Chapter Text
El ruidoso piano en notas apresuradas insitaba a todos los presentes a beber. Mineros, obreros y hombres casados, todos por igual en un mismo entorno, era no más de medio día, el cielo y sus matices cálidos acentuaban el clima semi árido del pueblo.
Sonic esperaba que no tuviera que estar más tiempo en ese lugar, no le gustaba la idea de perder el tiempo en un Saloon, claro, las bebidas eran deliciosas, Knuckles tenía el don en las manos para crear delicias en pequeños vasos de vidrio. Pero el ruido y la poca compostura de los pueblerinos lo ponía un poco ansioso, después de todo, este era el lugar perfecto para dejarse llevar por los tragos, las bonitas bailarinas y los juegos de apuestas, pero siendo el Sheriff encargado de poner el orden, se volvía un suplicio y no un método de distracción.
En una época como esa, tener a todos controlados y sin causar estribos era como querer enseñarle a un montón de buitres a no comerse la carroña después de horas sin alimento.
Sonic miró a su costado, Silver, su ayudante y mano derecha en esta y muchas otras situaciones parecía aún más tenso e incómodo que él. El erizo plateado mecía su pierna con impaciencia mientras tocaba la funda de su pistola como si se tratase de un cachorrito.
— Tranquilo, mientras nadie levante un arma, estará todo bien - Sonic habló de forma sutil, buscando que Silver sea el único que lo escuche. De alguna manera, también parecía decirse esas palabras así mismo - ¿Por qué no tomas un trago? Yo invito -
— Muchas gracias, señor, pero sabe que nunca me ha gustado beber - Silver agradeció el gesto, aunque lo rechazó con la mayor formalidad posible
Sonic lo miró de reojo con una leve sonrisa - Entonces deja de actuar como si tuvieras una víbora de cascabel enredada en los pies, te lo dije, estará todo bien siempre y cuando nadie levante sus armas. Y no creo que lo hagan, saben que estamos aquí -
— Señor, usted tiene mucha confianza hacia todos estos ebrios. El alcohol hace que un hombre débil pueda causar un alboroto -
— Tienes un punto, pero por eso estoy aquí… tendrán que guardarse los bajos instintos para más tarde - Sonic hizo movimientos envolventes en el pequeño vaso de whisky que sostenía, el líquido se revolvía como espirales dorados, atrapados en un recipiente de cristal - Oye Knux, dame otro de estos por favor, quiero sentir que tengo unos minutos para descansar, no lo conseguiré hasta tener otro trago -
El barman de pelaje rojo se acercó hasta ellos, esperó a que Sonic diera el último sorbo a su segundo trago de whisky, recibió el vaso de manos del Sheriff y asintió - Usted es bastante extraño, señor Sheriff, no todos los días se ve a alguien con su posición disfrutando de unos tragos en un lugar como este -
— Un buen trago siempre hace la diferencia, mi buen amigo - Sonic observó al equidna rojo alejarse para prepararle su tercer vaso, al menos la resistencia del Sheriff al alcohol lo volvía libre de ser un peligro en lugares de ocio, Silver admiraba en silencio lo mucho que Sonic lograba resistir las tentaciones y debilidades que los demás aceptaban con tanta facilidad
Las puertas del lugar crearon un ruido que llamó la atención de todos, los jugadores de póker y los pequeños grupos de amigos dejaron atrás sus despreocupadas charlas cuando una hilera de tacones chocando contra las tablas de madera anunciaron lo que ya muchos conocían.
Knuckles regresó, sirviendo frente a Sonic un nuevo trago de whisky con un trozo de limón cortado y claras de huevo como ingrediente adicional.
Sonic observó el vaso, ignorando lo que acontecía a sus espaldas, no era ningún ingenuo, la existencia de las señoritas que acudían en ocasiones al Saloon para realizar bailes y llamar la atención de posibles clientes no pasaba desapercibida para su conocimiento, pero no estaba realmente interesado en mirarlas.
— Vaya, será mejor que termine su trago rápido y ponga especial atención, señor. Las bailarinas de Madame Rouge son la excusa perfecta para la desinhibición de los hombres -
Silver tragó saliva nervioso, él era unos años más joven que Sonic, tenía la desventaja de que sus hormonas podían flaquear mucho más rápido. Por lo que se mantuvo mirando hacia la barra de bebidas.
— ¿Nunca has visto un baile can-can, muchacho? - Sonic volvió a dirigir su atención hacia Silver, que parecía aterrado con la idea de girarse y mirar atrás
— No, señor, en el pueblo donde crecí, las señoritas no realizaban bailes, solamente habían damas de compañía caminando por las calles -
El Sheriff río ante la manera tan nerviosa con la que su compañero se refería a evidentes prostitutas de un nivel social “más bajo” y simplista, claro, sabía que el pueblo de dónde venía Silver tenía una dinámica mucho más orgánica y sencilla. No es que eso fuera malo, en realidad.
— Bueno, las chicas a cargo de Madame Rouge tienen un poco más de lujos, aunque también dedican un poco de su tiempo a ser “damas de compañía”, como tú dices -
— ¿Usted disfruta de ese tipo de cosas? - Silver susurró, casi incrédulo
El Sheriff volvió a reír - Lo sé porque soy el Sheriff, mi responsabilidad es saber casi todo lo que ocurre aquí. Después de todo, ellas también merecen mi protección -
Silver tragó saliva nuevamente, se atrevió a girarse sobre su asiento cuando el mismo Sonic lo hizo. La vista de faldas coloridas y corsets ajustados eran el centro de atención, un grupo de bellas señoritas, con el maquillaje por toda la cara y arreglos de plumas y flores sobre sus cabezas hicieron a los machos presentes comenzar a silbar y aplaudir esperando un gran espectáculo.
