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Pieces of what could have been

Summary:

Una versión un tanto diferente y a la vez similar a la historia que conocemos, un abordaje profundo de cómo el pasado parece volver para destruirlo todo... O más bien, sanarlo...

Notes:

Pieces of what we could have been
Pieces of a shattered dream
Child, take your dark memories
Like seeds, and plant them far from here

Sow them
Feed them
Through shine and rain
Your love will be born again

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Pro Memoria

Summary:

—¿No es eso lo que haces tú, C? También has sermoneado a tu público sobre cosas de apoyo.
—Eso es diferente.
—¿Por qué?
—Porque yo sí los entiendo... Y ellos a mí... Mis conciertos no son un recinto lleno de miles de personas... Sino una unidad... Un espacio donde las nacionalidades, razas, religiones, o lo que sean se vuelven parte de una misma cosa... Yo no solo hago música, es un llamado...

Chapter Text

El cielo nocturno siempre parecía verse cada vez más bello cuando se lo proponía. Las estrellas vistas tan de cerca, daban la sensación de que titilaban, como enormes ojos iluminados que no se podían apartar ante su presencia. 

Copia, aquel hombre cuyo nombre se sentía cercano y a la vez tan lejos, estiró su brazo derecho, intentando alcanzar uno de los astros; con su otra mano se sostenía de las cuerdas que mantenían unida la canasta al globo aerostático, porque sí, tenía miedo a caerse, pero era más grande su ilusión de llegar al punto más alto del espacio, quería ser parte de los cuerpos celestes que lo rodeaban, como si estos lo llamaran. 

"Frater..." 

Entonces cayó. 

Se sobresaltó al escuchar la voz, una que dejó de identificar desde hace varias horas atrás. No estaba dormido, pero su mirada era el más fuerte indicativo de que su mente estuvo en otro lugar, completamente ajeno a lo que transcurría a su alrededor.

—Llevo casi media hora intentando decirte que no falta mucho para que regresemos al Ministerio. 

El castaño solo asintió mientras tallaba su rostro con pesar, acomodándose en su asiento para después darle una vista rápida al hombre que se sentaba frente a él en la limusina, Mr. Psaltarian, un hombre al que a veces no sabía si ver como guía o como fastidio constante. 

—¿Cuál es tu problema, eh? —Interrogó el más viejo— En los escenarios parece imposible cerrarte la boca y tenerte quieto más de cinco segundos... En cambio ahora estás más tieso y silencioso que un muerto enterrado a 10 metros bajo tierra. 

Papa (O mejor dicho, ex Papa) se encogió de hombros, quiso decir algo, pero su cuerpo se había vuelto muy pesado, cada movimiento implicaba un gasto de energía que podía llevarlo a la muerte, según él, sumado a un dolor de cabeza de los mil demonios, pues sus oídos aún retumbaban con el recuerdo de los aplausos, gritos y música a todo volumen... Oh, claro, y una cosa más... 

—Mira, entiendo que lo que ocurrió con Sister fue terrible, pero era inevitable, todos sabíamos que ocurriría tarde o temprano... Ahora tenemos que enfocarnos en lo que sigue. 

En lo más profundo de su ser quiso pensar que aquellas palabras buscaban dar consuelo, aunque el resultado fue completamente opuesto... Para empezar, nadie le dijo sobre el estado de salud de su madre, ella misma confesó en su carta que evitó a toda costa darle la noticia para evitar que se distrajera... Solo la vio desvanecerse, y posteriormente él también sintió sus piernas rindiéndose ante el colapso... Claro, recapitulando el último par de años, hubieron señales claras de que pronto alguien iba a pasar a mejor vida, el problema es que lo sucedido con sus antecesores no hicieron más que detonarle una paranoia que pensó haber controlado hace tiempo. 

Todo eso pensó, no obstante le resultó imposible verbalizar objeción alguna, Psaltarian solo suspiró y todo los ojos, él todavía ponía en duda la decisión de haber convertido a ese "manchild" en el nuevo jefe del Clero.

Casi tres horas después, el vehículo se detuvo, señal de que por fin estaban de regreso, luego de esa extenuante era de conciertos a lo largo del mundo. El mayor fue el primero en bajar, Copia le hizo una seña de que lo seguiría en un par de minutos más. En lo que el personal del Ministerio se encargaban de las maletas, él realizaba una serie de "ejercicios" como les decía, que iban desde movimientos de manos, piernas, torso y cabeza principalmente, en repetición, hasta que se sintió más recuperado, o al menos lo suficiente para aguantar el recibimiento que vendría ahora mismo. 

