persona que observaba su baile desenfrenado, Sasuke se movía en el slam improvisado por el ritmo.

Su juventud brillaba por todas partes. Sus risas contagiaban a cualquiera. En el escenario Itachi mostró con una sonrisa sus dientes bien apilados. Por cada poro de su ser amenazaba con salir una libertad que no iría a tomar marcha atrás.

Kisame tocó con insistencia los platillos de su batería, resaltando con facilidad la canción que interpretaban: un proyecto bastante rústico que tenían en mente, pero decidieron sacarlo porque el ambiente lo ameritaba.

Konan se lucía haciendo dinámicas de movimiento con Deidara, que no perdía la oportunidad de abarcar todo el escenario y moverse de un lado a otro.

Por un instante, Itachi se sintió de la edad que tenía. Libre, sin riendas que limitasen sus movimientos o decisiones. Hacía todos los gestos posibles que sus emociones incitaban.

Aunque tenía sudor en el cuello y manos, jamás se detuvo en atinar las notas de la guitarra.

Y así siguió con el setlist completo de Akatsuki.

Las luces intermitentes y de colores del escenario salpicaban también al resto de presentes. Todos aplaudieron en cuanto Akatsuki terminó de tocar y los integraron rápidamente en círculos sociales para platicar con ellos mientras la siguiente banda se preparaba para tocar.

Pero Itachi buscaba con la mirada a Sasuke por todas partes. Antes de subir había recibido un abrazo que sólo lo motivó para moverse y presentarse. Ahora, drenado de esa energía, sólo necesitaba mirar a Sasuke otra vez para sentir su descanso venir.

Una mano lo tomó de imprevisto, sorprendiéndolo. Un grupo de chicos lo jalaron al centro de un slam en cuanto la nueva banda comenzó a tocar con la misma energía que la anterior.

Itachi sintió los golpes por todas partes: empujones, codazos, colisiones en su espalda. Su peso por poco se va al suelo, pero una mano firme lo sostuvo.

Y ahí estaba Sasuke: con su playera blanca agujerada, sus collares de cadenas y sus accesorios que parecían ser filosos pero eran inofensivos.

—No te caigas— se burló el muchacho, empujando a Itachi para que siguieran bailando.

Era un juego. Un juego travieso de Sasuke, que se atrevía a tocar de manera suave a Itachi con sus manos mientras que su cuerpo chocaba a veces con violencia.

Itachi apenas y entendió el sentido del baile cuando la canción terminó. Por voluntad propia salió del círculo de muerte y se arrinconó en una pared del remolque para respirar mejor.

Sasuke lo siguió, echando aire con su mano al rostro ajeno. Su sonrisa pícara y sincera encendía el corazón de Itachi.

—Estuviste genial. Ahí, tocando; acá, bailando— halagó.

—Gracias por venir siempre.

—Te dije que quería estar contigo— Sasuke notó que el aire era pesado para digerir dentro del remolque.

Tomó a Itachi de la mano y se dirigió a la salida del remolque sin percibir una señal de resistencia por parte de Itachi.

Una vez fuera, más personas estaban dispersas alrededor del lugar de presentaciones musicales, pero en realidad cada grupo estaba en sus propios asuntos, por lo que los Uchiha pasaron más que desapercibidos.

Ahí fuera estaba fresco. Pero no era molesto. Aliviaba la sensación sudorosa que caía en sus cuerpos y los liberaba de su propia existencia.

La noche estaba medio nublada. Apenas y entre el vapor de agua la Luna se asomaba lo suficiente para iluminar el resto del lugar aparentemente abandonado en donde se encontraban.

Sasuke no perdió tiempo en recargar la cabeza en el hombro de Itachi pese a estar de pie.

«Yo lo haré por ti. Si es que sé lo que pasa por tu cabeza» Pensó Sasuke.

En el tiempo que llevaba conviviendo con Itachi, siendo mucho más abierto con sus intenciones, aunque tampoco explícito, Sasuke había logrado captar varias señales que no pintaban mal en su propio panorama romántico.

Silencios por parte de Itachi cuando estaban demasiado cerca el uno del otro. Su rostro enrojecido cuando él salía de bañarse y se desplomaba sobre la cama de Itachi. El leve temblor y los dudosos abrazos que le daba cuando se encontraba rozando sus labios con sus mejillas. La adoración que portaban los ojos de Itachi cuando Sasuke pasaba los dedos por su cabello para tratar de peinarlo.

Itachi siempre era muy poco permisivo consigo mismo, y Sasuke ya lo había notado. La dureza con la que se trataba se activaba en el momento en que Sasuke parecía desafiar los códigos internos del otro.

Eran un juego si no cambiaban las cosas. Sasuke, llevaba tiempo esperando.

—Debes de bailar mientras empujas a la gente. Así tienes menos posibilidades de que te tiren porque anulas un poco la fuerza— dijo Sasuke.

—No soy muy bueno en esas cosas. Se te dan mejor a ti— reprochó Itachi, cabizbajo, con la respiración un poco agitada—. Haces más condición de la que pensé.

Sasuke se rió dulcemente. Aunque también se sentía algo agitado, estaba acostumbrado a hablar con Itachi teniendo el corazón acelerado.

—Es cosa de acostumbrarse y hacerlo más seguido.

—¿Dónde aprendiste a hacerlo?— quiso saber Itachi.

—Naruto me enseñó. Su banda toca metal y es normal que las personas bailen así— explicó—. Obvio me caí al inicio, y me pegaron muchas veces en la cara. Alguien incluso me mordió sin querer.

—¿Te mordieron?— preguntó Itachi con una sonrisa incrédula dibujando su rostro— Te creo sobre caerte y pegarte, pero no sé cómo es posible que te muerdan.

—La gente canta y baila al mismo tiempo. Se ríe, grita; algunos hablan o sueltan groserías. 