— Realmente logran llamar la atención - susurró Silver
— De eso trata su trabajo, muchacho. Hacerse notar - Sonic le respondió con naturalidad, aunque nuevamente se daba cuenta, por muy lindas que fueran todas aquellas alegres damas, no se sentía tan atolondrado como todos los demás bebedores dentro del lugar
— Y siempre lo consiguen - Knuckles se sumó a la conversación con ellos - mirenlos a todos, de repente todos están sonriendo - Sonic soltó otra risilla ante la evidencia de dicho comentario
El grupo de jovencitas formó una pequeña fila, cinco pares de tacones negros y medias de red perfectamente alineados, el pianista comenzó a tocar una melodía armoniosa y feliz mientras ellas comenzaban su danza, todas tan bien coordinadas que Sonic se preguntó si detrás de los muros de la casa burdel se realizaban ensayos antes de salir.
Los hombres comenzaron a aplaudir siguiendo el ritmo, las señoritas de repente elevaron los pasos, piernas estilizadas subiendo en rápidas “patadas”, elevando las faldas intencionalmente para que sus prendas interiores quedaran a la vista de todos.
Silver cubrió sus ojos rápidamente para evitar ser irrespetuoso y ver más de lo que estaba permitido, Sonic lo miró con interés, mientras dejaba a un lado el último vaso de whisky vacío.
— Te dije que tomaras al menos un trago, así estarías menos nervioso -
— ¿Cómo es que está permitido ver este tipo de cosas? - Silver chilló lleno de vergüenza
— No lo sé… supongo que hay que dejar que los demás puedan distraerse de, lo que sea que pase en sus vidas -
La música del piano seguía entonando constantemente, las chicas hacían movimientos de giros, patadas y de vez en cuando se giraban para dejar ver más allá del confinamiento de sus faldas sobre sus traseros. Los hombres estaban encantados con poder ver aquellos simples pero atrevidos ligeros y ropa interior de las damas. Mismas que sonreían y parecían tan acostumbradas a la rutina, bailando y gozando de la atención de todos, era como ver a un grupo de golondrinas canturreando alegremente.
Pasaron unos minutos, la música se detuvo, el pianista tomó una pausa casi eterna, todos aplaudieron por el espectáculo. Esperando a que las señoritas empezaran a acompañar a los hombres en sus juegos de póker o a ofrecer un poco de compañía tras una habitación.
Esto nunca sucedió, algo un poco extraño. Pero Sonic percibió tan buen ambiente que decidió que su presencia ya no era necesaria.
— Vámonos, Silver, parece que todo estará bien. Vamos a ver si todo está bien afuera -
— Señor -
Silver lo llamó en el mismo instante en que otras nuevas pisadas se escucharon por el Saloon, las miradas de todos, incluidas las otras bailarinas, se dirigieron al centro de la entrada, un silencio casi sepulcral.
Sonic detuvo sus movimientos cuando un par de botas caminaron lentamente hasta el centro del salón.
Una figura delgada, misteriosa y demasiado llamativa fue foco de atención, incluso para el mismo Sheriff, que hace unos segundos parecía tan poco interesado con el baile de antes.
Una falda roja, con bordado elegante en la orilla, la parte frontal llegando a cubrir únicamente la mitad de los muslos, cayendo en forma de “velo” por la parte trasera, un corsé negro que enmarcaba una cintura delgada, el escote atrevido y elegante, haciendo juego con el color de la falda y con dos mangas caídas que dejaban al descubierto sus hombros.
El rostro de aquella dama estaba cubierto por el abanico que esta misma sostenía en una de sus manos, su cabellera rojiza y su piel negra con líneas rojas era lo único al alcance de la visita de todos los curiosos.
— ¿Quién es ella? - Sonic no pudo contener la curiosidad, aquella dama parecía tan misteriosa, su manera de caminar era elegante, lenta y discreta, como si llamar la atención realmente no fuera su intención
— Escuché que Rouge había estado ocultando a “una joya” dentro del burdel, al parecer es el mayor atractivo hasta el momento… creo haber escuchado el nombre de Velvet entre los clientes, quizás se trata de ella -
Sonic volvió a prestar atención al frente, se dió cuenta de cómo aquel grupo anterior de bailarinas dirigía miradas serias, casi envidiosas hacia aquella supuesta “joya”, como si dentro de sus llamativas faldas y escotes escondieran un sentimiento de rechazo hacia aquella misteriosa mujer.
La susodicha de pronto detuvo sus pasos, quedando al frente de todos. El abanico que sostenía entre sus dedos cubiertos con guantes de encaje se cerró, revelando finalmente su rostro.
Sonic casi quedó mudo ante la inigualable belleza de aquella criatura caída del cielo, su piel era morena, haciendo un hermoso juego con su pelaje ébano con líneas rojas, su cabello caía en preciosos remolinos sobre sus hombros desnudos, el corsé negro obligaba a todos a admirar su figura esculpida por los Dioses. Pero lo que terminó por hipnotizar al Sheriff fueron esos ojos, unos afilados y profundos ojos rojos, como rubíes salidos de la más ostentosa corona real.
