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Abrazando al enemigo

Summary:

Kaan solo quería pasar una duermevela tranquila, abrazando a la mujer que amaba. No esperaba que, en su ausencia, Elluin hubiera encontrado un reemplazo mullido.

O: Kaan peleando contra una almohada.

Notes:

He conocido a Raeve y Kaan por una semana, pero todo mi corazón les pertenece.

Basado en este tweet.

Ya que el libro me dejó devastada, quería escribir algo tierno y un poco tonto porque se lo merecen. <3

Work Text:

Kaan se movía con la soltura que solo se adquiere tras incontables ciclos aurorales de rutina. Sus pasos a través de la jungla rojiza eran firmes, aunque más rápidos de lo habitual. El alivio y la anticipación se acumulaban en su pecho a medida de que la duermevela avanzaba.

Estiró el hombro una vez mientras caminaba; una leve rigidez se había instalado en sus músculos tras horas sentado en el trono de bronce. El dae atendiendo asuntos de La Llama en ausencia de su pah había sido largo, demasiado largo para su gusto. Cada decisión, cada voz, cada petición había sido una interrupción intolerable entre él y el único lugar al que realmente deseaba volver.

Pero ahora...

Ahora por fin tendría tiempo para ella.

Para Elluin.

Una leve sonrisa tiró de la comisura de sus labios al pensar en ella.

No la había visto en todo el ciclo auroral. No como era debido.

Un vistazo fugaz cuando salió la aurora era todo lo que habían tenido: una mirada compartida a través de uno de los abarrotados pasillos de la Fortaleza Imperial, que duró apenas un instante antes de que el deber los separara una vez más.

Había sido... irritante, inaceptable, indignante.

Ridículo, pensó, con un deje de amargura que no terminaba de ser serio. ¿En qué momento estar con la antigua Princesa de La Sombra se volvió una necesidad tan esencial como el aire para respirar?

Sin embargo, no aminoró el paso. Si acaso, aceleró.

Finalmente llegó a la cueva y subió las escaleras de piedra. Exhaló suavemente antes de entrar con cuidado a su pequeño santuario escondido, sintiendo alivio en el pecho con solo ver las paredes curvadas, repletas de plumalunas y siegasables tallados en la roca.

La calidez lo invadió en cuanto percibió el aroma agridulce de las cienbayas flotando en el aire, inconfundiblemente Elluin. Kaan aspiró profundamente y cerró los ojos por un instante, dejándose envolver por la fragancia sutil pero persistente.

Por todos los Creadores...

No se había dado cuenta de cuánto echaba de menos algo tan simple.

Sus hombros se relajaron un poco, liberándose de una tensión que ningún descanso habría podido quitarle.

Había estado aquí incontables veces, en el pequeño hogar que había construido para Elluin, y aun así, no podía evitar sentirse todavía como un intruso, como si entrara en algo que no merecía del todo, pero sin lo que se negaba a vivir.

Su mirada se dirigió instintivamente hacia el gran camastro. El agujero en el techo dejaba entrar suficiente luz para iluminar la delicada silueta sobre las sábanas. Incluso de espaldas hacia él, aquella figura esbelta y el cabello oscuro que caía sobre las almohadas eran inconfundibles.

Elluin.

Por un momento, Kaan se quedó allí de pie, observando cómo cada respiración mecía su figura dormida con una calma perfecta. Un calor suave le inundó el pecho, y se aferró al simple hecho de que ella estaba allí, a su alcance. Todavía no dejaba de fascinarle que algo tan precioso pudiera ser suyo.

Dejó escapar un suspiro bajo mientras se despojaba de la tùnica, dejándola a un lado antes de acercarse a la gran cama.

Todo se sentía más pesado, aunque no físicamente. Simplemente... estaba cansado, un cansancio que se le metía hasta los huesos. Pero, por debajo, algo más firme lo impulsaba a seguir caminando

Ya casi llegaba.

Dio un paso, luego otro, mientras la luz tenue revelaba más detalles de la preciosa mujer frente a él: el brillo de su cabello oscuro, la piel pálida que él había besado más veces de las que podía contar y aun así nunca parecían suficientes, la forma delicada de sus brazos...

Kaan parpadeó, deteniéndose en seco.

Algo... no estaba bien.

Frunció el ceño levemente, inclinándose un poco más, como si un ángulo distinto pudiera corregir lo que veía.

No funcionó

Entrecerró los ojos.

—... ¿Qué?

Elluin estaba dormida, eso seguía siendo cierto, pero sus brazos... rodeaban algo con firmeza.

Algo que, sin duda, no era él.

Una almohada.

Una almohada completamente normal e inofensiva.

Una almohada apretada contra su pecho como si se hubiera ganado ese privilegio. 