Itachi entendió lo que quería decir Sasuke. Bailes violentos pero que eran solidarios para cuidar del otro. Corazones desbocados. Un momento de liberación.

 

Era la danza del reprimido.

 

—Sacas todo lo que llevas dentro— aclaró Sasuke—. No sabemos lo que pasa en el mundo del otro, pero al menos tenemos música, guitarras con distorsión y los corazones amplificados por todo lo que no podemos decir o hacer.

Itachi miró al suelo por instantes. Pensativo.

Todo lo que no podemos decir o hacer.

Sí. Conocía ese sentimiento. Quería conocer la adrenalina que se liberaba en el cuerpo al momento de deshacerse de esas ataduras.

«Ojalá hubiera aprovechado mejor eso» Pensó recordando el slam.

—Y también tenemos los golpes y empujones. Siempre ayudan aunque estés triste.

Los minutos pasaron con tranquilidad. Aunque las canciones dentro seguían resonando en las paredes del remolque y las voces de las personas cantaban a coro, Sasuke se sumió en una calma que no vio venir.

Por su parte, Itachi pensaba. 

Pensaba, pensaba y pensaba. Todo daba vueltas dentro de él. 

El instante, las circunstancias, las palabras que Sasuke había elegido.

Las dudas, las posibles repercusiones.

—¿Qué?— preguntó de repente Sasuke. Calmado, suave, pero irrefutablemente ponía a Itachi de nervios.

—¿De qué?— contestó Itachi.

—Me miras como si tuvieras algo que decirme.

¿Qué?

Itachi no había reparado en ello, pero sus ojos, que vagaron por todas partes mientras pensaba, se quedaron fijos en el perfil de Sasuke.

Sasuke se movió repentinamente. De estar al costado de Itachi, sus pies lo dirigieron hasta quedar frente a frente.

Sus manos, que podían reconfortar, pero que en realidad asustaban a Itachi, se sostuvieron a la altura de los codos en los brazos de Itachi.

—Dime qué piensas— pidió Sasuke.

El efecto de sus palabras eran muy similares a las propiedades de un ser místico que obligaba a responder con la verdad.

Estando allí, de frente a los ojos de una esfinge, Itachi no supo qué más podía hacer para liberarse del hechizo al que había sucumbido años atrás.

Sasuke se acercó un poco más. Un poco más.

—¿Qué estás pensando? A lo mejor te puedo ayudar— dijo, pidió

«Dime por favor. No sé si pueda vivir así por más tiempo» Pensó Sasuke.

En realidad, rezó. 

—No creo… que pueda ser bueno— respondió Itachi.

«No me hagas hacer algo que podría ser capaz de matarme»

¿No sería más fácil ser rechazado de una vez? Podría acabar con todo el juego de las dudas. Podría resolver las cosas aunque no resulten bien.

¿Pero cuánto podría cambiar su vida?

Sasuke no era un simple amigo, no era alguien del que pudiera apartarse deliberadamente. Al ser familia, el tiempo sólo los reuniría en cada festividad, en cada fin de año, en algún cumpleaños o en situaciones familiares.

¿Sería capaz de poder vivir con eso? ¿Recibir un no, ser visto como un anormal, ser repudiado y provocar asco, y aún tener que encontrarse con Sasuke?

Qué vergüenza. Se avergüenza de sí.

Si fuera otra persona, todo podría ser fácil.

Si fuera Naruto… Si fuera Hiro…

Si no fuera Uchiha Itachi, esta situación podría ser mucho menos agobiante. No tendría al miedo buscando sus venas para envenenar su corazón.

¿Y si tuviera una oportunidad?

No.

Sasuke no insistió. Se quedó de pie, frente a frente.

—¿Puedo abrazarte?

Itachi cedió.

Siempre tengo que esperar paciente el pedazo que me toca de ti.

El canto de las personas dentro del remolque no era muy alentador.

Y el anhelo se fue convirtiendo en una bomba de tiempo.

Más y más situaciones. Más peticiones. Más dulzura. Más paciencia. Más impaciencia.

 

—¿Puedo abrazarte?

Sí.

—¿Puedo quedarme?

Sí.

—¿Vienes conmigo?

Sí.

—¿Estarás aquí?

Siempre. Toda la vida.

 

Itachi apretó a Sasuke contra su cuerpo.

Quería absorberlo; sentir qué pasaba por la mente de Sasuke.

Necesito saberlo.

 

—Dime algo— susurró Sasuke.

 

Muriendo por gritarlo en voz alta.

 

Tanto miedo acumulado. Las puntas de los dedos de Itachi enfriándose en esos segundos.

 

Por favor.

 

Itachi sintió a Sasuke entrelazar las manos detrás de su espalda.

 

—Tengo miedo.

 

El cuerpo más grande tembló como si una repentina ventisca gélida hubiera llegado a congelar el momento.

Las piernas débiles, la falta de aire.

La verdad rozando la puerta abierta. A punto de cruzarla. Dudosa de convertirse en polvo al momento de entrar.

Sasuke sabía que lo que Itachi tenía por decir no era un problema cotidiano. Podía oler el miedo. Podía imaginar qué era.

Desde que era pequeño había sabido leer a Itachi sin habérselo propuesto con vehemencia. 

Ahora, sólo suplicaba porque Itachi tuviera el valor. 

Las lágrimas se empezaron a juntar en los ojos de ambos. Aunque no pudieron descubrirlas en ojos del otro, el límite de la resistencia se había tensado hasta su punto máximo.

 

—Dilo~— la voz de Sasuke tembló.

 

Itachi reconoció el tono. Suplicando.

 

«No me hagas decirlo» Pidió.

