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Nada es lo que parece

Summary:

A pesar de sentir un inmenso desprecio y odio por Mash, Orter no puede sacar a ese error andante de su cabeza. Por más que intente concentrar su mente en cosas más productivas, esa despreciable sangre sucia siempre termina dominando la mayoría de sus pensamientos.

Por lo que, termina hartandose de esta situación, así que tiene que hacer algo para solucionar las cosas, y está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para lograrlo.

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Notes:

Tw: Abuso físico y psicológico
Síndrome de Estocolmo

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Nada es lo que parece

Chapter Text

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Mash respira con más tranquilidad cuando se ha alejado lo suficiente de casa, todo por el deseo egoísta de no compartir aquel panecillo gigante que tiene en su poder. Pero antes de empezar a degustarlo como corresponde, escucha algo que le llama atención, al asomarse entre medio de los arbustos, se da cuenta de que Rayne, el hermano mayor de su mejor amigo, se encuentra librando una batalla con una persona que pertenece a la casa de Orca.

 

No es capaz de reconocer a dicha persona, ya que nunca antes lo había visto, pero la conclusión a la que puede llegar es que esa persona es peligrosa, porque parece poder hacerle frente a un iluminado divino como Rayne. Aunque en el fondo confía en que el bicolor pueda resultar ganador, sin embargo, se concentra demasiado en la batalla que está observando que no se da cuenta de cómo algo se acerca peligrosamente por detrás de él.

 

Hasta el punto en que ese algo lo toma sorpresivamente del cuello, elevándolo considerablemente del suelo. Inmediatamente intenta luchar por liberarse, pero cada vez que intenta mover su cuerpo, la presión no hace más que aumentar. Y por si eso fuera poco, es arrojado de manera violenta hacia unos árboles lejanos, los cuales se parten a la mitad ante la fuerza del impacto.

 

La visión de Mash se vuelve borrosa ante el impacto y la falta de aire, y lo único que puede visualizar antes de desmayarse es una capa que se ondea perfectamente con el viento que hace en el bosque.



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Mash se despierta confundido y con un extraño adormecimiento en todo su cuerpo. Intenta incorporarse, pero solo logra temblar antes de caer estrepitosamente al suelo.

 

No sabe si se debe a la falta de oxígeno que sufrió antes o a algo más que ignora por el momento. Aun así, sigue luchando hasta que sus pocas fuerzas se agoten, terminando más cansado y dolorido de lo que ya se encuentra.

 

Patéticamente se recuesta en el suelo, pensando que si descansa lo suficiente podrá recuperar sus fuerzas para irse. Sin embargo, el tiempo transcurre sin más y no parece haber ningún tipo de cambio en él; el cansancio persiste, sin importar cuánto tiempo pase descansando.

 

— Veo que estás despierto. — escucha una voz que reconoce al instante, y lo único que siente es un extraño temor que le recorre todo el cuerpo. — Pensé que seguirías inconsciente por un poco más de tiempo. — continúa, ganándose una mirada llena de desprecio por parte de Mash.

 

— ¿Qué es lo que quieres conmigo? — pregunta el pelinegro, solo para que Desert Cane se ponga a su mismo nivel y lo tome bruscamente de las mejillas.

 

— ¿Por ahora? Solo quiero demostrarte que es un error que sigas vivo. — confiesa, antes de azotar la cabeza de Mash contra el duro piso de piedra, causando un estruendoso sonido ante el impacto de su cráneo con aquella superficie dura. — Te lo dije antes, y te lo diré las veces que sean necesarias, una anomalía como tú no puede formar parte de la sociedad, debido a que las reglas establecen que seas ejecutado por no poseer magia. — comenta, forzando a Mash a mirarlo a los ojos. — Pero el director Wahlberg y los demás piensan que es una buena idea que permanezcas con vida, lo cual va en contra de todo lo establecido. — añade, y Mash no tiene nada para decir, no cuando existe la posibilidad de ser castigado por lo que pueda salir de su boca.   

 

Sin embargo, eso no impide que Orter comience a pisotearlo, obligándolo a cubrirse con sus brazos. Rápidamente coloca estos sobre su cabeza, pues un golpe fuerte en esa zona puede ser muy peligroso; pero, Orter se las ingenia para golpearlo por todas partes, sus golpes están cargados de furia y resentimiento, y no hay manera de detenerlo.

 

Posiblemente, pasan quince o veinte minutos desde que la golpiza comenzó. Orter parece estar cansado por la "actividad física", sin embargo, una sonrisa de satisfacción se dibuja en su rostro cuando ve a Mash todavía tratando de protegerse, con gran parte de su cuerpo cubierto de visibles hematomas morados.

 

— Espero que seas resistente, porque a partir de ahora esta será tu nueva vida. — dice el iluminado divino, quien se retira sin más del lugar.

