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Summary:

Regina informs the Charmings of her new plan to reach the Savior and overcome her sadistic Dark One side. But she doesn’t go into detail about how she intends to do it.

Because to do so, she would have to explain that she slept with Emma (or rather, that Emma f***** her), which only makes her already overwhelming guilt even worse.

Her remorse also grows because she can’t stop dreaming about that night… over and over and over again. But that’s not why she hopes sex will truly bring her closer to the Savior

Of course not

Absolutely not

Is she sure it’s not…?

(Yes, it's in Spanish... but isn't it amazing how well the web translator works if that's not your native language? *__*)

~

Regina informa a los Charming de su plan para vencer a la Dark One. Pero no entra en detalles porque tendría que explicar que se ha acostado con Emma (o más bien que Emma se la ha f****)

Y sus remordimientos ya están bastante desatados por no dejar de soñar con esa noche… una y otra y otra vez.

Pero no es por ello por lo que espera que el sexo le acerque de verdad a la Salvadora. Claro que no. Por supuesto que no. ¿Está segura que no…?

Notes:

(SEGUNDA PARTE DE ¿LLAMABAS?)

Siguiendo con mis recientes incursiones en este paraje casi totalmente desconocido que es AO3 (si ignoramos los supernova soy prácticamente una neófita), traigo la segunda parte de esta serie.

¿Hace falta haberse leído la anterior? Nah, puedes vivir sin ello. Pero creo que te estarías perdiendo mandanga de la buena (¿Debería cuestionarme a cuenta gente ahuyento antes siquiera de que me hayan empezado a leer por culpa de mis notas de autor?? Probablemente :D)

Espero que os guste este segundo tomo, cualquier crítica, comentario o bizzum es bienvenidísimo y, sobre todo, aquí en AO3 no me conoce ni mi esposa (hola @kyravalon!) asi que cualquier apoyo o difusión que me ayude a salir de esta absoluta invisibilidad se agradecerá con el alma *_____* (¡Y también con nuevas historias! ^^)

¡Ojalá la disfrutes!!! :)

Work Text:

"Creo que puedo llegar hasta Emma."

Los rostros cansados de David y Snow se giran hacia ella con una mirada de extrañeza que les hace parecer siameses. No dicen nada y Regina se remueve en su asiento, incómoda.

Ha estado toda la tarde meditando cómo enfocar sus dudas. Cómo explicarles sus recientes descubrimientos sin compartir todos los detalles. Pero no ha encontrado ningún camino que no se presente desastroso y el café que David le ha servido se está agotando. No sabe cómo continuar ni qué decir y tiene pánico a los derroteros en los que pueda acabar esa conversación, pero se lo debe.

Desde hace dos días se está ahogando en un mar de culpabilidad y vergüenza y necesita que al menos sus pecados tengan una razón de ser.

"¿De qué estás hablando?" tartamudea Snow, pestañeando repetidas veces. "¿Ha pasado algo que debamos saber?"

"Hablé con ella. Hace dos noches." Se limita a responder desde el sofá, mientras sus piernas, inquietas, empiezan a revolverse.

"¿Dónde?" pregunta David frunciendo las cejas.

Regina toma aire, humedece sus labios y deja que se escape de ellos la verdad más falsa que ha dicho nunca: "Me asaltó en la mansión."

"¿Te hizo algo?" Cuestiona Snow torciendo su rostro con la sombra de una repentina preocupación.

El estómago de Regina se retuerce. No puede sostenerle la mirada. No sin sentirse tan sucia y traidora como para confesar hasta quedarse sin voz.

"Regina, ¿te hirió?" Esta vez es David quien interviene y, durante los dos segundos que es capaz de enfrentar sus ojos, lee en ellos miedo y dolor. Por ella.

Quiere echarse a llorar mientras la abominación que siente por sí misma araña su esófago y amenaza con salir por su boca en forma de arcada.

"No, no me hizo nada." Responde mirando sus pies, antes de volver a elevar su rostro solo para observar un punto cualquiera del loft. "Solo quería hablar y provocarme."

Traga hondo, avergonzándose con cada palabra. Luchando para expulsar los recuerdos que intentan infiltrarse en su mente. Igual que ha hecho durante las últimas 48 horas. Hasta rozar la desesperación.

Y falla estrepitosamente. De nuevo. Porque hablar de Emma es abrir la caja de Pandora y permitir que todos sus demonios vuelen libres. Porque es incapaz de decir la palabra provocar sin que su cuerpo tiemble, anárquico y desobediente.

Por un momento, desearía derrumbarse, dejar de mentir y pedirles perdón sin saber bien por qué de todo. Pero no lo hace. Permanece callada, cobarde y corroída por el asco que se arremolina en sus entrañas.

"Tuviste suerte." Sugiere David, negando con la cabeza y dejando que sus palabras, igual que sus preocupaciones, floten en el aire.

Regina reiría si no estuviera luchando contra sus ganas de llorar como una niña pequeña. Se siente de todo menos afortunada.

"¿Y qué quería?" pregunta Snow, aún sonando con ese eco perdido y confuso.

"Nada, realmente. Sólo... torturarme presumiendo de su nuevo yo." Responde midiendo cada palabra, añadiendo con cada sílaba un nuevo pecado a su interminable lista. Carraspea, forzándose a ignorar las olas de animadversión con su propio nombre que chocan contra su pecho. "Pero creo que tiene un plan."

"Sí, el de matarnos a todos." Farfulla el sheriff recorriendo con sus dedos su cabello.

"¡David!" protesta Snow, con ojos entrecerrados y titilantes. Durante toda la noche Snow ha sido la primera en hablar del peligro que está desatando Emma, pero siempre desde ese rincón de desesperanza y pena. Desde el dolor de una madre que no se ha rendido, que luchará hasta el último aliento por recuperar a su hija. Y que no tolera que, a pesar de todas las tinieblas, se insinúe alto tan sombrío de su retoña.

"Perdona." suspira su esposo estrechando su mano con arrepentimiento. "Es que a veces..."

"Lo sé." Contesta su mujer, dejando un beso sobre el dorso de su mano. "Regina, continúa, por favor."

"Ya sabemos que nos esconde algo y por eso ha robado nuestros recuerdos. Pero presiento que detrás de ese movimiento hay mucho más que una venganza. Creo que todo este teatro es una máscara que esconde su verdadera intención y que quizás no se trate de nada malo."

"Nos ha amenazado de muerte si intentamos interferir en... en lo que demonios esté tramando." Farfulla David. "¿Cómo puede tratarse de algo bueno?"