 

—Dilo… dilo, dilo— rezó Sasuke, intentando meterse en la piel de Itachi—. Por favor, dilo…

 

Itachi se encorvó para poder abarcar mejor el cuerpo de Sasuke. Su rostro quedó cerca de la oreja del chico.

 

«Detén esto antes de que no haya vuelta atrás» 

 

Lo que fuera podría hacerlo retroceder. Que Sasuke se quitara del abrazo. Que lo llamara hermano. Que endureciera la voz. Que soltara un chiste para tratar de hacerlo sentir bien.

 

Que se comportara como su misma sangre.

 

—Dilo…

 

«No lo pidas así. No rueges. Tú no»

 

—Dilo porque si no lo haces… no voy a estar en paz— sollozó Sasuke.

 

Necesito saberlo. Necesito una resolución.

 

—Te…— el corazón de Sasuke dio un vuelco. El de Itachi, pareció detenerse— Te quiero.

 

Te quiero.

 

—¿Me quieres?— preguntó Sasuke, asustado— ¿Cómo me quieres?

 

«Para no dejarte nunca. Para ser parte de ti»

Sí.

«Para pertenecerte»

 

Sasuke salió un poco del abrazo. Sus escleróticas enrojecidas, las lágrimas dibujando sal en sus mejillas. Una mueca dolosa.

 

«Para ser tuyo»

 

Itachi sintió su cabeza golpeándose contra la pared externa del remolque. Tardó sólo un segundo en entender qué estaba pasando.

 

«¿Qué ves?»

 

Sus ojos encontrados. Sus labios conociéndose.

 

Sasuke se separó repentinamente con miedo. Se dio cuenta del impacto de sus acciones. Y pretendía correr lejos, irse de allí para siempre.

Encontraría la manera de evitar a Itachi. Si hacía lo mismo que su tío Madara, podría vivir sin morir si volvía a verlo.

Dio dos pasos atrás. Pequeños.

No dijo nada. Pero Itachi supo lo que iba a hacer. Lo había visto antes.

 

«No te vayas»

 

Pero iba a hacerlo. Iba a hacerlo si él no hacía nada para impedirlo. Había tenido su oportunidad; no debía dejarla escapar.

 

Sasuke bajó las escaleras del remolque, iniciando su huida. Itachi apretó su muñeca con fuerza y tiró de ella a otra parte, donde las sombras de la luna se proyectaban.

 

—Itachi…— susurró Sasuke, asustado, pálido.

 

A un sólo paso de cambiarlo todo.

 

Itachi acunó el rostro de Sasuke con una suavidad que no creía poseer en un momento de adrenalina como aquél. Su mano fría le hizo escalofríos a Sasuke, pero permaneció quieto, expectante.

Y esta vez el encuentro de labios no fue agresivo e imprevisto. Estuvo cargado de una tranquilidad que contrastaba demasiado con lo violentos que eran los sentimientos de Itachi por Sasuke.

Era todo lo contrario a la rabia que sentía dentro de él por amarlo. Era pensado, era cuidadoso. Sembraba vida en vez de quitarla. Encendía luz en lugar de extinguirla y sumir todo en la oscuridad.

Pero al mismo tiempo fue doloroso. Dolía cargar con tantas emociones por tanto tiempo y no poder quitárselas de encima todavía.

Pensó que tocar a Sasuke, besarlo o tenerlo en sus manos calmaría esas ansias, ese anhelo. Pero sólo experimentó un hambre feroz que no estaba seguro de saber cómo saciar.

Los labios de los dos eran suaves. Sabían salados por el llanto, estaban ardientes por la sangre que los pintaba de rosa. Eran como tocar el pelaje de un gato recién acicalado.

Era como sentir el sol caliente en el invierno de una habitación fría. Era ver los colores cuando se había pensado que todo era blanco y negro.

Era sentir un alivio. Pero también querer más. Como una droga. Como un sabor que te gusta tanto. Como tu comida, olor o sensación preferida.

Itachi al fin había podido dejar de pensar. Lo único de lo que no se había librado, era de sentir.

Sentir cosas que sabe que están ahí, sin ser capaz de darles nombre; que no encajan en una categoría por sentir que no pertenecen del todo a un lugar. Sentirlo todo y nada; al frío y el calor anulándose por la diferencia de sus naturalezas, pero pertenecientes a una misma fuente de energía. A la vida y la muerte creando el ciclo por transitar. A la música y el silencio, creando ritmos. Al amor y al odio, creando anhelo. El rechazo y la aceptación, creando confusión.

Al recuerdo y al presente, creando una realidad.

Cuando al final se separaron, ninguno de los dos dijo nada. Pero sabían qué estaba pasando. Sabían qué significaba. Pero no encajaba en palabras.

Y se quedaron mirándose a la sombra del mundo, sin pensar. Aceptando que todos los caminos por los que decidieron andar los habían llevado a ese destino. Un pandemonium de sentimientos instalado en el pecho de cada uno.

 

Sasuke se vio reflejado en los ojos de Itachi. La vista le gustó más de lo que podría imaginar.

 

Itachi nunca se había sentido tan capaz de escudriñar el rostro de Sasuke sin terminar de recrearlo con su propia imaginación.

 

Estaban ahí. Para él. Para ellos. Para ser.

 

Notes:

Canciones referenciadas:
“修羅 – Pandemonium" — DOES

¿Y ESTE MILAGRO?

Así es como se consolidó la antigua relación de Itachi y Sasuke. ¿Qué piensan?

Chapter 8: Sepultura para una vida paralela

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

Naruto atravesó la entrada del local de vestuarios de boda con una sonrisa en el rostro. Dentro, encontró a la familia Uchiha y a su prometido.

—¡Buenos días a todos!— saludó, entusiasmado.

Mikoto se acercó para darle un beso en la mejilla. Fugaku sacudió sus manos con fuerza. Itachi permaneció sentado.

—Buenos días, Naruto— dijo con simpleza Fugaku.