Esa chica era indudablemente preciosa, su actitud silenciosa y su mirada penetrante eran dignas de apreciar. Incluso en la sencillez de su vestuario, Sonic podía deducir que se trataba de una bailarina sumamente única, no le parecería una locura que ella realmente fuera la “joya” de la que Knuckles estaba hablando.
El pianista retomó su trabajo, pero esta vez, con una melodía mucho más lenta, los dedos caían sobre las teclas con delicadeza. La música estridente de antes había quedado atrás, dejando paso a un suave ritmo, encantador y refinado como lo era ella.
Sonic pudo jurar que la vió tomar aire justo antes de suspirar y dar inicio a SU propio show.
La dama empezó a bailar con soltura, sus brazos se movían como plumas, sus piernas daban pasos pequeños que terminaban en vueltas lentas, la falda girando junto con ella en toda su elegancia, parecía una rosa en primavera, reluciendo ante el sol, mostrando la belleza de sus pétalos.
Las notas de las teclas se elevaron en volumen, más no en velocidad, fue ese el momento en el que aquella bailarina se giró nuevamente, dándoles la espalda y mirando hacia la salida del Saloon. Comenzó a mover sus caderas en sensuales y parsimoniosos círculos, al mismo tiempo que sus dos manos subían lentamente los bordes de su falda, lo suficiente como para tentar. Sonic estaba embelesado, aquella silenciosa hembra carecía de sonrisas falsas o risas escandalosas, no parecía buscar actuar como una risueña florecilla, su rostro era calculador, rígido, pero todo su cuerpo se movía con una sensualidad natural, el alboroto de aquellas mujercitas era fácil de comparar con aquel baile lento lleno de provocaciones cautelosas.
Los demás hombres parecían tan inmersos como Sonic, nadie hacía ningún ruido, como si el hecho de hacerlo fuera una falta de respeto a la presentación de aquella belleza frente a ellos.
Los ojos esmeraldas del erizo estudiaron con más dedicación aquella figura, las líneas rojas en sus brazos y muslos solamente le sumaban distinción, sus curvas delicadas y esa pelusa blanca que rebosaba de su escote eran atributos que ninguna de las otras jovencitas poseía. Sonic se relamió los labios, inconscientemente atraído por la belleza desértica.
La música siguió sonando, cuando la mujer volvió a girarse hacia el frente de todos, ahora con la salida, la única vía de escape a sus espaldas. Esta vez, movió sus caderas de forma lateral, pero igual de lenta que antes, mientras tomaba la parte frontal de su falda, la más corta, y subía la tela ante la mirada hambrienta de los hombres, sus dedos rasgaban ligeramente la piel de sus muslos mientras se dirigían hacia arriba, revelando un ligero color rojo sangre en uno de sus muslos, y un par de ligas que sujetaban el borde de sus medias hasta la parte irreconocible de su cadera. Sonic se sintió acalorado cuando fue testigo de la rápida vista de lo que parecía ser un erótico trozo de tela negro cubriendo la entrepierna de aquella señorita, la tela era tan similar a su pelaje que Sonic casi podía imaginar que no había nada debajo, que aquella dulzura estaba totalmente desnuda bajo la tela de su escandaloso y sensual vestido.
El aire comenzó a sentirse caliente, podrían apostar que más de uno ya contaba con una erección entre las patas. Si no fueran seres evolucionados, Sonic juraría que todos estarían babeando y rugiendo con la idea de tener debajo a aquella hembra.
Como último paso, la dama volvió a realizar movimientos sigilosos con sus brazos, Sonic se preguntaba cómo es que lograba irradiar tanta elegancia y erotismo y aún así mantener esa expresión fría en su rostro, aún más sorprendente, como a todos parecía gustarles esa actitud callada y falta de regocijo.
La señorita dió una última vuelta suave al compás del piano y finalizó con una fina reverencia.
Los aplausos no se hicieron esperar, al igual que las miradas llenas de desdén de las otras bailarinas.
Mientras aquel grupo de alegres damas se dedicaba a buscar algún cliente dispuesto a pagarles por un trago, una charla o un poco de sexo. La silenciosa mujer se alejó del bullicio, colocándose al otro extremo de la barra, en un asiento alejado de todos, donde pudiera sentirse en paz.
Sonic la observó por unos minutos más, incluso de perfil, era demasiado hermosa, su cabello ondulado y rojo le lucía tan bien. El nombre de “Velvet” le encajaba como anillo al dedo con todas sus facciones.
— Sheriff, ¡Sheriff! - la voz de Silver hizo eco hasta que finalmente logró hacerlo reaccionar - ¿No nos íbamos ya? -
Sonic lo miró, sin dar respuesta alguna.
— ¿Por qué no está buscando algún afortunado que quiera pasar la noche con ella? - Sonic ignoró la pregunta de Silver y pasó directamente a tratar de indagar más acerca de aquella mujer con ayuda de Knuckles, sabía que el equidna era fuente de algunos murmullos, aún cuando la que realmente disfrutaba de los chismes era la murciélago encargada de cuidar de aquellas chicas
— Según escuché, los hombres están más interesados en ella que en las otras chicas, pero ella es casi inaccesible… Dicen que no consigue muchos clientes, pero ha sido la excusa perfecta para que los demás paguen por entrar al burdel de Rouge, solamente para poder verla -
— Debe quererla mucho como para no despedirla - Sonic comentó
— ¿Rouge? Probablemente… ella es muy protectora con sus chicas, pero no podemos descartar el hecho de que la mantiene con ella por las ganancias que le genera -
Sonic devolvió su vista a la dama. Parecía tan absorta en su mundo, sin intereses de acercarse a nadie, ni buscar algún cliente falto de atención. Estaba seguro de que ella no quería la atención de nadie, pero sin querer, atraía la atención de todos.