"No lo sé... Solo es una corazonada." Se encoge de hombros.

Snow deja escapar el aire con un húmedo suspiro. "Daría lo que fuera porque estuvieras en lo cierto."

"Y yo." Asiente Regina. Su instinto grita desesperado que Emma continúa ahí, que la Oscura no ha logrado opacar su esencia y es la Salvadora quien está dirigiendo cada paso. Pero sus miedos se preguntan si no será su desesperación engañándola. Convenciéndola de que Emma decidió seducirla y no el sucio ser oscuro. Persuadiéndola de que esa noche no traicionó a su amiga, porque ella también estaba allí, presente tras esa fachada de monstruo frío y distante.

Frota su frente, frustrada, sintiendo como sus temores la superan hasta ahogarla de nuevo, y lucha por detener la riada incontrolable que son ahora sus pensamientos.

"¿Y cómo esperas llegar a ella?" En cuanto Snow suelta la pregunta, Regina sabe que desaprobará su respuesta:

"Yendo a buscarla."

"¿Qué? No, Regina." Exclama irguiéndose hacia ella desde su asiento.

"Has tenido suerte en una ocasión, no tientes al destino dos veces." Pide David negando con la cabeza en cada palabra.

"Siento que hay un puente que puedo cruzar para llegar a ella." Insiste Regina.

"¿Y si sale mal?" inquiere Snow.

Regina vuelve a encogerse de hombros, abatida. "¿Qué nos queda si no? Cada tarde nos sentamos aquí, desesperados, sin ningún plan nuevo, sin ninguna otra escapatoria. "

"Me niego a aceptar que exponer tu vida sea nuestra última oportunidad." Espeta David poniéndose en pie y caminando por su salón. "No sabemos de lo que es capaz."

"Necesito que confiéis en mí."

"Confiamos en ti, Regina. Tú no eres el problema." Responde Snow hundiéndose en el sofá.

"Podemos ir contigo y ocultarnos." Propone David deteniendo sus pasos.

Regina se pone en pie con calma, una sonrisa agradecida y un no rotundo en sus ojos. "Si me acompañáis ella lo sabrá y no me dejará acercarme. Estoy segura de que incluso ahora nos vigila."

"Regina, si crees que con eso me dejas más tranquilo..."

"No, sé que no. Y no pido que estéis de acuerdo con mi plan ni que os parezca bien. Sé que es peligroso. Quizás incluso suicida. Pero necesito saber que cuento con vuestra confianza."

"¿Crees que te escuchará?" pregunta Snow, aún sentada pero con una entereza que impone incluso desde su sofá.

"Sí." Musita.

"Está bien."

"¿Cómo que está bien?" protesta David.

"Cariño, lo hemos intentado todo. Regina tiene razón. Y ellas... Tienen ese vínculo." Añade poniéndose en pie y acariciando el antebrazo de David hasta que los hombros de su marido se relajan. "Emma ha ido a buscarla. Puede que se dedicara a fanfarronear, pero yo también creo que hay algo más allá. Quizás un grito de auxilio. Y ha ido a buscar a la persona que necesita que la escuche."

Regina muerde sus labios, la boca seca, su corazón retumbando contra sus tímpanos. Ni siquiera sabe cómo sentirse, pero no puede hablar. La forma tan benevolente en la que Snow la ve choca frontalmente con la sensación de sucia traición que arrastra desde hace días.

"Haz lo que sea necesario. Pero ten cuidado." Pide Snow mirándola, sin soltar el brazo de David.

"Lo prometo." Murmura, preguntándose si no habrá hecho ya mucho más de lo que Snow consideraría necesario.

"Llámanos si ves la más mínima amenaza." Indica David.

"Lo intentaré." Responde mezclando sinceridad con una minúscula e insignificante broma.

"¡Regina!" Protesta Snow. La alcaldesa eleva las manos en son de paz, sonriendo levemente y por primera vez en toda la noche. "¿Cuándo piensas hacerlo?"

"Creo que esta noche..."

"¿Ya?" Exclama Snow, mientras frente a si David mira al techo con un resoplido inconforme. "Está bien. ¿Y Henry?"

"¿Puede dormir aquí esta noche?"

"Paso ahora mismo a buscarlo." Responde el sheriff veloz.

"Gracias."

"Suerte." Musita Snow con voz dubitativa, pero una sonrisa.

"La necesitaré." Murmura mirando hacia la ventana del salón. Allí, a lo lejos, cerca de un árbol y oculta tras las sombras que el atardecer va proyectando sobre Storybrooke, Regina juraría haber visto una silueta. Borrosa y fugaz. Negro y dorado. Pero ya no hay nada.

.

Camina calle arriba. Hacia las afueras de la ciudad. A las avenidas con las arboledas más salvajes y las aceras más nuevas. Hasta donde casi no hay edificios y se acaban las farolas. Allí, a lo lejos, al final de la calle, silenciosa y oscura, se yergue una casa con porche, jardín y fachada gris. Un lugar que bien podría ser un hogar dulce y acogedor y que, sin explicación alguna, irradia tinieblas y oscuridad.

Los pasos de Regina son tranquilos y meditados durante todo el camino. Pero cuando apenas le separan unos treinta metros de la casa, comienza a andar más lento. Hasta casi detenerse.

Querría dar la vuelta. Huir para ser más exactos. Correr calle abajo sin mirar atrás y olvidarse de su estúpido plan.

Tiene tantas buenas razones para hacerlo.

Y sólo una para quedarse.

Se niega a creer que esa única razón sea tan poderosa como para acallar sus miedos, su furia, su pánico y su incertidumbre. Pero debe serlo, porque no deja de andar. A pesar de estar a punto de echarse a temblar.

Llega hasta la entrada y respira con fuerza al atravesar la valla blanca y caminar por el sendero de piedras que conduce al porche.

Con su primer paso hacia el jardín, la puerta se abre.

No hay ninguna luz tras su espalda. La casa está tan oscura como su ropa. Pero la silueta de Emma se distingue a la perfección. Tenebrosa e imponente.

"Qué agradable sorpresa." Su voz, neutra y sin vida, sigue siendo esa amenaza velada y latente.

"Ya sabías que vendría. Nos has estado observando." Responde dando un par de pasos más, irguiéndose para demostrar que no siente ni una pizca de todo el terror que está inundando su ser.

"Ya has oído lo que dicen de los enemigos." Contesta cuadrándose bajo el marco de la puerta. "Mejor tenerlos cerca."