—¿Dónde está Sasuke?— preguntó el rubio sin perder tiempo, buscando con la mirada en los rincones del local.

—Está en los vestidores. No debe tardar.

Naruto juntó sus palmas en un chasquido. Su mirada encendida irradiaba felicidad.

Todo en el aspecto del Uzumaki contrastaba exageradamente con la familia Uchiha. Donde habían tonalidades oscuras, Naruto tenía los colores del cielo y del sol. En donde había una piel lechosa, había un tono canela.Tatuajes y perforaciones se esparcían en su cuerpo. Anillos extravagantes; un cabello alocado. Sonrisa filosa y desafiante.

Seguro de sí mismo.

Itachi se enterró en su sitio, pasando desinteresadamente el dedo por la pantalla de su celular, jugando un minijuego para aguantar la pesada jornada que se avecinaba aquel día.

Sasuke no tardó mucho en salir del vestidor, luciendo un traje con modificaciones que la asistente le sugería para mejorar el aspecto del vestuario.

—¡Se te ve genial!— exclamaba Naruto, animando a Sasuke— ¡Pareces un copo de nieve!

Itachi suspiró.

—Me gusta el corte. Es cómodo y me deja moverme aunque no sea tan holgado— dijo Sasuke, viéndose en el reflejo del espejo—. Además, es sencillo.

Todo era sencillo para Sasuke. Como si no se atreviera a adornarse ostentoso. Él mismo, siempre deseando más de lo que decía en realidad.

La sastre marcó algunos puntos con gises textiles y alfileres para poder trabajar en ellos durante los próximos días. 

Cuando la misión del vestuario había terminado, una lista de cosas por hacer se avecinó.

La familia Uchiha salió de la tienda de vestuarios y se dirigieron rumbo a calles aledañas para encontrar la tienda que se iba a encargar del pastel de bodas. Itachi recibió mensajes importantes que involucraban a la banda.

Obito: Nos vemos a las 6?

Konan: Sí.

Noviembre casi estaba acabando. Los días de ensayo para Akatsuki se estaban agotando antes del concierto de Rampant y aún tenían varias cosas que repasar para estar listos.

Itachi se sentía nervioso.

Caminó por detrás de su familia, que se había formado en parejas: Mikoto y Fugaku al frente, Sasuke y Naruto detrás; y al final, como un perro apartado de un festín, Itachi.

Era frustrante la sensación de no estar al lado de Sasuke. La actualidad evocaba al pasado: un pasado donde Sasuke y él se tomaban de la mano en las calles, paseando, sonriendo, compartiendo.

Itachi había cedido su lugar al lado de Sasuke. Él apartó toda posibilidad de que actualmente quienes estuvieran viendo preparativos para una vida juntos no fueran Sasuke y él.

Por un momento se imaginó cómo podrían ser las cosas si el mundo funcionara de manera retorcida. Sí permitieran que sólo se casaran las personas que de verdad se amaban.

Probablemente él y Sasuke no desaprovecharían la oportunidad. Ellos dos, en alguna realidad donde no fueran hermanos, podrían estar planeando su boda justo ahora.

 

La pastelería fue un poco peor que la tienda del vestuario. Rodeado de sabores y olores que solía repudiar por su baja tolerancia al azúcar, Itachi se empeñó en quedarse con el primer sabor que le dieron a probar: cítricos. Parecían ser lo único que su paladar admitiría antes de que las ganas de vomitar lo desafiaran.

Sasuke parecía absorto en su tarea. Empecinado. Con Naruto a su lado, Itachi parecía sobrar en cada sitio donde esos dos estuvieran juntos.

Su madre y su padre no repararon demasiado en las acciones de su primogénito. Lo conocían bien como para no obligarlo a probar el sabor de otro postre.

Itachi volvió a revisar su teléfono.

Deidara: vamos a terminar por fin Pandemonium?

Pandemonium.

Claro que Itachi recordaba esa canción. La habían tocado por primera vez el día en que la vida pareció sonreírle un poco a Itachi.

Mordió la pequeña cuchara de plástico que le dieron para probar. Su mente viajaba en esas imágenes que no podía olvidar ni viviendo cien años más.

Sasuke y él. Detrás del remolque. En la oscuridad de la luna. Besándose. Besándose hasta que no tuvieron palabras para explicar lo que estaba sucediendo entre ellos.

Y luego otra vez. Sasuke y él. Caminando de regreso al apartamento de Itachi. Entrelazando los dedos. Dándose fugaces roces de labios cada tantos pasos.

Pero qué ingenuo fue en aquel entonces.

La familia Uchiha siguió andando por la pastelería. Sasuke y Naruto decidían algunos detalles básicos sobre el sabor del pastel. Nada ostentoso. Simple, sencillo. Sabores equilibrados. Sencillos.

—Hay un invernadero a dos calles de aquí.

Itachi no sabía muy bien por qué estaban hablando de un invernadero. Las imágenes de pasteles de bodas y otros postres sofisticados pegadas por el local lo distraían de sobremanera. Para no pensar.

—Itachi— la voz de Sasuke lo regresó de golpe al mundo real.

—¿Sucede algo?— cuestionó en cuanto recobró la compostura, mirando a los presentes.

—Que si me acompañas a ver las flores. Ellos se quedarán aquí a encargar otras cosas— explicó Sasuke.

—¿No estaban viendo los sabores?— «y no sé qué más» preguntó Itachi, un poco duro con su voz.

—A mi no me importa mucho. También querían que algunas cosas fueran sorpresa para mí, entonces de alguna forma debo estar ausente un rato— explicó Sasuke, caminando hacia Itachi—. Volvemos después.

—Con cuidado— dijo Naruto, levantando la mano en señal de una despedida informal, cruzando miradas con su prometido.