Al abrir la puerta del recinto, lo primero que notó fue una figura femenina que llevaba años sin ver, era más baja de estatura, pelo un poco canoso y gafas de gran tamaño... Camino rápido hacia él y por instinto lo abrazó, aunque Copia no correspondió de inmediato, pues su cabeza aún no procesaba todo. 

—C... Mi pequeño C... —Le acomodó la playera y la sudadera que estaban un poco arrugadas— Tanto sin verte, haz crecido tanto desde la última vez... 
—Mam... —Se mordió los labios para ahogar un "Mamá" que casi soltó por costumbre— Marika... Es un placer. 
—Ay, deja las formalidades para otro momento —Le acarició una mejilla— ¿Cómo estás? Supe que... 
—¡Todo bien! Jeje... —Se apresuró a decir, ya habían sido demasiadas emociones por hoy, entonces hizo un esfuerzo por mantener ese tono tontito con el que solía hablar— Fue una muy larga gira, muy divertida, pero ahora sí necesito un pequeño descanso. 
—No quieras mentirme, C... Conozco esa cara. 
—Oh, vamos, jamás he sido muy expresivo ¡Siempre parece que tengo el mismo gesto todo el rato! 
—Pero yo conozco cada detalle de ti, incluso si tuvieras una parálisis facial sabría cómo estás de ánimos. 
—Ya se le pasará, Mari —Psaltarian apareció en escena ya con su traje de siempre— Tenemos que enfocarnos en lo que sigue. 
—Por favor, Psalty, acaba de llegar. 
—No hay tiempo que perder, hay mucho por hacer, sobretodo para él. 
—Ni hablar... Primero, llevan mucho tiempo fuera, y segundo, hay algo llamado duelo, ¿Sabes? Dale al menos un par de días y ya después hacemos lo demás. 
—Pero... 
—¡Sin "pero"! Te recuerdo que Sister era una hermana más para mí, todos aquí estamos en duelo, a nadie le caerá mal una pausa. 
—Mmh... —Suspiró, rindiéndose— De acuerdo... 
—C, ya están tus cosas en tu habitación, relájate, si quieres duerme un poco antes de la cena, yo te aviso. 
—Sí... Gracias... 

Rápido se abrió paso entre la pareja para ir a su habitación, mientras tanto los otros continuaron su discusión. 

—¿Qué tanto le dijiste? 
—¿Decirle qué? 
—Psalty, Copia se nota muy mal, y tú fuiste la única persona que estuvo con él durante su viaje de Australia hacia aquí. 
—No me quieras echar la culpa a mí, ese chico es muy raro y lo sabes, desde niño es así. 
—Yo sé con lujo de detalle cómo actúa con las personas, y contigo y Nihil si no está tenso, está a la defensiva. 
—Como sea, ya no importa, pero me preocupa que alguien tan inmaduro ahora tenga el poder absoluto de este sitio. 
—Es cuestión de que se acostumbré, va a poder, por algo Sister dejó manifestado que sería el turno de C. 
—Como si hubiese tenido otras opciones... Marika, el chico pasó más de la mitad de su vida sin saber quién era su familia. 
—Nosotros somos su familia... Ni una palabra más al respecto, ve a ver lo que sea que quieras mientras yo ayudo a las Sisters of Sin con la cena. 
—Sí... De hecho a eso iba... 

Cuando el vestíbulo quedó solo, y ninguna voz más se escuchó alrededor, Copia cerró la puerta, no pudo evitar sentir curiosidad por la conversación, aunque era más por masoquismo que otra cosa. No recordaba que las discusiones entre ellos fueran tan acaloradas, o tal vez nunca las escuchó con el mismo detenimiento que ahora... Una cosa era segura, su cabeza iba a explotar. 

Lo único que le sacó una pequeña sonrisa fue ver un estante muy especial, donde unas pequeñas criaturitas ya chillaban ante su llegada. Abrió la jaula y una a una sacó a sus queridas ratas mascota, colocándolas en su cama mientras él también se recostaba ahí, sentir a los roedores acurrucándose a su lado era lo que necesitaba para recuperar su paz. 

—Oh, mis pequeñas... Biggie, Mark, Ruffus, Moira... —Volteó a ver a todas partes, un poco tenso— ¿... Arne? ¡Ah, ahí estás! Olvidé que te encanta meterte en mis bolsillos... ¿Cómo están? ¿Las cuidaron bien? ¿Extrañaron a papá? 