"Pues no has subido a saludar." Réplica sin dejar de caminar.

"Quizás la próxima vez." Murmura enseñando sus dientes, peligrosa y desafiante. "¿Crees que les gustaría?" Añade burlona.

"Seguro." Responde intentando no caer en sus provocaciones. Limitándose a andar.

Hasta que, al poner un pie en las escaleras del porche, Emma ladra con su tono monocorde y grave: "¿Qué pretendes, Regina?"

"Hablar contigo." Responde tragando hondo, subiendo el segundo escalón, ignorando el escalofrío que recorre su espalda pidiéndole que, si quiere sobrevivir, huya. Inmediatamente.

"Pensé que ya habías gemido todo lo que querías decirme." Ladra con una sonrisa ladina y cruel.

"Si crees que así vas a detenerme, lamento decirte que he recibido comentarios mucho más despreciables que ese." Espeta, alcanzando el porche, colocándose frente a ella y fingiendo que la Oscura no está golpeando donde más duele. Donde se esconden sus dudas, sus miedos y su mayor tormento.

"Puedo hacerlo mejor." Gruñe sin moverse de la puerta. Incluso ahí, frente a ella, quieta y erguida, Regina siente como su oscuridad envuelve todo y la rodea hasta asfixiarla.

Araña las últimas gotas de entereza de su pecho, rescatando una imperturbabilidad inexistente, casi psicópata.

"¿No vas a invitarme a entrar?" pregunta ladeando el rostro.

"¿Acaso no tienes miedo?" Se ríe leyéndola igual que a un libro abierto. Regina querría ofenderse, pero no tiene sentido. No cuando mentir es ridículo y ambas saben la verdad. Así que, a la desesperada, decide usarla como arma.

"Sí, pero no solo de lo que eres. Si no de haber perdido a quien eras." Contesta clavando sus ojos en los de Emma, hasta que la Oscura los entrecierra con furia.

"Regina, vete a casa. Henry nunca me perdonaría si te hiciese pupa." Brama burlona sosteniendo la puerta, dispuesta a cerrar.

"¿Acaso te lo perdonarías tú?" cuestiona Regina poniendo el pie para evitar que se la puerta se mueva de donde está.

Esta vez los ojos claros vibran de rabia y Emma enseña todos los dientes al responder con una voz cargada de ira, muy alejada de su recurrente tono rasposo y grave: "Fuera."

Lejos de asustarse, Regina revive con las llamas que parecen encender a Emma. Sentir que responde, que se siente amenazada, que puede desquiciarla con algo tan sencillo como la verdad le hace sentir más cerca de ella que nunca. Aunque esa cercanía conlleve implícito un peligro muy tangible.

No puede dejar que Emma huya de esa conversación. Tiene que retenerla ahí, en esa vulnerabilidad, fuera de su máscara, cueste lo que cueste. Recuerda las palabras de Snow, haz lo que sea necesario, y, aunque siente que le clava otro puñal al tomar al pie de la letra su consejo, no se detiene.

"¿Tú puedes asaltarme en mi dormitorio, pero yo no puedo entrar a tomar un té?" Pregunta sin mover su pie.

"Esa es la diferencia entre el ser oscuro y los héroes." Espeta.

"¿Pues sabes qué?" murmura acercándose a ella, cada vez más cerca del marco de la puerta y de su cuerpo, solo para añadir con lentitud: "Tengo oscuridad de sobra para hacerte sombra."

Emma suelta una carcajada que brota desde su pecho y responde, cayendo en su juego, olvidándose de cerrar la puerta y enfrentándose a Regina, recortando distancias.

"No eres ni una mísera parte de lo que fuiste." Se regodea borrando su sonrisa. "No queda nada de aquella Reina Malvada."

"¿Seguro?" cuestiona caminando hasta estar cara a cara, a unos centímetros de separación. Sus dedos se fugan aprovechando la inexistente distancia y recalan en la cintura del pantalón de Emma. Tirando de ella, acercando la cadera de la Oscura a la suya.

"¿Qué crees que estás haciendo?" Inquiere Emma sin responder a su movimiento, pero sin poner tampoco distancia.

"Algo que conoces bien." Responde acercándose a ella hasta que sus labios rozan el níveo oído y su voz se convierte en un ronco susurro. "Cobrarme mi venganza."

"Regina, por favor." Escupe impasible y arrogante, pero sin retirarse del desafío que Regina está arrojándole.

"¿Acaso no has estado pensando en esa noche? ¿No te gustaría repetir?"

Antes de que Emma pueda contestar, los dientes de Regina alcanzan el suave lóbulo y lo marcan con un mordisco travieso. Mide cada reacción de Emma, pero una vez más la Oscura controla su cuerpo, su respiración e incluso su gesto. Ni una sola pista que seguir... Excepto el leve y casi imperceptible estremecimiento de su voz.

"No seas ridícula." Bufa y son esas tres palabras las que la delatan.

"¿Ridícula?" repite contra su oído. Eleva su otra mano hasta el cuello de Emma y lo recorre con la tentadora caricia de sus yemas. Hasta que se apoyan contra la yugular, ahí donde el pulso encabritado de Emma galopa contra sus dedos. "Permíteme que lo dude." Responde con una pequeña carcajada.

Emma ladea su rostro, alejándolo de la alcaldesa, y deja salir un bufido amenazante. "¿Regina, qué intentas demostrar?

"Quizás que no eres la única Oscura que hay en esta ciudad..." murmura contra su cuello, pero alejándose a tiempo de ver una peligrosa sombra cruzar la mirada de Emma, oscureciendo sus ojos hasta que casi parecen grises. No entiende qué la ha despertado, pero ya no puede detenerse. No tan cerca de la curva de su piel. "...Quizás solo divertirme." Añade dejando un mordisco sobre la yugular que aún recorren sus dedos.

El pulso se acelera aun más, pero Emma no reacciona.

"¿Esto te parece oscuro?" Se burla.

"Acabo de empezar." Gruñe Regina, cerrando la mano en torno a su cuello y empujándola con todo el peso de su cuerpo. Los pies de Emma trastabillan y no puede detener el envite. Sin equilibrio alguno, está a merced de la alcaldesa. Se agarra a las solapas de la americana de Regina y su espalda choca con un golpe seco contra la pared del recibidor. Pero no deja escapar ni un solo gesto de dolor. Ni siquiera cuando los dedos de Regina presionan su cuello, jugando traviesos a rozar la asfixia, ni cuando el cuerpo de la alcaldesa empuja al suyo, convirtiéndola en su prisionera.