Sasuke no perdió tiempo de tomar a Itachi por debajo del brazo y salir casi corriendo con él del local. Luego se encaminó rápido rumbo a la dirección que le habían dicho del invernadero.

Itachi se quedó procesando lo que sucedía. 

—¿Qué tienes?— preguntó, extrañado del agarre firme de Sasuke.

—Nada— respondió el joven, fiero.

—Sasuke…

El muchacho se detuvo hasta que llegaron a las esquinas de un parque común. La afluencia de personas era menor que antes, y el silencio más evidente.

—Me voy a casar.

Itachi tuvo que ignorar el dolor que le atravesó el sistema cuando escuchó esas palabras. Fue comparable a la primera ocasión que lo había escuchado decirle lo mismo.

—Voy a casarme con Naruto— recalcó, con la mirada fruncida, viendo al frente.

—...¿Felicidades?— murmuró Itachi, confundido, con la voz rozando en el miedo.

Sasuke apretó los puños.

—¿No dirás absolutamente nada?

Itachi miró con el ceño fruncido a Sasuke. Vio su perfil, curtido por el frío de la tarde de noviembre. Y vio el sol en su piel, pero no brillaba del color dorado que le recordaban el origen de su amor.

Se quedó callado. Confundido. Genuinamente confundido por la actitud de Sasuke.

—¿Qué esperas que diga? Naruto es una buena persona. Lo conocemos desde siempre— dijo, metiéndose las manos en los bolsillos de su pantalón. De repente, sintió que le faltaba la guitarra colgando de la espalda.

—¿Estás de acuerdo con ello?— en cada pregunta que hacía, la voz de Sasuke se volvía más y más filosa. Más difícil de interpretar para Itachi.

—... Es tu decisión.

No. No estaba bien con eso. No había nada bueno, ni que le alegrara. Pero al ver las expresiones de Sasuke, Itachi dudaba de las palabras que había elegido.

—¿Por qué de repente me preguntas esto? No es como que necesites saber si estoy bien o no con lo que sucederá— dijo Itachi. De repente una ráfaga de irritabilidad lo atravesó.

Sin embargo, Sasuke se quedó en silencio. Con el cejo fruncido, con la urgencia de sacarle palabras a Itachi que le ayudaran a ver en la oscuridad.

—¿Y qué harás si te digo que me importa?

Itachi se recargó en la pared de la calle, bajo la mirada de algunos transeúntes que estaban intrigados momentáneamente. Algunos mechones de cabello se resbalaron fuera del agarre de su coleta y obstruyeron parcialmente su vista.

—No digas eso— pidió el Uchiha mayor, renuente a mirar a Sasuke—. Estás a poco tiempo de casarte y además, irte de la ciudad.

 

—¿Quién te dijo eso?— preguntó Sasuke.

 

—¿Quién más sino nuestra madre?

 

Sasuke recogió sus manos en puños y se abrazó a sí mismo, incapaz de saber cómo calmar los nervios que le escalaban la columna. Caminó por enfrente de Itachi, dejándolo a sus espaldas. El otro chico, lo siguió sin demorarse mucho.

La charla que había tenido con Hiro lo hizo sentir que necesitaba actuar ya. Lo hizo pensar que el tiempo se acababa y que su realidad era ahora más una jaula que un boceto que podría cambiar con libertad.

Pero en el fondo sabía qué era lo que lo tenía actuando con tanta premura:

Itachi.

 

Tenía miedo. Miedo de que la razón por la que años atrás hubiera terminado con él fuera porque, en realidad, ya no lo amara. 

 

¿Y si ahora las cosas eran así? ¿Y si la causa de que Itachi se comportara así con él, tan distante, tan cortante, fuera porque simplemente ya no lo quería más?

 

¿Podría ser Sasuke el único que siguiera en el mismo lugar que creyó haber dejado?

 

Lo miró junto a él. Itachi. Con la mirada envuelta en un enigma entero. Tan retraído como siempre lo fue. Sin decir nada.

Sasuke respiró profundo cuando tuvo que entrar al invernadero. 

—¿Uchiha Sasuke?— preguntó el trabajador, mirando la lista de nombres en su computadora.

—Sí— contestó Sasuke.

—Pase por favor. Yo los guiaré.

Ambos Uchiha caminaron por los pasillos del local. Cuando entraron al invernadero, el calor los azotó, al igual que el olor húmedo de la tierra regada.

—Estas son de nuestra selección actual. Son de temporada, por lo que los precios son similares y tenemos variedad de flores para escojer— dijo el hombre, señalando con sus manos las macetas de plantas.

Sasuke miraba las flores, pero ninguna le hacía buen humor. Su cabeza resonaba como un amplificador de Itachi. Itachi allí, y en cada eco que su voz interna podía abarcar.

—¿Alguna es de su agrado?— preguntó quien los atendía. Al ver las expresiones en los rostros de ambos muchachos, decidió animarles un poco— ¿Para cuándo se van a casar? Tenemos flores especiales que florecerán en invierno.

Casar. Una palabra que no podía caber en el vocabulario de Itachi. Al menos no cuando Sasuke estaba involucrado con la misma palabra. Qué forma más cruel de recordarle la realidad.

—Vengan conmigo, los llevaré a las flores de la siguiente temporada— pidió el hombre.

Sasuke miró de reojo la mano de Itachi. Sus dedos alargados, claros y delgados eran muy bonitos. Luego miró la suya; similar en la languidez de sus dedos y en las puntas delicadas. Pero había un detalle extra en su mano que la de Itachi no tenía: un anillo de compromiso.

La sección de las flores de invierno era menos calurosa que la anterior. Al fondo del cuarto se podían ver los reguladores de temperatura y además algunas notas añadidas alrededor de las macetas para indicar los cuidados de las flores antes de que florecieran.