 

Mash baja la guardia cuando la puerta, de donde quiera que esté, se cierra haciendo un fuerte escándalo. Su cuerpo no puede dejar de temblar, sintiendo tanto dolor que le resulta imposible creer que una sola persona pueda ser la causante de ello. 

 

¿Pero en qué retorcido infierno ha venido a caer? 

 

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La habitación donde lo han dejado es oscura y húmeda, con un olor a moho que impregna el aire hasta llegar a sus pulmones. Mash aún se encuentra en la misma posición en la que despertó, porque cada movimiento que realiza le causa una enorme punzada de dolor. 

 

El tiempo en la habitación es impreciso, pero es evidente que no puede quedarse más tiempo allí. No cuando Orter regresa periódicamente para golpearlo y recordarle lo miserable que debería sentirse por ser diferente, insistiendo en que nadie allá afuera se ha preocupado por su desaparición. 

 

Aunque hubo un tiempo en que Máld dejó de venir, a lo que Mash pensó que lo dejaría morir solo en ese sitio,  y pensándolo bien, eso pudo haber sido lo mejor. Porque al regresar, el iluminado divino le proporcionó una paliza que recordaría por toda su vida, estaba seguro que logró romperle varias costillas y causarle graves heridas internas, las cuales le hicieron vomitar sangre por horas. 

 

Aun así, Mash se aferra a la idea de poder reencontrarse con su padre y sus amigos. Y es gracias a esa débil luz que aún se niega a ceder ante los maltratos que constantemente recibe. 

 

El es fuerte, más fuerte de lo que Orter piensa. 

 

¿No es así? 



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La puerta hace un fuerte chirrido cuando Orter ingresa a la habitación, pero a diferencia de otras ocasiones, el mayor no dice nada al momento de acercarse, solo se aproxima sin más hacia Mash, quien espera su próximo movimiento con impaciencia, porque el día de hoy se encuentra con menos fuerza para tratar de defenderse. 

 

Las cadenas que lo mantienen aprisionado restringen cualquier uso de la fuerza bruta y de la magia misma. Según recuerda, Orter le dijo que esas cadenas eran lo suficientemente fuertes como para mantener cautiva a la mayor bestia que el mundo mágico haya presenciado alguna vez. 

 

Mash observa con desconfianza al iluminado divino, quien ha empezado a generarle una extraña sensación que no puedo definir tan fácilmente con palabras. Orter se acerca un poco más a él, y Mash no puede hacer otra cosa que permitir el acercamiento en contra de su voluntad. 

 

Sin embargo, es víctima de una gran conmoción cuando el mayor comienza a tocar ciertas partes de su cuerpo. Al principio, no comprende lo que está sucediendo, pero conforme pasan los segundos, la realidad se vuelve clara y se convierte en presa del pánico y el terror. 

 

Intenta desesperadamente detener al otro de continuar tocándolo de esa manera, pero cuanto más se resiste, más agresivo se vuelve el tacto de Orter. Quien parece completamente concentrado en terminar lo que ha iniciado, ignorando por completo las quejas y súplicas de Mash. 

 

Por primera vez desde que fue capturado, Mash le ruega a Orter para que no lo lastime, gimoteando nerviosamente al no saber cómo proceder, ya que nada de lo que está sucediendo le gusta. 

 

— Basta. — súplica, sintiendo como el otro juguetea con una de sus manos detrás de sus orejas, esto solo aumenta su nerviosismo y lo hace emitir sonidos raros en contra de su voluntad. — Por favor, no… —  ruega con sus ojos llenos de lágrimas reflejando su angustia. A pesar de ello, Orter persiste como si nada ocurriera, ignorando por completo los deseos de Mash.

 

La situación empeora con el paso del tiempo, a pesar de haber sido despojado de gran parte de sus prendas, Mash todavía se resiste a dejar que Orter lo posea de esa manera, pero por más que trate de impedirlo, lo inevitable termina sucediendo. 

 

La mente de Mash queda en blanco cuando siente como el miembro de Orter se abre paso dentro de su cuerpo, que no ha sido preparado  para nada de lo que ahora sucede. Es un dolor que nunca antes ha experimentado,  y entre más avanza,  su sufrimiento solo incrementa. 

 

Llega un punto en que ni siquiera súplica para que se detenga, parece que ya no le queda nada más por lo cual luchar, así que permite que Orter se lo siga follando de manera salvaje. 

 

Su visión se vuelve cada vez más borrosa, escuchando a lo lejos la voz de Orter, quien le dice una infinidad de insultos y palabras despectivas que se graban en su mente como parte de su nueva realidad. 

 

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Desde ese entonces, Mash es forzado a tener relaciones por lo menos una o dos veces al día. Según palabras del mismo Orter, debe liberar el estrés que le causa el trabajo para así seguir dando lo mejor de sí , y qué mejor forma de hacerlo que abusar de su pequeño agujero, que empieza a acostumbrarse al maltrato constante que recibe.

