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El Otro

Chapter 10: X

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

...Tell me what you want and I’ll tell you what you wanna hear; I’ll take the pain to remain in your atmosphere. No one has to know where you ended up tonight—your secret is as safe as when you’re by my side…”

—Alexander Stewart, Lauren Spencer Smith

 

Apenas entraron en el apartamento, Off puso a Gun contra la pared y lo besó brevemente en los labios. Antes de que el beso se profundizara, Gun se separó y puso una de sus manos sobre su boca, deteniéndolo.

—¿Puedo ducharme y lavarme los dientes primero?

Off sonrió, con la frente apoyada sobre la del chico.

—Claro. Hay toallas y un cepillo de dientes nuevo para ti en el baño. Ahora te alcanzo ropa.

Cuando Gun salió del baño, minutos después, Off llevaba solo una toalla atada a su cintura. Gun no pudo evitar recorrerlo con la mirada.

—Me encanta cómo te queda mi pijama, deberías usarlo más seguido —dijo, acercándose antes de plantarle un beso en la mejilla y entrar al baño para ducharse también.

Gun se quedó solo en el dormitorio, así que se detuvo a observar el espacio. Era lujoso, pero no demasiado grande. Estaba decorado en colores azules y grises. La inmensa cama, con un acolchado gris, dominaba el ambiente; el chico estaba cansado y, la verdad, era que lucía muy cómoda.

Se sentó en uno de los lados y fue entonces cuando pudo ver una fotografía enmarcada sobre una de las mesas de noche: un Off, unos cuantos años más joven, abrazaba sonriente a una mujer que, sin dudas, debía ser su madre. Al otro lado, Mix también sonreía mientras la abrazaba. El parecido con él y con Mix era impresionante; era como si los rostros de los dos hermanos fueran piezas de un puzle con las que se pudiera formar el de su madre.

Tomó la foto entre sus manos para verla mejor. Off de verdad se veía muy feliz, y esa felicidad que lo inundaba hacía que se viera aún más apuesto de lo que ya era. Un sentimiento muy parecido a la ternura creció en su interior; era como una calidez que no podía describir. Una sonrisa se dibujó en su rostro como resultado de esos sentimientos.

Estaba tan ensimismado que no escuchó al joven volver a la habitación.

—Mi mamá es hermosa, ¿no? —dijo Off mientras se sentaba a su lado en la cama.

Gun asintió sin mirarlo.

—Esa foto es de mi cumpleaños número diecinueve. Hacía un año que estábamos en Estados Unidos. Ninguno de los dos quería vivir allí, así que no estábamos muy contentos, pero decidimos que íbamos a ser muy felices ese día —tomó la foto entre sus manos y la acarició—. Mi mamá llevó a First de sorpresa a verme y visitamos muchos lugares geniales. Esta foto la tomó él.

—Pensaba que lo habías conocido allí.

—No, somos amigos desde el jardín de infantes. Después de esa visita, no paró de insistirles a sus padres y se fue a estudiar conmigo… No sé qué hubiera sido de mí sin él…

Cruzó el brazo sobre Gun y puso la foto de vuelta en su lugar, salpicándolo un poco con el agua que goteaba de su cabello.

—¡Uhm! —se quejó cuando el agua tocó su cara—. Estás empapado… —luego miró su torso desnudo—. Estás chorreando agua. ¿No piensas secarte el pelo? Te vas a enfermar…

Off lo miró con una expresión pícara y tomó una toalla de mano que llevaba colgada sobre el hombro.

—Justo lo que iba a pedirte… ¿me secas el cabello?

Gun asintió y se puso de pie frente a él, tomando la toalla para iniciar su tarea.

—No, así no… —Off levantó la mirada y lo observó desde donde estaba sentado. Luego apoyó las manos sobre la cama y se movió hasta el centro, quedando recostado contra el respaldo—. Ven aquí —dijo, haciéndole señas para que se sentara a horcajadas sobre él—. Estoy cansado, Gatito…

Gun tragó saliva. El hombre que yacía en la cama no se parecía en absoluto al que le había mostrado la foto de su madre minutos antes. Este lo miraba desde la profundidad de sus ojos negros; el deseo podía palparse en el aire. Su torso mojado brillaba bajo la tenue luz de las lámparas.

Se dio cuenta de que había quedado estático observándolo cuando el otro levantó una ceja, interrogándolo en silencio.

Por una fracción de segundo se sintió un idiota y se cuestionó a sí mismo. No entendía las reacciones tan cambiantes de su propio cuerpo. Estaba excitado, como si el otro ya lo hubiera tocado en su intimidad, y había dejado de importarle si tenía el cabello mojado o no. Aun así, decidió seguirle el juego.