Incluso desde esa posición, Emma eleva su barbilla, susurrando sin el más mínimo ápice de complacencia. "Esto te queda grande."

"Veremos..." gruñe Regina, acariciando su cuello, sosteniendo su barbilla y ladeando su rostro con un tirón seco. Deja que su lengua recorra la mandíbula firme y marcada de Emma preguntándose donde quedó su raciocinio y si podrá realmente mantener las promesas que está profiriendo. Pero ya no puede parar. Y, a cada segundo que pasa, con cada vaso de gasolina que vierte sobre este peligroso fuego, menos interés tiene en detenerse. "Además, estoy dispuesta a jugar con tus reglas."

"¿Qué quie...?" gruñe Emma, cerrando los ojos apenas un par de segundos, víctima del paseo de la lengua de Regina.

"Ya sabes de qué hablo." Ronronea con firmeza llevando su pulgar contra la boca de Emma, acariciando sus labios con suma atención. Ahí tiene otra promesa que arrasa sus entrañas hasta la desesperación. Y más cuando los ojos claros muestran duda por primera vez.

"Regina..." Es apenas un susurro sobrio y firme, pero esconde mil intenciones. Regina detecta la amenaza implícita en su nombre, pero también paladea las dudas y el apetito que en ese momento la Oscura ya no logra enmascarar.

"Oh, vamos, Emma." Gime contra su cuello, dejando que su nariz pasee tras la oreja de la Salvadora, buscando que su aliento erice la tierna piel a su paso. Y la respuesta es inmediata.

Deja un reguero de besos húmedos descendiendo hasta la base de su cuello, disfrutando del aroma de la piel de Emma. Descubriendo un hambre que no creía posible. Asumiendo que, desde aquella noche, su cuerpo rogaba por más. Por todo lo que no pudo siquiera llegar a disfrutar. Y ahora que está tan cerca, siente que podría devorar a la Oscura.

"Has podido pararme en cualquier momento." Regina acompaña su ronco jadeo de un mordisco nada piadoso que deja la piel de Emma palpitando contra sus labios. "Un movimiento de tu mano y estaría fuera de tu jardín en un pestañeo. Pero no lo has hecho."

La acusación se pierde en el silencio de la noche. Las manos de Emma, aún cerradas en torno a las solapas de Regina, tiemblan. La alcaldesa no detiene el recorrido de sus labios contra la curva del cuello de Emma, pero percibe cada arista de la lucha interna que se está desatando en ella.

Necesita dar un último golpe para vencer o caer luchando.

"Dime que no lo deseas." Ordena agarrando su barbilla y encarándola. Viendo en el rostro de Emma la misma batalla que se desató en su interior apenas unas noches atrás. Disfrutando de ser ahora ella quien dirige esa contienda. "Dime que pare. Dilo y pararé."

Sus palabras son mucho más que una copia de las que Emma le dirigió en su baño. Son una declaración de intenciones. Necesita que dé un paso al frente, que le conceda permiso para lo que quiere hacer. Que la Oscura, Emma, o quien quiera que resuella frente a ella, acepte lo que va a ocurrir. Que la alcaldesa sea libre de recorrer ese desesperado y sensual puente que espera que le acerque a su sheriff.

Pero con la Oscura nada es sencillo.

Consiente el agarre de los dedos de Regina y no mueve su barbilla, pero le dedica una mirada ambigua e indescifrable. Sus labios se mueven con una buscada lentitud al mascullar: "Si juegas con fuego, te acabarás quemando."

No es la respuesta que esperaba, pero es suficiente para Regina.

"He vivido en auténticos infiernos. Creo que podré manejar estas brasas." La burla cae de sus labios antes de que retomen hambrientos la tortura contra el cuello de Emma. Atentos a cualquier posible respuesta por parte de la Oscura. Pero nada ocurre.

Solo se escucha su respiración, cada vez más renqueante, más desesperada.

Pero Regina necesita más.

Su lengua y sus labios están en todas partes y en ninguna. Recorre el cuello de Emma acariciando, lamiendo y provocando cada centímetro de suave y cálida piel. Su mano se fuga hasta la endemoniada cremallera de la chaqueta de cuero y el ruido metálico que provoca al deslizarla inunda la habitación.

Araña sus hombros colando sus dedos bajo la tela oscura y podría gritar de emoción cuando Emma se aparta de la pared, permitiéndole deshacerse de la chaqueta. La prenda acaba en el suelo con un ruido sordo y Regina se relame ante el torso pálido y terso de Emma, enmarcado por un sencillo sujetador negro.

Sus uñas recalan en la nuca de Emma, arañando hasta que la Oscura cierra los ojos y echa su rostro atrás. Se cuelan entonces por su espalda marcando la piel entre sus omóplatos y provocando a cada terminación nerviosa del cuerpo entre sus manos. Cuando los dedos de Emma, aún anclados a las solapas de su chaqueta, se quedan blancos de la presión, Regina sonríe satisfecha.

Un suspiro entrecortado escapa de los labios carmesí y Regina se obliga, con un esfuerzo titánico a no morderlos. Tan cercanos, tan irresistibles y escondiendo tras de sí tantas respuestas que la alcaldesa necesita arrancarles. Son la maldita manzana del Edén y, aunque sabe que no puede morderla, no deja de torturarse soñando con ella.

Pero resiste.

Y, en consecuencia, se desquita con el tórax de Emma. Se libera del agarre de la Oscura, viendo los largos brazos caer a ambos lados de su cuerpo. Desciende, agarrando la cintura de Emma y dejando que su boca resbale a mordiscos por el tentador torso.

Sus uñas se clavan en sus costillas al tiempo que su boca muerde el turgente pecho frente a ella. Y, oh, sí, advierte como el cuerpo de Emma se retuerce entre sus manos. Devora ávida su piel, disfrutando de cada movimiento incontrolado como si fuese el mayor de los regalos.

Desliza sus manos hasta que encuentran el enganche del sujetador y lo suelta. Lame sus labios ante el espectáculo que se despliega frente a sus ojos y deja escapar un gruñido hambriento y animal, antes de comenzar a torturar ambos pechos. Su boca lame y succiona hasta que la piel entre sus labios se endurece suplicando más. Su mano acaricia y aprisiona, hasta que la espalda de Emma se curva en favor de sus atenciones.

Un rápido vistazo le permite disfrutar del rostro de la Oscura. Ojos cerrados, boca entreabierta, respiración desacompasada. Sonríe atacando con más fuerza su pezón y gimiendo sobre él cuando ve a Emma morderse con desesperación los labios. Pero sin hacer el más mínimo ruido. Ni una sola maldita respuesta, sin mover sus manos, a kilómetros del cuerpo de Regina.

