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CARA A
Chicago
Miércoles 6 de noviembre de 1991
Nothing compares 2 U
“Durante un año y medio pensé que estabas muerta”.
Mike golpea suavemente el retorno de la máquina de escribir. Suspira, se aparta el pelo de la frente y contempla fijamente la única frase que ha sido capaz de pensar en tres horas y media. La chica de los ojos enormes le mira con su sonrisa de 14 años desde la foto del escritorio y Mike The Brave venciendo al dragón de tres cabezas le observa desde el cuadro de la pared.
It’s been seven hours and fifteen days…
La música llena la habitación casi como si fuera un ser vivo.
…since you took your love away…
El teléfono suena. Antes de contestar ya sabe quién es. Es el único que hoy no ha llamado todavía. Con otro suspiro, Mike descuelga.
– Te estás torturando, Wheeler
– Dame un poco de crédito, Dustin. Estaba escribiendo – contesta con voz cansada.
– No me vengas con rollos, estoy oyendo a la irlandesa esa en bucle desde Boston.
– ¿Tan obvio soy?
– Sí.
– Mira, Dustin, hoy ya solo me falta que me llame Jonathan.
– Eso sería raro.
– Bastante.
– O sea, ¿te llamó Steve?
– El primero. A las nueve.
Dustin se ríe un poco por lo bajo.
– Siempre se puede confiar en Steve ¿Y Sarah?
Mike aprieta los párpados y frunce el ceño un segundo.
– Y Sarah ¿qué? – La respuesta es seca.
– Nada, nada…Sigue siendo la misteriosa bioquímica pre–med que me debe un experimento raro.
– Ya…Sí – dice Mike, dejando que la frase cuelgue mientras se recuesta.
– Algún día de estos – dice Dustin. Mike casi puede verle sonreír de medio lado desde su habitación.
– Sí...Perdona, Dustin – dice tras unos segundos de silencio – como comprenderás no he tenido muy buen día.
– Claro, Mike – responde Dustin, con tono cálido – ¿Por qué crees que te he llamado?
– ¿Para contarme lo último de los nuevos procesadores loquesea?
– Procesadores digitales de señal. Sí, eso también – se ríe Dustin.
Mike deja que Sinead lo envuelva un momento, los dedos jugando con el cable del teléfono. Respira hondo, mirando la foto.
…It’s been so lonely without you here…
– Lo sé… solo estoy un poco cansado – murmura Mike, casi en un susurro.
– Lo sé, lo sabemos, Wheeler. Solo que sepas que no estás solo, ¿ok?
– Gracias, Dustin.
– ¿Nos vemos en Acción de Gracias?
– No creo que pueda…
– ¿Por Sarah?
– Eh… sí, claro – responde Mike, con voz baja – Bueno… ¿y el procesador ese lo que sea? – distraer a Dustin sigue siendo igual de fácil.
– Procesador digital de señal. Sí, es un nuevo procesa…en realidad no quieres oírlo, ¿verdad?
– Jajaja. La verdad es que no.
– Vale, pero luego no me llores cuando lo necesites.
– ¿Cuándo se supone que voy a necesitar yo un procesador de eso, Henderson?
– Procesador digital de seña…vete a la mierda, Mike.
– Te quiero, Dustin.
– Y yo a ti, idiota.
Mike cuelga y deja la mano sobre el teléfono. Respira despacio y mira de nuevo la hoja en blanco. La música sigue sonando.
…Nothing can stop these lonely tears from falling
Tell me baby, where did I go wrong?...
Se enciende un cigarro y deja que el humo suba lento.
– No quieres preocupar a nadie, pero preocupas a todos. Genial. Otro capítulo de Michael Wheeler, autor trágico – murmura para sí mismo. La chica de la foto le sonríe desde el pasado – Tú ya no te preocupas, El ¿o sí?
– Mmmm, Coca–Cola y M&Ms – añade, como para quitarse un poco de peso y deja escapar otro suspiro.
Da un paso fuera del estudio, dejando atrás la máquina de escribir y con Sinead llenando el silencio, se aleja hacia el campus, deseando que el aire lo despeje un poco.
El otoño en Chicago dura dos minutos. Luego empieza el invierno.
Es de noche y el frío duele. Mike mete las manos en los bolsillos de su parka demasiado grande. Se ha dejado los guantes en el estudio. A veces no sabe si le gusta el frío o lo que le gusta es castigarse. El viento sopla. Las farolas emiten una luz amarillenta, amortiguada por la niebla. El campus está casi desierto, como casi todos los miércoles. Se sienta en un banco y enciende otro cigarro. A lo lejos un grupo de estudiantes sale de algún edificio riendo y bromeando.
– ¡Eh, Wheeler! – grita alguien – vente al pub un rato, ¿quieres?
– Otro día, hoy es tarde – contesta.
Se coloca el Walkman y sube el volumen. Se recuesta en el banco y cierra los ojos.
…’cause nothing compares, nothing compares to you…