La mencionada pareció sentir la insistente mirada verde del Sheriff sobre su figura, sus ojos rojos se dirigieron hacia él sin mover ni un músculo, Sonic sintió un poco de nervios cuando aquella mirada atravesó la suya en completo silencio. Pero antes de cualquier suposición, la atención de la dama fue robada por un valiente hombre que se acercó a ella para intentar iniciar una conversación.
Los nervios momentáneos de Sonic abandonaron su cuerpo, reemplazándolos por su misma curiosidad, observando cómo aquel hombre parecía realmente confiado en hablar con la señorita, sin notar la obvia falta de interés en los ojos de la misma. Era tan evidente que ella no sentía ningún tipo de interés real por él, aunque también parecía no tener más opción que mantenerse en su lugar, escuchándolo hablar de cualquier tontería.
Sonic agudizó su mirada y se dió cuenta de la mirada pícara que aquel desconocido le dirigía a la chica, misma que reaccionó con claro disgusto, seguramente a causa de un comentario demasiado vulgar o atrevido hacia su persona. Una muestra de una cantidad generosa de dinero en la palma de la mano del macho, y aquella mujer pareció resignarse, realizando un movimiento de cabeza casi imperceptible. El hombre bien vestido la tomó del brazo, la dama se levantó de su lugar y aceptó acompañarlo. No se veía feliz, no parecía agradecida con lo que parecía ser dinero fácil para llevar a la mesa. Se veía disgustada y simplemente aceptando su destino en la cama con ese extraño, un destino que probablemente no quería.
El Sheriff observó cómo ambos subían los escalones del Saloon hasta llegar a una de las habitaciones, sus ojos verdes se entrecerraron, apretó los labios pero finalmente volvió a centrarse en sus obligaciones.
— Vámonos - Sonic habló firmemente y se levantó de su lugar - Gracias por las bebidas Knux, avísame si sucede algo -
Silver lo siguió, sin entender mucho aquella actitud tan repentinamente extraña del Sheriff.
Ambos erizos dejaron el lugar atrás, con aquellas damas y machos ebrios a punto de buscar alivio mutuamente en sus cuerpos. En alguna de las demás habitaciones abandonadas, todas destinadas al mismo final.
….
— ¿No cree que es demasiado temprano para archivar documentos, señor? - Silver entró al despacho de su mentor mientras sostenía un pequeño bonche de hojas
— Tenemos que revisar algunas cosas, Silver. Además, es mejor cuando adelantas pendientes, así tienes el resto del día para relajarte un poco -
El erizo más joven suspiró, dejando los papeles que acababa de revisar sobre el escritorio de Sonic.
El azul se veía demasiado concentrado acomodando algunos papeles dentro del cajón y dejando otros sobre la base de madera, el sombrero que siempre solía usar colgaba de un pequeño perchero junto a la puerta, el calor de ese día era aún más insoportable que el de ayer.
Pero por lo menos estaba pudiendo distraerse con algo, desde aquel día en que fue testigo de la presentación de aquella hembra en el “Dessert Saloon”, no había podido pensar en otra cosa que no fueran esos ojos rojos.
Tenía que recordar quién era y qué obligaciones le correspondían, no podía seguir con la cabeza en las nubes.
— Señor - Silver lo llamó desde la puerta - Los impuestos deben cobrarse la próxima semana -
— ¿En serio? Genial, más trabajo por hacer - expresó con sarcasmo
— Oiga, lo dice como si usted tuviera que ir de puerta en puerta -
El estruendoso ruido de la multitud afuera los alertó a ambos, Sonic rápidamente tomó el chaleco de cuero que colgaba en el respaldo de su silla, se lo colocó y se acercó a la salida. No sin antes tomar su sombrero y salir, Silver inmediatamente siguiéndolo detrás.
Sonic subió a su caballo, sabiendo que Silver lo seguía, habló - Vamos, a que averiguar qué está sucediendo -
Silver asintió y subió a su caballo de igual manera, siguiendo al Sheriff tan pronto como este se apresuró en avanzar con ayuda del corsel.
….
Apenas se acercaban a la fuente de aquel alboroto, Sonic fue el primero en captar las voces.
— ¡Sucia rata asquerosa! -
— ¡Suelteme! -
Sonic se abrió paso junto con Silver, llegaron unas calles cerca del centro del pueblo, donde un par de figuras discutían mientras eran observadas por los demás.
El azul se dió cuenta de en dónde estaban, cuando al mirar a un costado pudo observar aquella residencia donde las trabajadoras de Rouge convivían y a veces también utilizaban las habitaciones para dormir con sus clientes.
Entonces, por instinto volvió a mirar al frente.
— ¡Devuélveme el dinero que me robaste! -
— ¡Ya le dije que no le robe nada! -
— ¿Qué está sucediendo aquí? - Sonic bajó de su caballo dispuesto a terminar con aquella ruidosa discusión frente al burdel
— ¡Mentirosa zorra! ¡me las pagarás! -
Sonic apenas escuchó el ruido sordo de una fuerte bofetada, se apresuró en buscar ayudar a la dama que había sido fuertemente agredida.