—Todas estas nacerán para mediados de diciembre, más o menos. Si son para decoración, pueden apartarlas por docenas. En lo personal, les recomiendo que escojan de cuatro tipos para que pueda haber variedad, pero sé que hay quienes deciden sólo un tipo de flores— continuó diciendo el trabajador, tomando con delicadeza un catálogo de imágenes de las flores que vendrían—. Estoy a sus órdenes.

Sasuke recibió el catálogo en sus manos. Estaba hojeando cuando el señor de la floristería tuvo que salir a atender a otras personas en los otros invernaderos que había alrededor.

Itachi se había apartado un poco de Sasuke para tratar de dejar de pensar. 

¿Por qué todo con Sasuke parecía ser más fácil de lo que en realidad era?

Recordó el día en el que iniciaron una relación. Sasuke fue directo, ignorando todas las barreras morales que rodeaban a Itachi y que lo atrincheraban constantemente en el miedo. 

Nada parecía ser capaz de frenar los deseos del chico.

Y lo mismo ocurrió con la relación que tuvieron: todo era sencillo. Si Sasuke sentía algo, lo decía; si no quería algo, lo expresaba. Si quería un beso, se lo robaba.

 

Pero Itachi no era así. Todo le costaba trabajo. No sabía hasta qué punto podía caminar sin encontrar antes una pared que lo frenara en sus intenciones de amar a Sasuke.

Y tal vez eso era lo peor: que Itachi quería amar a Sasuke con libertad y demostrarlo con cada parte de su ser. Pero tenía miedo. Seguía teniendo miedo de que la parte más central de él fuera exactamente la que menos le gustaría a Sasuke.

Sasuke. Siendo siempre tan jovial, tan espontáneo, tan libre; ¿cómo quedarse a su lado si los únicos instintos que rasgaban en su interior eran los de tenerlo sólo para él?

¿Cómo podría Sasuke estar con una persona que pedía ser posesión de otro?

 

¿Cómo es que un pez y un ave pueden vivir juntos?

 

Los pensamientos en espiral llevaron a Itachi a tomarse las sienes. Más cabellos se le vinieron a la cara.

—¿Te gusta alguna?— le preguntó a Sasuke, refiriéndose a las imágenes del catálogo.

—No lo sé— respondió Sasuke.

—Debo irme antes de las cinco— anunció Itachi—. Tengo que ensayar.

Sasuke apenas se atrevió a levantar la mirada en dirección a Itachi. Al encontrarlo, no pudo evitar encontrar una aterradora similitud entre el Itachi que veía con el Itachi que hacía tres años estaba con él. Estancado.

 

Parecía, otra vez, cansado, sin salida. Cerrado en sí mismo. Pensando sólo consigo. Decidiendo por los dos sin saber la opinión del otro. A lo mejor era que tenía miedo de escuchar lo que Sasuke pensaba de verdad.

—Ayúdame a decidir— pidió Sasuke, en realidad queriendo decir otra cosa.

<Ayúdame a entenderte>

—No soy muy bueno eligiendo cosas— contestó Itachi—. De entre todos, soy el que menos puede ayudarte.

—Entonces ayúdame a entender algo.

El tono severo reveló los límites de la paciencia de Sasuke. Pero entre sus palabras, ninguna pizca de ira fue revelada; sino al contrario, rozaba la tristeza y la resignación como viejos conocidos. Como quien dice <Hola> a los amigos que sientes que casi has perdido, y que cuando menos te des cuenta, se romperá el frágil lazo que los une.

Itachi volteó con una mirada fatigada. Y a su paso encontró en Sasuke una expresión cristalizada que extendía a su vez el sonrojo de la vergüenza por las mejillas del muchacho.

—¿Alguna vez realmente estuviste para mí?— vaciló Sasuke, perdido— Sabes a qué me refiero— con el valor para ver a Itachi, sus ojos desprendieron el agua que se acumulaba en ellos.

Itachi luchó contra el reflejo de llorar igual que Sasuke. Pero no debía hacerlo. Si empezaba a llorar, seguramente no pararía nunca de hacerlo.

—Estuve hasta donde me lo permitiste— contestó Itachi, tragando el nudo de la garganta.

—¿Ah, sí?— atacó Sasuke, adentrándose en la furia— ¿Y por qué me dejaste, entonces?

<Porque tenía miedo> Pensó el Uchiha <Y lo sigo teniendo>

—Era lo mejor para ti— sentenció Itachi, apretando las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta.

Sasuke levantó una ceja, incrédulo, encontrando un punto dónde atacar.

—¿Y tú qué sabes de qué es lo mejor para mí? ¿Qué hay de lo que es bueno para ti?

—Bueno, era lo mejor para los dos— corrigió Itachi, defensivo.

El muchacho más joven se acercó para acorralar a Itachi entre la pared del invernadero y su cuerpo. Su rostro despegaba el enojo que se había guardado durante esa conversación que llevaba a ningún lugar. No llevaba a ninguna parte mientras Itachi se comportara así: evitándolo, pretendiendo que lo había salvado de algo que pudiera haber sido un castigo, o una prisión.

—¿Y tú crees que apartándote se solucionan las cosas?— le preguntó Sasuke, cruzando los brazos en su pecho, dejando el catálogo de flores en la esquina de una mesa del invernadero— ¿Por qué nunca hablaste conmigo de nada de lo que te pasaba? ¿Por qué siempre tengo que rogarte porque me digas lo que piensas?

Itachi reconoció la verdad en la pregunta de Sasuke. Incluso cuando comenzaron a estar juntos, él nunca habló de lo que sentía. Aquella noche de hace tres años, él sólo besó a Sasuke contra el remolque hasta que pensó que iba a perecer ante el deseo abrasador.