Concediéndole sólo esa pequeña parcela, su rostro, contenido y tenso, y sus manos, cerradas en puños a cada lado de su cuerpo.

Para Regina se convierte en algo personal.

"Vamos, Miss Swan... No hay testigos." gruñe contra su pecho con la voz grave y un tono amenazante que suena como una caricia. "Déjate llevar, no te contengas, será nuestro secreto." Ronronea antes de deslizarse con una hilera de mordiscos hasta el otro pecho, erguido y desesperado por sus atenciones.

Al mordisquear la sensible piel, Emma vuelve a sacudirse entre sus brazos, pero eso no le impide responder con toda su desfachatez. "Quizás es que no eres tan buena..."

Regina recibe el golpe con elegancia, intentando no reírse cuando ve la sonrisa ladeada de Emma erguirse desde los mismos labios que jadean con cada caricia de su boca y cada roce de su mano.

De repente, durante apenas un segundo, un preciado y eterno segundo, siente que tiene ante sí a su Sheriff. Provocándola con una broma tonta y socarrona, esperando a que Regina refunfuñe en respuesta.

"Puede ser..." Gime apartando la boca de su pecho y subiendo hasta devorar su oído. "En ese caso..." advierte con un hilo de voz vibrante y diseñado sólo para hacerla temblar. "...Me esforzaré más." Ronronea antes de morder su lóbulo, cerrar la mano contra su pecho y doblar su rodilla entre las piernas de Emma. Hasta tocar la pared y clavar su muslo contra el centro de la Oscura. Una presión larga, urgente y tan precisa que al fin se desliza de los labios de Emma un gemido líquido, profundo y discreto.

"Mejor." Gruñe Regina satisfecha antes de morder su hombro. Un nuevo jadeo de la Oscura bendice sus oídos y la alcaldesa desciende sus manos con confianza renovada hasta la cintura del pantalón de cuero. Cuando suelta su botón y baja la cremallera, las caderas de Emma la reciben con un pequeño balanceo y, cuando se agacha para arrastrar el pantalón hasta sus tobillos, el movimiento del cuerpo frente a ella ya es un estremecimiento irresistible.

Se relame y actúa por puro instinto. Su boca desciende por el vientre de Emma con bocados y saliva, sus manos se cuelan bajo la cinturilla de la minúscula braga negra, y su cabeza salta por el balcón cuando el olor de la humedad de Emma embriaga sus sentidos. Baja la delicada prenda con ambas manos, muerde su cintura y delinea el hueso de su cadera con la punta de la lengua, cuando un ronroneo grave y atormentado se fuga de los labios de Emma. Se coloca de rodillas, frente a su centro, clava sus uñas en el trasero de la oscura y deja un reguero de besos por su ingle, buscando la respuesta que está segura llegará.

Las manos de Emma, aún en sus costados, se abren y cierran con movimientos espasmódicos y sus rodillas comienzan a flaquear. Cuando los besos de Regina se alargan y caen sobre el comienzo de los muslos de Emma, los dedos de la Oscura se sublevan a su propia dueña y se enredan en el pelo negro azabache, arañando su cuero cabelludo, suplicando sin palabras. Sin llegar a empujar su cabeza, pero implorando por más.

Es esa contención, esa entrega casi inconsciente, esa deliciosa vulnerabilidad la que quema a Regina por dentro. Y no puede resistirlo más.

Se abalanza contra su centro con un lengüetazo minucioso, lento y lleno de hambre.

"¡Joder...!"

Es la primera palabra que se escapa de los labios de Emma. La primera imploración que es incapaz de controlar. O quizás es que ya le da igual. Sea como sea, Regina quiere llorar de felicidad y, al mismo tiempo, pierde la razón.

No hay lugar a pausas, a preámbulos o torturas. Respira hondo, perdiéndose en el embriagante olor de Emma y hundiéndose en su centro. En la humedad que destila a borbotones, en el sabor más exquisito que ha probado. En el centro del placer de la sheriff, donde encuentra más que de sobra para que ambas se corran en apenas un par de suspiros. Pero no desaprovechará su oportunidad. Oh, no, piensa disfrutarlo en de-ta-lle...

Se recrea apartando los labios con la punta de su lengua, buscando los rincones más sensibles y predispuestos de Emma. No hay piedad ni delicadeza. Solo hambre y desesperación.

"Sí..." brama la Oscura entre dientes con los ojos cerrados y las caderas encabritadas estrellándose contra la boca de Regina. "¡Dios, sí!"

Su gemido recorre la espalda de la alcaldesa en forma de descarga eléctrica, provocando que las profundas y certeras caricias de su boca sean cada vez más rápidas, más despiadas, más hambrientas. Los dedos de Emma se cierran en torno a sus mechones y Regina nota los temblores que sacuden sus brazos. Cada vez más entregada a ella, más perdida en su forma de comerla.

Y ella misma se adivina fuera de control, en un éxtasis que es incapaz de explicar. Regina siente que, más allá de la nebulosa enardecida e incontrolable en la que todo su ser está sumido y la temperatura corporal que roza el incendio, hay algo a lo que es incapaz de darle nombre.

No es por la pasión desatada, ni la provocación mutua, ni siquiera por la descarnada intimidad. Se trata de algo más. Se trata de que aún no se han besado. Que podría devorar el cuerpo de Emma al completo. Ahora mismo. Y está segura de que la Oscura lo permitiría. Pero su labios... lo ha prometido. No se va a acercar a ellos. Tal y como hizo Emma en su primer encuentro.

Pero en este momento, con la Oscura deshaciéndose contra su boca, gimiendo sin control y dejándose llevar, Regina solo puede pensar en qué se esconde tras ese inexistente beso. Por qué Emma rehúye sus labios y mencionarlo es suficiente para que reaccione. Está casi segura de cuáles son sus razones.

Y, sin embargo, es incapaz de permitirse pensar así.

De dejarse llevar por una ilusión tan desorbitada.

Siente que su cabeza puede explotar de un momento a otro. Incapaz de contener tanta culpa, tanta pena, tanta vergüenza y, a la vez, tantas preguntas.

Necesita respuestas y necesita recuperar a Emma.

Pero ese instante ambas opciones son incompatibles.