Se deslizó sobre la cama y gateó hasta donde estaba Off. Luego se puso a horcajadas sobre él y comenzó a frotarle la cabeza con la toalla lentamente.

Off cerró los ojos y su rostro se relajó mientras emitía suaves gemidos de placer. Luego empezó a acariciar sus muslos con lentitud, como si no se diera cuenta de lo que hacía. El chico siguió moviendo la toalla sobre su cabeza, intentando no perder la concentración, hasta que las caricias se volvieron más rudas. Off comenzó a amasarlo hasta llegar a sus nalgas, tomándolo con firmeza para empujarlo y hacer que se presionara contra su erección.

Gun no pudo reprimir el pequeño sonido que se escapó de sus labios ante el contacto.

Off tomó la toalla de una de sus manos y la lanzó al suelo. Luego se incorporó, acercando su boca a la suya, y lo miró a los ojos.

—Me encanta cómo gimes, Gatito —dijo, mientras bajaba la cabeza y, con una de sus manos, acercaba el torso de Gun a su rostro para hundirlo en su pecho—. Me encanta cómo hueles… cómo tiemblas cuando te toco… me encanta tu boca… —susurró, a la vez que introducía los dedos de su mano izquierda entre los labios del chico y acariciaba su lengua.

Tiempo después, exhaustos y bañados en el sudor del otro, se quedaron dormidos.

  • •●••

El leve sonido de la vibración de su celular, moviéndose apenas sobre la mesa de noche, despertó a Gun al día siguiente. Aún algo adormecido, extendió su mano libre y lo tomó para ver que Khao lo estaba llamando. Intentó moverse para levantarse y atender, pero Off, que seguía dormido con medio cuerpo sobre el suyo, lo sostuvo con fuerza y no se lo permitió.

—No… no te vayas —balbuceó antes de hundir su rostro en su cuello y acurrucarse contra él.

Gun soltó el teléfono y decidió hacerle caso. Estaba calentito, cómodo y aún tenía sueño.

Cuando abrió los ojos nuevamente, estaba solo en la cama. El aroma a pan recién tostado llenaba el ambiente, y eso hizo que su estómago gruñera, avisándole que tenía hambre.

Se levantó y se vistió con su pijama, que lo esperaba doblado sobre la almohada de su acompañante. Luego se dirigió a la cocina, donde se encontró con Off cocinando de espaldas. Solo vestía unos shorts y un delantal.

Debió escucharlo entrar, porque se volvió hacia él, provocando que Gun soltara una sonora carcajada al ver que el diseño del delantal era el de un torso desnudo con una panza abultada y gigante.

—¿Qué pasa? —empezó a bailotear con una espátula en la mano, haciendo caras graciosas—. ¿No te parezco sexy?

Gun no pudo evitar reír de nuevo. Off era muy gracioso y siempre hacía chistes; no le tenía miedo al ridículo, y eso lo hacía muy atractivo. Luego se acercó a Gun y lo tomó por los hombros para llevarlo a la mesa del comedor, donde lo esperaba el desayuno.

Cuando terminaron, Gun le agradeció por la comida y se dispuso a buscar sus cosas para irse. Al verlo, Off se sintió incómodo, así que intentó detenerlo.

—¡Oye! ¿Tienes algo que hacer hoy? —Gun negó con la cabeza—. Encontré un cine que pasa repeticiones de películas viejas en Sukhumvit, ¿vamos? —como el joven no lucía muy convencido de aceptar, agregó—. Me fijé y también tiene una biblioteca de libros sobre cine y un bar…

—Mmm… salir no es parte del trato…

Off se acercó y se sentó en el sofá.

—Pensé que éramos amigos. Los amigos pueden ir al cine y a tomar algo… por lo menos hasta donde yo sé…

“Amigos”. La palabra resonó en la cabeza de Gun y se sintió como una cláusula del contrato que no había tenido en cuenta. La verdad era que no tenía nada interesante para hacer ese día y, además, se divertía mucho con aquel chico. Tal vez no tuviera nada de malo salir y disfrutar un poco de su compañía.

Volvió la vista hacia lo que traía puesto: ya se había vuelto a vestir con su ropa, pero era la que había usado la noche anterior para salir y no era muy adecuada para una salida casual.

—Puedo prestarte algo para ponerte —Off pareció leer sus pensamientos.

—Tu ropa me quedará grande.

—Puede que tenga algo que puedas usar y que parezca oversize. Vamos… estoy seguro de que mis pantalones te quedan bien.