 

Mash ha dejado de resistirse conforme pasan los encuentros, porque se ha dado cuenta, que entre más se comporta con Orter, este se vuelve más considerado con él. Lo trata con cuidado y paciencia,  lo besa delicadamente mientras lo felicita por haberse dado cuenta de su lugar. 

 

Así que,  debe abrir las piernas o la boca  sin ni siquiera dudarlo cuando él se lo pida. 

 

Si Orter le pide que se exprese cuando tienen sexo o que se mantenga callado, el tiene la obligación de obedecer.

 

Tal como lo haría una mascota entrenada en busca de una recompensa, aunque para Orter, era más como un lindo y adorable juguete. 




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— Vamos, despierta…  Es hora de levantarte. — Mash se reincorpora al instante al escuchar la voz de su dueño , quien parece tener algo importante que decirle o pedirle el día de hoy. — Creo que es momento de que te lleve a otro lugar. — comenta, mientras una de sus manos acaricia suavemente el cabello del otro, quien se limita a sonreír y cerrar los ojos. 

 

Debido a que no entiende nada de lo que Orter quiso decir con aquellas palabras,  solo se conformaba con ser tratado con un mínimo de decencia humana. 

 

— ¿Cómo se dice? — pregunta repentinamente,  habiendo notado que su juguete parecía disfrutar mucho de su tacto, y es su deber saber establecer ciertas reglas de comportamientos para que se siga manteniendo fiel a él. 

 

— Muchas gracias. — la voz de Mash es suave, casi como un susurro, pero parece ser suficiente para Orter, que deposita un corto beso en sus labios a manera de recompensa por haber dado una buena respuesta. 

 

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La habitación que mencionó Orter, era una gran estancia limpia y amueblada. En ella, una imponente cama con sábanas blancas y grandes almohadas ocupaba el centro, invitando a tomar un siesta  reparadora.  

 

Los muebles de descanso distribuidos estratégicamente ofrecían comodidad, mientras que una pequeña estantería con libros prometía momentos de entretenimiento. Al final de la habitación, una discreta puerta que llamó mucho su atención, pero no se atrevió a preguntar a dónde es que conducía. 

 

— De ahora en adelante, estarás aquí. — el mayor informó, abrazando por detrás al sin marca, que solo asintió ante la nueva información que había recibido. — Si te sigues comportando bien, es posible que te deje andar libremente por la casa. — confiesa, pero Mash no parece emocionarse ante eso, porque ha olvidado lo que es el concepto de libertad. — En la puerta de allá hay un baño, así que, quiero que vayas a asearte como es debido. — lo que dice es más una petición que una sugerencia, y Mash sabe que debe obedecerle. — Al salir encontrarás la ropa que deberás ponerte, cuando lo hagas espérame en la cama. — agrega, siendo suficiente para que el menor se disponga a cumplir con sus órdenes. 

 

 

Mash se siente extraño al ya no tener aquellas cadenas que limitaban sus movimientos,  pero trata de acostumbrarse lo más rápido que puede, porque no debe de ser deficiente con sus tareas. Al entrar al baño queda sorprendido por ver todo en un perfecto orden, Mash trata de memorizar el lugar de cada cosa, porque no quiere ser castigado por no tener cuidado. 

 

Al finalizar de memorizar, se va sacando las prendas malgastadas que lleva puestas, ya ni recuerda si con eso llegó al lugar o si Orter en algún momento decidió cambiarlo de ropa. Pero termina restándole importancia a esto, porque se dispone a lavar minuciosamente cada parte de su cuerpo, el agua cae sobre él con sumo cuidado, al principio se asusta por la presión, pero se acostumbra conforme pasan los segundos. 

 

Dentro de su cabeza no hay nada más que ese pensamiento recurrente de ser bueno y obediente siempre, siendo un recordatorio constante de seguir comportándose adecuadamente si no quiere perder nada de lo que ahora tiene. 

 

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Después de un rato, Mash sale de la ducha completamente empapado, pero antes de reincorporarse a la habitación,  toma una toalla con la cual se seca todo el cuerpo, hasta que no queda ni una sola gota de agua sobre él. Sale desnudo para dirigirse directamente a la cama, donde encuentra dos únicas prendas, una camisa holgada que es el doble de su talla original y ropa interior.  

 

No juzga la elección de vestuario de Orter, solo se coloca las prendas para después subirse en la cama, lugar donde se dedica a esperar pacientemente al otro, tal como se lo ha pedido. 

 

Mash luchaba contra el anhelo de dejarse caer en el colchón y entregarse a una siesta reparadora. La suavidad de las sábanas lo tentaba, pero se esforzaba por resistir, consciente de que aún era demasiado pronto para rendirse ante la tentación.