Toma una decisión al mismo tiempo que devora en pequeños círculos el nudo de nervios de Emma, siguiendo con la lengua el ritmo que marcan las encabritadas caderas. Sus manos, hasta entonces enclavas en el trasero de Emma, se pasean por sus muslos y acarician su ingle, hasta que una de ellas se abre paso por su centro. Resbalando contra la humedad infinita de Emma y el rastro de su propia saliva.

Introduce su dedo corazón en ella con un movimiento rápido, profundo y delicioso y ambas gimen al unísono. Un segundo dedo se le une y Regina, imbuida en semejante delicia, considera seriamente un tercero al ver su mano, empapada, entrando y saliendo de Emma con tanta facilidad. Los músculos se contraen de puro placer en cada embestida y su pulgar comienza a acariciar estratégicamente su clítoris.

"Regina..." La oscura abre sus piernas, cada vez más temblorosas y dispuestas para ella y, por primera vez, gime su nombre con la voz devorada por los jadeos y el colapso que roza con los dedos.

Regina cierra los ojos, permitiendo que la maravillosa sensación de escucharse en los labios de Emma la inunde, antes de dejar su mano en ese paraíso y alejar su boca de él. Se separa de su centro y se pone en pie, sin detener las embestidas de su mano en ningún momento.

Cubre el cuerpo de Emma con el suyo y recoge parte de su peso, permitiéndola derrumbarse contra ella entre sus brazos, mientras sus gemidos son cada vez más descontrolados.

Con su mano libre recorre el cuello de la Oscura y acaricia su pelo, antes de tirar de él con delicadeza y reclamar su mirada.

"¿Confías en mí?" El susurro es apenas un suspiro escapando de los labios de Regina. Pero su voz llega de lleno a la Oscura. Emma detiene por un instante sus jadeos, aunque sus caderas continúen bailando al son de los dedos que la atraviesan. Y, durante cuatro eternos segundos, no hay más respuesta que los ojos índigo clavados en los chocolate.

Las pupilas de Emma se mueven inquietas y nerviosas, antes de que su dueña haga un minúsculo y casi imperceptible movimiento con su barbilla. De arriba abajo.

Regina aprieta los labios, contiene la respiración y trata por todos los medios de no gritar de alegría antes de inclinarse hacia Emma.

Hasta que sus frentes se apoyan la una en la otra.

Tan cerca que siente el aliento de Emma, de nuevo encolerizado, bañando sus labios.

Su nariz acaricia con un pequeño balanceo la de la Oscura y gime al mismo tiempo que ella.

A tan solo unos centímetros de ese beso.

Del que a cada instante está mas segura que sería la muerte del ser Oscuro.

Pero no. Esa noche no obtendrá respuestas, pero al menos estará tan cerca de Emma como la Oscura se lo permita.

Y no pondrá eso en juego.

Porque ella también confía en Emma.

Sus dedos, perdidos entre los húmedos y deliciosos pliegues, la atraviesan cada vez más rápido, impulsados por la creciente riada y las convulsiones de sus músculos. Su pulgar vibra contra el hinchado clítoris. Y Regina lucha por sostener el cuerpo cada vez más desvencijado de Emma.

Pero, sobre todo, mantiene su frente contra la de ella, clava sus ojos en los azules y deja que sus labios, a centímetros de distancia que se sienten como kilómetros, resuellen frente a los de Emma. Sin besarla, pero sintiéndose más cerca de ella que nunca en su vida.

Gime sobrepasada por las sensaciones. Es consciente de lo cerca que Emma está de correrse solo por los maravillosos sonidos que la Oscura no se molesta en retener y que ella jamás podría describir. Cada uno de ellos nubla aun más su realidad hasta que solo queda el placer.

Emma jadeante y cabalgando su mano es lo más excitante que ha visto en su vida. Con las embestidas el coro va in crescendo y los dedos de Emma se clavan en su espalda, dejando sin duda finas líneas rojas a su paso a pesar de hacerlo sobre la ropa.

Regina está segura de que su propia humedad podría competir con la que está empapando su mano. Sus movimientos son cada vez más intempestivos y sus dedos buscan el punto que provoque el placer final de Emma. Una sola estocada y el clímax de la Oscura se deshace contra sus dedos y llena los sentidos de Regina con su irresistible olor, su rostro iluminado por el sudor y su voz, convertida en un bramido ronco y sin fuerzas.

"¡Oh dios, Regina!"

El gemido de Emma rompe contra ella al tiempo que siente como arquea la espalda y sus dedos quedan atrapados en el cálido interior de su cuerpo. Pero es sobre todo esa forma de pronunciar su nombre, de no contenerse, de permitirle ver esa parte que aún sobrevive bajo la pegajosa esencia del ser oscuro.

"Estoy aquí." Jadea sosteniendo su rostro.

Cuando el cuerpo de Emma se derrumba contra ella, apoyando la cabeza sobre su hombro con un gemido gutural y lento, Regina lo recoge como lo más preciado que nunca ha sostenido. Sus uñas acarician el cuero cabelludo de Emma, acompañándola mientras se sacude con los últimos latigazos de su orgasmo.

Escucha la respiración desacompasada y profunda de Emma regresando a la normalidad y simplemente espera, temiendo que se aparte de ella en cualquier momento. Pero las manos de la oscura, aun enclavadas en su espalda, se aferran con fuerzas renovadas y Regina muerde sus propios labios, reprimiendo las incontrolables oleadas de emociones que amenazan con aniquilarla.

De repente, el tiempo se detiene.

Y, por primera vez en meses, siente que son sólo ellas.

Emma y Regina.

Sin Oscuros, sin maldiciones y amenazas, sin miedo ni culpa.

Solo ellas dos.

Como nunca lo han sido y, en el fondo, como siempre lo fueron.

"Emma..." susurra con un peligroso e inconsciente coraje tomando el control de su boca. "¿Qué sucedió en Camelot?"

Las manos de la Oscura se tensan y su cuerpo se aparta hasta apoyarse contra la pared, alejándose del de Regina. Retrocede hasta que ambos rostros vuelven a enfrentarse. Y, frente a ella, Regina no ve a Emma. Pero tampoco a la Oscura.

"Nada." Gruñe casi en murmullo.

"Emma..."

"¿Qué recuerdas?"

"Nada." Repite ofuscada.

"Ahí tienes tu respuesta." Farfulla entrecerrando los ojos.

"¿Te burlas de mí?" protesta confundida y molesta.

"Nunca." Responde con media sonrisa, fría y sarcástica.

"Emma, por fav..."

Su súplica desaparece en el aire cuando la Oscura agarra sus hombros y la obliga a girar con ella. Hasta dar con su espalda en la pared. Intercambiando los papeles y provocando que un gemido amortiguado escape de entre sus labios.