Era impresionante la conexión que tenía con sus animalitos... Desde muy pequeño sentía un cierto afecto por las ratas, aunque no estaba muy seguro del por qué, pues la mayoría de las personas sentían asco, pues se trataba de animales con pésima reputación, una plaga en pocas palabras... Para Copia no, le provocaban mucha ternura, además de que los besitos con sus bigotes tenían el poder de sanar su alma. 

—Al menos las tengo a ustedes... No hablan, no gritan, no discuten, no me juzgan... Sus acciones sí muestran que me quieren... —Suspiró y soltó un pequeño bostezo que se hacía más largo ante cada frase— No sé ni qué pensar, y lo digo porque estoy bloqueado... Literalmente no puedo recordar... Ni lo que pasó esta mañana... Todo es tan... Confuso... 

Su cuerpo cedió al agotamiento, por lo que cayó rendido en sueño profundo, ahora sí, como si se le viniera encima toda la fatiga de estos últimos años, así que al menos ese noqueo es lo más parecido a la tranquilidad que experimentaría de ahora en adelante.

° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° °

Cuando volvió a abrir los ojos se sintió muy extraño, vagamente volteó hacia la ventana, donde las cortinas alcanzaron a transparentar un poco de la luz y el cielo azul ya presente, era de día. Con cuidado, Copia apartó a sus ratitas para levantarse y salir de su cuarto, eso sí, lo cerraba para que las muy traviesas no se salieran, aunque a veces eran lo suficientemente astutas para hacerlo de todas formas. 

Llegó al comedor, donde Marika ya se encontraba poniendo la mesa, y en cuanto lo vio, volvió a sonreírle cálidamente como siempre. 

—Ay qué bueno que por fin despiertas. 
—Creí que... 
—Intenté llamarte anoche para cenar, pero no respondías —Lo señaló, moviendo su dedo acusatorio de forma maternal— Asumí que estabas muy cansado y pensé mejor no molestarte. 
—Tiene sentido... —Tomó una de las sillas y se sentó— ¿El viejo también vendrá? 
—No, Psalty tuvo que salir por unos asuntos, tú y yo vamos a desayunar a solas, y hablaremos de algunos temas. 
—No sé si eso es mejor o peor... —Vio la ceja arqueada de la mayor— Digo-… Lo siento.
—C, entiendo que tengas sentimientos encontrados. 
—Lo sabes... —Corrigió con un tono que se tambaleaba entre lo neutral y a la defensiva— Tú lo sabes, Psaltarian también, todos... Pero no lo entienden, porque si así fueran, no me estarían diciendo tantos discursos que parecen más protocolo que ayuda genuina... 
—¿No es eso lo que haces tú, C? También has sermoneado a tu público sobre cosas de apoyo. 
—Eso es diferente. 
—¿Por qué? 
—Porque yo sí los entiendo... Y ellos a mí... Mis conciertos no son un recinto lleno de miles de personas... Sino una unidad... Un espacio donde las nacionalidades, razas, religiones, o lo que sean se vuelven parte de una misma cosa... Yo no solo hago música, es un llamado... 

Marika solo lo observó mientras los ghouls de servicio se encargaban de entregar el desayuno. Ella se daba cuenta de que las palabras de C venían cargadas de dolor, de un deseo intenso por pertenecer a algo... No era la primera vez, había sido así desde... Aquel día... 