— ¡No sé cómo pueden seguir teniéndote de ramera! ¡No eres más que una ladrona! - el sujeto, no contento con haber agredido físicamente a la mujer, la empujó bruscamente contra el pavimento lleno de piedras, un quejido lastimero salió de la boca de la joven cuando su rostro y rodillas impactaron contra el suelo
Entre la multitud que se negaba a actuar, Sonic tomó el rol que le correspondía, acercándose rápidamente a la dama para socorrerla y ayudarla a levantarse.
— ¿Podría explicar el motivo de su falta de compostura, señor? - Sonic dirigió sus palabras hacia aquel violento y alterado hombre, mientras se inclinaba un poco para ayudar a la dama en el suelo
— ¡Esa maldita perra me robo dinero! -
— Yo… no le robé nada - la dama logró incorporarse un poco, su voz llena de rabia contenida mientras el escozor en su rostro y rodillas era obvio
— ¡Caballero! Esa no es la forma de dirigirse a una dama - Sonic protestó ante la falta de educación del sujeto
— ¡Es una ramera! ¡No merece respeto alguno! -
— Sigue siendo una dama. Una dama que está prestando su valioso tiempo hacia alguien como usted… Viniendo de alguien tan bien vestido, no esperaría un comportamiento tan irreverente - Sonic le hizo frente con firmeza - ¿La falta de atención que busca en estas señoritas es lo que lo hace irritable? ¿O acaso está demasiado ebrio como para no poder aceptar que ese dinero se fue en todas las copas que estuvo bebiendo? - Comentó ante la notoria mirada perdida del desconocido
El dichoso tronó los labios - ¡No volveré a gastar mi tiempo en ese basurero de prostitutas! - finalizó yéndose con pasos llenos de irá
— Es una tonta -
— Siempre está causando problemas -
— Por culpa suya perderemos clientes -
Sonic escuchó los murmullos de las otras trabajadoras, cada uno de ellos lo hizo fruncir más el ceño.
— Váyanse todos… no hay nada que ver aquí - Sonic exclamó ante la indiscreción de los demás, que simplemente disfrutaban del morbo de los disturbios. Su orden consiguió alejar a todos, al igual que a las otras trabajadoras del burdel que se alejaron avergonzadas de haber demostrado su falta de empatía ante el Sheriff.
Una vez estando más tranquilos y lejos de los ojos de la multitud, Sonic se inclinó y le ofreció una de sus manos a la dama que aún se encontraba cabizbaja en el suelo.
Ante la falta de respuesta. Sonic asumió que se trataba de una chica tímida o que se sentía demasiado humillada como para recibir su ayuda. Por lo que hizo el intento de ayudarla a levantarse acercando sus manos aún más.
— ¡Déjeme en paz! - la mujer reaccionó con una explosiva rabia evitando cualquier contacto físico - ¡Lárguese, no necesito su ayuda! -
Silver reaccionó en el lugar de Sonic, buscando recriminarle dicha falta de respeto y agradecimiento hacia la mayor figura de autoridad en el pueblo - No es la manera de dirigirse hacia el Sheriff-
Sonic lo hizo detenerse con un ademán de manos, dirigiéndose nuevamente a la atacada mujer - Por favor… queremos ayudarte, estoy seguro de que tú no le robaste a ese sujeto -
La misteriosa señorita finalmente se dignó a levantar la mirada. Sonic instantáneamente la reconoció, era aquella hermosa dama que sedujo y cautivó a más de un hombre en el Saloon hace unas semanas. Su mirada enfurecida, su cabello rojizo y ondulado, ese escote revelador donde salía ese montón de pelusa blanca. Era ella, la misma dama silenciosa que parecía tan alejada del mundo que la rodeaba. Por primera vez escuchaba su voz, una voz para nada femenina, grave, llena de coraje y bilis. Era como estar cerca de una planta llena de espinas, Sonic aún así no se sintió intimidado por querer tocarla.
— Te llevaré hasta la comisaria… no creo que seas culpable, pero por seguimiento debo hacerlo, te dejaré ir si prometes que vas a cooperar conmigo en lo que sea que te pregunte. ¿Está bien? -
La dama no emitió respuesta alguna, se levantó del suelo y comenzó a caminar, pero una mano sobre su brazo la detuvo de seguir avanzando. Ella se giró bruscamente, amenazando con la mirada al erizo azul que la sujetaba sin su permiso previo. Sonic ni siquiera flanqueó en detener el contacto con ella.
— Puedo caminar por mi cuenta -
— No lo dudo, pero irás más cómoda a caballo. Tus rodillas se ven bastante mal -
La hembra frunció el ceño, un gruñido leve salió de sus labios.
— Está bien… si quieres ir a pie, no te detendré, pero te aseguro que será molesto para tus rodillas -
La chica se soltó del agarre de Sonic, comenzó a caminar con un poco de dificultad que se esforzaba en disimular, sus leves quejidos hicieron que ambos erizos la miraran fijamente, Silver, estaba perplejo por la personalidad tan fuerte de aquella mujer que acababa de sufrir humillación pública y maltrato físico. No tenía ni un rastro de miedo o dolor en el rostro.
— Señor… ¿Está seguro de que ella no fue responsable del robo? Su actitud es bastante volátil para ser una dama de compañía -
— Exactamente. ¿Es sumamente encantadora no? Una dama con carácter… eso es lo que le hace falta a esta época -
Silver suspiró, Sonic estaba tan cautivado con aquella señorita que ni siquiera prestaba atención a sus preguntas.