  • •●••

Dos horas después, un Off sonriente y un Gun usando ropa oversize ingresaron a lo que parecía una casa antigua. Las paredes estaban pintadas en colores cálidos, entre rojos, ocres y marrones, y los pisos eran de madera, al igual que las escaleras y la barra del bar.

El personal los recibió y los condujo a una pequeña sala de cine que solo contaba con nueve butacas. Los jóvenes se sentaron junto a unas pocas personas más y las luces se apagaron. 

De pronto, la pantalla se iluminó y las primeras estrofas de la canción “She”, interpretada por Elvis Costello, inundaron el lugar, mientras imágenes de Julia Roberts interpretando a una estrella de cine se mostraban en la pantalla.

Gun se volteó y miró a Off, que también lo miró sonriente, y le hizo un ademán como de arcada. Ese gesto le provocó una carcajada silenciosa a su compañero, quien evitó emitir sonido para que los otros espectadores no se molestaran.

Un letrero con el nombre Notting Hill apareció en la pantalla para coronar la introducción de la película, la favorita de Off. Gun ya la había visto. No recordaba demasiado, además de que era una película melosa que había visto una vez porque a su tía le gustaba y a la que no había prestado demasiada atención.

El aplauso generalizado lo sacó de su ensimismamiento cuando terminó.

—Sabía que te gustaría.

Off lo miraba entusiasmado.

—Oh, tampoco fue para tanto.

—Si hay algo que aprecio de ti, es tu sinceridad. No empieces a mentir ahora.

—Ok, ok… Me gustó mucho. La historia de amor es muy bonita.

Off pareció conformarse con aquello y no insistió en el tema; en realidad, no quería volver a discutir con él sobre el amor. Decidió llevar la fiesta en paz y no molestarlo.

—Vamos a tomar algo. Podemos ver la biblioteca también.

La cara de su compañero se iluminó con una sonrisa ante la sola mención, y él sintió ganas de besarlo. Era tan lindo cuando sonreía que apenas podía contenerse, y eso le dio miedo. Se puso de pie y se volteó para no verlo, con la excusa de salir de la sala, con Gun siguiéndolo de cerca.

Llegaron a la sala principal. Sus paredes estaban cubiertas de grandes libreros de madera, cuyos estantes repletos ofrecían libros de todo tipo y mostraban viejas cámaras de cine o carretes de los que se usaban antaño. Las mesas de madera estaban rodeadas por cómodos sofás que invitaban a sentarse, relajarse y disfrutar del ambiente.

Pidieron café, y Gun eligió unos libros para ojear mientras Off lo observaba con detenimiento.

—Elige el que quieras, quiero hacerte un regalo.

—Oh, no es necesario…

—Vamos, siempre dices que no a todo. Relájate un poco, somos amigos.

—Ok —respondió, pensando que tenía razón—. Quiero este.

—Bien. Estuve investigando en internet y hay varios lugares como este. En realidad, la mayoría no tienen cine, pero sí bibliotecas con café. Podemos visitar otros en el futuro, me gustaría llevarte a verlos.

Gun, que había decidido no sobrepensar más ese día, asintió alegre.

—Eso me gustaría mucho.

Salieron del lugar un par de horas después y siguieron conversando mientras paseaban por una plaza cercana. Sin darse cuenta, la noche había vuelto a caer. Se sentaron en una banca y permanecieron en silencio; parecía que ninguno quería hablar, porque, al hacerlo, algo se rompería.

—Bueno… —dijeron de pronto al unísono, lo que los hizo reír.

—¿Me llevas a mi casa?

La respuesta de Off fue poner cara de cachorrito mojado.

—¿Sabes? Mi intención ayer era mostrarte la vista nocturna desde mi balcón. ¿Por qué no vienes ahora y la vemos juntos?

—Off… —Gun pronunció su nombre de manera reprobatoria.

Off levantó la mano y puso tres dedos en alto, como haciendo una promesa.

—No pienso tocarte un pelo. Como amigos, ven a ver la vista desde mi balcón como amigos… Estamos pasándolo bien, quiero conversar un poco más…

Gun se puso de pie y comenzó a caminar.

—Oye, no te vayas, piénsalo, ¿sí?

—¿Vas a quedarte sentado ahí? Tenemos que ir al auto para volver y verla, ¿no? ¿Qué estás esperando? —contestó el chico sin mirarlo.

Al llegar, se sentaron en un sofá de exterior que Off tenía junto a la ventana. La vista nocturna de verdad era preciosa.

—Espérame un momento… —dijo, y desapareció dentro del apartamento.