"No sucedió nada." Brama y un segundo después su boca, sus dientes y su lengua atacan el cuello de Regina.

"Emm..." reclama en un gemido que mata cualquier protesta que intenta sostener.

"¿Quieres que me detenga?" susurra contra su oído mientras su mano se cierra entorno a su pecho.

"'¡No!" exclama sin control, víctima de las atenciones de Emma, de su propia desesperación, de la temperatura incontrolable que domina a su cuerpo desde que se atrevió a provocar a la propia Oscura. "Emma..." El siguiente gemido no es más que su necesidad reclamando por más, olvidándose de todas sus dudas, de cualquier preocupación.

Ni siquiera se preocupa por entender qué hay tras ese repentino giro. No puede. Y está segura de que Emma es plenamente consciente de ello. Y lo está usando en su contra. Pero a quién le importa. Está dispuesta a pagar las consecuencias que haga falta. Joder si lo está...

Las manos de Emma trabajan afanosas por desabrochar su camisa y sus caderas se mueven contra las de Regina, provocándola hasta que gime sin control. La alcaldesa se quita su propia chaqueta al sentir los dedos de la Oscura comenzando a pasear por la piel de su pecho y planea cómo arrancarse sus propios pantalones.

Pero la mano de Emma no tiene tanta paciencia. Suelta el botón de su cintura y se sumerge sin preámbulos en su centro.

"¡Emma!" jadea abrazándose a su cuello sintiendo que es lo único que ahora puede mantenerla en pie. "Dios, Emma..." gime fuera de sí cuando los dedos se abren paso con una profunda y lenta caricia, antes de llenarla por completo atravesándola.

"Dime qué es lo que deseas." gruñe contra su oído, lamiéndo y mordisqueando sin compaión.

"Ya lo sabes..." jadea inclinando su rostro en favor de su boca, concediéndole libertad total, antes de murmurar: "Todo."

La mano de Emma dentro de sus pantalones aumenta la deliciosa presión y Regina está cerca de perder la cabeza. Hasta que la otra mano de la Salvadora sostiene su rostro y reclama su mirada. Los ojos índigos, insondables y arrolladores, van de pupila en pupila, brillantes y tan irresistibles, que Regina solo puede morder sus propios labios, viendo como la mirada de Emma cae hasta ellos.

Por un instante, siente que cederá. Que va a inclinarse contra ella. Que dejará que el maldito beso ocurra al fin. Tan fuera de ella misma como para olvidarse de todo. Hasta de la razón por la que ha estado rehuyendo los labios de Regina. Sea cual sea la maldita y estúpida razón para ello.

Y no puede permitirlo.

Siente que Emma la necesita. No sabe por qué, no entiende qué demonios pasa, pero niega con la cabeza y entierra su rostro en la curva del cuello de la Oscura. Deteniendo cualquier otra intención, animándola sólo a continuar con el movimiento abrasador y delicioso de su mano. Gimiendo con cada embestida y besando su cuello como habría deseado devorar sus malditos labios.

Está perdiendo la cabeza, rozando el orgasmo, y solo puede pensar en su boca. Y en si no habrá sido una maldita estúpida.

Pero quién puede pensar demasiado cuando los dedos de Emma bailan en tu interior, su otra mano acaricia tu espalda y su boca se afana por devorar el comienzo de tu pecho.

O cuando el sonido de la madera del porche resuena entre sus propios gemidos.

"¡¿SWAN?!"

Regina grita con el bramido y Emma se separa de ella con un brinco, interponiéndose entre el recién llegado y la alcaldesa con un chillido estupefacto.

"¿Quién demon...?!" Emma nunca termina la pregunta. Su mano chasquea los dedos y una neblina roja las envuelve a las dos. Cuando Regina está terminando de apartar la magia de Emma y de comprobar que las dos están de repente vestidas, escucha mortificada la voz de la Oscura. "¿Killian?"

Traga hondo, a pesar del nudo de angustia en la garganta que amenaza con asfixiarla, y permanece inmóvil.

Al contrario que el pirata, que camina hacia ellas, apartando la puerta de un golpe.

"¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!"

"Killian, vamos a hablar." Pide Emma con una docilidad que raya la caricatura y que confunde aun más a Regina. Pero el pánico no le permite intervenir ni cuestionar nada. Continúa pegada a la pared, tras el cuerpo de Emma, y apenas llega a ver el rostro escarlata y descompuesto de Hook.

"¡¿Hablar?!" escupe fuera de sí. "¡¿De cuánto tiempo llevas follándote a este monstruo?!"

"Killian." Emma lo intenta una vez más, pero nadie está escuchando su súplica.

"¡¿Cómo has podido hacerme esto, Emma?!" Exige gritando cada vez más. "¿CÓM...?!" Jamás termina la pregunta.

Cae de rodillas con un bramido, agarrándose la cabeza.

"No, no, no..." murmura Emma para sí agachándose hasta él. "Killian, escúchame. Te lo explicaré, pero necesito que te calmes, por favor."

"Suel... Suéltame." Aúlla agitando su cabeza con desesperación. "¡¿Qué es esto?!"

"Killian, respira, no dejes que gane..." pide la Oscura una y otra vez. Pero Hook rehúye su contacto y se retuerce sin soltar su cabeza, gimiendo con un dolor que Regina, desde su pánico, no termina de entender.

"¡AAAAHHHHH!!!" El bramido resuena por toda la casa y Hook deja caer sus manos mientras chilla. Su espalda se arquea, su cabeza cae hacia atrás y, por un momento, Regina siente que podría partirse en dos. Hasta que una luz amarilla vuela directa hacia él. Un reguero de magia volátil y brillante que escapa bajo la puerta del sótano de Emma.

"¡NO!" ordena la Oscura alzando su mano. La magia se detiene a su orden durante un segundo, pero algo cambia. "¡Ah!" Ahora es Emma quien grita de dolor y Regina se agacha hacia ella solo para ver que es Hook, retorciendo su muñeca, el culpable.

"Esta vez no..." gruñe el pirata.

"¡SUÉLTALA!" chilla Regina empujándole con su magia hasta que cae de culo al suelo y libera a Emma. "¿Estás bien?" pregunta agachándose junto a ella.

"No..." susurra sin apartar la vista de Hook.

Ahí, en el mismo punto donde el conjuro de Regina le ha enviado, la magia dorada le alcanza, atravesando su cabeza hasta desaparecer por completo dentro de él. Hook da una bocanada abismal antes de abrir los ojos con fuerza.