— ¡Agh! ¡Maldición! - escucharon el quejido de aquella trabajadora, misma que frotaba con fuerza una de sus lastimadas rodillas a causa de la fuerte caída contra el suelo
Sonic soltó una risita, movió la cabeza en negación ante lo orgullosa que parecía ser aquella criatura y miró a Silver de reojo - Iré por ella -
— ¿La llevará en su caballo? - Silver preguntó preocupado
— ¿Prefieres llevarla contigo? -
Silver guardó silencio… por supuesto que no quería tener que lidiar con alguien de tan mal carácter.
…
Una vez dentro de la comisaría, Sonic guió a la acusada hasta la entrada… Silver había insistido en que debían esposarla pero Sonic no tomó en consideración aquella petición, se trataba solamente de una dama posiblemente cansada de los tratos que recibía en su trabajo, no era nada por lo que preocuparse.
— Silver… ¿Podrías ir por algo para almorzar? Estoy muriendo de hambre -
— ¿Ahora? Pero… el interrogatorio -
— Yo me encargo… no te preocupes por eso, trata de conseguir un poco de leche y pan -
Silver, que comúnmente era enviado por ese tipo de encargos, no se sentía tan seguro de dejar a solas a su jefe con aquella hembra, presentía que la dama escondía algo detrás de toda esa fachada de “dama de compañía”.
Pero, sin más remedio, el erizo de ojos dorados acató la orden, saliendo del lugar aún no muy convencido.
— Bien, por favor avanza hasta ese muro, y colócate de pie dándome la espalda, necesito verificar que no estés armada - Sonic señaló una pared al lado de las celdas, La muchacha hizo caso en completo silencio, aún portaba esa mala cara y esa rigidez en el cuerpo, pero se dejó guiar
Tal cómo le indicaron, se acercó hasta la pared de piedras y se colocó contra esta, dándole la espalda al Sheriff que comenzó a buscar indicios de algún arma, hasta la más costosas prostitutas tenían la libertad suficiente para conseguir alguna pistola cargada.
Sonic llevó sus manos a los costados de la chica, la sintió ponerse rígida ante sus toques. No le dió demasiada importancia y comenzó a tantear sus costados, caderas y cintura. Cuando sus manos se colocaron sobre esa zona, Sonic no pudo evitar sentirse atraído por lo delgado de su anatomía, sus dos manos podían rodear perfectamente su cintura.
La joven carraspeó con la garganta, Sonic siguió bajando, creyó que no sucedería, pero la extraña sensación de un objeto bajo la falda de la dama la hizo apretar ligeramente los puños. Entonces sí estaba armada.
— ¿Podrías darte la vuelta? Tengo que retirar lo que sea que tengas ahí -
La mujer giró los ojos, pero hizo lo que le pidieron, con mirada fría, esperaba la presencia de la mano enguantada del Sheriff colándose bajo su falda para sacar la pistola que llevaba pegada al muslo.
Sonic casi parecía confundido entre el querer y el deber. No se sentía con la libertad de hacer un acto tan atrevido, pero, tampoco negaba que deseaba poder colar su mano y sentir un poco de esa piel oscura aún de forma indirecta.
El Sheriff levantó ligeramente la falda de color rosa pálido, la parte frontal era tan corta como siempre, no fue necesario tanto trabajo para localizar el objeto metálico. Pero a Sonic casi se le sale saliva por la boca cuando observó el ligero que mantenía dicha arma en su lugar, maldecía el hecho de utilizar guantes, le hubiera encantado sentir la textura de dicha prenda provocativa bajo sus dedos.
— ¿Una Derringer eh? ¿Les dejan llevar armas en los burdeles de alto rango? -
— Me he topado con más imbéciles de los que pueda contar, Sheriff…. Todos siempre buscan ponerme las manos encima… no siempre estoy de humor para eso… no espero que lo entienda -
La franqueza de aquella hembra fue bastante admirable, cualquier otra hubiera dado alguna excusa tonta para salir libre de penas. Sonic de cierta forma agradeció que no intentara mentirle en las narices.
— Aún así, no es muy apropiado portar armas si eres una dama de compañía, ¿Tu patrona no es la encargada de cuidar de ti? -
— Prefiero cuidarme sola… no necesito que los demás lo hagan por mí -
Sonic suspiró, esa autosuficiencia era encantadora pero igualmente sofocante. Sonic al menos deseaba que lo dejara ayudarla con ese horrible golpe en la mejilla y esas rodillas raspadas.
El Sheriff siguió bajando las manos a lo largo de las estilizadas piernas de la dama, sintió sus botas y le ordenó amablemente quitárselas, descartando la idea de que escondía otra cosa en su calzado. Cuando lo confirmó, ella pudo colocarse las botas nuevamente. Sonic se incorporó.
Con todo bajo control, el azul dejó el arma confiscada sobre el escritorio al otro extremo de la habitación.
Cuando se giró para volver a darle la atención justa a la morena, sintió la amenazante presencia de un objeto afilado contra su garganta. La pelirroja lo había acorralado contra la pared mientras sostenía una reluciente navaja contra el cuello del Sheriff.
Sonic, diferente a la reacción que su trabajo debería haber impuesto, no hizo ningún intento por defenderse o actuar en contra de la chica. Agredir a alguien como él era símbolo inmediato de encarcelamiento.