Unos minutos después, apareció con una manta colgada del brazo y dos grandes tazas humeantes de chocolate caliente. Gun tomó la suya mientras Off se acomodaba a su lado y los cubría a ambos con la suave tela.

—Mmm… es delicioso. De verdad que eres todo un as de la cocina…

—No es verdad… No le cuentes a nadie, pero Alba, mi empleada, viene los viernes temprano y cocina para la semana. Hace cosas que pueda calentar y comer. Yo solo sé preparar café, hacer huevos revueltos y tostar pan.

—Ya me parecía que lo habías hecho muy rápido.

Off se sentó a su lado, recostándose casi sobre él con la excusa de que la manta los cubriera a ambos.

—¿Y? ¿Qué opinas? Es lindo, ¿no? —señaló la vista de la ciudad con la cabeza.

—Sí, puedes ver gran parte de la ciudad desde aquí arriba.

—Es la razón principal por la que elegí este lugar. Soñé tanto con volver que me parece una fantasía poder sentarme aquí cuando quiera y disfrutarlo.

La conversación siguió de manera amena hasta que Gun, que hacía rato había empezado a cabecear de sueño, se quedó dormido sobre su hombro. Off se acercó a su cabello y lo olfateó; le resultaba placentero sentir el aroma de su propio champú en el cabello del chico. 

Se quedó media hora más así, con el peso de Gun sobre su hombro y mirando hacia el horizonte. Luego lo levantó en brazos, lo acostó en su cama y lo tapó, antes de acostarse a su lado y abrazarlo por la espalda, acurrucándose contra él.

Horas después, cuando el sol ya estaba alto en el cielo, Gun abrió los ojos. Otra vez estaba en el mismo lugar, y Off estaba prendido a su cuerpo como una garrapata. Intentó acomodarse, pero, otra vez, no podía moverse. Hizo varios malabares hasta que pudo soltarse de su agarre y se sentó en la cama.

Miró el celular y su corazón dio un brinco: tenía varias llamadas perdidas de sus amigos, además de un par de mensajes de Kiara. El día anterior había olvidado sacarle el silencio y se había olvidado completamente del aparato.

Abrió el mensaje de su novia y lo leyó.

—Phi, ¿al final pasas por mí para almorzar o nos vemos en el restaurante? Creo que no estás en casa, así que no sé bien qué hacer…

Había olvidado completamente su cita con su novia. Llevó la mano a su cabeza y se restregó el pelo; nunca olvidaba nada relacionado con ella. ¿Qué demonios le estaba pasando?, pensó.

Miró la hora: eran las diez de la mañana. ¿Cómo había dormido tanto? Por lo general no alcanzaba a descansar más de cinco o, con suerte, seis horas seguidas.

Se volteó y miró a Off, que seguía profundamente dormido. Tal vez era esa cama tan cómoda y calentita… “o tal vez es él”, una voz involuntaria se hizo presente en su cabeza, y la sacudió para ahuyentarla.

Le contestó a la chica que se verían en el restaurante, tomó su ropa de la noche del viernes y se vistió sin hacer ruido, antes de salir sigilosamente por la puerta.

Afuera llovía a cántaros, pero no le importó. Necesitaba conseguir un taxi y llegar a cambiarse para acudir al almuerzo. Buscó en la aplicación, pero todos estaban ocupados. Pensó que sería debido al mal día, así que solo le quedaba pedir una moto.

Llegó a su condominio media hora después y, empapado, se duchó y se cambió en tiempo récord. A las doce del mediodía, entró por la puerta del lugar en el que había quedado con Kiara.

Estuvieron en el local solo una hora y se fueron porque Gun empezó a sentirse muy decaído, tanto que Kiara prefirió conducir de vuelta al edificio. Pasaron por la farmacia y compraron medicación para la gripe. Al llegar, se despidieron en la puerta; ella dijo que tenía unos asuntos que atender en la tarde y que, luego, pasaría a chequear cómo se sentía.

Gun entró y se sentó en el sofá. La comodidad del mullido asiento y la felicidad de por fin estar en su casa cuando se sentía tan cansado lo embriagaron y, sin siquiera tomar la medicación, cayó en un profundo sueño.

Notes:

💚 Gracias por leer hasta acá.

¿Qué parte del capítulo les gustó más?

Y si quieren, cuéntenme desde dónde me leen 🌎
Siempre me hace ilusión saberlo.

Los leo 🫶

Notes:

¡Hola a tod@s! Estoy muy feliz de compartir esta nueva historia con ustedes, espero que les guste.

Estaré actualizando todos los viernes.

¡No se vayan! La historia continúa ya mismo en el siguiente capítulo.

Si les gustó, no olviden votar, comentar y compartir, por favor.

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