"Oh, Emma." Es todo lo que dice. Con media sonrisa y una mirada fría como el hielo.

"Killian, espera."

El hombre frente a ella se levanta, negando con la cabeza y sacudiendo sus pantalones lentamente: "¿No crees que ya me has hecho esperar suficiente?"

"¿Qué está pasando?" cuestiona Regina, aún en el suelo junto a Emma.

"Nada." Responde automáticamente la Oscura.

"Todo." Replica Hook. "Emma, ¿solo sabes mentir?"

"Tú no lo entiendes."

"¿Ah, no?" pregunta retórico acariciando la punta de su garfio. "Tendrás tiempo de explicármelo, Swan. En cuanto recupere a Excalibur."

"No, no puedes..."

"Créeme. Sí que puedo." Ladra con una enorme y sádica sonrisa. "Pero primero... ¿Por dónde íbamos?"

La garganta de Regina arde con una repentina presión que se cierra en torno a su cuello. Cortando su respiración e impidiéndole gritar del dolor. Se derrumba contra el suelo, llevándose las manos a la garganta, pero ahí no hay nada. Solo una demoniaca presencia invisible que se enreda contra su piel sin clemencia.

"¡Killian, no!" grita Emma, dirigiendo su mano contra el pirata. Al hacerlo, el oxígeno vuelve a correr por los pulmones de Regina con una dolorosa tos. Intenta mirar hacia ellos, sin entender nada, hasta que lo ve. Un rastro rojizo y polvoriento de magia baila en las puntas de los dedos de Hook. Una huella mágica idéntica a la de la Oscura.

"¿Qué demonios...?" tartamudea confusa.

"Me alegra comprobar que tu puta tampoco sabe nada." Celebra volviendo a dirigir su mano hacia ella. "Y morirá sin entenderlo."

Regina cierra los ojos, convoca un escudo y ruega por que sea suficiente. Pero nada llega a ocurrir. Advierte el crepitar de la magia al estrellarse, pero no siente nada.

Abre los ojos a tiempo de ver a Emma, junto a ella, encogerse de dolor antes de reponerse.

"Ella no tiene nada que ver." Espeta plantándose frente a él.

"Por cómo gemía contra ti... yo diría que algo sí tiene que ver." Argumenta caminando alrededor de Emma, intentando sortearla sin ningún tipo de disimulo. "Pero, ¿qué más da? También puedo matarla por diversión." Anuncia antes de estirar su mano una vez más en un rápido y violento movimiento.

"¡Killian, no!" chilla Emma interponiéndose. Pero Hook, con una enorme sonrisa, ya ha realizado su embestida. La magia no abandona su mano si no su garfio, esquivando a Emma por su flanco desprotegido y alcanzando de lleno a Regina.

"¡Aaaaahhh!!"

El cuerpo de la alcaldesa se retuerce mientras miles de anzuelos al rojo vivo se clavan en su piel, atravesándola sin compasión.

"¡PARA!" grita Emma fuera de sí. Eleva sus manos, una hacia Regina, otra hacia Hook. El dolor desaparece inmediatamente del cuerpo de la alcaldesa, pero no el recuerdo, y se encoge sobre sí misma, tratando de respirar. Hook, por su parte, retrocede un par de pasos, antes de recuperar el equilibrio.

"¡Ey, esto cada vez se me da mejor!" exclama orgulloso. "¿Repetimos?"

"Killian, esto es entre tú y yo." Remarca furiosa, enseñando sus dientes y las palmas de las manos, cargadas de magia.

"Ya te gustaría." Espeta sonriente. "Esto no ha hecho más que empezar y tú no eres más que el primer obstáculo, Swan."

"¡Y el último!" brama lanzando mágicamente un jarrón contra Hook. Pero el pirata lo para sin problemas y con un solo chasquido. Pero es suficiente distracción para no ver el armario que se le viene encima por la espalda. Cae el suelo con el peso muerto sobre él y más cuando Emma enclava el mueble con todas sus fuerzas para evitar que se levante. Pero su mano vibra, incapaz de retenerlo y el armario se sacude con cada una de las embestidas de Hook, mientras grita:

"¡¿En serio, Swan?!"

"Regina, vete." Exige Emma, concentrada en retenerle. "¡Vete, ya!"

"No, no te dejaré sola con él. Necesitas mi ayuda."

"Puedo detenerle, lo he hecho antes. Pero no seré capaz de plantarle cara si tú estás aquí. Te usará contra mí."

"Emma, no puedes pedirme esto."

"¡SWAAAAAN!" chilla macabro y burlón bajo las maderas que amenazan con reventar con la combinación de ambas magias.

"Regina, por favor." Susurra buscando su mirada. "¿Confías en mí?" murmura con la misma dulzura y esperanza con la que Regina se lo preguntaba unos minutos atrás. La alcaldesa traga hondo, segura de su respuesta, pero incapaz de darla. No sabiendo lo que eso supondrá. "Regina, ¿confías en mí?" implora una vez más, temblando ante el esfuerzo desmedido de su magia.

"Sí." Gime echándose a llorar.

"Entonces corre. ¡Ahora!" ordena con un grito furioso pero desesperado.

Lo último que Regina ve antes de desaparecer es la madera de la estantería reventar con la aparición de Hook y los ojos azules y vidriosos clavados en ella.

Se arrepiente en el mismo instante en el que su cuerpo se desvanece. Quiere romper su promesa y regresar. Pero no entiende nada de lo sucedido y le ha asegurado que confía en ella. Y eso hará.

Solo espera que la maldita e insensata de Emma no se haya equivocado.

Un segundo después, su cuerpo se reaparece. En medio del salón del loft. En la casa de los Charming.

"¡Regina!" Exclama David desde la cocina con un plato a medio fregar en sus manos. "¡Cariño, es Regina!" chilla hacia el dormitorio.

"¿Pero qué...?" murmura su esposa saliendo del cuarto. "¿Qué te ha pasado? Ha sido Emma, ¡¿verdad?!" inquiere aterrorizada corriendo hacia ella.

Regina, con el cuello rojo y dolorido, la respiración fuera de sí y el recuerdo de los anzuelos lacerando su piel, se deja caer contra su sofá. "No..." gime, mientras los brazos de David la rodean hasta sentarla sobre los cojines. "No ha sido Emma."

"¿Entonces?" implora Snow.

"Hook. Ha sido Hook." Jadea a duras penas. "Él también es el Oscuro."

FIN

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