 

— ¿Quién habría pensado que un simple baño podría mejorar tanto tu aspecto? — Mash parecía absorto en sus pensamientos mientras Orter regresaba con una bandeja de bocadillos.

 

— Gracias. — respondió, sonrojado por el elogio, antes de aceptar uno de los bocadillos con gratitud y devorarlo sin dudarlo.

 

— Aún recuerdo cuando eras un mocoso insolente. — comentó Orter, provocando una mirada confundida en Mash, algo que lo hizo sonreír con malicia.

 

Había roto tanto la mente de su preciado juguete, que llegó al punto de poder moldearlo a su antojo. Por lo que, dudaba mucho que quedara algo del antiguo Mash en esta nueva versión, la cual estaba dispuesta a obedecer sus órdenes sin ni siquiera cuestionarlas.

 

— ¿Pasa algo malo? — la preocupación en la voz de Mash era palpable, pero se tranquilizó al sentir el suave toque del mayor sobre sus mejillas. 

 

— No, solo estaba divagando en ciertas cosas sin importancia. — afirmó Orter, incitando al otro a seguir comiendo en silencio, porque aún les queda mucho tiempo juntos antes de que tengan que irse. 



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Mash toma con cuidado el miembro de Orter entre sus manos, las cuales se mueven constantemente de arriba hacia abajo. El iluminado divino solo lo observa fijamente,  su intervención es mínima, por no decir nula, aunque ya llegará el momento en que ponga sus manos sobre esa despreciable anomalía mágica. 

 

— Tú boca… Ahora utiliza tu boca. — le demanda, y no pasa mucho para que Mash meta tanto como pueda, para después dedicarse a lamer desde la base hasta la punta, emitiendo en el proceso gemidos que transmiten satisfacción. 

 

Las manos de Orter no pueden mantenerse quietas por tanto tiempo, y eso queda claro cuando una de ellas se posiciona encima de la cabeza del menor, que espera ansioso el próximo movimiento de su dueño. Desert Cane, sin antes decirle o advertirle,  empuja la cabeza de Mash hacia abajo sin pensarlo, y la sube casi al instante, para después volver a repetir el mismo proceso varias veces, follandose sin pensar la boca del menor, quien no parece nada incómodo con lo que sucede, ni siquiera tiene un reflejo nauseoso por el cual interrumpir la sesión. 

 

Así que ambos siguen libremente hasta que Orter termina dentro de la boca de Mash, que ingiere aquel líquido espeso sin problema alguno.  No desperdicia ni una sola gota de nada, hasta lame lo que queda en la comisura de sus labios, dando una imagen bastante provocativa. 

 

— Excelente trabajo. — lo felicito, para después pasarle una toalla al otro para que termine de limpiarlo, antes de invitarlo a que se recostara a su lado. — Lo haces mejor cada día. — agrega, y Mash no puede sentir otra cosa que no sea felicidad por los elogios que está recibiendo.

 

— Muchas gracias… siempre quiero dar lo mejor de mí. — confiesa, derritiéndose ante las caricias que el mayor está repartiendo por todo su cuerpo, siendo esta su recompensa por su gran labor.

 

— Y eso es bueno, porque me perteneces, no puedes ser así con nadie más que no sea yo. – le ordenó, replanteando nuevas reglas dentro de la ingenua cabecita de su juguete. — Los demás no te querrán tanto como yo lo hago, así que debes ser siempre bueno si no deseas que te aparte de mi lado. — agregó, y el terror invadió el rostro de Mash ante la posibilidad de ser alejado de Orter.

 

— No, por favor… Seré siempre bueno, haré todo lo que me pidas. — dice desesperado, casi llorando por aquella posibilidad. Y sus palabras no hacen más que acelerar el corazón de Máld, que ahora parece un poco pensativo.

 

Como si estuviera planeando minuciosamente su próximo movimiento.

 

— Mash, ¿tú me amas? — le pregunta de la forma más cínica posible, porque es imposible que una persona normal pueda sentir amor por quien le ha causado tanto daño, lastimosamente, Mash dejó de ser como los demás desde que cayó en manos de Orter.

 

— Sí, yo te amo. — aquellas palabras firman definitivamente el destino de Mash.

 

De ahora en adelante, le pertenece por siempre a Orter, vivirá cada día más por él que por sí mismo. Y para su desgracia, ya no hay nadie que pueda convencerlo de lo contrario, porque se ha convencido a sí mismo de que esto está bien.

 

Orter lo ama y le demuestra amor como nadie más,  es imposible que sea feliz si llegase a alejarse de su lado. Y no le importaría tener de frente a sus amigos y padre, porque él seguiría eligiendo a Orter por encima de ellos, hasta por encima de su propio bienestar físico y mental. 



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