Kaan se quedó inmóvil, intentando procesar la escena frente a él. Los dedos de Elluin se aferraban a la tela con una familiaridad que él conocía muy bien. Su bello rostro se había suavizado con el sueño, sus labios estaban apenas entreabiertos, su respiración lenta y pausada.

La expresión de Kaan cambió lentamente de confusión... a incredulidad... a algo peligrosamente cercano a la ofensa.

Ese...

Ese era su lugar.

—... Absolutamente no —murmuró, acercándose con pasos decididos y la mirada endurecida.

Esto no podía seguir así. Había pasado todo el dae lejos de ella, completamente privado de su cercanía, de su voz, de su tacto... ¿y regresaba a su hogar para ver esto? ¿Una almohada ocupando su lugar?

Inaceptable. Completamente inaceptable.

Con cuidado, se sentó en el borde del camastro, deteniéndose un instante para observar a Elluin de cerca. 

Por los Creadores...

Incluso ahora, después de todo este tiempo, había algo en esto que se sentía irreal, peligroso de una manera completamente distinta a todo lo que había enfrentado fuera de esta cueva. Como si el más pequeño movimiento en falso pudiera romper el hechizo y hacerla desaparecer.

Su mirada se suavizó inevitablemente, cargada con una ternura y devoción reservadas solo para la mujer que amaba. Luego, bajó nuevamente la vista hacia la almohada usurpadora.

Elluin no se movió cuando él se deslizó a su lado sobre la cama. Bien. Aunque despertarla no sonaba como una idea desagradable, no quería perturbar su descanso.

Lentamente, muy lentamente, extendió la mano y sus dedos se cerraron alrededor del borde de la almohada. Después, con la determinación de un hombre corrigiendo lo que sin duda era una grave injusticia, tiró del insultante objeto.

Nada.

Kaan parpadeó, confundido. Elluin soltó un suave ruido de protesta y apretó más el agarre sobre la almohada, frunciendo levemente el ceño como si, incluso en sueños, percibiera la interrupción.

Kaan se inclinó un poco, bajando la voz hasta un susurro apenas audible.

—Rayo de Luna —murmuró, con una calma que no lograba ocultar la ofensa—, esto es traición.

Elluin, por supuesto, no respondió.

Kaan exhaló lentamente por la nariz, ajustando su postura. Lo intentó de nuevo, esta vez aplicando un poco más de fuerza al tratar de apartar la almohada poco a poco. 

—No... —murmuró Elluin, apretando una vez más los dedos sobre la tela.

Kaan se detuvo abruptamente.

—¿Rayo de Luna? —susurró, herido en lo más profundo de su dignidad.

Nada.

Solo Elluin dejando escapar un leve sonido de inconformidad, aferrándose a algo que no era él.

Muy bien. Eso era suficiente.

Con renovada determinación —y bastante menos sutileza— Kaan se acercó más. Una mano se deslizó bajo la almohada, la otra levantó suavemente el brazo de Elluin lo suficiente para aflojar su agarre.

Entonces, actuó; dio un último tirón rápido y preciso, y la almohada quedó libre. Kaan la arrojó hacia el otro lado de la cama con el silencioso desdén que merecía. Luego, sin perder tiempo, se acostó y ocupó el espacio ahora libre.

El cuerpo de Elluin reaccionó casi de inmediato; se acurrucó instintivamente contra él, su mano descansando sobre su pecho, su rostro escondiéndose justo debajo de su clavícula, una pierna rozando la suya en un gesto íntimo.

—... Kaan...—su nombre escapó de los labios de la princesa, suave y somnoliento.

—Estoy aquí —respondió él, sintiendo algo peligrosamente tierno florecer en su interior.

Rodeó a Elluin con sus brazos sin dudarlo y la apretó más contra su pecho, como si necesitara confirmar que era real. Que estaba allí, con él, donde pertenecía.

Kaan suspiró.

Así estaba mejor, mucho mejor.

Esto era lo correcto.

El mundo volvía a tener sentido.

Bajó ligeramente la barbilla, apoyándola con delicadeza en la parte superior de la cabeza de Elluin. Se concentró en la cadencia de su respiración y en la forma en la que ella parecía encajar perfectamente contra su cuerpo, un peso familiar sin el que estaba seguro no podría sobrevivir.

—Te extrañé, Rayo de Luna... —susurró, más para sí mismo que para ella.

Sus dedos se movieron suavemente sobre su espalda, trazando de nuevo cada línea, cada curva por si alguna vez... no, no.

No iba a pensar en eso.

No cuando la tenía así.

La almohada yacía abandonada al borde de la cama, olvidada y derrotada, como debía ser. Kaan se permitió una pequeña y satisfactoria sonrisa antes de cerrar los ojos y hundirse más en el calor de Elluin.

Con ella entre sus brazos, no había nada más en el mundo que importara.

Y, en ese instante, no necesitaba nada más.