—Me aseguré de que tuvieras unos días de descanso.
—Ajá... —Soltó sin muchas ganas, desayunando más por rutina que por gusto, aunque los alimentos dulces sí le traían un poco más de calma, ni cómo olvidar el jugo de manzana en caja, su favorito para esta clase de momentos. 
—Pero tendrás que volver al trabajo, con todas las responsabilidades que tú nuevo puesto implica.
—¿No puedes hacerte cargo tú? —Con voz y mirada lastimera— Quiero decir, sabes más que yo, lo mío es nada más cantar, bailar, actuar, entretener en el escenario. 
—Las instrucciones que me dejaron son muy claras, pero no te preocupes, yo te voy a ayudar en lo que te acostumbras. 
—¡Pero es que yo no quiero este cargo! —Golpeó los puños ligeramente sobre la mesa, no un gran azote, pero sí el suficiente para mostrar su descontento— ¿¡Sí sabes lo mucho que me costó ganarme el papado!? 
—C, eres el líder más longevo de la banda, además de que empezaste cuando aún eras cardenal, nadie lo había logrado antes. 
—¡Logré muchas cosas para la banda, incluso más que el estúpido de Terzo con todo y sus aires de superioridad! 
—Nadie lo pone en duda... C, no te destituyeron, ni te derrocaron... Te ascendieron, jerárquicamente eres el más importante ahora. 
—¿¡Y POR QUÉ NO ME SIENTO ASÍ!? —Se cubrió los ojos con una mano y respiro lentamente— Perdón... 
—Quisiera darte todo el tiempo del mundo para que puedas entender... Pero no podemos quedarnos estancados en el pasado, tenemos que vivir-…
El aquí y el ahora, ya sé... —Se recargó sobre la silla y sorbió más fuerte su jugo en caja— Lo qué no sé, es quién demonios estará al frente ahora, me tocó a mí porque se supone que Nihil no tenía más hijos, aunque oh, sorpresa, resulta que todo este tiempo también lo era... Ese imbécil habló de un chico nuevo, ¡Pero ahora sí ya no quedan más familiares! 

Marika desvío la vista hacia la mesa, desafortunadamente Copia alcanzó a verla, se exaltó. 

—Estás escondiendo algo. 
—Para nada. 
—Lo haces, dímelo ahora, por favor. 
—Aún no es tiempo... —Manteniendo la calma— Sí, ya hay alguien nuevo, y es todo lo que tienes que saber ahora. 
—Siempre la misma frase de mierda, ¿Es que todo el tiempo tiene que ser así? —Suplicando— Mam... Marika, llevas diciéndome lo mismo desde que era niño, y usualmente es porque hay otro secreto de mierda en esta familia, te ruego que ahora sí me digas qué pasa... 
—Faltan muchas cosas por hacer aún en el Ministerio... —Se levantó y comenzó a recoger los platos— Descansa, te prometo que cuando las cosas se asienten, te diré...
—Carajo... 

La mujer se retiró, quedándose él solo en el comedor... Recargó los codos en la mesa y se cubrió la cara con ambas manos, nada más quería darse un respiro, pero en su lugar salieron ligeros sollozos ahogados... Odiaba que lo trataran como un estúpido e inepto, no entendía por qué, ya que desde muy joven siempre trató de acoplarse al mundo de los adultos... O tal vez ese fue el problema... Quién sabe... Por el momento, nada más pudo volver a sentirse como ese pequeño cuyo mundo iba más rápido de lo que lograba procesar... 

° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° °

—¿Estás seguro de que es por aquí, Vincent? 
—Sí, las instrucciones que me dio el señor Psaltarian indican este camino. 
—¿Pero por qué hasta acá? Estoy seguro de que el Ministerio es lo suficientemente grande para una habitación para él. 
—Lo sé, pero primero, pronto van a remodelar, y segundo, él quiso su casa en las profundidades del bosque, y ni modo. 
—Es tan extraño... 
—Ni que lo digas, Ray, así que mejor hagámoslo rápido antes de que nos encontremos con un oso... 
—O peor, un hombre. 
—Raymond, somos hombres. 
—¿Y? 
—Buen punto... —Levantó la mirada— Ah, mira, ahí está. 

Dichos Siblings of Sin se dirigieron a esa pequeña cabaña, situada elegantemente en medio un claro entre los árboles, decorado con unas cuantas plantas sembradas, no con tanto esmero como lo hacía Emeritus I, pero igual lucían bien. 

Ambos se pararon frente a la puerta de la casa, Vincent fue quien se acercó y tocó la puerta... Nada. Lo hizo por segunda vez... Nada... El otro habló.

—¿Y si no está? 
—No creo, me dijeron que siempre está ahí dentro a menos que lo citen obligatoriamente en el Clero... —Pegó una oreja a la puerta— Señor, somos los hermanos del pecado, tenemos que hablar, es importante... 

Alcanzó a escuchar un gruñido, seguido de un gran ajetreo, probablemente el interior estaba hecho un desastre, aún no podía saberlo. Cuando detectó los pasos del mencionado, se apartó de la puerta y se colocó al lado de su compañero. 

—Estoy nervioso, Vincent, jamás lo había visto... 
—Ni yo, pero mantén la calma, esto es mero protocolo... 

Un pequeño click proveniente de la puerta se hizo presente. 

Entonces, la puerta se abrió...