Y luego, al día siguiente de besarse, se dio cuenta de que la actitud de Sasuke era ligeramente diferente a como estuvo siendo. Pero aún permanecía la duda, los roces indecisos, las palabras contenidas. Y la pregunta siempre rondando en la punta de sus lenguas; más ninguno se atrevía a hacerla: ¿Qué soy para ti?

—Me haces pensar que en realidad te obligué a estar conmigo— admitió Sasuke.

Tuvo que reunir el coraje para decir lo que pensaba, incluso si resultaba doloroso para Itachi. Incluso si resultaba ser verdad. Que era lo que más temía descubrir.

Itachi sintió la liga de su cabello deslizándose hasta el suelo, dejándolo con las hebras libres y tocando su cuello. No dijo nada ante lo que Sasuke pensaba; si hubiera una forma de apartar todo impulso de contradecirlo y demostrarle que no era cierto, lo haría. Pero las palabras eran resbalosas incluso cuando creía tener el poder de controlarlas.

—No es cierto.

El corazón de Sasuke dio un vuelco doloroso. ¿Cómo podía ser un hombre tan cruel y ruin? ¿Por qué no se daba cuenta que cada cosa que decía despertaba la esperanza en él, pero sus acciones lo hacían darse golpes contra una dura pared?

—¿Por qué eres así?— preguntó, con la voz quebrada— ¿Por qué te tratas con esa dureza?

Al ver la reacción de Sasuke, Itachi se sintió culpable de haberlo provocado. Su intención era siempre mantener a Sasuke seguro y alejado de todo mal que rondara a su alrededor; y eso lo incluía a él. No podía orbitar con tanta facilidad a su lado sin darse cuenta de lo peligroso que podía ser su propio egoísmo y sus deseos.

—Sólo trato de cuidarte— respondió, con la voz tan baja que apenas y Sasuke creyó haberlo escuchado.

—Vaya manera de hacerlo— rió Sasuke con amargura contenida—. ¿No te das cuenta que sólo me lastimas?

—¿Y tú no te das cuenta de que lo que sientes no es más que curiosidad y morbo?

Sasuke sudó en frío y todo pensamiento en su cabeza se pausó abruptamente, como cuando la luz se va mientras escuchas tu canción favorita en la radio.

El corazón de Itachi latió con fuerza y rapidez. Nunca imaginó que iba a decir esas palabras frente a alguien que, aunque tratara de negarse, siempre iba a desear con la fuerza de su vida. Pero si había algún daño que pudiera evitarle a Sasuke, podría decir lo que sea para apartarlo de él. Con tal de mantenerlo lejos del mismo error que él cometió antes.

El Uchiha más joven dejó escapar otra lágrima. Luego otra. Y otra. Su llanto comenzó a crecer a medida que el silencio de Itachi tras sus palabras fue otorgándole una seriedad de realidad al momento.

Quería responder. Pero el llanto fue más fuerte. La tristeza y la impotencia de poder cambiar la forma de ver las cosas de Itachi se apoderaron de cualquier oportunidad que tuviera de corregir el curso de las cosas.

Del otro lado, aunque el llanto de Sasuke le impulsaba a retractarse y dejarlo vivir en aquella ilusión en la que Sasuke parecía querer estar, Itachi se rascó las palmas de las manos con tanta fuerza que pronto la piel le ardió.

—...Eres…— suspiró Sasuke, limpiándose los ojos con fuerza— Itachi…

<¿Por qué me dices esto?>

Itachi cerró los ojos con dolor. Mantuvo la respiración encerrada en los pulmones hasta que sintió su propio llanto amenazando con salir.

<Eres la peor cosa que me ha pasado> Pensó Sasuke.

—Yo te… a-

—No lo digas— dijo Itachi, recogiendo rápido la liga de cabello. De pronto, su voz sonó igual de quebrada que la de Sasuke—. No digas nada, por favor…

Se acercó, y juntó su frente con la de Sasuke. Como solía hacerlo en el pasado. Cuando creía que los deseos más profundos y fuertes podían cumplirse sin importar lo irreales que fueran. Sin importar si tenía el derecho de pedirlos.

—...Eres… horrible— declaró Sasuke entre hipidos, incapaz de decir nada sin sentir que escupía el corazón recubierto de tristeza.

Itachi lo abrazó con fuerza. Sintió el cuerpo de Sasuke encogerse entre sus brazos y su pecho. Como un niño sin refugio. Como un perro que sabe que será abandonado en medio de la carretera.

Besó la coronilla de la cabeza de Sasuke, sintiendo cómo su ropa se mojaba rápidamente por las lágrimas del otro. Se dio cuenta de que aunque abrazaba a Sasuke, estaba temblando como si tuviera un frío atroz. Pero en realidad era su cuerpo protestando en contra de lo que acababa de hacer.

Sasuke siguió diciéndole palabras de desprecio. Horrible. Cruel. De lo peor. Te odio. Pero Itachi aguantó. Aguantó el dolor como ya había estado acostumbrado a él. Acostumbrado a un lugar en el que siempre terminaba regresando sin importar qué tanto hacía las cosas de otras formas. Era como si la tristeza y la desesperanza fueran inevitable en cada escenario de su vida.

—Lo sé… Ya lo sé— dijo, aceptando las blasfemias de Sasuke como si fueran palabras de amor—. Lo soy…

—Te odio— escuchó de la voz apagada del muchacho.

—Yo igual lo hago.

<Yo igual me odio> Pensó Itachi.

Antes de que perdiera la compostura, Itachi apartó a Sasuke lo suficiente para encontrar el rostro enrojecido del muchacho con furia y dolor. Abrió con dulzura la mano del otro y en ella depositó la liga de su cabello.

Luego, con temblores en los brazos, acunó el rostro de Sasuke y dejó un beso en sus labios con la fuerza de un hombre que ha amado con todo el corazón. Humedecidos por el llanto, Sasuke apenas y logró responder al contacto cuando Itachi se apartó, dio la vuelta y se desapareció entre la puerta de salida del invernadero tallando su rostro con la manga de su playera.