La pelirroja entonces habló - No espere que me sienta agradecida con usted por lo que hizo ahí atrás… no me gusta que me miren con tanta compasión -
Sonic, lejos de sentirse agredido, se sintió desafiado. En una forma que le gustó bastante - Lo entiendo, solamente fungía con mi deber -
— Debió hacerle caso al chico y esposarme, no me subestime -
— Es posible… pero sabes - Sonic realizó un movimiento increíblemente rápido, sujetando el brazo que sostenía la navaja detrás de la espalda de la dama, logrando que esta tirara el arma al suelo cuando Sonic aplicó una “llave”, colocándola nuevamente contra la pared mientras se aseguraba de inmovilizarla - Tú tampoco me subestimes -
La chica jadeó, en secreto bastante impresionada por la fuerza que el Sheriff podía imponer sobre ella, siempre conseguía superar en fuerza a muchos imbéciles con la entrepierna caliente. Pero el erizo azul poseía una fuerza impredecible, ni siquiera tenía la apariencia de molestarse en ejercitarse. Un escalofrío le recorrió la espalda.
— Espero que sepas que lo que acabas de hacer es bastante grave - Sonic le susurró con una voz pesada directo en una de sus orejas
Sonic dirigió su mirada hacia abajo, localizando los delgados cordones que aseguraban el corsé en su lugar, tomó un extremo de ellos con suavidad, simplemente sintiéndolo entre sus dedos. Escuchó un particular sonido proveniente de la boca maquillada de la hembra y fue razón suficiente para no hacer nada más.
— Siéntate, voy a hacerte unas preguntas -
— Lo hice -
— ¿Qué? -
— Lo hice…. Le robé el dinero a ese maldito - Ella confesó mientras se ajustaba el escote un poco más arriba antes de que siguiera bajando hasta exponer su pecho plano - Si va a arrestarme hágalo ya y terminemos con esto -
— ¿Por qué lo hiciste? ¿Te hizo algo antes de eso? -
La distante expresión roja que miraba fijamente la puerta de salida, se giró lentamente para mirarlo. Nadie, nunca jamás, se interesaba por saber si lo que hacía lo hacía en defensa propia. Todos asumían que simplemente era una loca estúpida que actuaba sin razón, eso decían sus compañeras del burdel, eso decían sus clientes, era posible que eso pensara Rouge también.
— Si me lo dices podría arrestar a ese sujeto - el Sheriff trató de mostrarse paciente
Completo silencio, ahora comprendía lo que les había dicho Knuckles hace unos días. La mujer era un muro de acero, poco dispuesto a abrirse aún si se trataba del Sheriff.
Sonic suspiró, se levantó del asiento de enfrente y buscó un par de pañuelos y alcohol que pudiera utilizar. Nuevamente se acercó hasta la silla del escritorio, la tomó con una de sus manos y la colocó frente a donde la pelirroja estaba sentada, sin la barrera del escritorio separando sus cuerpos.
Tomó un pañuelo y lo humedeció con el líquido, luego lo acercó lentamente hacia una de las rodillas heridas. Ella alejó instintivamente sus piernas del posible contacto con él.
Sonic gruñó, no podía negar del todo que aquel desmedido orgullo de la chica lo empezaba a impacientar.
Con cautela sujetó su pierna derecha y la colocó entre el hueco de sus propias piernas, fue un tanto difícil, la terca mujer aún seguía retorciéndose al intentar zafarse de su agarre. Pero el Sheriff logró sujetarla con la suficiente firmeza, luego pasó a la otra rodilla, que atendió con ese mismo cuidado.
Aunque la expresión de la prostituta no parecía muy contenta con las atenciones, sus ojos se habían relajado ligeramente. Aún si no lo iba a decir, Sonic podía sentir que sí estaba bastante agradecida con él.
— Ponte esto en la mejilla unos minutos, bajará esa hinchazón - Sonic ofreció un pañuelo envuelto en forma de pelota, estaba frío, la pelirroja lo recibió aún con esa misma expresión de desconfianza, guardaron silencio. Ella estudiaba cada uno de sus movimientos mientras Sonic intentaba dejar todo lo más organizado posible.
De pronto escucharon a alguien tocando la puerta, Sonic dió el permiso debido para entrar y Silver se presentó con una pequeña canasta con el futuro almuerzo mientras se dirigía al Sheriff - Señor… madame Rouge está afuera, quiere pasar a ver a la señorita Velvet -
— Adelante -
Una murciélago albina ingresó como si su vida dependiera de ello, acercándose con prisas hasta la dama que permanecía sentada como estatua, con el único fin de abrazarla. Sonic miró la escena con asombro, era como ver a una madre con su hija.
— Estaba muy preocupada por ti. Me dijeron que te habían traído hasta aquí. ¿Qué sucedió? ¿Estás bien? ¿Te golpearon? ¿Quién lo hizo? - la albina azotó con miles de preguntas, Sonic estaba más asombrado por la forma en que Velvet parecía recibir sus afectos físicos con tanta facilidad, como si Rouge fuera la única con la llave adecuada para abrir todas sus puertas
— Estoy bien. No me pasó nada grave -
Rouge entonces dirigió su atención hacia Sonic - No va a arrestarla ¿O si? -
— No mientras sea una buena chica - Sonic dijo con una sonrisa ladina, dirigió una mirada hacia esos rubíes que simplemente rodaron en desinterés. Hace unos momentos, había sido atacado por esa dama con un arma blanca, pero sus intereses por hacerla pagar por eso estaban muy alejados de un encierro tras las rejas - No se preocupe madame, está todo bien. Pero, aconsejo que tenga un poco más de cuidado con los clientes que reciben sus muchachas, sería bueno disminuir o prohibir el ingreso de sujetos bajo efectos del alcohol -
— De acuerdo… lo tendré en cuenta. Muchas gracias, Sheriff ¿Podemos retirarnos? -
— Seguro… tengan cuidado al bajar, esas malditas escaleras de madera son una trampa para los tacones -
Rouge sonrió agradecida y se retiró, no sin antes llamar a la pelirroja para que la siguiera. Pero esta se tomó un poco de su tiempo antes de salir.