En ese momento, Sasuke se dio cuenta de que, no importaba cuánto tiempo, cuánto amor y dedicación hubiera destinado a Itachi. No importaban las noches enteras que pasó junto a él, bebiendo de su aliento como quien viene del desierto sin agua. Ni tampoco importaban todas las letras o palabras para poder hacerle entender que su amor era igual de real como el sol de las mañanas. 

No importaba nada de eso mientras Itachi pensara que el amor de Sasuke era mentira. Que todo lo era una mentira, incluyendo su propia existencia.

¿Cómo podía Sasuke arreglar un corazón que estaba hecho polvo desde el momento en que se enamoró de él?

Sasuke nunca iba a saber la respuesta a esa pregunta. Pero sí sabía algo: que Itachi sentía con la misma profundidad de él y que deseaba exactamente lo mismo que Sasuke.

Y lo vio en muchas ocasiones: cuando Itachi miraba la ventana sin consuelo por las tardes. Lo veía en sus ojos cuando le hacía el amor y lloraba por el sentimiento que le inundaba el pecho. Y lo vio cuando rompió las cuerdas de su guitarra, tocando acordes sencillos en un escenario cualquiera.

Pero Itachi no se entregaba a nada sin pensar en que él era un mal innecesario, un dolor y confusión inherente para las personas que le rodeaban. Vivía todo el tiempo recordándose las cosas malas que había causado en otros, pensando que era su propia existencia la que arruinaba todo.

Y Sasuke no sabía qué hacer con ello. Porque él era fiel a Itachi igual que un perro al que golpeas y que después te muestra el estómago cuando le hablas cariñoso.

E Itachi era igual. Pero siempre cargaba con el hecho de que, no importaba el cariño que los demás le mostraran; había algo malo en él que hacía que los demás decidieran hacerle daño.

Sasuke apretó la liga de cabello de Itachi en su mano. Fuerte. Sintiendo que era el único recuerdo que le quedaba para alguien que pretendía estar muerto mañana. O que ya estaba muerto desde hace años.

La idea le corrompió el corazón, destruyéndolo mentalmente. Porque no sabía hasta qué punto Itachi podía aguantar sin pensar en esa posibilidad.

Sin embargo, todo era un arma de doble filo. Porque si se acercaba lo suficiente, entonces Itachi huirá como un gato aterrorizado. Y si no se acerca a tiempo, ese mismo gato correrá sin fijarse si hay carros que pueden atropellarlo en su huida.

Salió de la floristería sin decir nada en cuanto el empleado lo llamó asustado por su aspecto y su conmoción. Sólo corrió por la calle, limpiándose los ojos con furia, sintiendo cómo se rasguñaba el resto de la cara con su ropa.

Y corrió. Hasta que sintió que podía desmayarse por la falta de aire porque no dejó de llorar en ningún momento. Porque buscaba a Itachi en la calle con la misma desesperación que un niño quiere encontrar a su madre en medio de un lugar desconocido.

No se dio cuenta de estar llegando al mismo apartamento que sostuvo sus sueños con la misma fragilidad del hielo que cubre a un lago en febrero. Abrió con torpeza, entrando al lugar al que creyó no regresar nunca luego de que Itachi le dijo que sería mejor estar apartados.

Los muebles estaban en la misma posición que antes. Muy ligeros cambios que pasaron desapercibidos porque Sasuke buscaba a la única cosa, a lo único que no podría cambiar nunca por más tiempo que pasase: Itachi.

Pero él no estaba en ningún rincón. La soledad respiraba en el departamento. Y las melodías lejanas de la guitarra y el canto de Itachi se filtraban en sus recuerdos como un réquiem.

Lo veía en todas partes: el fantasma de un muchacho abrazándolo por las tardes, juntos en el sillón. O enredados entre las paredes, robándose el aliento conforme el esfuerzo de sus cuerpos aumentaba hasta la cúspide del placer. Y también estaba ahí, en la habitación que guardaba el atril de una guitarra que ahora faltaba: en los cuadernos que tenían escritas miles de letras sin concluir y dibujos garabateados.

Sasuke trató de encontrar un rincón donde todavía pudiera recuperar lo que ahora sí se sentía perdido. Pero estando tan abrumado por sus ojos llorosos, se tiró en medio del piso de la habitación, recargando la cabeza en la esquina de la cama, llorando hasta que el aire se volvió un suspiro y lo dejó durmiendo encima de sus rodillas que parecían rezar.

 

Durante todo lo que restó de día, no hubo ni siquiera un fantasma que pudiera acariciarle los tobillos para que despertara. La cama se sintió mullida cuando Sasuke se cambió de posición, dispuesto a esperar a Itachi incluso toda la noche.

Incluso si ya no había nada más que decir que pudiera arreglar lo que había pasado. Porque Sasuke podría permanecer toda una vida estancado en la vida paralela que vivía en sus sueños, donde algunas cosas se hacían realidad y se veían mejor que en la vida mundana.

Pero Itachi nunca llegó al departamento. Ni siquiera por la mañana del día siguiente.

Sólo Sasuke durmió y durmió, esperando que al despertar pudiera volver a vivir lo que, creyó, iba a ser eterno.

 

Notes:

Este sin duda ha sido un capítulo difícil que me llevó días escribirlo pese a que es corto. Aún no estoy satisfecha con el resultado, pero supongo que describir con tanto detalle emociones como el dolor y la tristeza son cosas que me afectarían a mí con la misma medida.

 

¡Esta vez no hay referencias de canciones!

 

¿Qué les ha hecho sentir este capítulo? ¡Me gusta leer sus comentarios, me animan y me ayudan a corregir mi escritura y narración.