Silver estaba acomodando el almuerzo en el otro despacho, por lo que Sonic y Velvet volvieron a quedar a solas.
— ¿Va a darme mi pistola? - Velvet preguntó en voz baja
— No… -
La chica gruñó en fuerte desacuerdo - ¿Y mi navaja? -
El Sheriff lo pensó un poco - Bien… pero intenta no meterte en muchos problemas, si ocurre una segunda vez, tendré que meterte tras las rejas. No me gustaría hacer eso -
— Como sea - ella volvió a rodar los ojos mientras se cruzaba de brazos, una vez que Sonic le entregó la navaja, la escondió debajo de su cabello. El Sheriff únicamente siguió observando aquellos cordones que ataban su corsé blanco una vez que ella dió media vuelta para salir, se relamió los labios sin darse cuenta
….
— Casi me matas de un susto - La murciélago expresó una vez que ambas quedaron encerradas en la habitación que estaba destinada para la pelirroja - Entiendo que tienes un carácter fuerte y te admiro por eso… pero no puedes seguir perdiendo los estribos tan rápido -
La falda rosa pálido cayó al suelo una vez que las manos enguantadas con encaje desataron los cordones del corsé. Retiró sus botas de cuero y las dejó a un lado de la cama, aquel montón de cabellos rojos cayeron también, mostrando una peluca, misma que escondía púas negras y rojas atadas en una especie de coleta. El erizo deshizo el nudo, liberando sus púas erguidas en un movimiento, las puntas se acomodaron por si solas cuando quedaron libres del confinamiento.
— Lo siento. Pero no soporto a esos idiotas que se creen lo mejores sólo por poder pagar por mi compañía -
— Shadow… estamos pasando por momentos difíciles… está bien, no digo que debes permitir todo eso… pero, intenta sobreponerte. O avísame cuando tengas algún problema, sabes que puedo echar lejos de aquí a esos tipos.
Me dijiste que necesitabas dinero y que estabas dispuesto a trabajar aquí… sabes que no tienes más opciones por lo mal que está tu reputación ahora, por eso te ayudé con todo esto de “Velvet”, pero no podré hacer mucho más si continúas dejándote llevar así -
Shadow soltó un pesado suspiro, se recostó sobre la cama y cruzó las piernas - Bien, lo intentaré… -
— ¿Le diste las gracias al Sheriff por ayudarte? Por favor Shadow, dime que lo hiciste - la evasión de la mirada rojiza la hizo dejar caer su cabeza sobre la puerta de madera - Ay, Shadow… Bueno, eso será la excusa perfecta para que le envíes una muestra mía como agradecimiento mañana -
— ¡¿Perdón?! -
— Deja de quejarte. Es lo menos que puedes hacer… toma un poco de aire, el siguiente cliente pagó una fortuna sólo para estar contigo hoy, por favor, no seas tan rígido. Y si te molesta, solamente dímelo -
Shadow murmuró una leve queja pero no dijo nada más, la murciélago finalmente lo dejó solo. Shadow agradeció la ausencia del corsé, le dificultaba mucho respirar, y esa odiosa peluca le daba calor. Pero tenía que usarla, de lo contrario, los clientes se escandalizarían al notar su fisionomía poco habitual. Ya tenía suficientes problemas.
Pasado un rato, escuchó la voz masculina de un nuevo y cansino sujeto. Shadow maldijo en voz baja, sus minutos de tranquilidad se habían terminado. Se incorporó sobre la cama, buscó rápidamente la liga que antes sujetaba sus púas y nuevamente las amarró, tomó la peluca y la ajustó con mucha firmeza sobre su cabeza, asegurándose de que no se caería o movería. Luego se colocó el corsé en un tiempo record, dejó el vestido de lado, de todas formas no iba a necesitarlo, adoptó una posición lo suficientemente seductora sobre la cama y entonces se preparó.
— Adelante - fingió una voz ligeramente más aguda, la misma voz que fingía siempre que tomaba la identidad de Velvet, seguía sin sonar demasiado femenina, pero eso a los clientes en realidad no parecía importarles
El nuevo sujeto entró, un tipo bien vestido como muchos otros, con un bastón y un sombrero lustrado, Shadow odiaba el hecho de tener que complacer a desconocidos pero odiaba aún más el tener que complacer a tipos que probablemente le doblaban la edad. Era repulsivo.
— Tú… eres Velvet -
— Y tú - Shadow hizo un esfuerzo sobrenatural para adoptar una voz igual de seductora como lo eran sus piernas abriéndose lentamente sobre las sábanas - Eres a quien serviré hoy… dígame, apuesto caballero - Shadow se tragó el nudo en su garganta cuando tuvo que exponer su rosado coño hacia aquel hombre, posiblemente casado y con hijos que lo esperaban en casa - ¿Qué puedo hacer por usted? -
El erizo negro tuvo que tragarse todo el orgullo y el asco que sintió cuando luego de unos minutos de pequeño intercambio de palabras, el sujeto comenzó a tocarlo por todas partes de manera torpe y apresurada.
Sólo deseaba que todo terminara pronto.
